Por Jan Iwanik. (Publicado el 17 de noviembre de 2009)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí
http://mises.org/daily/3824.
Los seguros inmobiliarios y de accidentes reducen la
exposición a ciertos riesgos de los asegurados al agrupar a un gran número de
individuos, distribuyendo las pérdidas financieras del grupo y los costes entre
los participantes. Muchos individuos prefieren sufrir una pequeña pérdida conocida
(la prima) que estar expuestos a la posibilidad de un evento del azar con
consecuencias financieras potencialmente ilimitadas. Por eso están felices de
unirse a esos grupos. Al contrario que la banca, que, mediante el mecanismo de
la expansión del crédito, crea nuevos riesgos sistémicos, un contrato de seguro
bien diseñado reduce el efecto negativo de riesgos que ya están presentes en el
mundo.
Como constantemente aparecen nuevos riesgos en nuestras
complicadas economías, se desarrollan nuevos tipos y clases de seguro para
ofrecer protección frente a ellos. Los mercados globales del seguro más
innovadores pueden encontrarse en Bermudas y en la City de Londres. Los Estados
Unidos no están en la vanguardia de la innovación en seguros.
¿Por qué Estados Unidos es tan innovador en tantos sectores
pero no la ubicación de empresas aseguradoras líderes comparables a Lloyd’s en
Londres o el mercado de reaseguros de Bermudas? ¿Por qué se ha desarrollado en
Estados Unidos un sofisticado mercado financiero internacional, pero no su
equivalente en seguros? Una razón importante es la regulación absurdamente
restrictiva de los seguros en EEUU.
¿Cómo funciona la regulación de los seguros en EEUU?
El sistema de regulación de los seguros inmobiliarios y de
accidentes de EEUU afirma realizar dos funciones principales. La primera es
garantizar que las aseguradoras tienen suficiente capital para ser solventes.
Todos los países desarrollados regulan la solvencia de sus compañías de seguros
de una forma u otra. Una regulación gubernamental inteligente de la solvencia
probablemente reduzca el riesgo de que algunas compañías quiebren. Una
regulación gubernamental estúpida de la solvencia reemplaza este riesgo con el
riesgo sistémico de que todo el mercado vaya a la ruina. (A menudo es difícil
distinguir lo inteligente de lo estúpido antes de que sea demasiado tarde).
La segunda función de la regulación de los seguros en EEUU
es hacer el seguro “asequible”. Esto significa control de precios. Hay
diferencias entre los estados, pero en la mayoría del país las aseguradoras
necesitan que sus tarifas estén autorizadas si quieren que se contraten sus
pólizas.
El principal argumento para justificar este tipo de
regulación es que el seguro tiene que ser asequible, porque es una “necesidad”.
Es un mal argumento, considerando que la gasolina y el pan son también
necesidades, pero el gobierno no controla sus precios.
Hay un conflicto de base entre las funciones de solvencia y
“asequibilidad” de la regulación de los seguros. La manera más sencilla de
mejorar la solvencia de la aseguradora es mantener altas las primas. La manera
más sencilla de mejorar la asequibilidad es mantener bajas las primas. Los
reguladores afirman saber cómo llegar al equilibrio perfecto, pero no es
verdad.
Los peligros de la “asequibilidad”
La función de “asequibilidad” de la regulación de los
seguros inmobiliarios y de accidentes en EEUU en su forma actual deriva de la
Ley Sherman Antitrust. Históricamente era una práctica común de las
aseguradoras compartir sus datos de reclamaciones para hacer un ratio de
seguros. El tener acceso a buenos datos de reclamaciones significaba que las
compañías de seguros podían dar precio y gestionar mejor sus negocios y
expandirse y entrar en nuevos segmentos de mercado.
La Ley Sherman se hizo efectiva para el seguro en 1944,
cuando la Corte Suprema decidió que el seguro era comercio interestatal y por
tanto debía ser regulado por el Congreso. Como consecuencia, la útil práctica
de compartir datos, que se parecía mucho a fijar precios, quedó automáticamente
fuera de la ley por la regulación federal antitrust.
