Por Friedrich A. Hayek. (Publicado
el 30 de septiembre de 2011)
Traducido del inglés. El artículo
original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5631.
[Prólogo a Principios de Economía de Carl Menger (1934)]
*Traducción de Miguel Castañeda-Castideas
La historia de la economía está
llena de historias de precursores olvidados, hombres cuyos trabajos no tuvieron
efecto y que fueron solo redescubiertos después de que sus ideas principales
fueran hechas populares por otros, de remarcables coincidencias o
descubrimientos simultáneos, y del destino peculiar de libros individuales.
Pero debe haber pocos casos, en economía o en cualquier otra rama del
conocimiento, donde los trabajos de un autor que revolucionó el cuerpo de una
ciencia ya bien desarrollada y que ha sido generalmente reconocido, hayan permanecido tan poco conocidos como el
de Carl Menger. Es difícil pensar en un caso paralelo en el que una obra como
la Grundsätze haya ejercido una influencia persistente y duradera, pero
que aún así, como resultado de circunstancias puramente accidentales, su
circulación se haya restringido al extremo.
No cabe duda entre los
historiadores competentes de que si, durante los últimos sesenta años, la
Escuela Austriaca ha ocupado una posición casi única en el desarrollo de la
ciencia económica, esto se debe enteramente a los fundamentos dejados por este
solo hombre. La reputación de la Escuela
en el mundo exterior y el desarrollo de su sistema hasta cotas importantes se
debieron a los esfuerzos de sus brillantes seguidores, Eugen von Böhm-Bawerk y
Friedrich von Wieser. Pero no va en detrimento de los méritos de éstos
escritores decir que sus ideas fundamentales pertenecen entera y totalmente a
Carl Menger. Si no hubiera encontrado estos principios, hubiera permanecido
comparativamente desconocido, inclusive habría podido compartir el destino de
muchos hombres brillantes que lo anticiparon y que fueron olvidados, y casi
seguramente habría permanecido por largo tiempo, poco conocido fuera de los
países de idioma alemán. Pero lo que es común a los miembros de la Escuela
Austriaca, lo que constituye su peculiaridad y les proporcionó los fundamentos
para sus contribuciones posteriores, es su aceptación de las enseñanzas de Carl
Menger.
El descubrimiento independiente
y prácticamente simultáneo de los principios de la utilidad marginal por
William Stanley Jevons, Carl Menger, y Léon Walras es bien conocido como para
requerir volver a contarse. El año 1871,
en el cual aparecieron tanto la Teoría
de Economía Política de Jevons como la Grundsätzeappeared de Menger,
se ve ahora generalmente y con justicia, como el inicio del período moderno de
desarrollo de la economía. Jevons había esbozado sus ideas fundamentales nueve
años antes en un discurso (publicado en 1866) que, sin embargo, atrajo poca
atención, y Walras comenzó a publicar su contribución solamente en 1874, pero es
muy cierta la completa independencia de los trabajos de los tres fundadores. Y
de hecho, a pesar de sus posiciones centrales, el punto en sus sistemas al cual
ellos y sus contemporáneos atribuyeron naturalmente la mayor importancia, es el
mismo, sus trabajos están tan claramente diferenciados en carácter general y de
fondo que el problema más interesante es realmente cómo rutas tan diferentes
pudieron llevar a resultados tan similares.
Para comprender el trasfondo
intelectual del trabajo de Carl Menger, se requieren unas cuantas palabras
sobre la posición general de la economía en ese tiempo. Aunque el cuarto de
siglo en torno a 1848, la fecha de los Principios de J.S. Mill, y el
surgimiento de la nueva escuela, vio en muchas maneras los más grandes triunfos
de la economía política clásica en los campos aplicados, sus fundamentos,
particularmente su teoría del valor, se iban desacreditando cada vez más. Tal
vez la exposición sistemática en los mismos Principios de J.S. Mill, a
pesar o por su complaciente satisfacción acerca del estado perfeccionado de la
teoría del valor, junto con sus últimas retractaciones en otros puntos
esenciales de la doctrina, no hizo sino mostrar las deficiencias del sistema
clásico. En cualquier caso, se multiplicaron en muchos países los ataques
críticos e intentos de reconstrucción.
En ninguna parte, sin embargo,
el declive de la escuela clásica de economistas, fue más rápido y completo que
en Alemania. Bajo los embates de la Escuela Histórica, no solo se abandonaron
completamente las doctrinas clásicas --nunca echaron raíces firmes en esa parte
del mundo—sino que cualquier intento de análisis teórico llegó a ser
considerado con profunda desconfianza. Esto se debió en parte a consideraciones
metodológicas. Pero más aún, se debió a una intensa antipatía por las
conclusiones prácticas de la Escuela Clásica Inglesa--que se interponía en el
camino entusiasta de reforma del nuevo grupo que se enorgullecía de sí mismo con
el nombre de “escuela ética”. En Inglaterra el progreso de la teoría económica
solo se estancó. En Alemania creció una segunda generación de economistas
históricos, la cual no solo nunca alcanzó a ser realmente reconocida con el
bien desarrollado sistema de teoría que existía, pero también aprendió a considerar
las especulaciones teóricas de cualquier tipo como inútiles y positivamente
perjudiciales.
Las doctrinas de la escuela
clásica estaban probablemente demasiado desacreditadas como para proveer una
posible base de reconstrucción para quienes estaban todavía interesados en
problemas teóricos. Pero había elementos en los escritos de los economistas
alemanes de la primera mitad del siglo que contenían las semillas para un
posible nuevo desarrollo.
Una de las razones por cuales las doctrinas clásicas nunca se establecieron
firmemente en Alemania era que los economistas alemanes habían sido siempre
conscientes de ciertas contradicciones inherentes en cualquier teoría de valor
coste o trabajo. Debido, tal vez, en parte a la influencia de Condillac y otros
autores franceses e italianos del siglo XVIII, se había mantenido viva una
tradición que rehusaba separar enteramente valor de utilidad. Desde los
primeros años del siglo hasta los 50 y 60 una sucesión de escritores, de los
cuales Hermann fue probablemente la figura más influyente y destacada
(permaneciendo desconocido el éxito total de Gossen), intentaron combinar las
ideas de utilidad y escasez dentro de una explicación de valor, acercándose a
menudo a la solución provista por Menger. Es a estas especulaciones, que a las
mentes más prácticas de los economistas contemporáneos ingleses deben haber
parecido incursiones inútiles dentro de la filosofía, a las que debe más Menger.
Un vistazo a través de las extensas notas de página de su Grundsätze o
el índice de autores agregado a la presente edición, mostrarán el
extraordinariamente amplio conocimiento que poseía de estos autores germanos y
también de los escritores franceses e italianos, y el pequeño papel que los
escritores de la escuela clásica inglesa desempeñan en comparación.
Pero mientras Menger
probablemente sobrepasó a todos sus compañeros fundadores de la doctrina de la
utilidad marginal en el ancho conocimiento de la literatura--y solamente de un
apasionado coleccionista de libros inspirado por el ejemplo del enciclopédico
Roscher podía uno esperar un similar conocimiento en la temprana era en la que se
escribió la Grundsätze-- existen curiosas brechas en la lista de autores
a los cuales se refiere que están lejos de explicar la diferencia de su enfoque
con el de Jevons y Walras. Particularmente significativa es su aparente
ignorancia, en el tiempo en que escribió la Grundsätze, del trabajo de
Cournot, del cual todos los otros fundadores de la economía moderna, Walras,
Marshall, y muy posiblemente Jevons,
parecen haberse beneficiado directa o indirectamente. Aún más sorprendente, sin
embargo, es el hecho de que en ese tiempo, Menger no parece haber conocido el
trabajo de Von Thünen, el con el cual uno podría esperar que se encontrara
especialmente de acuerdo. Aunque puede decirse, sin embargo, que trabajó en una
atmósfera distintivamente favorable para un análisis en las líneas de utilidad,
no tuvo nada tan definido sobre lo cual construir una teoría moderna de precios
como lo tuvieron sus compañeros en la misma área, todos los cuales cayueron bajo
la influencia de Cournot, a lo que debe agregarse, en el caso de Walras, la
influencia de Dupuit y,
en el caso de Marshall, la de von Thünen.
