Por Doug French. (Publicado el 13
de febrero de 2012)
Traducido del inglés. El artículo
original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5917.
[Street
Freak: Money and Madness at Lehman Brothers • Jared Dillian • Simon and Schuster, 2011 • 368 páginas]
Los traders de Wall Street, como los grandes jugadores de póker, son de
una raza diferente. La presión constante, el apetito de riesgo, la capacidad de
pensar y reaccionar en décimas de segundo, calculando al tiempo posibilidades
en su cabeza que la mayoría no puede hacer sin una HP12C.
“Estos tipos son una tribu bastante
rara”, dice el Dr. Paul Zak. “Son muy racionales y muy competitivos”. Zak en un
neuroeconomista en la Claremont Graduate University que está estudiando los
cerebros de los traders para
descubrir si su tipo de personalidad tiene alguna característica genética
propia.
En su columna “Head
Case” en el Wall Street Journal,
Jonah Lehrer escribe que el Dr. Zak y su colega neuroeconomista en la Claremont,
Steve Sapra han analizado los genes de 60 traders
profesionales trabajando en cinco grandes empresas de Wall Street. Zak y Sapra
se centraron en los genes que se sabe que afectan a la actividad de la
dopamina.
La dopamina es un neurotransmisor
en el cerebro que “ayuda a regular las decisiones que implican riesgo y
recompensa”, escribe Lehrer, “permitiéndonos experimentar tanto la tensión de
conseguir lo que queremos como el dolor de perderlo”.
Los traders que consiguen durar en Wall Street durante mucho tiempo,
“tienden a situarse el punto óptimo de actividad de la dopamina: sus genes les
evitan experimentar niveles muy altos o bajos de la molécula”, explica Lehrer.
“Estos prósperos profesionales es mucho más probable que tengan los llamados
genes “Goldilocks” [“Ricitos de Oro”], poniéndolos sólidamente en medio de la
distribución de dopamina”.
Ricitos de Oro no es lo que se
viene a la mente mientras vemos la frenética actividad en cualquier patio de
operaciones. De hecho, es precisamente lo contrario, con gente gritando, chillando
y gesticulando salvajemente. Como dice Jared Dillian en este video clip promocionando su
libro Street Freak: Money and Madness at Lehman
Brothers, “Para quien tiene un desorden bipolar, estar en
el patio de operaciones es estar en el peor lugar posible, porque nadie va a notar
que algo vaya mal, porque todos están locos”. Si Dillian hubiera trabajado en
Starbucks, su voluble comportamiento podría haber llamado la atención ante su
desorden. Así, en Lehman, ser maníaco, chillar y gritar se “consideraba un
comportamiento correcto en el patio de operaciones”.
Dillian cuenta su historia con un
estilo trepidante que lleva al lector a los dos mundos del autor: el mundo a
puñetazos del descubrimiento de precios en el patio de operaciones, junto con
su caída en la depresión y la contante atención a su casi debilitante
comportamiento obsesivo-compulsivo. Todo esto hace que se difícil dejar de leer
el libro.
Street
Freak es una gran historia estadounidense de éxito, con un giro. Un joven
abandona la Guardia de Costas y sueña con hacer carrera en Wall Street,
trabajando en el centro del capitalismo: el World Trade Center. Pero no tiene
el pedigrí de las grandes universidades que abre el camino a lo alto. La
competencia es feroz en la clase de formación de Lehman Brothers. Tiene muy pocas
posibilidades de conseguir un puesto.
Su formación se vio interrumpida
bruscamente por el 11-S y el autor debe vivir con el recuerdo de ver al segundo
avión embistiendo contra la segunda torre justo encima de él. La formación se
reanuda al otro lado del Hudson y acabará incluyendo realizar actividades como
guardia de seguridad. Pero mientras que sus compañeros de aula no se toman en
serio este trabajo menor, Dillian sí lo hace y eso se resulta útil.
Consigue una entrevista y cuenta la
lectura de A
Random Walk Down Wall Street, de Burton Malkiel, un libro que alaba las
virtudes de la teoría de los mercados eficientes. “Leí el libro”, dice Dillian
al entrevistador, “decidí que era repugnante, nihilista, una mierda académica y
dedicar el resto de mi carrera a probar que era errónea”.
