Steve Jobs no era un innovador: Era mejor

Por Devin Leary-Hanebrink. (Publicado el 22 de noviembre de 2011)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5812.

 

Durante los pasados meses desde su desgraciada muerte, los medios de comunicación han alabado constantemente a Steve Jobs por sus muchos talentos. Se le ha descrito frecuentemente como uno de los grandes innovadores de la historia, codo con codo con gente como Einstein, Da Vinci y los hermanos Wright. Aunque esas declaraciones acerca del talento de Jobs no sean mentira, indudablemente se equivocan.

“Innovar” es “introducir o hacer algo nuevo”. Jobs pocas veces cumplió con esto. De hecho, Jobs era conocido por plagiar grandes ideas. Tomó el concepto de un interfaz gráfico de usuario de Xerox. Compró Pixar a George Lucas. Copió el Walkman de Sony. Incluso fue un mal programador, confiando mucho en el talento de Steve Wozniak durante los años de formación de Apple. Además, en la entrevista de 1996 para la serie de la PBS Triumph of the Nerds, el propio Jobs admitía: “Nunca nos ha preocupado robar grandes ideas”.

Pero volviendo a la década de 1970, mientras su club informático se contentaba con reunirse una vez al mes, a IBM le bastaba con vender grandes ordenadores y Microsoft era un pequeño proyecto de empresa, Jobs ya entendía el poder de esta nueva tecnología y preveía las computadoras personales en todos los hogares del mundo.

Jobs el emprendedor

Aunque no necesariamente un innovador, Jobs personifica algo mucho más poderoso en una sociedad libre: el emprendedor. Un “emprendedor” es quien “organiza una empresa mediante el riesgo y la iniciativa”. Consiguió esta hazaña al cien por cien.

Jobs tenía un don que pocos tienen: la capacidad de transformar una idea incipiente en una obra maestra. Raramente creaba de la nada, pero podía reconocer lo que “necesitábamos” mucho antes de que lo quisiéramos. Como indica elocuentemente Mises en La acción humana:

Lo que distingue al emprendedor y empresario de éxito de otra gente es precisamente el hecho de que no se permite que le guíe lo que fue y lo que es, sino que dispone de sus asuntos basándose en su opinión acerca del futuro. Ve el pasado y el presente como los demás, pero juzga el futuro de otra manera.

Como los romanos respecto de los griegos, Jobs se daba cuenta de que ya existían inventos maravillosos, pero no se había desarrollado todo su potencial. En respuesta, se alzó despreocupadamente sobre los hombros de los gigantes, utilizó con bravura su energía creativa y maximizó audazmente el poder del sistema de libre mercado. Como consecuencia, Jobs pudo transformar grandes ideas en formas asequibles.

Un ejemplo: He escrito este artículo en mi casa, en una computadora personal.

Los mercados no muestran ninguna simpatía

Al contrario de lo que cree la gente, no todo lo que tocaba Jobs se convertía en oro. ¿Recuerdan Lisa o Pippen, la incursión de Apple en el mercado de las videoconsolas? ¿Tal vez Apple TV, aún en desarrollo?

Tal vez el mayor fracaso de Apple, el Newton MessagePad, se convirtió en el logro más importante de Jobs. Resumiendo, el Newton era al tiempo un sistema operativo (OS) de tableta y una asistente digital personal (PDA). El Newton OS se remonta a la década de 1980 y la Newton MessagePad PDA apareció en 1993. Todo el paquete estaba adelantado a su tiempo, incluso antes del mercado ahora extinto de las PDA.

Por desgracia, fracasó. Miserablemente.

Las quejas fueron infinitas: el precio era demasiado alto, la duración de la batería demasiado corta, el interfaz era tosco y faltaba el soporte a terceros. La lista continuaba. Incluso Los Simpson se reían del dispositivo.

Sin embargo, Apple tenía algo y Jobs lo sabía. Aunque no pudo echarle mano años antes, era algo ganador. Jobs se tragó su orgullo y soportó las pérdidas, pero rechazó dejarlo. Como todos los grandes emprendedores, dobló la apuesta, estudió el mercado, rediseñó el producto y esperó al momento apropiado para presentar su primer gran éxito portátil: el iPod. No contento con eso, Apple estableció nuevos estándares con el iPhone y el iPad.

Y el espíritu perdura

Jobs es al espíritu emprendedor lo que Michael Jordan al baloncesto o Beethoven a la música. Es un sucesor espiritual de los grandes industriales de hace un siglo. Desde Cornelius Vanderbilt y James J. Hill hasta Phil Knight y Bill Gates, los emprendedores siempre han hecho mejores nuestras vidas. Hoy la antorcha, brillando tanto como hace siglos, ha pasado a nuevos titanes como Mark Zuckerberg.

Aunque Jobs se haya ido, ese espíritu emprendedor arde dentro de todos. Por desgracia, pocos poseen su temeraria iniciativa para marchar hacia lo desconocido. Aunque es apropiado que buena parte del mundo conociera la muerte de Jobs en un dispositivo que él creó, su verdadero don no se extinguirá.

 

 

Devin Leary-Hanebrink, graduado en la Universidad Mises en 2005, es abogado residente en Nueva Orleáns, Luisiana.

Published Tue, Nov 22 2011 7:04 PM by euribe