Es una interesante especulación
pensar cuál hubiese sido la evolución del desarrollo del pensamiento de Menger
si hubiera tenido conocimiento de estos fundadores del análisis matemático. Es
un hecho curioso que, hasta donde tengo conocimiento, no haya comentado en
ningún lado acerca del valor de las matemáticas como herramienta de análisis
económico. No hay razón para suponer que le faltara la capacidad técnica o la
inclinación. Al contrario, su interés en las ciencias naturales va más allá de
toda duda, y una fuerte tendencia en favor de sus métodos es evidente a lo
largo de su trabajo. Y el hecho de que sus hermanos, en particular Anton, sean
conocidos por haberse interesado intensamente en las matemáticas, y de que su
hijo Karl se convirtiera en un notable matemático, podría ser tomado
probablemente como evidencia de un definitivo esfuerzo matemático en la
familia. Pero a pesar de que conoció después no solamente el trabajo de Jevons
y Walras, sino también el de sus compatriotas Auspitz y Lieben, ni siquiera se
refirió al método matemático en ninguno de sus escritos en metodología. ¿Debemos
concluir que se sentía más bien escéptico sobre su utilidad?
Entre las influencias a las
cuales Menger debe haber estado sujeto durante el período formativo de su
pensamiento, hay una completa ausencia de influencia de economistas austriacos,
por la simple razón de que, en la primera parte del siglo XIX, en Austria prácticamente
no había economistas nativos. En las universidades donde estudió Menger, la
economía política se enseñaba como una parte del currículum de derecho,
principalmente por economistas importados de Alemania. Y aunque Menger, como
todos los economistas austriacos posteriores, se doctoró en derecho, no hay
razón para pensar que fuera realmente estimulado por sus profesores en
economía. Esto, sin embargo, nos lleva a su historia personal.
Nacido el 28 de febrero de 1840,
en Neu-Sandec, Galicia, el territorio de la actual Polonia, hijo de un abogado,
provenía de una vieja familia de artesanos, músicos, funcionarios civiles y
oficiales del ejército austriacos, quienes, una generación antes, se habían
mudado de los territorios germanos de Bohemia a las provincias del este. El
padre de su madre, un
comerciante de Bohemia que había hecho fortuna durante las guerras
napoleónicas, compró una gran extensión de tierra en Galicia Occidental en
donde Carl Menger pasó gran parte de su niñez y antes de 1848 vio todavía las
condiciones de semi-servidumbre de los campesinos, los cuales, en ésta parte de
Austria, habían permanecido más tiempo que en cualquier parte de Europa fuera
de Rusia. Con sus dos hermanos, Anton, luego muy conocido como escritor sobre
derecho y socialismo, autor de El derecho a todo el producto del trabajo,
y colega de Carl en la facultad de derecho de la Universidad de Viena, y Max,
en sus día un muy conocido parlamentario austriaco y escritor sobre problemas
sociales, asistió a las universidades de Viena (1859-60) y Praga (1860-63).
Luego de adquirir su doctorado en la Universidad de Cracovia, se dedicó primero
al periodismo, escribiendo para diarios en Lemberg y luego en Viena, sobre
cuestiones económicas. Después de unos años ingresó al Servicio Civil en el
departamento de prensa del “Ministerratspräsidium”
austriaco, una oficina que siempre ha retenido una posición muy especial en el
Servicio Civil austriaco y que atrajo a muchos hombres de gran talento.
Wieser informa de que Menger le
dijo una vez que una de sus tareas era escribir encuestas del estado de los
mercados para un periódico oficial, el Wiener Zeitung, y que estudiando
los informes del mercado fue golpeado por el enorme contraste entre las teorías
tradicionales de precio y los hechos que el experimentado hombre práctico
consideraba como decisivos para la determinación de precios. No sabemos si fue
realmente ésta la causa original que llevó a Menger a estudiar la determinación
de precios o si, lo que parece más probable, le dio una dirección definida para
estudios que había seguido desde que dejó la universidad. Hay indicios, sin
embargo, de que durante los años entre la fecha en que terminó la universidad y
la publicación de la Grundsätze, debió haber trabajado intensamente en estos
problemas, atrasando la publicación hasta que su sistema estuviera
completamente trabajado en su mente.
Se dice que una vez remarcó que
escribió la Grundsätze en un estado de excitación mórbida. Esto no
significa que su libro haya sido el producto de una repentina inspiración,
planificada y escrita con gran prisa. Pocos libros pueden haber sido
planificados más cuidadosamente; raramente la primera exposición de una idea ha
sido más cuidadosamente desarrollada y seguida en todas sus ramificaciones. El pequeño
volumen que apareció a principios de 1871 tenía la intención de ser ante todo
una parte introductoria de un tratado comprensible. Trataba cuestiones
fundamentales en las cuales no estaba de acuerdo con la opinión aceptada, con
la necesidad exhaustiva de satisfacer al autor en que estaba construyendo sobre
terreno absolutamente firme. Los problemas tratados en ésta “Primera, Parte
General”, como se describe en la página del título, eran las condiciones
generales que llevaban a la actividad económica, el valor de cambio, precio y
dinero. De las notas manuscritas comunicadas por su hijo 50 años después, en la
introducción a la segunda edición, conocemos que la segunda parte trataba de “los
intereses, sueldos, renta, ingresos, crédito y papel moneda”, una tercera parte
“aplicaba” la teoría de la producción y el comercio, mientras que una cuarta
parte iba a explicar la crítica al
sistema económico presente y propuestas para una reforma económica.
Su principal objetivo, como dice
en su prólogo, era una teoría de precios uniforme que explicara todo el
fenómeno de precios y en particular también intereses, sueldos y renta en una sola
idea principal. Pero más de la mitad del volumen está dedicado a problemas que
solo preparaban el camino para la tarea principal--al concepto que dio a la
nueva escuela su carácter especial, es decir, el valor en su sentido personal subjetivo.
Y aún esto no se alcanza antes de un examen de los principales conceptos con
los que tenía que trabajar el análisis económico.
Es aquí notable la influencia de
los primeros escritores alemanes con su predilección por las algo pedantes
clasificaciones y largas definiciones de conceptos. Pero en las manos de Menger
los “conceptos fundamentales” acuñados con el tiempo en los libros de texto alemanes asumen una nueva
vida. En lugar de unas secas enumeraciones y definiciones, se convertían en
poderoso instrumento de un análisis en el que cada paso parece resultar
inevitablemente necesario a partir del precedente. Y aunque la exposición de
Menger aún carece bastante de las más impresionantes frases y elegantes
formulaciones de los escritos de Böhm-Bawerk and Wieser, es difícilmente
inferior en substancia y en muchos aspectos definitivamente superior a los
trabajos de estos últimos.
No es el propósito de la
presente introducción dar un esquema relacionado de la exposición de Menger.
Pero hay ciertos aspectos menos conocidos en este tratado, algunos
sorprendentes, que merecen una mención especial. La cuidadosa investigación
inicial de la relación causal entre las necesidades humanas y los medios para
su satisfacción, los cuales en las primeras páginas lo llevan a la ahora conocida
distinción entre bienes de primer, segundo, tercero y superiores órdenes, y los
ahora igualmente familiares conceptos de complementariedad entre diferentes bienes,
es típico de la particular atención que, a pesar de la impresión generalizada
que dice lo contrario, la Escuela Austriaca ha siempre dado a la estructura
técnica de la producción-- una atención que encuentra su claridad sistemática
en el elaborado “vorwerttheoretischer Teil” que precede la explicación de la
teoría del valor en el último trabajo de Wieser, La Teoría de la Economía
Social, 1914.
