Por Ludwig
von Mises (Publicado el 20 de febrero de 2012)
Traducido
del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5916.
[La
acción humana (1949)]
Los medios de intercambio y el
dinero son fenómenos del mercado. Lo que hace de una cosa un medio de
intercambio o dinero es la conducta de las partes en las transacciones del
mercado. Una ocasión para ocuparse de los problemas monetarios se les presenta
a las autoridades de la misma forma en que se preocupan de todos los objetos
intercambiados, es decir, cuando se les pide decidir si el fracaso o no de una
del partes en un acto de intercambio de cumplir con sus obligaciones
contractuales justifica la compulsión por parte del aparato de opresión
violenta del gobierno. Si ambas partes descargan sus obligaciones mutuas
instantánea y simultáneamente, en general no se producen conflictos que
induzcan a una de las partes a apelar al poder judicial. Pero si las
obligaciones de una o ambas partes se retrasan temporalmente, puede ocurrir que
se pida a los tribunales decidir cómo deben cumplirse los términos del
contrato. Si implica el pago de una suma de dinero, esto implica a su vez la
tarea de determinar que sentido debe atribuirse a los términos monetarios
utilizados en el contrato.
Por tanto, recae en las leyes del
país y en los tribunales definir lo que las partes del contrato tenían en mente
cuando hablaban de una suma de dinero y establecer cómo va a resolverse la
obligación del pago de dicha suma de acuerdo con los términos acordados. Tienen
que determinar qué es y qué no es de curso legal. Atendiendo a esta tarea, las
leyes y tribunales no crean dinero.
Una cosa se convierte en dinero solo en virtud del hecho de que quienes
intercambian productos y servicios los usan comúnmente como medio de
intercambio. En la economía de mercado no intervenida, las leyes y jueces al
atribuir una cualidad de curso legal a cierta cosa simplemente establecen lo
que, según los usos del comercio, entendían las partes cuando se refirieron en
su acuerdo a una cantidad definida de dinero. Interpretan las costumbres del
comercio de la misma forma en la que procedían cuando se les pedía determinar
cuál es el significado de cualquier otro término utilizado en los contratos.
La acuñación ha sido una
prerrogativa de los gobernantes de un país. Sin embargo, esta actividad del
gobierno originalmente no tenía otro objetivo que la estampación y
certificación de pesos y medidas. El sello de la autoridad en una pieza de
metal se suponía que certificaba su peso y calidad. Cuando príncipes posteriores
recurrían a sustituir con metales más comunes y baratos parte de los metales
preciosos al tiempo que mantenían el rostro y nombre habituales de las monedas,
lo hacían furtivamente y con completo conocimiento del hecho de que estaban
realizando un intento fraudulento de engañar al pueblo. Tan pronto como el
pueblo descubría estos artificios, se utilizaban las monedas devaluadas con un
descuento respecto de las mejores antiguas. Los gobiernos reaccionaban
recurriendo a la fuerza y la coacción. Hacían ilegal discriminar en el comercio
y en el establecimiento de los pagos diferidos entre moneda “buena” y moneda
“mala” y decretaban precios máximos en términos de moneda “mala”. Sin embargo,
el resultado obtenido no era el que buscaban los gobiernos. Los decretos no
detenían el proceso que ajustaba los precios de las materias primas (en
términos de la moneda devaluada) al estado real de la relación monetaria.
Además, aparecían los efectos que describe la ley de Gresham.
Sin embargo, la historia de la
interferencia pública en la moneda no es meramente un registro de prácticas de
envilecimiento y de intentos frustrados
de eludir las inevitables consecuencias catalácticas. Hubo gobiernos que
no consideraban sus prerrogativas de acuñación como un medio de engañar a esa
parte del pueblo que daba su confianza a la integridad de sus gobernantes y
que, por ignorancia, estaban dispuestos a aceptar las monedas devaluadas por su
valor facial. Estos gobiernos consideraban a la fabricación de monedas no como
una fuente de lucro fiscal subrepticio, sino un servicio público pensado para
salvaguardar un funcionamiento fluido del mercado. Pero incluso estos gobiernos
(por ignorancia o diletantismo) recurrían a menudo a medidas que equivalían a
interferir en la estructura de precios, aunque no estuvieran deliberadamente
planeadas como tales. Como se utilizaban dos metales precios al tiempo como
dinero, las autoridades creían ingenuamente que era su obligación unificar el
sistema monetario decretando una relación rígida de intercambio entre el oro y
la plata. El sistema bimetálico resultó ser un completo fracaso. No produjo
bimetalismo, sino un patrón alternativo. El metal que, comparado con el estado
inmediato del fluctuante tipos de intercambio del mercado entre oro y plata, estaba
sobrevalorado en la relación fijada legalmente, predominaba en la circulación
nacional, mientras que el otro metal desaparecía. Finalmente, el gobierno
abandonó sus vanos intentos y aceptó el monometalismo. La actual política de
compra de plata del gobierno estadounidense no es un dispositivo serio de
política monetaria. Es simplemente una acción para aumentar el precio de la
plata a favor de los propietarios de minas de plata, de sus empleados y de los
estados en cuyas fronteras están ubicadas las minas. Su significado monetario
consiste exclusivamente en el hecho de que se financia emitiendo billetes
adicionales de dólar cuya cualidad de curso legal no difiere esencialmente de
la de los billetes de la Reserva Federal, aunque muestren la impresión prácticamente
sin sentido de “certificado de plata”.
