Por Ludwig von Mises. (Publicado el 7 de mayo de 2010)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4314.
[Este artículo está extraído del capítulo 19 de La acción humana]
El interés original es la relación del valor asignado a la satisfacción de un deseo en el futuro inmediato al valor asignado a la satisfacción de un deseo en un periodo más remoto del futuro. Se manifiesta en la economía de mercado en el descuento de bienes futuros respecto de los presentes. Es una relación de precios de productos, no un producto en sí mismo. Prevalece una tendencia hacia la igualación de esta relación para todos los productos. En la construcción imaginaria de una economía en constante rotación, el tipo del interés originario es el mismo para todos los productos.
El interés original no es “el precio pagado por los servicios del capital”. La mayor productividad de los métodos de producción indirectos que consumen tiempo, al que se refiere Bhöm-Bawerk y algunos economistas posteriores en la explicación del interés, no explica el fenómeno. Por el contrario, es el fenómeno del interés original el que explica por qué se recurre a métodos de producción que consumen menos tiempo a pesar del hecho de que métodos que consuman más tiempo ofrecerían un mayor resultado por unidad de entrada.
Además, el fenómeno del interés original explica por qué los terrenos útiles pueden venderse y comprarse a precios finitos. Si los servicios futuros que puede ofrecer un terreno hubiera que valorarlos de la misma forma en que se valoran los servicios presentes, ningún precio finito sería lo suficientemente alto como para impulsar a su propietario a venderlo. La tierra no podría comprarse ni venderse por cantidades definidas de dinero, Los terrenos se cambiarían sólo por otros terrenos. Una superestructura que pueda generar durante un periodo de diez años una renta anual de cien dólares se valoraría (aparte del terreno sobre el que está construida) al inicio de este periodo en mil dólares, al inicio del segundo año en novecientos dólares y así sucesivamente.
El interés original no es un precio determinando en el mercado por la interacción de la demando y la oferta de capital o bienes de capital. Su nivel no depende de la extensión de esta demanda y oferta. Es más bien el tipo de interés original el que determina tanto la demanda como la oferta de capital y bienes de capital. Determina cuánta de la oferta disponible de bienes va a dedicarse al consumo en el futuro inmediato y cuánta a la provisión para periodos posteriores del futuro.
La gente no ahorra y acumula capital porque haya interés. El interés no es ni el ímpetu de ahorrar ni la recompensa o compensación otorgada por abstenerse del consumo inmediato. Es la relación en la valoración mutua de bienes presentes frente a bienes futuros.
El mercado del préstamo no determina el tipo de interés. Ajusta el tipo de interés sobre los préstamos al tipo de interés original manifestado en el descuento de bienes futuros.
El interés original es una categoría de la acción humana. Opera en cualquier valoración de cosas externas y nunca puede desaparecer. Si algún día el estado de cosas volviera al que había al final del primer milenio de la era cristiana, cuando la gente creía que estaba a punto de producirse el final definitivo de todas las cosas terrenales, la gente dejaría de proveer para el futuro deseos terrenales. Los factores de producción se volverían a sus ojos inútiles e indignos. El descuento de bienes futuros frente a bienes presentes no se desvanecería. Por el contrario, aumentaría por encima de cualquier medida.
Por otro lado, la disminución gradual del interés original significaría que a la gente no le importa en absoluto la satisfacción de deseos en periodos más cercanos del futuro. Significa que preferirían a una manzana disponible hoy, mañana, en un año o en diez años, dos manzanas disponibles en mil o diez mil años.
No podemos siquiera pensar en un mundo en el que el interés originario no existiera como elemento inexorable de todo tipo de acción, Haya o no división del trabajo y cooperación social y se organice una sociedad basándose en el control público o privado de los medios de producción, el interés original siempre está presente. En una sociedad socialista su papel no diferiría del que tiene en la economía de mercado.
Böhm-Bawerk ha desenmascarado de una vez y para siempre las falacias de las explicaciones ingenuas del interés, es decir, de la idea de que el interés es la expresión de la productividad física de los factores de producción. Sin embargo, el propio Böhm-Bawerk basó su propia teoría hasta cierto punto en la visión de la productividad.