Aún más remarcable es el
importante rol que el elemento tiempo jugó desde el inicio. Hay una impresión
muy general de que las primeras representaciones de la economía moderna se
inclinaban a negar este factor. En lo que concierne a los creadores de la
exposición matemática de la teoría moderna de equilibrio, esta impresión está
probablemente justificada. Pero no para Menger. Para él, la actividad económica
esencialmente se planifica para el futuro, y su explicación del período, o de diferentes
períodos, a los que se extiende la previsión humana en cuanto a las diferentes
necesidades, definitivamente tiene un halo moderno.
Es difícil de creer hoy que
Menger fuera el primero en basar la distinción entre bienes libres y económicos
sobre la idea de escasez. Pero, como él mismo decía, aunque el mero concepto no
era conocido en la literatura inglesa, los autores alemanes que lo habían usado
antes que él, y particularmente Hermann, habían tratado todos de basar la
distinción en la presencia o ausencia de costo en el sentido del esfuerzo.
Pero, muy característicamente, mientras todo el análisis de Menger se basa en
la idea de la escasez, este sencillo término no se utiliza en ninguna parte. “Cantidad
Insuficiente” o “das ökonomische Mengenverhältnis” es la muy exacta, pero de
alguna manera incómoda expresión, que utiliza en su lugar.
Es característico en su trabajo
en conjunto que atribuya más importancia a una cuidadosa descripción de un
fenómeno, que a darle un nombre corto y apropiado. Esto frecuentemente impide que
su exposición sea tan eficaz como se hubiera deseado. Pero también lo protege
contra cierta unilateralidad y contra una tendencia hacia la
sobresimplificación a la cual nos lleva fácilmente una breve fórmula. El
ejemplo clásico de esto es, por supuesto, el hecho de que Menger no ni (ni
hasta como sé haya usado) el término utilidad marginal introducido por Wieser,
pero siempre explicó el valor mediante la algo torpe pero precisa frase:
"la importancia que reciben de nosotros bienes concretos o cantidades de
bienes, por el hecho de que somos conscientes de ser dependientes de nuestra
disposición sobre ellos para la satisfacción de nuestras necesidades," y
describe la magnitud de este valor como igual a la importancia asignada a la
satisfacción menos importante que se aseguradpor una sola unidad de la cantidad
disponible del producto.
Otra, tal vez menos importante pero
no insignificante, instancia de la negativa de Menger de condensar
explicaciones en una única fórmula, se produce inclusive antes con la discusión
de la decreciente intensidad de las necesidades individuales con una
satisfacción creciente. Éste hecho filosófico, el cual después bajo el nombre
de "la ley de satisfacción de necesidades de Gossen" iba a asumir una
algo desproporcionada posición en la exposición de la teoría del valor, y fue
inclusive aclamado por Wieser como el principal descubrimiento de Menger, toma
en el sistema de Menger una posición menor más apropiada como uno de los
factores que nos permiten de organizar las diferentes sensaciones individuales
de necesidad en orden de su importancia.
En otro punto más importante e
interesante en conexión con la teoría pura de valor subjetivo, las
observaciones de Menger son remarcablemente modernas. Aunque en ocasiones habla
de valor como medible, su exposición deja claro que con esto no quiere decir
más que que el valor de cualquier producto puede expresarse nombrando otro
producto de igual valor. De las cifras que utiliza para representar las escalas
de utilidad, dice expresamente que no tienen la intención de representar lo
absoluto, sino solo la importancia relativa de las necesidades, y los ejemplos
que da cuando los presenta por primera vez dejan claro que piensa en ellos como
cifras ordinales y no cardinales.
Junto al principio general que
le permitió basar la explicación del valor en la utilidad, la más importante de
las contribuciones de Menger es probablemente la aplicación de este principio
al caso en el que se requiere más de un bien para garantizar la satisfacción de
cualquier necesidad. Es aquí donde rinde sus frutos el esmerado análisis de la
relación causal entre bienes y necesidades en los primeros capítulos y los
conceptos de complementariedad y de los bienes de diferentes órdenes. Aún hoy,
raramente se reconoce que Menger respondió al problema de la distribución de la
utilidad de un producto final entre los varios productos cooperadores de una
orden más alta (el problema de la imputación como fue llamado luego por Wieser)
con una teoría más desarrollada de productividad marginal. Distingue claramente
entre el caso donde las proporciones, en las cuales dos o más factores pueden
usarse en la producción de un producto, son variables y el caso en el que son
fijas. Responde al problema de la imputación en el primer caso, diciendo que
tales cantidades de los diferentes factores que se pueden sustituir unos por
otros para obtener la misma cantidad adicional del producto debe tener el mismo
valor, mientras que en el caso de las proporciones fijas, señala que el valor
de los diferentes factores se determina por su utilidad en usos alternativos.
En esta primera parte de su
libro, dedicada a la teoría del valor subjetivo, y se compara bien con la
exposición realizada más tarde por Wieser, Böhm-Bawerk y otros, en realidad solo
hay un punto importante en el que la exposición de Menger deja una grave
laguna. Una teoría de valor difícilmente puede ser calificada como completa y
ciertamente nunca será tan convincente si no se explica explícitamente el rol
que juega el coste de producción en la determinación del valor relativo de
diferentes productos.
En un punto temprano de su
exposición, Menger indica que ve el problema y promete una respuesta posterior.
Pero su promesa nunca se cumplió. Se dejó a Wieser desarrollar lo que luego
sería conocido como el principio de Costo de Oportunidad o “Ley de Wieser”, es
decir, el principio de que las otras aplicaciones programadas para los factores
limitarán la cantidad disponible para cualquier línea de producción, de tal
manera que el valor del producto no será inferior a la suma de los valores que
todos los factores utilizados en la producción obtienen en estos usos competitivos.
Se ha sugerido a veces que
Menger y su escuela estaban tan complacidos con su descubrimiento de los
principios que gobiernan el valor en la economía de un individuo, que estaban
inclinados a aplicar los mismos principios en una manera rápida y
sobresimplificada para explicar los precios. Podría haber alguna justificación
para tales insinuaciones en lo que concierne a los trabajos de algunos de los
seguidores de Menger, particularmente el joven Wieser. Pero no podría decirse
lo mismo del propio trabajo de Menger. Su exposición se ajusta completamente a
la norma posterior tan enfatizada por Böhm-Bawerk, de que cualquier explicación
satisfactoria de precio tendría que consistir en dos etapas distintas y
separadas, de las cuales la explicación del valor subjetivo es solo la primera.
Solo provee la base para una explicación de las causas y límites de
intercambios entre dos o más personas, la adaptación de Menger en la Grundsätze
es ejemplar en éste sentido. El capítulo sobre intercambio que precede al de
precios, hace muy clara la influencia de valor en el sentido subjetivo en las
relaciones de intercambio objetivas sin postular un mayor grado de
correspondencia que está efectivamente justificada por los supuestos.
El capítulo de precios en sí,
con su cuidadosa investigación de cómo afectarán las valuaciones relativas de
los participantes individuales en el intercambio a las tasas de intercambio en
el caso de un intercambio aislado de dos individuos, bajo condiciones
monopólicas y finalmente bajo condiciones de competencia, es la tercera y
probablemente la menos conocida de las principales contribuciones de la Grundsätze.
