Por Ralph Reiland. (Publicado el 27 de octubre de
2011)
Traducido del inglés. El artículo
original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5763.
Sabíais que pasaría.
Primero fueron a por los
cigarrillos, luego Hank Williams Jr. fue expulsado del partido de fútbol de los
lunes por ser políticamente incorrecto y ahora van a por la mantequilla.
Dinamarca, el 1 de octubre, aprobó
un impuesto de 2,16€ por kilo en todos los alimentos que tengan más de un 2,3%
de grasas saturadas. Eso se suma a un recargo del 25% impuesto el pasado año
por la policía alimentaria de Dinamarca sobre todo el helado, caramelo, azúcar,
refrescos y chocolate.
Así que ahora las magdalenas se
añaden a los objetivos de Dinamarca en impuesto más altos, junto con el bacón,
la leche entera, la manteca, los aguacates, la nata montada, las salchichas,
las sardinas en aceite, las nueces, las yemas de huevo, la grasa de la carne, los
aceites hidrogenados, las semillas, el queso, el coco seco y el aceite de
hígado de bacalao y el pato con piel.
Y ni siquiera son tan gordos en
Dinamarca. La tasa de obesidad en Dinamarca es del 13,4%, menor que la media
europea del 15,5% y muy por debajo de la tasa de obesidad en Estados Unidos
(33,8% para los adultos y 17,5% para niños y adolescentes de 2 a 19 años, según
los Centros de Control y Prevención de Enfermedades).
“Hoy, más de la mitad de los
residentes en la ciudad de Nueva York y casi el 40% de nuestros alumnos de
escuelas públicas tienen exceso de peso, muchos de ellos de forma seria”, informa
foodnavigator-USA.com.
Hay un director de alimentación en
la Confederación de Industrias de Dinamarca, un planificador central llamado Ole
Linnet Juul. El impuesto danés a las grasas saturadas, dice, es el primero de
este tipo en el mundo.
Ole Juul dice que el nuevo impuesto
solo añadirá 15 centavos a una hamburguesa. Es una hamburguesa bastante
pequeña. Un impuesto de 2,16€ por kilo añade 64,5 centavos a una buena
hamburguesa de media libra, además de cualquier impuesto que pongan sobre el
queso y el pan.
Lo que se supone que hará el
impuesto es aumentar la esperanza media de vida de los daneses en tres años
durante la próxima década, explicó Juul. Realmente esto podría no funcionar
haciendo más largas sus vidas, solo lo parecería.
Juul no se mete en cómo influiría
una vida más larga en los ya crecientes costes de las pensiones en Dinamarca,
agudizando los ya altos niveles de números rojos e intensificando la crisis de
deuda de Dinamarca. Eso le toca a otro departamento.
En todo caso, los daneses,
aparentemente más preocupados por conseguir suficientes cantidades de
mantequilla para sus tortitas que por vivir más tiempo, están ya acaparando y
haciendo algún contrabando furtivo.
“Los daneses acapararon comida
antes de que el impuesto fuera efectivo el sábado, vaciando los expositores de
las tiendas de comida”, informaba ABC. “Algunos amantes de la mantequilla
incluso recurrieron a hacer acopio de ésta durante sus viajes al extranjero”.
Suena como si los planificadores
centrales de Dinamarca pudieran querer algún consejo de los agentes de la TSA
estadounidense sobre cómo revisar la ropa interior en busca de barras de
mantequilla escondidas.
Rumania y Finlandia ya están
hablando de seguir el camino de Dinamarca, según el Los Angeles Times.
Y empieza a sonar como si fuéramos
a ser los siguientes. Los Centros de Control y Prevención de Enfermedades
estiman que los costes sanitarios estadounidenses debido a los problemas de
peso ascendieron a 40.000 millones de dólares al año cuando las tasas de
obesidad subieron del 18% al 25% entre 1998 y 2006.
Hay quienes afirman que podemos
recuperar todo ese dinero y más si solo aumentáramos los impuestos a las
sardinas, los patos, las salchichas, los Snickers y todas las demás cosas malas
de las listas anteriores.
“Estimado de forma conservadora, un
impuesto del 10% sobre alimentos que se definirían como ‘poco saludables’ por
un estándar nacional adoptado recientemente en Gran Bretaña podría generar
240.000 millones de dólares en sus primeros cinco años y 522.000 millones en
100 años de implantación”, indicaba la reportera de salud del Los Angeles Times, Melissa Healy.
Ralph Reiland es profesor asociado de economía en la
Universidad Robert Morris en Pittsburgh.