Por Brian
Anderson (Publicado el 14 de febrero de 2012)
Traducido
del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5891.
Desde la concepción original del
Servicio Postal de Estados Unidos en el siglo XVIII hasta el mercado
tecnológicamente avanzado de hoy, las palabras que mencionan para el Congreso
el poder de “establecer Oficinas de Correos y caminos de posta” nunca han sido
más que un desperdicio de tinta.
En Uncle Sam, the Monopoly Man,
William C. Wooldridge explica bien los patrones históricos del fracaso del Servicio
Postal de Estados Unidos (USPS, por sus siglas en inglés):
Más de una década antes de que Parson
Weems inmortalizara el cerezo, la Oficina de Correos de Estados Unidos estaba
perdiendo dinero. Durante la mayoría de los años desde que el director de
Correos, General Thomas Osborne informara del primer déficit a George
Washington, ha continuado perdiendo dinero, recibiendo entretanto menos
atención crítica que el cerezo al que antecede. Aún así, las estrellas en su
vagar no dictan ineluctablemente un monopolio postal del gobierno.
Los primeros estadounidenses veían
estos fallos todos los días, así que actuaron en busca de un cambio.
Estados Unidos tiene una larga y
sana historia de desobediencia empresarial. Puedes decir fácilmente que el
rechazo individualista a la fuerza en el mercado era uno de los pocos
mecanismos reales de “control y equilibrio” que realmente actuaban contra el gobierno.
Tan opuesto era el pueblo a estos
servicios postales dirigidos por el gobierno en el siglo XIX que apareció un
orden natural en el que ningún jurado pensaría nunca en condenar a esas
empresas privadas (una “anulación subrepticia”, por decirlo así). Una de las
primeras empresas estadounidenses de mensajería fue fundada por William F.
Harnden en 1839.
Su negocio tuvo mucho éxito entre
la gente y el director de correos, dándose cuenta de que la competencia daña
los ingresos públicos, empezó una investigación sobre su funcionamiento.
Harnden escribía en una carta a un socio en Philadelphia:
No recibas nada que pueda enviar por
correo. Tendrá un número no depreciables de espías de Correos en tus talones.
Te mirarán con lupa. Fíjate en que tienen problemas por sus culpas.
Como el servicio que proporcionaba
la empresa de Harnden se clasificaba más como “protección de paquetes” y menos
como “envío de paquetes”, no había mucho que pudiera hacer el gobierno.
Harnden acabó contactando con Henry
Wells, cuya conexión con Daniel Drew, un conocido magnate de los barcos de
vapor y competidor de Cornelius Vanderbilt, permitió una expansión de la red
entre los navieros. Henry Wells (con George E. Pomeroy y Crawford Livingston)
esperaba ser reconocido como una alternativa legal al USPS y ofreció llevar correo por un
simple 20% de la tarifa entonces actual del gobierno. Los burócratas rechazaron
la propuesta pero se vieron consecuentemente obligados a rebajar sus precios
por miedo a una reacción de la población en general en respuesta al perjudicial
proteccionismo.
Tres años después de la reunión de
Harnden y Wells, el anarquista individualista Lysander Spooner presentó su
propio plan para competir contra el USPS a través de la creación de la American
Letter Mail Company. Al contrario que sus predecesores, Spooner no simulaba
cumplir con el monopolio postal del gobierno. Daba dos argumentos:
- la Constitución no prohíbe expresamente a
mensajeros privados servir voluntariamente a los clientes y
- seguirían enviando el correo incluso si se
consideraba ilegal.
Spooner explicaba el primer punto a
través de su encendido panfleto titulado The
Unconstitutionality of the Laws of Congress, Prohibiting Private Mails.
Escribe:
Si el Congreso no puede transportar
las cartas de los individuos tan barato como lo harían los individuos, no hay
justificación para que las transporte en absoluto. (…)
En los viejos Artículos de la
Confederación, se declaraba que “Estados Unidos, en su Congreso reunido, tendrá
el derecho y poder único y exclusivo de establecer y regular
oficinas de correo de un estado a otro en todos los Estados Unidos”.
Cuando se adoptó la constitución, se
alteró esta fraseología y se omitieron las palabras “único y exclusivo”. Esta
alteración (…) debe indudablemente haber sido intencionada, e indica claramente
que los redactores de la constitución no pretendían dar al Congreso, bajo la
constitución, el mismo poder “exclusivo”
que había tenido el Congreso de la Confederación.
Pero esta alteración evidentemente
hecha a propósito no funcionó lo suficientemente bien como para convencer al
sistema judicial de que su negocio voluntario de alta calidad proporcionaba un
servicio legítimo en la economía. En palabras de Peter Schiff: “El
gobierno va a hacer lo que quiera hacer y
los tribunales van a apoyarlo. A los tribunales no les importa”.