Desgraciadamente, antes de la era de los ordenadores
baratos, los seguros no podían existir sin los acuerdos de compartición de
datos. Así que se introdujo la Ley McCarran-Ferguson en 1945, permitiendo al
sector retornar a las viejas prácticas pero encargando a los estados “proteger”
a los consumidores. Por tanto el mayor logro de la Ley Sherman en los seguros
fue obligar a la intervención gubernamental en las elaboración de tarifas sin
eliminar las supuestamente indeseables comparticiones de datos sobre
reclamaciones.
Como pasa habitualmente con otras formas de controles de
precios, la regulación de precios en los seguros crea escaseces. Por ejemplo,
desde 1977 la División de Seguros de Massachussets ha venido fijando las
tarifas de los seguros individuales de automóviles para todo el estado. Toda
aseguradora que opere en el estado tiene que usar las tarifas del gobierno o
abandonarlo.
Con el pasar de los años, muchos lo han hecho. Desde que el
sistema se introdujo en 1977, el número de aseguradoras ha disminuido de más de
100 a sólo 19. El último año la situación era tan crítica que el entonces
comisionado acabó decidiendo liberalizar ligeramente el régimen para evitar que
hubiera más ciudadanos condiciendo sin seguro.
Reducir la competencia y crear escasez en el seguro es sólo
una de las formas en que los controles de precios dañan el mercado en este
sector. La redistribución es otra. Múltiples ejemplos demuestran que una
regulación extensa a menudo hacer que los buenos conductores subvencionen a los
malos. Esto significa que se incentiva a los malos conductores a conducir más y
a los buenos a conducir menos.
Igualmente, los planes de seguros estatales a menudo obligan
a los propietarios de viviendas prudentes a subvencionar a quienes eligen vivir
en una casa en un lugar peligroso. El ejemplote Florida subvencionando sus
casas en la playa es un ejemplo extremo. Es difícil ver qué fin socialmente
útil pretenden lograr esas subvenciones.
Incluso la actual administración de Washington está de
acuerdo en que hay algo equivocado en la manera en que está regulado el sistema
de seguros. El libro blanco del Presidente Obama sobre regulación financiera
dice:
“Durante más de 135 años, el
seguro ha sido primordialmente regulado por los estados, lo que ha llevado a
una falta de uniformidad y una competencia reducida entre fronteras estatales e
internacionales, generando ineficiencia, poca innovación en productos y costes
más altos para los consumidores”.
Es triste que el único remedio propuesto es la
federalización de la regulación del seguro. Probablemente haría que los malos
aspectos de la regulación fueran aún peores. La función de la “asequibilidad”
seguramente se haría más importante y, como no habría forma de comparar los
resultados de las diferentes legislaciones entre estados, sería más difícil
aprender qué funciona y qué no y por qué.
Comparación con Inglaterra
Es interesante analizar la regulación de los seguros en el
Reino Unido. Hasta hace poco, los precios de los seguros inmobiliarios y de
accidentes británicos estaban completamente sin regular. Los reguladores se
centraban en la función de la solvencia. La larga tradición de libertad de
empresa generó la aparición del exclusivo mercado del seguro de Londres.
Durante siglos, Londres fue el único lugar en la Tierra
donde era posible asegurar riesgos grandes y no estandarizados. Incluso hoy, si
alguien quiere asegurar una planta de energía o un sistema de satélites de
telecomunicaciones, Londres es lugar donde hacerlo.
La falta de regulación en los precios en Reino Unido generó
una gran cantidad de innovaciones en su fijación desarrolladas y probadas aquí.
Un buen ejemplo, es la llamada aproximación estadística GLM. Esta metodología
matemática fue desarrollada por dos empresas británicas de software
actuarial a finales de los noventa.
Versiones aligeradas de esta innovación han sido exportadas desde entonces a
Estados Unidos e implantadas aquí en pocos años.
