Por Frederic Bastiat. (Publicado el 8 de diciembre de 2009)
Traducido de la versión en inglés. El artículo original en
inglés se encuentra aquí http://mises.org/daily/3807.
[De “Lo que se ve y lo que no se ve”, 1850]
Siempre, pero más en especial en los últimos años, se ha
intentado extender la riqueza extendiendo el crédito.
Creo que no es exagerado decir que desde la revolución de
febrero, las prensas parisinas han emitido más de 10.000 panfletos, reclamando
esta solución del problema social.
Pero la única base para esta solución es una ilusión óptica,
si es que una ilusión óptica puede calificarse de base para algo.
Lo primero que se hace es confundir dinero con producción, y
luego papel moneda con dinero y a partir de estas dos confusiones se pretende
que puede crearse una realidad.
En esta cuestión es absolutamente necesario olvidar el
dinero, monedas, billetes y otros instrumentos mediante los cuales lo que se
produce pasa de mano en mano. Nuestra tarea se realiza con las propias
producciones, que son los verdaderos objetos de préstamo, pues cuando un
granjero pide prestados cincuenta francos para comprar un arado, no son ,
realidad, los cincuenta francos lo que se le presta, sino el arado y cuando un
comerciante pide prestados 20.000 francos para comprar una casa, no son 20.000
francos lo que tiene, sino la casa. El dinero sólo aparece para facilitar los
acuerdos entre las partes.
Pedro puede no estar dispuesto a prestar su arado, pero
Santiago puede querer prestar su dinero. ¿Qué hace Guillermo en este caso? Pide
dinero a Santiago y con este dinero compra el arado a Pedro.
Pero en realidad nadie pide dinero prestado por el mismo
dinero: el dinero es sólo el medio por el cual se obtiene la posesión de productos.
Y es imposible que en ningún país se pueda transmitir de una persona a otra más
productos de los que contiene el país.
Cualquiera que sea la cantidad de dinero y papel en
circulación, la totalidad de los prestatarios no puede recibir más arados,
casas, herramientas y suministros de materiales que los que todos los
prestamistas puedan facilitar, porque debemos tener cuidado de no olvidar que
cada prestatario supone un prestamista y que lo que se pide prestado implica un
préstamo.
Dicho esto, ¿qué ventaja suponen las instituciones de
crédito? Que facilitan, entre prestamistas y prestatarios, los medios para
encontrarse y tratar entre ellos, pero no pueden causar un aumento instantáneo
de las cosas a prestar y ser prestadas. Y aún así tendrían que se capaces de
hacerlo, si se busca el objetivo de los reformadores, pues éstos aspiran nada
menos que a dar arados, casas, herramientas y provisiones a todos los que lo
deseen.
¿Y cómo pretenden hacerlo?
Haciendo que el estado garantice el crédito.
Intentemos tratar de entender de qué se trata, pues esto
contiene algo que se ve y también algo que no se ve. Debemos
intentar ver ambas cosas.
Supongamos que sólo hay un arado en el mundo y que dos
granjeros lo solicitan.
Pedro posee el único arado de Francia, Juan y Santiago
quieren que se lo presten. Juan, por su honradez, sus propiedades y su buena
reputación ofrece seguridad. Inspira confianza, tiene crédito.
Santiago inspira poca o ninguna confianza. Naturalmente, Pedro presta su arado
a Juan.
Pero ahora interviene el estado, de acuerdo con el plan
socialista, y dice a Pedro: “Préstale tu arado a Santiago, yo te aseguro su
devolución y esta seguridad será mejor que la de Juan, pues él no ofrece
ninguna garantía aparte de sí mismo y yo, aunque es cierto que no tengo nada,
dispongo de la fortuna de los contribuyentes y con su dinero, en caso de
necesidad, te pagaría el principal y los intereses”. En consecuencia, Pedro
presta su arado a Santiago: esto es lo que se ve.
Y los socialistas se frotan las manos y dicen: “Mira que
bien ha funcionado nuestro plan. Gracias a la intervención del estado el pobre
Santiago tiene un arado. Ya no se verá obligado a cavar la tierra, está en
camino para hacer fortuna. Es bueno para él y una mejora para toda la nación”.
En realidad, no es nada de eso: no es una mejora para la
nación, pues detrás hay algo que no se ve.
No se ve que el arado está en manos de Santiago sólo
porque no está en las de Juan.
No se ve que si Santiago ara en lugar de cavar, Juan
se verá obligado a cavar en lugar de arar.
En consecuencia, lo que se consideraba un aumento del
préstamo no es sino un desplazamiento del préstamo. Además, no se ve que
este desplazamiento implica dos actos de profunda injusticia.
Es una injusticia para Juan, quien después de haberse merecido
y obtenido crédito por su honradez y actividad, se ve privado de él.
Es una injusticia para los contribuyentes a quienes se les
hace pagar una deuda que no les concierne.
¿Y si alguien dijera que el gobierno ofrezca las mismas
facilidades a Juan que a Santiago? Como sólo hay un arado disponible, no pueden
prestarse dos. El argumento sostiene en todo caso que, gracias a la
intervención del estado, se prestará más que las cosas a prestar, pues el arado
representa aquí la totalidad de capitales disponibles.
Es verdad que he reducido la operación a expresión más
simple, pero si sometemos a las más complicadas instituciones públicas de
crédito a la misma prueba, nos convenceremos de que sólo puede haber un
resultado, a saber: desplazar el crédito, no aumentarlo. En un país y un
momento dado sólo hay disponible una cierta cantidad de capital y se emplea
todo. Al avalar a los morosos, el estado puede, en efecto, aumentar el número
de prestatarios y así aumentar el tipo de interés (siempre en perjuicio del contribuyente),
pero no tiene poder para incrementar el número de prestamistas y la cifra total
de los préstamos.
Sin embargo hay una conclusión que espero que no se sospeche
que indico. Digo que la ley no tendría que favorecer artificialmente el poder
de pedir prestado, pero no digo que no tendría que restringirlo
artificialmente. Si en nuestro sistema de hipotecas o en otro hay obstáculos a
la difusión de la aplicación del crédito, dejemos que se libren de él, nada
puede ser mejor o más justo que esto. Pero eso es en todo consistente con la
libertad y eso es algo que no pedirá ninguno que sea digno de llamarse
reformista.
----------------------------
Frédéric Bastiat fue el gran proto-austrolibertario francés
cuyas polémicas y análisis trataron acerca de todos los clichés estatistas. Su
intención principal como escritor fue llegar a la gente de la forma más
práctica con el mensaje de la urgencia moral y material de la libertad.