Por Robert P. Murphy. (Publicado el 21 de diciembre de 2009)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra
aquí: http://mises.org/daily/3945.
Una cosa es criticar a Paul Krugman por sus opiniones sobre los economistas austriacos,
pero sólo un alma valiente podría tener la temeridad de cuestionar la
explicación de Krugman de la postura keynesiana respecto del comercio
internacional ¿verdad? Al ser Krugman el keynesiano vivo más famoso y ganar el
Premio Nobel por sus
trabajos sobre la teoría del comercio, acusarle de un error básico en su
debe sería como decirle a Madonna que no sabe nada de música pop.
Aún así, en un
reciente post en su blog, la defensa de Krugman del gasto del déficit le
lleva a cometer un error básico al explicar la producción económica y el
comercio. ¡Lo que resulta irónico es que Krugman ha expuesto previamente este
error concreto cuando otros lo han cometido! Que el maestro keynesiano
sea vulnerable a un error tan ingenuo justifica la advertencia austriaca de que
centrarse en las ecuaciones sobre variables agregadas es una postura errónea en
economía.
La equivocación de Krugman sobre la teoría del comercio
Un editorial
del Washington Post reclamaba rebajar las barreras al comercio como forma de
estimular la economía de EEUU y crear empleo. Krugman pensaba que ésta no era
una solución:
“Hay un montón de cosas buenas
que se pueden decir sobre el comercio internacional. Pero no puede hacer nada,
repito nada, para aliviar una escasez de demanda general. Sí, si se liberaliza
el comercio, los países exportarán más. Pero asimismo importarán más. Si nos
preocupa el C+I+G+X-M, no pasa nada, porque X y M aumentan por igual.
Lo que hace bastante estrambótico
este editorial
del WaPo sobre cosas que Obama debería hacer respecto del empleo. Incluso
si los acuerdos de comercio propuestos con Corea y Colombia fueran
suficientemente grandes como para merecer mencionarse en el contesto de la
crisis (que no los son), no serían medidas de creación de empleo”.
Bueno, no estoy aquí para defender o rechazar los llamados
“acuerdos de libre comercio” que consisten en cientos o incluso miles de
páginas de minuciosas regulaciones al comercio. Pero Krugman no rechaza la
sugestión del WaPo por eso: está aceptando la premisa básica de que los acuerdos verdaderamente
liberalizarían el flujo de bienes entre fronteras y argumenta que la ecuación
keynesiana de la “identidad contable nacional” [Y=C+I+G+(X-M)] demuestra que un
comercio más libre no crearía empleos.
He leído el post de Krugman varias veces para asegurarme de
que no me equivoco en algo, pero debo confesar que pienso que está cometiendo
un error muy básico. En concreto, confunde la identidad contable
keynesiana con una teoría causal de cómo los cambios en una de las
variables lleva a cambios en las otras. Es particularmente irónico que Krugman
haya cometido este error, pues lo
trituró cuando otro hizo lo mismo (en un contexto diferente).
Una advertencia final antes de diseccionar el error de
Krugman: En este artículo estoy aceptando el marco general keynesiano para
rebatir el argumento. En otros lugares he
demostrado que toda noción de tratar de “crear empleos” artificialmente
mediante programas gubernamentales es una mala idea, porque las recesiones son
la forma en que los mercados reasignan recursos después de una expansión
insostenible. Pero con el fin de aislar el error concreto de Krugman quiero
corregirlo utilizando la postura estándar keynesiana.
La identidad contable de la renta nacional keynesiana
La opinión keynesiana dice que una forma de medir la
producción económica total (Y) es sumar el gasto total en consumo (C),
inversión (I), compras del gobierno (G) y exportaciones netas (X-M).
Esto lleva a la ecuación:
Y=C+I+G+(X-M)
Repito que esto no es una “teoría” de macroeconomía, es una
obviedad contable. Como los bienes son variados, la única forma de agregarlos
con el fin de llegar a una cifra como la “producción total” es sumar sus
precios en dinero. Así que si la “producción total” es precisamente la cantidad
total de dinero que los productores están recibiendo, entonces este
número debe ser el mismo que la cantidad de dinero que los compradores están gastando.