Aún así, solamente leyendo éste capítulo uno se da cuenta de la unidad esencial
de su pensamiento, el claro objetivo que dirige su exposición desde el inicio
hasta la coronación de este logro.
En los últimos capítulos, que se
ocupan de los efectos de la producción para un mercado, el significado técnico
del término “producto” (mercancía) a diferencia del simple “bien”, sus
diferentes grados de posibilidad de venta llevándolo a la introducción y explicación
del dinero, poco hay que decir sobre este punto. Las ideas contenidas aquí y
las observaciones fragmentarias sobre capital contenidas en las primeras
secciones son las únicas secciones del primer trabajo que se desarrollaron más
en su trabajo impreso después. A pesar de que agrupan contribuciones de
influencia duradera, se dieron a conocer principalmente en su exposición posterior
y más elaborada.
El espacio considerable aquí dedicado
a la discusión de los contenidos de la Grundsätze se justifica por el destacado
carácter de este trabajo de entre las publicaciones de Menger y, de hecho, de entre
todos los libros que han sentado los fundamentos de la economía moderna. Es tal
vez apropiado citar en ésta relación el juicio del académico mejor calificado
para evaluar los méritos relativos de las diferentes variantes de la escuela
moderna, de Knut Wicksell, quien fue el primero, y hasta ahora el más exitoso, en
combinar qué es lo mejor de las enseñanzas de los diferentes grupos. “Su fama”,
dice, “se mantiene en este trabajo y a través de éste su nombre pasará a la
posteridad, se puede decir con seguridad que desde los Principios de
Ricardo no ha habido ningún libro--ni siquiera exceptuando el brillante libro
de Jevons y su logro aforístico y el desafortunado y difícil trabajo de
Walras--que haya ejercido una influencia tan grande en el desarrollo de la
economía como la Grundsätze de Menger”.
Pero la aceptación inmediata del
libro difícilmente puede ser calificada de alentadora. Ninguno de los críticos
de los periódicos alemanes parece haberse dado cuenta de la naturaleza de su
principal contribución. En
casa Menger el intento de obtener, por la fuerza de su libro, una plaza de
titular (Privatdozentur) en la Universidad de Viena se logró solamente tras
ciertas dificultades. Difícilmente pudo haber sabido que, justo antes de que
comenzara sus clases, acababan de dejar la Universidad dos jóvenes que
inmediatamente reconocieron que su trabajo proveía el “punto de Arquímedes”,
como Wieser lo llamaba, por el cual podían sacarse de sus bisagras los sistemas
existentes de teoría económica. Böhm-Bawerk y Wieser, sus primeros y más
entusiastas discípulos, nunca fueron sus alumnos directos, y sus intentos por
popularizar las doctrinas de Menger en los seminarios de los líderes de la más
vieja escuela histórica, Knies, Roscher, y Hildebrand, no fueron fructíferos.
Pero Menger poco a poco fue ganando una influencia considerable en su
país. Rápidamente luego de su promoción
al rango de profesor extraordinarius en 1873, renunció a su puesto en el
despacho del primer ministro, para gran sorpresa de su jefe, el Príncipe
Auersperg, quien encontró difícil de entender que alguien pudiera querer
cambiar una posición con perspectivas para satisfacer las más grandes
ambiciones, por una carrera académica.
Pero esto no significó el adiós final de Menger al mundo de los negocios, en
1876 fue nombrado uno de los tutores del mal logrado príncipe heredero Rodolfo,
en aquel entonces de 18 años, y lo acompañó a través de una gran parte de
Europa, incluyendo Inglaterra, Escocia, Irlanda, Francia y Alemania. A su
retorno, fue nombrado en 1879 catedrático de economía política en Viena, y a
partir de entonces se dedicó a la vida retirada y tranquila de la universidad
que iba a ser tan característica de la segunda mitad de su larga vida.
Por esos tiempos las doctrinas
de su primer libro -- aparte de unos pocos comentarios breves sobre libros no
había publicado nada en el período intermedio-- estaban comenzando a atraer una
mayor atención. Con razón o sin ella, con Jevons y Walras era la forma
matemática más que la esencia de su enseñanza, lo que parecía ser su principal
innovación, y lo que resultó ser el principal obstáculo para su aceptación.
Pero no había obstáculos de éste tipo para el entendimiento de la exposición de
Menger de la nueva teoría del valor. Durante la segunda década después de la
publicación de su libro, su influencia comenzó a extenderse con mayor rapidez.
Al mismo tiempo, Menger comenzó a adquirir gran reputación como profesor, y a
atraer a sus clases y seminarios a un mayor número de alumnos, muchos de los
cuales se convirtieron en economistas de considerable reputación. Además de
aquellos ya mencionados, entre los primeros miembros de su escuela merecen
especial mención sus contemporáneos Emil Sax y Johann von Komorzynski, y sus alumnos
Robery Meyer, Robert Zuckerkandl, Gustav Gross y --en una fecha más tardía-- H.
von Schullern-Schrattenhofen, Richard Reisch y Richard Schüller.
Pero, mientras en casa se estaba
formando una escuela definida, en Alemania, aún más que en otros países
extranjeros, los economistas mantenían una actitud hostil. Era en estos
momentos cuando la más joven Escuela Histórica, bajo el liderazgo de Schmoller,
estaba ganando las mayores influencias en ése país. El “Volkswirtschaftliche
Kongress”, que había preservado la tradición clásica, fue sucedido por el
recientemente fundado “Verein für Sozialpolitik”. De hecho, la enseñanza
de la teoría económica fue cada vez más excluida de las universidades alemanas.
Así se desdeñaba el trabajo de Menger, no porque los economistas alemanes
pensaran que estaba equivocado, sino porque consideraban que era inútil el tipo
de análisis que intentaba.
Bajo éstas condiciones era
simplemente natural que Menger considerara más importante el defender el método
que él había adoptado contra las pretensiones de la Escuela Histórica de poseer
el único instrumento adecuado de investigación, que continuar el trabajo de los
Grundsätze. Es a esto a lo que se debe su segundo gran trabajo, el Untersuchungen
über die Methode der Socialwissenschaften und der politischen Oekonomie
insbesondere. Es bueno recordar que en 1875, cuando Menger comenzó a
trabajar en ese libro, e incluso en 1883 cuando fue publicado, no había
comenzado aún a madurar la rica cosecha de las obras de sus discípulos, que
establecieron definitivamente la posición de la escuela y que bien podría haber
pensado que sería un esfuerzo inútil continuar, mientras no se decidiera la
cuestión de principio.
A su manera, las Untersuchungen
no eran menos logradas que los Grundsätze. Como polémica contra las
pretensiones de la Escuela Histórica de un derecho exclusivo para el
tratamiento de los problemas económicos, el libro difícilmente puede superarse.
El si los méritos de su exposición positiva de la naturaleza del análisis
teórico pueden ser calificados como altos tal vez no sea muy seguro. Si fuera
así, de hecho, su título principal hacia la fama podría tener algo en la idea escuchada
de vez en cuando entre los admiradores de Menger de que era desafortunado que se
distrajera de sus trabajos sobre los problemas concretos de la economía. Esto
no quiere decir que lo que dijo sobre el carácter teórico o abstracto del
método, no sea de importancia tan grande o que no tuviera una gran influencia.
Probablemente hizo más que cualquier otro libro para dejar claro el carácter
peculiar del método científico en las ciencias sociales, y tuvo un efecto muy
considerable sobre los “metodologistas” profesionales entre los filósofos
alemanes. Pero para mí, en todo caso, su principal interés para el economista
de nuestros días parece descansar en la extraordinaria penetración en la
naturaleza del fenómeno social , que de paso se revela en la explicación de
problemas mencionados para ejemplificar diferentes métodos de enfoque, y en la
luz proyectada por la explicación sobre
el desarrollo de los conceptos con los que tienen que trabajar las ciencias
sociales. Discusiones sobre puntos de vista algo obsoletos, como el de la
interpretación orgánica o tal vez mejor fisiológica de los fenómenos sociales,
le dan una oportunidad para el esclarecimiento de los orígenes y caracteres de
las instituciones sociales que podrían, leerse hoy con provecho por economistas
y sociólogos.
