Por Christopher Westley.
(Publicado el 5 de enero de 2012)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra
aquí: http://mises.org/daily/5859.
Gracias, Mr. Stiglitz, por ofrecernos tanta munición a los
economistas de libre mercado para usarla en las aulas esta primavera.
La munición puede encontrarse en la nueva investigación que
(con Bruce Greenwald) está
promocionando Stiglitz. En ella, presenta relaciones estadísticas entre
mejoras tecnológicas en la agricultura y desempleo en la década de 1930.
Pregunta: ¿Qué convirtió los que fue por otro lado una corrección normal del
mercado en una larga y penosa depresión caracterizadas por constantes cifras de
desempleo en dobles dígitos? Fue, responde, al menos en parte, esa maldita
tecnología agrícola lo que hizo que todos esos trabajadores se convirtieran en
desplazados. Sin ella, el desempleo nunca se hubiera disparado y el mercado
laboral de EEUU podría haber mantenido los idílicos tiempos de la década de
1870, cuando más de la mitad de los trabajadores estaban en las granjas.
Indudablemente, la economía de la década de 1930 (como la conocemos hoy) nunca
se habría producido.
Así funciona la investigación neoclásica ortodoxa, en la
que la verdad es solo lo que puede medirse y luego encajarse en modelos
matemáticos. El problema es que esos modelos son solo tan buenos como sus
presunciones: cuando la información real e importante no puede medirse,
sencillamente se ignora, o se supone que existe en la palabra error y los
correspondientes vectores o residuos.
Es el mismo problema que afligía a la economía mainstream durante el tiempo que
precedió a la crisis financiera. Igualmente, muchos economistas mainstream, incluyendo a Stiglitz,
se vieron pillados completamente por sorpresa porque sus modelos no incluían
información extremadamente relevante respecto de los sectores inmobiliario y
bancario, porque no era medible. Entretanto, aquellos economistas que
trabajaban con aproximaciones menos empíricas y más apriorísticas estaban muy
preocupados acerca de lo que pasaba en ambos sectores y les sorprendió mucho
menos el crash. De hecho, muchos lo predijeron.
Fijémonos en qué aproximación (la empírica mainstream o la apriorística) tiene más
financiación del gobierno. Pensemos en qué aproximación es más probable que
ofrezca una justificación teórica de la acción del gobierno.
Hay evidencias abundantes de que los descubrimientos de
Stiglitz reflejan correlaciones estadísticas y no causaciones. Esto es
especialmente cierto porque otros países hicieron la transición de la
agricultura a la manufactura sin problemas significativos en el empleo. La
teoría de Stiglitz también deja indemnes a las administraciones de Hoover y
Roosevelt, cuyas políticas obstaculizaron el sistema de precios para reasignar
recursos tan eficientemente como se hizo en otros países.
Pensémoslo. En la primera mitad del siglo XX había un excedente
de producción agrícola por primera vez en la historia de la humanidad. Este excedente,
afortunadamente, ejercía una presión a la baja en los precios de los alimentos.
Luego vinieron Hoover y FDR con políticas para mantener los precios agrícolas
más altos de lo que hubieran sido en otro caso o a un nivel que reflejara sus
niveles de precios antes de la explosión de la producción agrícola. Los
resultados económicos de estas intervenciones son al tiempo predecibles y
desastrosos:
·
La cantidad demandada
de producción agrícola cae (porque los precios se mantienen altos).
·
El desempleo agrícola
se dispara (a causa de la reducción de la demanda de productos).
·
Muchos millones de
personas que de otra forma habrían sido capaces de sostenerse a sí mismas y a
sus familias trabajando en la agricultura se convierten así en dependientes del
estado.
·
Los excedentes
resultantes del aumentos artificial del precio (aplicado violentamente) llevan a extrañas intervenciones secundarias
que requieren que el gobierno destruya comida en un momento en millones ganaban
sueldos de hambre, si es que ganaban algo.
¡Pero esos efectos deberían ignorarse, porque el Gran
Stiglitz ha encontrado una correlación en los datos observables!
Haríamos bien en recordar el contexto en el que hoy se
promulgan las ideas económicas. Recordemos que a Stiglitz le paga bien el
gobierno para dar peso intelectual a argumentos de fracaso del mercado que
justifiquen una expansión del gobierno respecto del mercado. Incluso su premio
Nobel de 2001. Que compartió con George Akerlof y Michael Spence, fue por su
trabajo en el área de la información asimétrica, que muchos usan hoy para
justificar la regulación de todo el comercio por el estado. Así que tal vez
tenga sentido que hoy argumente que las mejoras tecnológicas puedan llevar a
una depresión que dure una década en un momento en que mucha gente está
empezando a cuestionar la practicidad real de unas intervenciones fiscales y
monetarias sin precedentes durante correcciones significativas del mercado
(ocurriendo ambas en los años que siguieron a 1929 y 2008 respectivamente).
En el proceso, maldice la tecnología (en el espíritu de Ned Ludd, añadiría yo), ignorando
el papel de las mejoras tecnológicas para permitir a la humanidad emerger de
sus vidas solitarias, pobres, desagradables y embrutecidas. Las mejoras
tecnológicas en el sector agrario causaron en concreto mucho del progreso
material del siglo XX, porque permitieron al sector agrícola mantener la
productividad con menos trabajadores, permitiendo al excedente de trabajadores
mudarse a las ciudades a trabajar en otros sectores (sectores que ni siquiera
existían 50 años antes) e hicieron que explotara el PIB agregado.
Sin este fenómeno, hoy no habría clase media.
Sí, Stiglitz argumenta que las mejoras tecnológicas son un
fallo del mercado, a pesar de la mayoría de la transición de la agricultura a
la manufactura se produjo 20-30 años antes de 1929. Como muchos en el mainstream, se centra en lo que se ve en
oposición a lo que no se ve en una política (porque estos efectos, después de
todo, pueden insertarse fácilmente en elegantes modelos econométricos) e ignora
mucha teoría e historia económica para hacer que funcione su relato particular.
Es difícil creer que tantos argumenten hoy de forma similar
que los avances tecnológicos en el sector financiero fueran la causa primaria
del desplome financiero de 2008, absolviendo así (por ejemplo) a la política de
tipos de interés de la Reserva Federal de 2002 a 2004, junto con las
manipulaciones federales del mercado de viviendas.
Es difícil creer que esa investigación se tome en serio
simplemente porque destaca un supuesto fallo del mercado y, por extensión,
justifique un papel aún mayor del gobierno en el mercado.
Christopher Westley es investigador adjunto en el Instituto
Mises. Enseña en la Escuela de Comercio y Administración de Empresas en la
Universidad Estatal de Jacksonville.