Dillian empieza en el arbitraje de
índices, primero solo mirando, luego calculando las pérdidas y ganancias de su
mentor y finalmente se le autoriza a comerciar. Cuando la empresa vuelve a
Nueva York y el jefe Dick Fuld elimina la vestimenta informal, el autor el
autor corre a comprar trajes baratos en Men's Warehouse, gastando en cinco
trajes lo que sus compañeros pagan por uno. Pero su frugalidad le pone en el
lado equivocado de la “sacudida de manos de Lehman”. (Tendréis que leer el
libro).
El autor tiene un don para las
matemáticas, aunque sabía poco de finanzas cuando empezó. Como escribe, “Solo
quería crear dinero de la velocidad y la pura intimidación”. Dice que no tenía
ni idea de lo que estaba haciendo el mercado, pero poco a poco Dillian
desarrollaba un extraordinario sentido de la dirección de la bestia que es el
mercado de futuros.
Street
Freak está llena de jerga de los mercados y el trading y, de vez en cuando, Dillian se detiene a explicar un
negocio que te dice todo lo que necesitas saber acerca de las finanzas
modernas.
Estaba expresando una opinión, no
solo sobre los tipos de interés, sino asimismo sobre los tipos de interés forward, a través de un futuro cash-settled. Además, los estaba
haciendo de una forma no lineal, utilizando opciones sobre futuros. Usaría un
derivado de un derivado para expresar una opinión sobre un concepto imaginario.
Era algo mágico.
Mientras que el Dr. Zak califica a
los traders como muy racionales,
Dillian escribe que para conseguir que se haga algo en Wall Street no solo
tienes que actuar irracionalmente, sino también estar loco: “Solo la gente loca
hace exactamente los contrario de lo que el sentido común te dice que hagas”.
Muy poco del relato del trading de Dillian muestra un
pensamiento racional deliberado. Pero tal vez allí no haya distinción entre lo
racional y el resto. Ludwig von Mises escribió que solo hay comportamiento
finalista o acción humana. “La praxeología no emplea el término racional”, escribía Mises en Money,
Method, and the Market Process, explicando que lo “contrario a la
acción no es el comportamiento irracional,
sino una respuesta reactiva a los estímulos por parte de los órganos corporales
y de instintos, que no pueden ser controlados por volición”.
En opinión de Mises, la economía no
se ocupa en absoluto del homo economicus,
sino del homo agens: el hombre “como
es realmente, a menudo débil estúpido, desconsiderado y mal educado”.
Las debilidades de Dillian le
superan. Intenta suicidarse sin éxito y más tarde abandona repentinamente el
patio de operaciones, ingresando en un hospital psiquiátrico. Sale medicado,
pero más sano, estimulado por las ideas que puede escribir.
Sin embargo, el litio rompe su
concentración (y su apetito sexual) y los patrones y flujos que una vez vio tan
naturalmente resultan difusos e incomprensibles. Debe volver a aprender de
nuevo a comerciar.
Por muy inexpugnable que pensaran
que era sus empelados, a Lehman Brothers se le dejó caer por su exceso de
exposición inmobiliaria. Mientras su patio de operaciones estaba haciendo
millones, Lehman Brothers amasaba una cartera inmobiliaria que era, en palabras
de Dillian, “absolutamente pornográfica”.
Según los rumores, Dick Fuld
rechazó una oferta de 40$ por acción por Lehman del Korean Development Bank en
sus últimos días. Pero al contrario que sus traders,
Fuld permitió que su orgullo se interpusiera en realizar el mejor negocio
posible.
Cuando se permite funcionar al
capitalismo, las liquidaciones crean nuevos inicios. Fue el caso de Lehman. Las
operaciones de trading de Nueva York
las compró Barclays y Nomura Securities compró las operaciones en el
extranjero. Casi todos mantuvieron sus puestos de trabajo.
Respecto de Jared Dillian, creo el
boletín financiero Daily Dirtnap y está haciendo
lo que más le gusta.
Douglas French es presidente del Instituto Mises y autor de Early
Speculative Bubbles & Increases in the Money Supply y Walk
Away: The Rise and Fall of the Home-Ownership Myth. Es doctor en economía de la Universidad
de Nevada-Las Vegas, dirigido por Murray Rothbard, con el Profesor Hans-Hermann
Hoppe en su tribunal de tesis. French enseña en la Academia Mises.