De los argumentos centrales del
libro sólo uno puede ser elegido para más comentarios; su énfasis en la
necesidad de un método estrictamente individualista o, como dice generalmente,
de un método atomístico de análisis. Se ha dicho de él, por uno de sus más
distinguidos seguidores que "él mismo siempre ha sido un individualista en
el sentido de los economistas clásicos. Sus sucesores dejaron de serlo." Por
muy dudosa que sea esta afirmación, es verdadera en más de uno o dos casos. En
cualquier caso falla notablemente en darle a Menger todo el crédito por el
método que en realidad empleaba. Lo que con los economistas clásicos habían
permanecido en una especie de mezcla entre un postulado ético y una herramienta
metodológica, fue desarrollado por él sistemáticamente en ésta última
dirección. Y si el énfasis en el elemento subjetivo ha sido más completo y más
convincente en los escritos de los miembros de la Escuela Austriaca que en lod
de cualquier otro de los fundadores de la economía moderna, esto se debe
largamente a la brillante vindicación de Menger en éste libro.
Menger no consiguió despertar a
los economistas alemanes con su primer libro. Pero no podía quejarse de que
ignoraran el segundo. El ataque directo a lo que era la única doctrina aprobada
atrajo inmediatamente la atención y provocó, entre otras revisiones hostiles,
una magistral reprimenda de Gustav Schmoller, cabeza de la escuela --un
reproche formulado en un tono más ofensivo de lo habitual. Menger aceptó el reto y respondió con un apasionado
panfleto, Irrthümer des Historismus in der deutschen Nationalökonomie,
escrito en forma de cartas a un amigo, en las cuales demolía implacablemente la
postura de Schmoller. El panfleto agregó poco en substancia a las Untersuchungen.
Pero es el mejor ejemplo del extraordinario poder y la brillante expresión que
Menger podía alcanzar cuando se dedicaba, no a construir un argumento académico
y complicado, sino a defender los puntos de un debate directo.
El encuentro entre los maestros
fue rápidamente imitado por sus discípulos. Se creó un grado de hostilidad raramente
igualado en cualquier controversia científica,. La ofensa cumbre desde el punto
de vista austriaco fue dada por Schmoller en persona quien, sobre la aparición
del panfleto de Menger, tomó el paso probablemente sin precedentes de anunciar
en su periódico que, si bien había recibido una copia del libro para revisión,
no pudo revisarlo porque lo había devuelto inmediatamente a su autor, y reimprimiendo
la insultante carta con la cual se había acompañado la copia devuelta.
Es necesario darse cuenta
plenamente de la pasión que despertó ésta controversia, y lo que significó la
ruptura de Menger y sus seguidores con la escuela dominante en Alemania, si
queremos comprender por qué el problema de los métodos adecuados siguió siendo
la preocupación dominante de la mayor parte de la vida posterior de Menger.
Schmoller, de hecho, fue tan lejos como para declarar públicamente que los
miembros de la escuela “abstracta” no eran aptos para ocupar una posición de docencia
en una universidad de Alemania, y su influencia era suficiente para hacer lo
equivalente con una completa exclusión de los puestos académicos en Alemania de
todos los miembros de las doctrinas de Menger. Incluso treinta años después de
finalizada la controversia, Alemania, más que cualquier otro país en el mundo,
seguía estando menos influenciada por las nuevas ideas que hoy en día triunfan
en todas partes.
A pesar de estos ataques, sin
embargo, en los seis años que van desde 1884 hasta 1889 aparecieron en rápida
sucesión los libros que finalmente establecieron la reputación mundial de la
Escuela Austriaca. De hecho, Böhm-Bawerk
ya había publicado en 1881 un pequeño pero importante estudio Rechte
und Verhältnisse vom Standpunkt der wirtschaftlichen Güterlehre, pero fue
solo con las publicaciones simultáneas de la primera parte de su trabajo sobre
el capital, Geschichte und Kritik der Kapitalzinstheorien, y de Über
den Ursprung un die Hauptgesetze des wirtschaftlichen Wertes de Wieser en
1884, como se evidenció el surgimiento del poderoso apoyo a las doctrinas de
Menger en este bando. De estos dos trabajos, el de Wieser era sin duda el más
importante para un mayor desarrollo de las ideas fundamentales de Menger,
puesto que contenía la aplicación esencial al fenómeno de costo, hoy conocido
como la ley de costes de Wieser, al cual ya se ha hecho referencia. Pero dos
años después apareció el Grundzüge einer Theorie des wirtschaftlichen
Güterwertes de
Böhm-Bawerk el cual, aunque añade muy poco, excepto por el modo de elaboración
casuística, a la obra de Menger y Wieser, por la gran lucidez y fuerza de su
argumento probablemente ha hecho más que cualquier otra obra única por
popularizar la doctrina de la utilidad marginal. En el año 1884 dos de los
pupilos inmediatos de Menger, V. Mataja y G. Gross, publicaron sus interesantes
libros sobre los beneficios, y E. Sax contribuyó con un pequeño pero agudo
estudio sobre la cuestión del método en el cual apoyó a Menger en su actitud
fundamental, pero lo criticó en algunos puntos de detalle. En
1887, Sax hizo su mayor contribución al desarrollo de la Escuela Austriaca
mediante la publicación de su Grundlegung der theoretischen Staatswirtschaft,
el primero y más exhaustivo intento por aplicar el principio de utilidad
marginal a los problemas de las finanzas públicas, y en el mismo año otro de
los primeros alumnos de Menger, Robert Meyer, ingresó al campo con su
investigación del problema, de alguna manera afín, de la naturaleza de la renta.
Pero la cosecha más rica fue
aquélla del año 1889. En este año se publicaron Positive Theorie des
Kapitalzinses de Böhm-Bawerk, Natürlicher Wert de Wieser, Zur
Theorie des Preises de Zuckerkandl, Wert in der isolierten Wirtschaft
de Komorzynski, Neueste Fortschritte der nationalökonomischen Theorie de
Sax, y Untersuchungen über Begriff un Wesen der Grundrente de H. von
Schullern-Schrattenhofen.
Quizás la más exitosa exposición
temprana de las doctrinas de la Escuela Austriaca en un lenguaje extranjero fue
Principii di Economia Pura, de M. Pantalconi, que apareció al principio
del mismo año. De otros economistas italianos, L. Cossa, A.
Graziani y G. Mazzola aceptaron todo o parte de las doctrinas de Menger.
Similar éxito alcanzaron estas doctrinas en Holanda donde la aceptación por el
gran economista holandés, N.G. Pierson, de la doctrina de la utilidad marginal
en su libro de texto (1884-1889), publicado luego en inglés bajo el título de Principles
of Economics, tuvieron también una influencia considerable. En Francia Ch.
Gide, E. Villey, Ch. Secrétan y M. Block esparcieron la nueva doctrina, y en
Estados Unidos S.N. Patten y el profesor Richard Ely lo recibieron con gran
simpatía. Inclusive la primera edición de los Principios de A. Marshall,
que aparecieron en 1890, mostraron una influencia considerablemente mayor de
Menger y su grupo de lo que los lectores de las ediciones anteriores de aquel
gran trabajo hubieran sospechado. Y en los años posteriores Smart y el Dr.
