Por Murray N. Rothbard. (Publicado el 8 de enero de 2010)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra
aquí: http://mises.org/daily/3923.
[Este artículo está extraído de Historia
del pensamiento económico, vol. 1, El pensamiento económico hasta Adam Smith]
Nominalista y estudioso de Buridan, Enrique de Langenstein
el Viejo (también conocido como Enrique de Hesse), siendo un filósofo
escolástico menor y sin influencia en su tiempo en siglos posteriores, hizo un
gran daño a las modernas interpretaciones de la historia del pensamiento
económico. Langenstein, que enseñó primero en la Universidad de París y luego
en Viena, empezó su Tratado sobre los contratos analizando el
justiprecio en la forma escolástica habitual: El precio justo es el precio del
mercado, que es una medida general de las necesidades humanas de los
consumidores. Este precio sería el resultado de los cálculos de los individuos
acerca de sus deseos y valores, y éstos a su vez se verían afectados por la
relativa falta de abundancia de oferta, así como por la escasez o abundancia de
compradores.
Dicho esto, Langenstein procedió a contradecirse
completamente. En una muy desafortunada contribución a la historia del
pensamiento económico, Langenstein pidió a las autoridades locales que fijaran
los precios. La fijación de precios sería de alguna forma un mejor camino hacia
el precio justo que la interacción del mercado. Otros escolásticos no eran
exactamente opuestos a la fijación de precios: para ellos, el precio de mercado
era justo con que lo fijara la estimación común del mercado o el gobierno. Pero
estaba al menos implícito en sus escritos que el libre mercado era una vía
mejor (o como mínimo igualmente buena) para descubrir el precio justo.
Langenstein fue el único en abogar directamente la fijación de precios por el
gobierno.
Además, Langenstein añadió otra herejía económica. Aconsejó
a las autoridades fijar el precio de forma que cada vendedor, fuera comerciante
o artesano, pudiera mantener su status o situación en la vida social. El precio
justo era el precio que la mantenía la posición de todos en el nivel al que se
hubieran acostumbrado, ni más ni menos. Si un vendedor intentara cobrar un
precio para mejorar su posición, sería culpable del pecado de avaricia.
Langenstein fue el hombre raro entre los escolásticos y los
pensadores tardomedievales. No se ha encontrado nadie que secunde el concepto
de “posición vital” del precio justo. De hecho, el propio Santo Tomás de Aquino
demolió eficazmente esta opinión cuando observó agudamente que
“En un intercambio justo, el
medio no varía con la posición social de las personas afectadas, sino sólo en
relación con la cantidad de bienes. Por ejemplo, quien compra algo debe pagar
lo que vale, se lo compre a un mendigo o a un hombre rico”.
En resumen, los precios del mercado son los mismos para
todos, ricos o pobres, y además es un método justo de establecer los precios.
En la extravagante opinión de Langenstein, por supuesto, un vendedor rico del
mismo producto se vería obligado a venderlo a un precio mucho mayor que un
vendedor pobre, en cuyo caso es poco probable que el hombre rico permanezca
mucho tiempo en el negocio.
Por lo que sabemos, ningún pensador medieval ni renacentista
adoptó la teoría de la posición vital y sólo dos seguidores adoptaron la
posición de fijación de precios. Uno fue Mateo de Cracovia (ca. 1335-1410),
profesor de teología en Praga y después rector de la Universidad de Heidelberg
y arzobispo de Worms, y particularmente Juan Gerson (1363-1429), nominalista y
místico francés que fue canciller de la Universidad de París. Sin embargo,
Gerson ignoró la noción de la posición vital y volvió a la opinión del siglo
XIII de Juan Duns Scoto de que el precio justo es el coste de producción más la
compensación por el trabajo y el riesgo en que incluye el ofertante. Gerson
solicitaba en consecuencia que el gobierno fijara los precios para forzarlos a
ajustarse al supuesto precio justo. De hecho, Gerson era un fanático de la
fijación de precios, defendiendo que debería extenderse de la habitual esfera
de trigo, pan, carne, vino y cerveza, para abarcar todos los productos. Por
suerte, la opinión de Gerson también tuvo poca influencia.
Langenstein fue poco importante en su tiempo o
posteriormente: su gran importancia es que fue arrancado de su bien merecida
penumbra por historiadores socialistas y corporativistas de estado de finales
del siglo XIX, que usaron su fatuidad de la posición vital para construir una
visión totalmente distorsionada de la Edad Media católica. Esa época, según
dice el mito, sólo estaba regida por la opinión de que cada hombre sólo podía cobrar
el precio justo para mantenerle en su posición en la vida supuestamente fijada
divinamente. De esta forma, estos historiadores glorificaban una inexistente
sociedad del status en la que cada persona y grupo se encuentra en una
estructura jerárquica armoniosa, no alterada por las relaciones de mercado o la
avaricia capitalista. Esta visión sin sentido de la Edad Media y de la doctrina
escolástica fue propuesta por primera vez por los historiadores socialistas y
corporativistas de estado Wilhelm Roscher y Werner Sombart a finales del siglo
XIX y fue después aprovechada por escritores tan influyentes como el socialista
anglicano Richard Henry Tawney y el erudito y político corporativista católico
Amintore Fanfani. Finalmente, esta visión, basada sólo en las doctrinas de un
escolástico oscuro y heterodoxo, se consagró en las historias convencionales
del pensamiento económico, donde fue secundada por el economista del libre
mercado pero fanáticamente anticatólico Frank Kinght y sus seguidores, en la
ahora muy influyente Escuela de Chicago.
El muy necesario correctivo de la vieja visión ha acabado en
convertirse en dominante desde la Segunda Guerra Mundial, liderado por el
enorme prestigio de Joseph Schumpeter y la investigación definitiva de Raymond
de Roover.
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Murray N. Rothbard (1926-1995) fue decano de la Escuela
Austriaca. Fue economista, historiador de la economía y filósofo político
libertario.
Este artículo está extraído de Historia
del pensamiento económico, vol. 1, El pensamiento económico hasta Adam Smith.