Por Robert P. Murphy. (Publicado el 20 de junio de
2011)
Traducido
del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5390.
La gente me
pregunta a menudo: “¿En qué son los economistas de la Escuela Austriaca
distintos de los de la Escuela de Chicago? ¿No sois todos gente del libre
mercado que se opone a los keynesianos del gran gobierno?”
En el
presente artículo señalaré algunas de las principales diferencias. Aunque es
verdad que los austriacos están de acuerdo con los economistas de Chicago en
muchos asuntos políticos, su
aproximación a la ciencia económica
puede ser bastante distinta. Es importante explicar de vez en cuando estas diferencias,
aunque solo sea para rebatir la queja habitual de que la economía austriaca es
sencillamente una religión que sirve para justificar conclusiones políticas
libertarias.
Antes de
empezar, déjenme dar dos advertencias obvias: No hablo en nombre de todos los
economistas austriacos y en este artículo me referiré a los seguidores
austriacos de la tradición de Ludwig von Mises y Murray Rothbard.
(Sobre la metodología en particular, los austriacos en el bando de Rothbard
difieren algo de los que buscan inspiración en Friedrich Hayek e Israel Kirzner). También
es importante advertir que no todos los economistas de la escuela de Chicago
piensan igual. Aún así, espero que las siguientes generalizaciones sean representativas.
Metodología
En primer
lugar, los austriacos son una rareza entre los economistas profesionales por su
enfoque en temas metodológicos. De hecho, La obra maestra de Mises, La acción humana,
dedica todo el segundo capítulo (41 páginas) a “Los problemas epistemológicos
de las ciencias de la acción humana”. No existe ese tratamiento en el último
libro de Freakonomics.
Aunque la
mayoría de los economistas en el siglo XX y nuestro tiempo estarían muy en
desacuerdo, Mises insistía en que la teoría económica era en sí una disciplina
a priori. Lo que quería decir es que los economistas no deberían reproducir los
métodos de los físicos para llegara hipótesis y someterlas a pruebas empíricas.
Por el contrario, Mises pensaba que el cuerpo central de la teoría económica
podía deducirse lógicamente del axioma de la “acción
humana”, es decir, la idea o punto de vista de que hay otros seres conscientes
que utilizan su razón para alcanzar fines subjetivos. (Para más detalle sobre
las opiniones metodológicas, ver esto y esto).
Como
contraste, el artículo seminal de la Escuela de Chicago sobre metodología es “The
Methodology of Positive Economics” de Milton Friedman, de 1953.
Lejosd e deducir principios económicos o leyes que sean necesariamente ciertas
(como sugiere Mises), Friedman defiende en su lugar el desarrollo de modelos
sobre suposiciones falsas. Estas falsas premisas no chocan, sin embargo, contra
una buena teoría:
La cuestión
relevante a preguntarse acerca de las “suposiciones” de una teoría no es si son
“realistas” descriptivamente, pues nunca lo son, sino si son aproximaciones
suficientemente buenas para el propósito que corresponde. Y esta pregunta solo
puede responderse viendo si la teoría funciona, lo que significa si
produce predicciones suficientemente
ajustadas.
Aunque el
análisis de Friedman suena perfectamente razonable y ser el epítome de lo “científico”,
Mies pensaba que era una tentadora trampa para economistas- Para una breve
ilustración de la diferencia de perspectivas, déjenme contarles un ejemplo de
mi experiencia docente.
Era una
clase de principios de microeconomía y estábamos usando el (excelente) libro de texto de Gwartney,
Stroup, et al. En el primer capítulo hay una lista de varias indicaciones o
principios de pensamiento económico. Por lo que recuerdo, eran cosas como “La gente
responde a incentivos” y “Siempre hay compromisos”. Eran cosas indiscutibles
con las que estaría de acuerdo cualquier economista en que eran importantes
para hacer que los universitarios “pensaran como un economista”.
Sin
embargo, la única indicación que aparecía como un grano doloroso anunciaba:
“Para ser científica, una teoría económica debe hacer predicciones que puedan
probarse”. Expliqué a la clase que aunque ésta fuera una opinión popular entre
economistas profesionales, no era algo que yo compartía. Expliqué que todo lo
que aprenderíamos en todo el semestre del libro de texto de Gwartney et al. no generaría predicciones que puedan
probarse. Por el contrario, yo solo les enseñaría un marco con el que podrían interpretar
el mundo. Los estudiantes tendrían que decidir si el marco era útil, pero
en definitiva su decisión no se reduciría a “¿Hacen buenas predicciones estas
herramienta de oferta y demanda?”
Después
de mi perorata, uno de los alumnos hizo la excelente observación de que ninguna
de las demás indicaciones era una predicción que pudiera probarse. ¡Tenía
razón! Por ejemplo, ¿cómo podría alguien poner a prueba la afirmación de que
“La gente responde a incentivos”? Podría decir a una persona: “Te doy 20$ si te
cortas el dedo gordo del pie”. Independientemente de lo que ocurra, mi
afirmación es segura. Si la persona no se corta el dedo gordo del pie, solo
demostraría que no le ofrecí un incentivo suficientemente grande.