Bonar, quiénes ya habían mostrado anteriormente su adhesión a la escuela,
popularizaron ampliamente el trabajo de la Escuela Austriaca en el mundo angloparlante.[20] Pero, y esto nos devuelve a la posición
especial del trabajo de Menger, ahora no tanto sus escritos como los de sus
discípulos, eran los que ganaban popularidad continuamente. La principal razón
para ello fue simplemente que el Grundsätze de Menger estuvo por algún
tiempo sin imprimirse y era difícil de obtener, y que Menger se negaba a
permitir una reimpresión o una traducción. Esperaba remplazarlo rápidamente por
un “sistema de economía” más elaborado y no estuvo, en cualquier caso,
dispuesto a tener el trabajo republicado sin una considerable revisión. Pero
otras tareas requerían antes su atención, y durante años le llevaron a un continuo
aplazamiento de éste plan.
La controversia directa entre
Menger y Schmoller llegó a un brusco fin en 1884. Pero el Methodenstreit
fue continuado por otros, y los problemas envueltos continuaron demandando toda
su atención. La siguiente ocasión que lo
indujo a hacer a un pronunciamiento público en estas cuestiones fue la
publicación, en 1885 y 1886, de una nueva edición del Handbuch der
politischen Oekonomie de Schönberg, un trabajo colectivo en el cual un grupo
de economistas alemanos, muchos de ellos convencidos partidarios de la Escuela
Histórica, se habían reunido para producir una exposición sistemática de todo
el campo de economía política. Menger revisó el trabajo para un periódico jurídico
de Viena en un artículo que también publicó como un panfleto separado bajo el
título de Zur Kritik der politischen Oekonomie (1887). Su segunda mitad está en buena parte dedicada
a la discusión de la clasificación de las diferentes disciplinas comúnmente
agrupadas bajo el nombre de economía política, un tema que, dos años después,
trató exhaustivamente en otro artículo titulado Grundzüge einer
Klassifikation der Wirtschaftswissenschaften. En el año transcurrido, sin embargo, publicó
una de sus dos contribuciones adicionales a la materia (a diferencia de la
metodología) de la teoría económica, su importante estudio, Zur Theorie des
Kapitals.
Es casi seguro que debamos este
artículo al hecho de que Menger no estaba muy de acuerdo con la definición del
término capital que estaba implícita en la primera, parte histórica, de Capital
e Interés de Böhm-Bawerk. Esta expluicación
no es polémica. El libro de Böhm-Bawerk se menciona solamente para
recomendarlo. Pero su principal objetivo es claramente el rehabilitar el
concepto abstracto de capital como el valor en dinero de la propiedad dedicada
a propósitos adquisitivos frente al concepto de Smith de “medios de producción
producidos”. Su principal argumento de que la distinción del origen histórico
de un producto es irrelevante desde un punto de vista económico, así como su
énfasis en la necesidad de distinguir claramente entre la renta obtenida de
instrumentos de producción ya existentes y el adecuado interés, se refieren a
puntos que, aún hoy en día, no han recibido la atención que merece.
Fue casi al mismo tiempo, en
1889, cuando Menger fue casi persuadido por sus amigos para no posponer más la
publicación de una nueva edición del Grundsätze. Pero a pesar de que en
realidad escribió un nuevo prefacio a esa nueva edición (extractos que han sido
impresos más de treinta años después por su hijo en la introducción de su
actual segunda edición), la publicación fue nuevamente aplazada. Poco después apareció
un nuevo conjunto de publicaciones, que absorbieron su principal atención y lo
ocuparon por los siguientes dos años.
Hacia el final de los ochenta,
el eterno problema de la moneda austriaca había asumido una forma en la cual parecía
ser posible y al tiempo necesaria una drástica reforma final. En 1878 y 1879,
la caída del precio de la plata trajo al depreciado papel moneda de vuelta a su paridad con este metal y
poco después hizo necesaria la descontinuación de la libre acuñación de la
plata; desde entonces el papel moneda de Austria se apreciaba gradualmente en
términos de plata y fluctuaba en términos de oro. La situación durante éste
período (en muchos aspectos uno de los más interesantes en la historia
monetaria) fue vista cada vez más como insatisfactoria, y aunque la posición
financiera de Austria parecía, por primera vez durante un largo período,
suficientemente fuerte como para asegurar un período de estabilidad, se
esperaba en general que el gobierno tomara cartas en el asunto. Además, el
tratado firmado con Hungría en 1887, en realidad, previó que debía designarse
inmediatamente una comisión para discutir las medidas preparatorias necesarias
para la reanudación de los posibles pagos en especie. Después de un
considerable retraso, debido las dificultades políticas usuales entre las dos
partes de la monarquía dual, la comisión, o más bien las comisiones, una para Austria
y otra para Hungría, se designaron y reunieron en marzo de 1892, en Viena y
Budapest respectivamente.
La discusión de la “Währungs-Enquete-Comission”
austriaca, de la cual uno de los miembros más eminentes era Menger, es de
considerable interés más allá de la situación histórica especial con la cual
tenían que lidiar. Como la base de sus transacciones el Ministro Austriaco de
Finanzas se había preparado con extraordinario cuidado en tres voluminosos
memorándums, que contienen probablemente la más completa colección disponible
de material documental para la historia monetaria del período precedente que
hubiese aparecido en cualquier publicación.
Entre los miembros, aparte de Menger, había otros conocidos economistas, como
Sax, Lieben y Mataja, y una serie de periodistas, banqueros e industriales,
como Benedikt, Hertzka y Taussig, quienes tenían un conocimiento más que
extraordinario de los problemas monetarios, mientras Böhm-Bawerk, entonces en
el Ministerio de Finanzas, era uno de los representantes del Gobierno y
vice-director. La tarea de la comisión no era preparar un informe, sino
escuchar y discutir las opiniones de sus miembros en una serie de cuestiones
puestas a consideración por el Gobierno. Estas
cuestiones concernían la base de la futura moneda, la retención, en el caso de
la adopción del patrón oro, de la circulación de la plata y el papel existentes,
de la tasa de cambio entre el actual florín papel y el oro y de la naturaleza
de la nueva unidad a adoptar.
El dominio de Menger sobre el problema,
no menos que su don de la claridad expositiva, le dieron inmediatamente una
posición de liderazgo en la comisión y su declaración atrajo la mayor atención.
Inclusive alcanzó lo que, para un economista, era quizás la distinción única de
causar una caída temporal en las bolsas de valores. Su contribución consistió
no tanto en su explicación de la cuestión general de la elección del patrón (aquí
estaba de acuerdo con prácticamente todos los miembros de la comisión en que la
adopción del patrón oro era el único camino práctico) sino en su cuidadosa explicación
de los problemas prácticos de la exacta paridad a escoger y el momento en el
tiempo a escoger para la transición. Es principalmente por su evaluación de estas
dificultades prácticas conectadas con cualquier transición hacia un nuevo
patrón de moneda y el estudio de las diferentes consideraciones que debían tenerse
en consideración, por lo que su evidencia es justamente célebre. Tiene un
interés extraordinario en la actualidad, donde problemas similares deben ser
enfrentados por casi todos los países.
Esta evidencia, la primera de
una serie de contribuciones a los problemas monetarios, fue el producto final y
maduro de varios años de concentración en estas cuestiones. Los resultados se
publicaron en una rápida sucesión a lo largo del mismo año, un año durante el
cual apareció un número mayor de publicaciones de la mano de Menger que en
ningún otro período de su vida. Los resultados de sus investigaciones dentro de
los problemas especiales de Austria aparecieron como dos panfletos separados.