Por eso la parte izquierda de la ecuación debe ser igual a la parte derecha.
Los primeros tres componentes son lo suficientemente
sencillos, pero el componente “exportaciones netas” es un poco tramposo. La
idea es que el consumo doméstico y los gastos en inversión necesitan ajustarse
al comercio internacional, con el fin de aislar la producción realmente
doméstica. Por eso las importaciones (M) –que se designan por esta letra para
evitar la confusión con la inversión– se restan en el lado derecho. No es que
una importación per se destruya producción, sino más bien que si un
estadounidense compra un televisor (consumo) o una carretilla elevadora
(inversión) que se haya fabricado realmente en el extranjero, tenemos que
restar ese gasto de C o I porque no refleja la producción en los Estados
Unidos.
Por otro lado, si los extranjeros gastan dinero en
bienes de consumo o inversión producidos en Estados Unidos, tiene que añadirse
este gasto en exportaciones (X) de Estados Unidos, porque los tres primeros
componentes (C, I y G) no los habrían considerado, pues sólo incluyen los
gastos domésticos.
Ahora que entendemos la lógica que subyace a la identidad
macrocontable keynesiana, podemos mostrar el error básico de Krugman.
Krugman confunde una tautología con causalidad
El enorme peligro de centrarse en este ecuación es que a
menudo equivoca a la gente haciéndole pensar que la manera de aumentar la
producción es tratar de aumentar una de
las variables del lado derecho. ¿Pero es una mentira! Es cierto que la
identidad contable siempre debe ser verdad, pero puede mantenerse en equilibrio
si otra variable en la derecha cae.
Por ejemplo, los keynesianos a menudo invocan esta ecuación
para argumentar que los aumentos en el gasto gubernamental son necesarios para
“llenar el hueco” cuando el consumo privado y la inversión están por debajo del
“PIB potencial”. Están suponiendo ingenuamente que potenciando G en el lado
derecho de la ecuación llevará necesariamente a un aumento de Y en el lado
izquierdo. Pero eso se basa en la teoría keynesiana de cómo funciona la
macroeconomía, no se deduce de la propia identidad. No, la identidad es
igualmente consistente con una argumentación del estilo de la Escuela de
Chicago que diga que potenciar G simplemente llevaría a una caída equivalente
en dólares en C o I, dejando el resultado Y sin cambios.
En nuestro contexto actual, Krugman ha argumentado que
rebajar las barreras comerciales aumentará (en general) X y M por igual, así
que esto no puede posiblemente cambiar el lado izquierdo de la ecuación.
Pero esto es un error: supone que el consumo doméstico y el gasto de inversión
no se verán influidos por la reducción de las barreras al comercio. Como la
defensa habitual del libre comercio se basa en la demostración de que ésta
aumentará la renta per cápita, es simplemente asombroso que Krugman no se dé
cuenta de ello antes de publicar su post.
Entonces, ¿cortar todo comercio haría que la producción del mundo
permaneciera igual?
Para hacer ver con claridad la falacia, podemos dar la
vuelta al argumento de Krugman. Supongamos que los gobiernos de todo el mundo
propusieran cerrar completamente sus fronteras y eliminar a la vez el comercio.
Si Krugman tiene razón, eso no tendría ningún efecto en la producción
mundial y por tanto en la cantidad de trabajadores necesarios para producir
todos esos bienes y servicios.
Es verdad que todo el sector exportador del país quedaría
devastado, pero esta caída en X sería exactamente compensada por una caída en
M. O más adecuadamente, los países con déficit comercial verían aumentar su
producción, pero los que tengan superávit comercial verían caer la suya. No hay
déficit comercial en el mundo al completo, así que los dos efectos se
compensarían entre todos los países.
Acabaremos con un ejemplo numérico para mandar a casa la
idea y demostrar que Krugman se equivoca, incluso en el plano keynesiano.