Al referirse en su explicación a la superioridad tecnológica de los procesos indirectos de producción que consumen más tiempo, evita la vulgaridad de las ingenuas falacias de la productividad. Pero en realidad vuelve, aunque de una forma sutil, a la visión de la productividad. Aquellos economistas posteriores que, ignorando la idea de la preferencia temporal, se han centrado exclusivamente en la idea de productividad contenida en la teoría de Böhm-Bawerk no pueden sino concluir que el interés original debe desaparecer si los hombres algún día llegaran a un estado de cosas en el que ningún posterior alargamiento del periodo de producción pueda producir un mayor aumento de la productividad. Sin embargo esto es completamente erróneo. El interés original no puede desaparecer mientras haya escasez y por tanto acción.
Mientras el mundo no se transforme en el país de La Cucaña, los hombres deben afrontar la escasez y deben actuar y economizar, se ven obligados a elegir entre la satisfacción en momento más cercanos o más lejanos en el futuro, porque ni los unos ni los otros pueden satisfacerse completamente. Por tanto, un cambio en el empleo de lso factores de producción que traslade dichos factores de su empleo en satisfacer deseos en el futuro cercano y los dedique a la satisfacción futura deben necesariamente dificultar el estado de satisfacción en el futuro cercano y mejorarlo en el lejano. Si tuviéramos que suponer que no es el caso, nos veríamos envueltos en contradicciones irresolubles.
En el mejor de los casos, podemos pensar en un estado de cosas en que el conocimiento y las habilidades tecnológicas han llegado a un punto en que no es posible ningún progreso adicional para los hombres mortales. Por tanto no se podrían inventar ningún nuevo proceso que aumente la productividad por unidad de entrada. Pero si suponemos que algunos factores de producción son escasos, no debemos suponer que todos los procesos que (aparte del tiempo que absorben) son los más productivos se utilizan íntegramente y que no se utiliza ningún proceso que ofrezca un menor rendimiento por unidad, simplemente por el hecho de que produce su resultado antes que otros procesos físicamente más productivos.
La escasez de los factores de producción significa que estamos en una posición respecto de los borradores de planes para la mejor a de nuestro bienestar en la que su realización es inviable a causa de la insuficiente cantidad de medios disponibles. Es precisamente la inviabilidad de esas mejoras deseables la que constituye el elemento de escasez. El razonamiento de los defensores actuales de la visión de la productividad yerra por las connotaciones del término de Böhm-Bawerk métodos indirectos de producción y la idea de mejora tecnológica que sugiere.
Sin embargo, si hay escasez, siempre debe haber sin emplear una oportunidad tecnológica que mejore el estado del bienestar alargando el periodo de producción en algunos sectores de la industria, independientemente de si ha cambiado o no el estado del conocimiento tecnológico. Si los medios son escasos, si la correlación praxeológica de fines y medios sigue existiendo, hay por necesidad lógica deseos insatisfechos tanto en relación con los periodos cercanos como con los lejanos del futuro.
Siempre hay bienes a cuya obtención debemos renunciar porque la forma que lleva a su producción es demasiado larga y nos impediría satisfacer necesidades más urgentes. El hecho de que no produzcamos más para el futuro es resultado de comparar la satisfacción en periodos cercanos del futuro frente a la satisfacción en periodos lejanos. La relación que es el resultado de esta valoración es el interés original.
Ludwig von Mises es reconocido como el líder de la Escuela Austriaca de pensamiento económico, prodigioso autor de teorías económicas y un escritor prolífico. Los escritos y lecciones de Mises abarcan teoría económica, historia, epistemología, gobierno y filosofía política. Sus contribuciones a la teoría económica incluyen importantes aclaraciones a la teoría cuantitativa del dinero, la teoría del ciclo económico, la integración de la teoría monetaria con la teoría económica general y la demostración de que el socialismo debe fracasar porque no puede resolver el problema del cálculo económico. Mises fue el primer estudioso en reconocer que la economía es parte de una ciencia superior sobre la acción humana, ciencia a la que llamó “praxeología”.
Este artículo está extraído del capítulo 19 de La acción humana.