El primero, titulado Beiträge zur Währungsfrage in Oesterreich-Ungarn, y
que trataba de la historia y las peculiaridades del problema de la moneda
austriaca y la cuestión general del patrón a adoptar, es una reimpresión
revisada de una serie de artículos que aparecieron antes ese mismo el año en el
Jahrbücher de Conrad bajo un título diferente. El
segundo, llamado Der Übergang zur Goldwährung. El Untersuchungen über die
Wertprobleme der österreichisch-ungarischen Valutareform (Viena, 1892),
trata esencialmente los problemas técnicos ligados a la adopción del patrón oro,
particularmente la elección de la paridad apropiada y los factores que podrían
afectar el valor de la moneda una vez que se realizara la transición.
Pero el mismo año también vio la
publicación de un tratamiento mucho más general de los problemas del dinero que
no concernían directamente con la cuestión especial del momento, y que debe ser
ubicado como la tercera y última de las principales contribuciones de Menger a
la teoría económica. Ésta fue el artículo sobre dinero en el volumen iii de la
primera edición de la Handwörterbuch der Staatswissenschaften que estaba
en aquel entonces en proceso de publicación. Fue su preocupación por las
extensivas investigaciones llevadas a cabo y ligadas con la preparación de esta
elaborada exposición de la teoría general del dinero, investigaciones que
debieron ocuparlo los dos o tres años precedentes, lo que llevó al comienzo de
la discusión de los problemas especiales de Austria y que encontró a Menger
singularmente preparado para ocuparse de ellos. Estuvo, por supuesto, siempre
interesado en los problemas monetarios. El último capítulo del Grundsätze
y partes del Untersuchungen über die Methode contienen importantes
contribuciones, particularmente en la cuestión del origen del dinero. Debería
también destacarse que, entre los numerosos artículos revisados que Menger
utilizó para escribir para periódicos diarios, particularmente en sus primeros
años, hay dos de 1873 que se ocupan en gran detalle de los Ensayos de
J.E. Cairnes sobre los efectos de los descubrimientos de oro: en algunos
aspectos, las posteriores opiniones de Menger están muy relacionadas con las de
Cairnes. Pero mientras que las primeras contribuciones
de Menger, particularmente la introducción de los conceptos de los diferentes
grados de “posibilidad de venta” de los productos como la base para el
entendimiento de las funciones del dinero, le habrían asegurado una honorable
posición en la historia de las doctrinas monetarias, fue solo en esta última
publicación donde hizo su principal contribución al problema central del valor
del dinero. Hasta la llegada de la obra del Profesor Mises veinte años después,
continuación directa del trabajo de Menger, este artículo permaneció como la
principal contribución de la “Escuela Austriaca” a la teoría del dinero. Vale
la pena entretanto detenerse un poco en la naturaleza de esta contribución, ya
que es un asunto sobre el cual hay todavía muchos malentendidos. A menudo se
piensa que la contribución austriaca consiste solo en un intento algo mecánico
de aplicar el principio de utilidad marginal al problema del valor del dinero.
Pero no es así. El principal logro austriaco en este campo es la aplicación consistente
a la teoría del dinero del peculiar enfoque subjetivo o individualista que, de
hecho, subyace en el análisis de la utilidad marginal, pero que tiene un
significado mucho más amplio y universal. Tal logro surge directamente de
Menger. Su exposición del significado de los diferentes conceptos de valor del
dinero, las causas de los cambios y la posibilidad de una medición de este
valor, como también su discusión de los factores determinantes de la demande
del dinero, me parece que representan un avance más significativo hacia el
tradicional tratamiento de la teoría de la cantidad en términos de agregados y
promedios. Y aun donde, como en el caso de su familiar distinción entre el
valor “interno” y el “externo” (innerer un äusserer Tauschwert) del
dinero, los términos reales empleados son un tanto engañosos (la distinción,
como parecería en los términos, no se refiere a las diferentes clases de valor
sino a las diferentes fuerzas que afectan a los precios) el concepto subyacente
del problema es extraordinariamente moderno.
Con las publicaciones del año
1892, la lista de los principales trabajos de Menger
que aparecieron durante toda su vida llegó a un abrupto final. Durante las
restantes tres décadas de su vida solamente publicó ocasionales pequeños artículos,
una lista completa que puede encontrarse en la bibliografía de sus escritos al
final del último volumen de la presente edición de sus obras escogidas. Durante
unos pocos años, estas publicaciones se preocupaban aún principalmente por el
dinero. De éstas, tendrían que mencionarse su conferencia sobre Das Goldagio
und der heutige Stand der Valutareform (1893), su artículo sobre dinero y
acuñación de moneda en Austria desde 1857 en el Oesterreichische
Staatswörterbuch (1897) y particularmente la revisión a fondo de la edición
de su artículo sobre el dinero en el volumen cuarto de la segunda edición del Handwörterbuch
der Staatswissenschaften (1900),
Las posteriores tienen principalmente carácter de revisiones, notas biográficas
o introducciones a obras publicadas por sus pupilos. Su último artículo
publicado fue el obituario de su discípulo Böhm-Bawerk, que murió en 1914.
La razón de su aparente inactividad
está clara. Menger quería ahora concentrarse enteramente a las principales
tareas que se había impuesto a sí mismo: el largo trabajo sistemático en
economía largamente pospuesto, y además de éste un tratado comprensivo sobre el
carácter y métodos de las ciencias sociales en general. Dedicó la máxima
energía a la terminación de éste trabajo, y a finales de los noventa esperaba
con interés su publicación en un futuro próximo y partes considerables estaban
ya listas en una forma definida. Pero su interés y el alcance del trabajo
propuesto continuaron extendiéndose en círculos
cada vez más amplios. Encontró necesario ir más allá en el estudio de otras
disciplinas. Filosofía, psicología y etnografía requirieron cada vez más parte
de su tiempo, y la publicación del trabajo fue pospuesta una vez más. En 1903
llegó a renunciar a su cargo a la edad de 63 años para poder dedicarse por
entero a su trabajo.
Pero nunca estuvo satisfecho y parece haber continuado trabajando en él en un
mayor aislamiento en su vejez hasta que murió en 1921 a la avanzada edad de 81
años. Una inspección de su manuscrito ha mostrado que, en su momento, partes
considerables del trabajo debieron estar listas para publicación. Pero incluso
después de que sus poderes comenzaran a decaer, continuó revisando y editando
los manuscritos en tal extensión que cualquier intento de reconstruirlo sería
muy difícil, o inclusive imposible. Parte del material que se ocupaba del el
contenido del Grundsätze y en parte destinado a una nueva edición de
éste trabajo, se ha incorporado por su hijo en una segunda edición de esta obra,
publicada en 1923.
Mucho más, sin embargo, permanece en la forma de voluminosos manuscritos
fragmentados y desordenados, que solo el prolongado y paciente esfuerzo de un
talentoso editor podrían hacer accesibles. En el presente, de todos modos, los
resultados del trabajo de Menger en sus últimos años deben consiedrarse como
perdidos.
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Para quien difícilmente pueda
decir que conoció a Carl Menger en persona, es un arriesgado proceder, el de
agregar a este esbozo de su carrera científica, una apreciación de carácter y
personalidad. Pero como generalmente se conoce poco de él en la generación
actual de economistas, y puesto que no hay ningún retrato literario
comprensible disponible, no
estaría fuera de lugar un intento de juntar las piezas de algunas de las
impresiones dejadas por sus amigos y estudiantes, o preservadas por la
tradición oral en Viena. Tales impresiones naturalmente se relacionan con la
segunda mitad de su vida, al período en el que cesó de estar en contacto activo
con el mundo de los negocios, y cuando se había retirado a la tranquila y
retirada vida académica, dividida solo entre su enseñanza y su investigación.