Repito que no estoy meramente argumentando en este artículo que la lógica
keynesiana de Krugman “debe ser una locura” pues “prueba” que la liberalización
del comercio no puede ayudar a una economía atascada en la recesión. No, estoy
diciendo que las herramientas keynesianas estándar sí nos permiten
expresar que liberalizar el comercio puede ayudar de hecho en una recesión,
pero Krugman, en su celo por atacar el editorial del WaPo, abusa de sus propias
herramientas.
Imaginemos un nación en una isla, pequeña pero productiva,
parecida a Hong Kong, que tiene un enorme sector exportador. Sus parámetros
keynesianos tienen los siguientes valores:
C = 74 billones
I = 10 billones
G = 15 billones
X = 100 billones (exportaciones)
M = 99 billones (importaciones)
Así que el PIB de nuestra nación-isla es de 100 billones,
equivalente a consumo más inversión más gasto del gobierno más 1 billón en
exportaciones netas.
Y=C+I+G+(X-M)
100=74+10+15+(100-99)
Ahora supongamos que una nación rival rodea la isla con
barcos de guerra y la aísla completamente del comercio internacional. De
acuerdo con la lógica de Krugman, deberíamos esperar que el PIB cayera un 1%,
hasta los 99 billones. Algunos de los isleños podrían decir: “¿Qué? ¿Cómo se
supone que vamos ni siquiera a comer si perdemos nuestro acceso a la
economía mundial? No tenemos petróleo ni otros recursos naturales e importamos
la mayoría de nuestra comida. Si no podemos comerciar nuestros coches y trenes
se paralizarían y todo el mundo tendría que eliminar la carne de su dieta”.
Krugman se reiría ante este razonamiento verbal medieval.
Explicaría pacientemente a los asustados isleños que los números nunca mienten.
Sí, la economía perdería 100 billones en exportaciones, mandando al paro a toda
esa gente, pero los consumidores domésticos tendrían que cambiar su demanda de
los 99 billones que antes gastaban en bienes extranjeros. Las exportaciones
netas sólo contribuían en 1 billón al PIB antes del bloqueo, así que el cese
completo del comercio no tendría tanto impacto. ¿Verdad?
No, por supuesto que no es verdad. Después del bloqueo
pedimos a los macroeconomistas (antes de que mueran de hambre) que calculen por
última vez la identidad contable nacional. Esto es lo que informan:
C = 15 billones
I = 0 billones
G = 5 billones
X = 0 billones (exportaciones)
M = 0 billones (importaciones)
En lugar de la caída del 1% que había previsto Krugman, el
PIB cayó realmente un asombroso 80%, bajando a los 20 billones. Ningún
empresario en sus cabales invertiría en este entorno, el gobierno ha tenido que
recortar su gasto por el colapso en sus ingresos y los consumidores han
rebajado sus comprar hasta un presupuesto extremadamente austero. La isla ha
sido devastada por el bloqueo naval. ¡Claro! Por supuesto: por eso los países
en guerra se bloquean.
Para acabar, déjenme repetirlo: la identidad contable
keynesiana sigue siendo verdad. La producción es ahora de 20 billones y,
sí, las matemáticas lo corroboran: la suma de las nuevas variables da 20
billones.
Y=C+I+G+(X-M)
20=15+0+5+(0-0)
La lógica de Krugman fallaba en su suposición de que los
cambios en barreras al comercio sólo afectarían a X y M, dejando igual a C, I y
G. Esa suposición es errónea.
En el mundo real, erigir mayores barreras al comercio
reducirá la producción económica en ambos países, mientras que reducir las
barreras comerciales llevará a mayores producciones. Para un país atascado en
la recesión, nuevas oportunidades de comercio aumentan la productividad del
trabajo y permiten que los trabajadores desempleados se reintegren en la
economía más rápidamente. Si el gobierno quiere estimular la creación de empleo,
recortar las barreras comerciales es una gran idea.
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Robert Murphy, investigador adjunto del Mises Institute y
miembro de la facultad de la Universidad Mises, gestiona el blog Free Advice y es autor de The
Politically Incorrect Guide to Capitalism, Study
Guide to Man, Economy, and State with Power and Market, Human Action
Study Guide y The
Politically Incorrect Guide to the Great Depression and the New Deal.