Los actuarios de EEUU tenían que aprender la metodología de
sus colegas británicos y comprar el software también a vendedores británicos.
Al final, incluso los reguladores, cuya actitud burocrática evitaba que se desarrollaran nuevas técnicas en
primer lugar en Estados Unidos, empezaron a utilizar GLM para otorgar
aprobaciones de tarifas.
El mismo proceso se está produciendo con las técnicas y
software de reserva actuarial y modelización de capital. Como la excesiva
regulación de Estados Unidos paraliza el pensamiento actuarial innovador, la mayoría
de esas invenciones se están desarrollando en Reino Unido, y simplemente cruzan
el Atlántico.
Pero no son sólo las innovaciones las que hacen grande al
mercado británico de seguros. Un mercado menos regulado da a los británicos
acceso a mejores servicios de seguros. Por ejemplo, se ha desarrollado un
sofisticado mercado de intermediación en el Reino Unido, ofreciendo a los
asegurados productos y asesoramiento especializados.
Complejas plataformas de software para toda la nación,
creadas por la comunidad de intermediarios permiten a las webs hacer enormes
comparativas de precios para ofrecer a los asegurados ofertas de cerca de cien
aseguradoras. Esto hace más por la asequibilidad del seguro en Inglaterra que lo
que consiga en Estados Unidos cualquier regulación gubernamental.
Otro ejemplo es la facilidad con la que pueden crearse
nuevos productos en Reino Unido. En Estados Unidos, el regulador del estado
está muy implicado en este proceso. Les interesan las reglas de clasificación,
las guías de aseguramiento e incluso las palabras del contrato de seguro. En
consecuencia, la mayoría de las pólizas privadas del motor escritas en los
últimos 30 años en Estados Unidos, han usado uno de los pocos formularios del
estándar ISO o alguna modificación de éstos.
En Reino Unido, donde las partes contratantes son más libres
de realizar un contrato de seguro a su elección, los intermediarios de seguros
independientes ofrecen docenas de pólizas de seguros ajustadas a segmentos
específicos del mercado. Esto significa más capacidad de elección para los
clientes.
¿Quién paga la factura?
El cliente es la víctima evidente de los reguladores de
EEUU. Pero también se daña al resto de la sociedad. Los comisionados de seguros
de todo el país emplean a miles de personas brillantes para revisar y aprobar
tarifas de seguros. Para satisfacer a estos reguladores, las aseguradoras deben
emplear miles de actuarios y personal en precios para preparar los formularios
de tarifas. Sin duda la sociedad se beneficiaría si esta gente usara su tiempo
y cerebro de una forma más productiva.
Basándome en mis observaciones particulares, concluyo que
las compañías de seguros de EEUU también sufren las consecuencias de la cultura
regulatoria del acoso, especialmente cuando intentan competir con aseguradoras
más sofisticadas en el mercado británico. Hay muchos ejemplos de éxito de
aseguradoras personales de EEUU expandiéndose en los países regulados de la
Europa continental, pero parece ser muy difícil que las aseguradoras de EEUU
pongan pie en Reino Unido. Competir en un mercado de seguros personales libre
no es una habilidad que hayan adquirido.
La regulación del seguro en los Estados Unidos no está
funcionando porque hace del seguro un negocio estático, no creativo y aburrido.
Las mejores compañías aseguradoras de EEUU sólo pueden arreglárselas para
lograr su tamaño porque no decaen en sus esfuerzos y siguen colando
innovaciones a través de los defectos de la regulación.
En los seguros, como en muchos otros sectores, la innovación
y la regulación no casan bien.
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Jan Iwanik es un actuario de seguros inmobiliarios y de
accidentes con experiencia en los mercados americano y europeo de los seguros,
actualmente trabajando en Londres. Tiene un doctorado en matemáticas en la
Universidad Tecnológica de Wroclaw. Jan ha estado apoyando el trabajo del Instytut
Misesa en Polonia.