El mito del gran encuentro de los ferrocarriles

Por Mark A. Pribonic. (Publicado el 4 de abril de 2007)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/2522.

 

En unas recientes vacaciones blancas en Utah, mi hija y yo nos tomamos un respiro de las laderas durante un día y nos fuimos de exploración. Decidimos hacer una excursión un lugar de la historia estadounidense: Promontory Summit, Utah.

Promontory no es un lugar al que vayas de paso. Localizado al noroeste de Salt Lake City y al norte del Gran Lago Salado, Promontory está literalmente en medio de la nada en las grandes llanuras. Este punto aislado en el mapa es el lugar donde se encontraron los ferrocarriles de la Central Pacific y la Union Pacific completando la línea férrea transcontinental.

Lo que iba a ser un paseo a través de las anécdotas de la historia estadounidense para mi hija y yo, resultó ser una lección económica del absurdo de las subvenciones públicas.

Después de examinar los artefactos del ferrocarril en el museo del Promontory y tomar la foto obligada del lugar en la línea férrea donde se puso el remache de oro, nos trasladamos a aproximadamente tres o cuatro millas al este hasta un lugar donde empezaría un paseo autoguiado. El Big Fill Trail te permite andar a lo largo de una milla y media de un tramo de ferrocarril que fue creado tanto por la Central Pacific hacia el este desde Sacramento como por la Union Pacific hacia el oeste desde Omaha.

Es bien conocido que a estos dos ferrocarriles se les dieron concesiones de terrenos, préstamos a bajo interés y subvenciones directas por parte del gobierno federal. Las subvenciones se graduaban de acuerdo con la dificultad del terreno atravesado con 16.000$ a pagar por la construcción de un tramo sencillo y hasta 48.000$ para los tramos montañosos. Además, los cambios en la Pacific Railroad Act permitían pagos de subvenciones para tramos que podían extenderse hasta 300 millas antes de que se pusieran los raíles.

En la segunda parada del paseo, se veía claramente la perversión causada por las subvenciones. En ese momento estábamos en el tramo construido por la Central Pacific y a menos de cincuenta metros estaba el tramo construido por la Union Pacific. Los tramos no se juntaban, sino que discurrían en paralelo y continuaban así durante 250 millas, casi el trabajo de un año. También se apuntaba en el folleto de la guía que los campos de trabajo de los dos grupos estaban literalmente separados por una ladera.

Mi hija e dio cuenta, riéndose, de que estos dos ferrocarriles no tenían intención de encontrarse. El propósito de poner raíles no era atender la demanda del servicio de pasajeros transcontinental, sino simplemente de cobrar, libres de cualquier fuerza del mercado, las subvenciones federales. Cualquier duda de esta conclusión desaparecería rápidamente en la parada del paseo del mirador de Spring Creek Ravine.

La Central Pacific construyó un “gran relleno” de tierra para aumentar su parte del barranco de forma que la vía pudiera ponerse con seguridad sobre el suelo. Por debajo del “gran relleno”, la Union Pacific no regateó tiempo ni seguridad al construir un desvencijado puente de madera que cruzaba el barranco. El puente, que tenía 25 metros de alto y 120 metros de largo, estaba tan endeblemente construido que un periodista sugirió: “Sacudirá los nervios de los corazones más recios de los viajeros del ferrocarril cuando vean que se espera que unos pocos metros de redondos maderos y remaches de 20 centímetros sostengan… a un tren en marcha”.

Por supuesto, el puente no pretendía sostener un tren de pasajeros: se construyó para transferir el dinero desde Washington a los cofres de la Union Pacific Railroad. También estaba claro que la traicionera ruta tomada por la Central Pacific a través de las montañas de Sierra Nevada era más un asunto financiero que de comodidad de los pasajeros.

Finalmente los poderes de Washington DC se dieron cuenta de lo que estaba pasando y ordenaron a las dos ferroviarias a unirse en Promontory Summit, lo que se realizó ceremoniosamente el 10 de mayo de 1869. Lo que ocurrió después está casi completamente ausente de nuestros libros de texto. A causa de la mala forma en que se construyeron las vías, empezó a trabajarse casi de inmediato para reconstruir todo el proyecto. Tres años después del célebre encuentro en Promontory Summit, la Union Pacific Railroad estaba en quiebra.

Aquí estamos 138 años después con mucha gente aún creyendo en las virtudes económicas de las subvenciones, desde los programas agrícolas al desarrollo energético. Me hace sonreír saber que ahora hay al menos una niña de quince años, con la imagen de los tramos paralelos en mente, que ve la mentira de todo esto.

 

 

Mark A. Pribonic es profesor adjunto de economía y trader en una institución financiera. Su blog es ScrambledEggconomics.com.

Published Wed, Dec 7 2011 7:33 PM by euribe