La impresión dejada en un hombre
joven, por una de esas raras ocasiones en las que la legendaria figura era
accesible, está bien reproducida en el muy conocido grabado de F. Schmutzer. Es
posible, en efecto, que una de las imágenes que uno tiene de Menger se deba a este
magistral retrato. La masiva cabeza bien modelada, con la frente colosal y las
fuertes pero claras línea allí delineadas no son fáciles de olvidar. Alto, con
una gran cantidad de cabello y barba, en su vida Menger debió haber sido un
hombre de apariencia extraordinariamente impresionante.
En los años después de su retiro
se convirtió en tradición que los jóvenes economistas que ingresaban a una carrera
académica, peregrinaran hasta su casa. Habrían sido cordialmente recibidos por
Menger entre sus libros y desarrollado conversaciones sobre la vida que había
conocido tan bien, y de la cual se retiró después de haberle dado todo lo que
quería. De una manera objetiva conservó un gran interés en la economía y la
vida universitaria hasta el final y cuando, en los últimos años, la visión
deficiente había derrotado al infatigable lector, éste esperaba ser informado
por el visitante sobre el trabajo que había realizado. En estos últimos años
dio la impresión de un hombre que, después de una larga y activa vida, continuaba
su actividad no como quien carga con cualquier deber o tarea auto-impuesta,
sino como alguien con el placer intelectual de moverse en el elemento que había
convertido en suyo. En sus últimos años, tal vez se ajustara de alguna manera a
la concepción popular del académico que no tiene contacto con la vida real.
Pero esto no se debió a cualquier limitación de su punto de vista. Fue el
resultado de una elección deliberada a una edad madura y después de
experiencias variadas y enriquecedoras.
A Menger no le faltó ni la
oportunidad ni las señales externas de distinción para hacerle una figura influyente
en la vida pública, si acaso le hubiera importado. En 1900 había sido nombrado
miembro vitalicio de la cámara alta del Parlamento Austriaco. Pero no le
importó lo suficiente como para tomar parte activa en las deliberaciones. Para
él, el mundo era un tema de estudio más que de acción, y es por esta razón
solamente que disfrutaba intensamente observándolo a corta distancia. En su
trabajo escrito uno puede buscar en vano cualquier expresión sobre su opinión
política. En realidad, tenía tendencia hacia el conservadurismo o liberalismo
de la vieja usanza. No era que no tuviera simpatía por el movimiento de reforma
social, pero el entusiasmo social nunca podría interferir con su frío razonamiento.
En éste, como en otros aspectos, parece haber presentado un curioso contraste
con su más apasionado hermano Anton. Por
lo tanto se le recuerda principalmente por las generaciones de estudiantes como
uno de los más exitosos profesores de la Universidad, y que había tenido
indirectamente una enorme influencia en la vida pública de Austria.
Todos los informes concuerdan con el elogio de la transparente lucidez de su
exposición. El siguiente relato de su impresión dejada en un joven economista
americano que asistió a las lecturas de Menger en el invierno de 1892-93 puede reproducirse
aquí como representativa: "El Profesor Menger lleva sus cincuenta y tres
años bastante bien. Durante las exposiciones, raramente utiliza sus notas,
excepto cuando verifica una cita o una fecha. Sus ideas parecen venirle en el
momento en que habla y se expresan en un lenguaje tan claro y simple, y
enfatizadas con gestos tan apropiados, que es un placer seguirlo. Los
estudiantes sienten que están siendo conducidos en lugar de manejados, y cuando
se alcanza una conclusión ésta viene a su mente no como algo de la nada, sino
como la obvia consecuencia de su propio proceso mental. Se dice que quienes
asisten a las lecturas del Profesor Menger, normalmente no necesitan otra
preparación para sus exámenes finales en economía política, y estoy dispuesto a
creerlo. Raramente o nunca había escuchado un orador que poseyera el mismo
talento de combinar claridad y simplicidad de exposición con la amplitud de
perspectiva filosófica. Sus lecturas raramente ‘entran por un oído y salen por
otro’ en sus peores estudiantes, y sin embargo contienen instrucciones para los
más brillantes”.
Todos sus alumnos tienen una particular memoria viva del tratamiento
comprensivo y profundo de las doctrinas económicas, y copias mimeografiadas de
sus lecciones en finanzas públicas eran aún buscadas por los estudiantes, 20
años después de su retiro, para la preparación de exámenes.
Sus grandes dotes como profesor,
sin embargo, se muestran mejor en su seminario, donde se reunía un selecto
círculo de estudiantes avanzados y muchos hombres que habían obtenido tiempo
atrás sus doctorados. A veces, cuando se
discutían cuestiones prácticas, el seminario se organizaba en líneas
parlamentarias con oradores principales designados, a favor y en contra de una
medida. Más frecuentemente, sin embargo, un trabajo cuidadosamente preparado
por uno de los miembros era la base de largas discusiones. Menger dejaba a los
estudiantes hacer la mayor parte de la conversación, pero se empeñaba
infinitamente en asistir a la preparación de los trabajos. No solo había puesto
su entera biblioteca a la disposición de los estudiantes, e incluso comprado
para ellos libros que se necesitaban especialmente, sino también había hecho muchas
veces el manuscrito con ellos, discutiendo no solo las principales cuestiones y
la organización del trabajo, sino incluso "enseñándoles la locución y la
técnica de respirar”.[37]
Era difícil para los nuevos, al
principio, ponerse en contacto directo con Menger. Pero una vez reconocido el
talento especial y recibido al estudiante dentro del selecto círculo del
seminario, no escatimaba en ayudarlo con su trabajo. El contacto entre Menger y
su seminario no se reducía a discusiones académicas. Invitaba frecuentemente al
seminario a excursiones los domingos en el campo o preguntaba a los alumnos si
querían acompañarlo en sus expediciones de pesca. Pescar, de hecho, era el
único pasatiempo que se permitía. Incluso en este caso abordó el tema con el
espíritu científico que puso en todo lo demás, tratando de dominar todos los
detalles de su técnica y estar familiarizado con su literatura.
Hubiera sido difícil pensar en
Menger como alguien que tuviera una verdadera pasión que no esté conectada con
el propósito dominante de su vida, el estudio de la economía. Fuera del directo
estudio de su tema, sin embargo, había una preocupación difícilmente menos
absorbente, la colección y preservación de su biblioteca. En cuanto a la parte
económica se refiere, ésta biblioteca debe ser clasificada como una de las tres
o cuatro grandes bibliotecas jamás formadas por un coleccionista privado. Pero
no comprendía de ninguna manera solo temas económicos, sino que también sus
colecciones en etnografía y filosofía eran casi igualmente ricas. Después de su
muerte la mayor parte de su biblioteca, incluyendo toda la parte económica y
etnográfica, fueron a Japón y ahora se conserva como una parte separada de la
librería de la escuela de economía en Tokyo. La parte del catálogo publicado
que se ocupa sólo de la economía contiene más de 20.000 entradas.
Menger no pudo llevar a cabo su
ambición de sus últimos años, ni terminar el gran tratado que, esperaba,
pudiera ser la gran coronación de su trabajo. Pero tuvo la satisfacción de ver
la mayor parte de sus primeros trabajos produciendo los mejores frutos, y al
final retuvo un intenso y nunca marcado entusiasmo del tema escogido de su
estudio. El hombre que es capaz de decir, como se dice que dijo, que si tuviera
siete hijos todos deberían estudiar economía, tiene que haber sido
extraordinariamente feliz en su trabajo. Que tenía el don de inspirar un
entusiasmo similar en sus pupilos se evidencia con la gran cantidad de
distinguidos economistas que estaban orgullosos de llamarlo su maestro.
F.A.Hayek fue miembro fundador del
Instituto Mises. Compartió el Premio Nobel de Economía con su rival ideológico
Gunnar Myrdal “por su obra pionera en la teoría del dinero y las fluctuaciones
económicas y por su penetrante análisis de la interdependencia de los fenómenos
económicos, sociales e institucionales”.