No es
mera palabrería filosófica. Mises destacaba que la importante herencia de un
pensamiento económico sólido no es
una recogida de afirmaciones probadas empíricamente acerca del comportamiento
de las variables económicas. Más bien, la teoría económica es un marco
internamente coherente para interpretar “los datos” en primer lugar.
Es verdad
que ciertas aplicaciones de la
economía implican evidencias históricas (como investigar si
la Reserva Federal desempeñó un papel importante en la burbuja
inmobiliaria), pero esto es no tiene nada que ver con la típica justificación
del economista mainstream para la
construcción de un modelo matemático.
Auges y declives
Otra gran
diferencia entre la Escuela Austriaca y la de Chicago es su explicación de los
auges y sus prescripciones de políticas para los declives. Los lectores de este
artículo probablemente estén familiarizados con la visión
austriaca, así que omitiré otra explicación. Los economistas de la Escuela
de Chicago tienen evidentemente visiones matizadas, pero en general suscriben
la “hipótesis de los mercados eficientes”. En su forma más radical, la HME
niega que pueda haber siquiera una burbuja inmobiliaria (ver aquí
y aquí).
Dadas sus suposiciones de actores y mercados racionales que liquidan
rápidamente y dado que les falta una teoría
compleja de la estructura de capital de la economía, los economistas de la
Escuela de Chicago se ven obligados a explicar las recesiones como un resultado
de “equilibrio” debido a “sacudidas” repentinas.
Históricamente,
no tienen en cuenta las distorsiones causadas por los tipos de interés por debajo
del mercado (que, por supuesto, son el ingrediente clave en la teoría austriaca
del ciclo económico). Sin embargo, recientemente cada vez más críticos
de la Escuela de Chicago con la Fed han estado apuntando los peligros de la
política de tipos de interés cero de Bernanke.
Curiosamente,
el área política en la que difieren más los austriacos y la Escuela de Chicago
es en
relación con el dinero, la especialidad de Milton Friedman. Es conocido que
Friedman (y su coautora Anna
Schwartz) echaron la culpa a la Reserva Federal por no imprimir suficiente
dinero a principios de la década de 1930 para compensar el declive alimentado
por las corridas bancarias. En nuestros tiempos, algunos economistas formados en
Chicago (que lógicamente apuntan al propio Milton Friedman para
reivindicarse) echan la culpa de la crisis en el otoño de 2008 a las políticas
de “rigidez monetaria” de Bernanke. Naturalmente, estas opiniones son un
anatema para los austriacos modernos en la tradición de Murray Rothbard, que
piensan que el banco central debería ser abolido.
Derecho y economía
Por fin,
la mayoría de los miembros modernos de la Escuela Austriaca y la Escuela de
Chicago tienen ideas enormemente diferentes respecto del campo conocido como
“Derecho y economía”. Ya sea basándose en el derecho natural o en la herencia
tradicional del derecho común, los austriacos tienden a pensar que la gente
tiene objetivamente derechos de propiedad y punto, y que una vez que
especificamos esto derechos puede empezar el análisis económico. Por el
contrario, algunas de las aplicaciones más extremas de lo que podría llamarse
“la aproximación de Chicago”, dirían que la asignación de los propios derechos
de propiedad debería determinarse basándose en la eficiencia económica. (En la
reducción al absurdo de Walter Block, un juez decide si un hombre ha robado el
bolso de una mujer preguntándole cuánto esta dispuesta a pagar cada parte por
éste).
Ésta es
un área especialmente sutil que no puedo resumir adecuadamente en este
artículo. Baste con decir que tanto los economistas austriacos como los de la
Escuela de Chicago pueden apreciar las maravillosas ideas (y los retos a la
habitual crítica de
Pigou del mercado) contenida en el famoso artículo
de Coase. Sin embargo, la tradición de la Escuela de Chicago ha llevado a
la obra de Coase a conclusiones que muchos (tal vez la mayoría) de los
austriacos encuentran
repelente.
Conclusión
Respecto
de temas típicos como el salrio mínimo, los aranceles o el estímulo público,
los economías de la Escuela Austriaca y de la de Chicago pueden agruparse con
seguridad como “librecambistas”. Sin embargo, en muchas otras áreas
(particularmente en asuntos de pura teoría económica) las dos escuelas son
completamente diferentes. Como economista austriaco declarado, animaría a los
partidarios del libre mercado que solo conozcan a Friedman a que añadieran a
Ludwig von Mises y Murray Rothbard a sus listas de lectura.
Robert Murphy es investigador adjunto del Instituto Mises, donde
enseña en la Mises Academy. Gestiona
el blog Free Advice y es autor de The Politically Incorrect
Guide to Capitalism, Study Guide to Man, Economy,
and State with Power and Market, Human Action Study Guide, The Politically Incorrect
Guide to the Great Depression and the New Deal y su nuevo libro Lessons for the Young
Economist.