Por suerte para nosotros, Spooner
continuó enviando correo con éxito y de forma barata durante siete años antes
de que el gobierno de EEUU cerrara sus operaciones. Lo sellos de 12¢ vendidos
por el USPS no eran rival para los sellos de 3¢ de Spooner,
así que el gobierno de EEUU, para oponerse a lo inevitable declaró oficialmente
que todas las calles de las ciudades se considerarían caminos
de posta, disponibles solo para USPS en la entrega de cartas. (La
desobediencia llevó a la obra más radical de Spooner 23 años después: No Treason: the Constitution
of No Authority, en la que argumentaba la invalidez de la Constitución
como contrato legal).
Saltamos al siglo XX y vemos que el
precio del sello de primera clase aumentó un 633% en solo 27 años y este número
se ve complementado por descenso en la velocidad del 10% en 15 años. Uno
supondría que, con la invención del correo electrónico básico a finales del
siglo XX, los mensajeros sentirían una mayor necesidad de seguir ritmo que
permitía la tecnología: el gobierno no la sintió. En un análisis político para
el Instituto Cato, James Bovard descubría:
En 1969 hacían falta 1,5 días de
media para enviar una carta en primera clase. En 1982, la carta media en
primera clase necesitaba 1,65 días para entregarse y en 1987, 1,72 días. En el
trimestre de 1990 antes de que se implantaran los nuevos estándares, la medía
había aumentado a 1,80 días. En el trimestre después de que empezaran a
implantarse los nuevos estándares, la media ascendió a 1,84 días: un aumento
del 1,7% que hacen que la entrega actual sea un 22% más lenta que en 1969.
Y ahora vemos al USPS en su estado
más lamentable. El siglo XXI ha destrozado sus cimientos apenas reconocibles.
Hay disponible y acceso casi universal a distintos medios de comunicación, así
que no sorprende que llevar cartas se esté quedando obsoleto. No espero que
muchos mensajeros continúen en el negocio como es habitual, pero me parece como
si el gobierno ni siquiera se haya dado cuenta de que estamos viviendo en una
nueva era.
Durante los cinco últimos años
seguidos, el USPS ha tenido
una renta neta negativa de miles de millones con unas pérdidas récord de 8.500
millones de dólares en 2010, incluyendo 4.700 millones solo en 2009. Estas
caídas llevaron
rápidamente a la ubicación reciente de la organización en la lista de
instituciones de alto riesgo de la Oficina de Contabilidad del Gobierno.
Entretanto, empresas privadas como FedEx
y United
Parcel Service están creciendo fantásticamente cada año, incluso con las
actuales restricciones que soportan.
El pasado año, el USPS anunciaba la
clausura de casi 3.700
oficinas de correos en todo Estados Unidos en un último intento de salvar
su reputación, pero los 200 millones de dólares que ahorrará resultan
insignificantes junto a sus déficits. No es sorprendente que el sindicato de
trabajadores postales no lo esté poniendo fácil. Mientras que los costes
laborales representan solo el 32% y el 53% de los gastos de FedEx y United Parcel
Service, respectivamente, representan un asombroso 80% de USPS. ¿Por qué no se
tiene en cuenta este mecanismo negativo?
Murray Rothbard escribe en El
hombre, la economía y el estado:
Las ineficiencias de la operación
del gobierno se componen de varios otros
factores. Como hemos visto, una empresa pública compitiendo en un sector puede
normalmente eliminar propietarios privados, ya que el gobierno puede
subsidiarse de muchas maneras y proporcionarse a sí mismo fondos ilimitados
cuando lo desee. Así que tiene pocos incentivos para ser eficiente. En casos en
que no pueda competir ni siquiera bajo estas condiciones, puede arrogarse un
monopolio obligatorio, eliminando por la fuerza a los competidores.
Y vemos claramente este fenómeno en
el caso de correos. En lugar de afrontar el problema, los ejecutivos del USPS
se están centrando en 50 millones de dólares en “objetos robados” (un mero 0,5%
del déficit anual de 2010) de los que les
gustaría que los ladrones devolvieran por favor. Solo podemos esperar que
la decisión de correos de eliminar los envíos
urgentes para el correo de primera clase enfurezca a la gente hasta el
punto de prestar atención a la raíz del problema.
Es patético que un monopolio
forzado por el gobierno continúe perdiendo dinero.
En todos los aspectos de su
negocio, el USPS ha sido o bien un fracaso desde el principio o su valor se
encuentra ahora a la altura del betún por las nuevas y más rápidas líneas de
comunicación. En cualquier caso, recordando a Spooner, es innecesario que
exista. Hace falta actuar en el Congreso para eliminar y cesar la aplicación de
todo reglamento sobre envíos privados en el código legal.
Ni la nieve, ni la lluvia, ni el
calor, ni la oscuridad, solo la privatización puede impedir a estos mensajeros
ser reemplazados por alternativas reales en el mercado libre.
Brian Anderson es estudiante de
ciencias biológicas.