Aún así, la historia económica
también proporciona ejemplos de políticas monetarias bien diseñadas y de éxito
por parte de gobierno cuya única intención era equipar a sus países con un
sistema monetario que funcione de forma fluida. El liberalismo del laissez
faire no abolió la tradicional prerrogativa de la acuñación del gobierno. Pero
en las manos de los gobiernos liberales, el carácter de este monopolio estatal
se vio completamente alterado. Se descartaron las ideas que lo consideraban
como un instrumento de las políticas intervencionistas. Ya no se usó para fines
fiscales o para favorecer a algunos grupos de personas a costa de otros. Las
actividades monetarias del gobierno de dirigían a un solo objetivo: facilitar y
simplificar el uso del medio de intercambio al que la conducta de la gente
había hecho dinero. Se estaba de acuerdo en que un sistema monetario de una
nación debía ser sólido. El principio de solidez significaba que las monedas
comunes (es decir, aquéllas cuyo poder de curso legal era asignado por las
leyes) deberían ser barras de metálico adecuadamente calibradas y estampadas,
acuñadas de tal manera que facilitaran la detección de limaduras, abrasiones y
falsificaciones. No se atribuía al sello del gobierno más función que
certificar el peso y la calidad del metal que contenían. Las piezas cuyo peso
se redujera por el desgaste o por cualquier otra razón más allá de los muy
estrechos límites permitidos perdían su calidad de moneda de curso legal; las
propias autoridades retiraban esas piezas de la circulación y las reacuñaban.
El receptor de una moneda desgastada no necesitaba recurrir a las balanzas y el
crisol para saber su peso y contenido. Por otro lado, se permitía a las
personas a llevar metal a la ceca y que se transformara en monedas normales ya
sea libre de cargas o bajo un pago por la acuñación que no sobrepasara los
costes reales del proceso. Así, las distintas divisas nacionales se
convirtieron en verdaderas monedas en oro. Así se consiguió una estabilidad en el tipo de cambio entre la
moneda nacional y la de todos los demás países que habían adoptado los mismos
principios de moneda fuerte. El patrón oro internacional se creó sin tratados
ni instituciones intergubernamentales.
En muchos países, la aparición del
patrón oro se produjo por la operación de la ley de Gresham. El papel que
desempeñaron las políticas públicas en el proceso en Gran Bretaña consistió
meramente en ratificar los resultados producidos por la ley de Gresham:
transformó en un estado legal un estado de hecho. En otros países, los
gobiernos abandonaron deliberadamente el bimetalismo justo en el momento en el
que el cambio en la relación del mercado entre oro y plata habría producido una
sustitución de facto de la divisa en plata por la entonces prevalente divisa en
oro. Con todas estas naciones, la adopción formal del patrón oro no requirió
otra intervención por parte de la administración y el parlamento que la
aprobación de leyes.
Fue diferente en aquellos países
que querían sustituir una divisa en plata o papel por un patrón oro (de facto o
de iure). Cuando el Reich alemán en la década de 1870 quiso adoptar el patrón
oro, la divisa de la nación era la plata. No podía llevar a cabo su plan
sencillamente imitando el procedimiento de aquellos países en los que la
adopción del patrón oro era simplemente una ratificación del estado real de
cosas. Tenían que intercambiar las monedas de palta en manos de gente por
monedas de oro. Era una operación financiera complicada que ocupaba mucho
tiempo e incluía enormes compras públicas de oro y ventas de plata. Las
condiciones eran similares en aquellos países que pretendían la sustitución de
dinero a crédito o fiduciario por oro.
Es importante considerar estos
hechos porque ejemplifican la diferencia entre las condiciones que prevalecían
en la era liberal y las que prevalecen hoy en la era del intervencionismo.
Ludwig von Mises es reconocido como
el líder de la Escuela Austriaca de pensamiento económico, prodigioso autor de
teorías económicas y un escritor prolífico. Los escritos y lecciones de Mises
abarcan teoría económica, historia, epistemología, gobierno y filosofía
política. Sus contribuciones a la teoría económica incluyen importantes
aclaraciones a la teoría cuantitativa del dinero, la teoría del ciclo
económico, la integración de la teoría monetaria con la teoría económica
general y la demostración de que el socialismo debe fracasar porque no puede
resolver el problema del cálculo económico. Mises fue el primer estudioso en reconocer
que la economía es parte de una ciencia superior sobre la acción humana,
ciencia a la que llamó “praxeología”.
Este
artículo está extraído del capítulo 31 de La
acción humana