Por George F. Smith. (Publicado el 29
de septiembre de 2011)
Traducido del inglés. El artículo
original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5661.
Como experimento mental, imagínate
que sabes que vas a morir dentro de tres meses. Además, supon que algún
multimillonario conoce tu muerte inminente y decide hacerte una oferta:
Producirá un anunció de televisión de 30 segundos con su mensaje final al mundo
y lo emitirá durante la Super Bowl de 2012 y los Juegos Olímpicos de Londres.
También se emitirá en las horas adecuadas de los debates presidenciales del
próximo año. Además, realizará una campaña de publicidad muy creativa animando
a la gente a ver tu mensaje de despedida.
Así que éste es el acuerdo: Tienes
treinta segundos. Tendrás una gran audiencia. ¿Qué dirías?
Yo sabría inmediatamente cuál sería
mi mensaje, aunque no exactamente cómo lo diría. He pensado que implicaría el
mensaje respecto de mi vida y el mundo y me satisface mi decisión.
Luego pensé en lo que podrían decir
otros. Podría imaginar fácilmente a mucha gente enviando un mensaje de amor.
Dejad de odiar y amad. Haced el amor, no la guerra. Podrían incluso recitar el
popular pasaje bíblico de 1
Corintios 13: “Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo
amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido”.
Recordé el mensaje final de Mel Gibson
como Sir William Wallace en la película Braveheart. Por liderar una
revuelta contra el rey traidor Eduardo I de Inglaterra, Wallace es llevado a la
Torre de Londres para su tortura y ejecución públicas. Ansiosa por ver a un
traidor recibir su justo castigo, la masa ve como es medio ahogado, sufre y
potro y es descuartizado. Antes del golpe de gracia se le da una última
oportunidad de confesar su traición. Para entonces la masa reclama clemencia. Ya
cerca de la muerte, Wallace echa de mano de las fuerzas que le quedan y grita “¡Libertad!” antes de que un hacha corte
su cuello.
Tal vez conseguirías los derechos
para emitir la palabra final de Gibson como centro de tu mensaje de despedida.
Podría ser mucho peor.
Pensé en lo que otros podrían
decir: Obama, Hillary, Krugman, Bernanke. ¿Cuáles serían las palabras de
despedida del presidente de la Fed? ¿Rechazaría la oferta? Probablemente lo
haría, pero si no fuera así, no me lo puedo imaginar gritando “¡Inflar!” o “¡Acomodar!” Y aun así eso es lo que el hombre hace para vivir. ¿No
debería elegir morir apoyando los valores para los que ha vivido? ¿Puedes
imaginar a Obama gritando “¡Cambio!”
a Hillary gritando “¡It takes a village!”?
No lo creo. ¿O que tal Krugman reclamando burbujas perpetuas para que no
tengamos que simular
una invasión espacial?
Otros podrían aprovechar la oportunidad
para contar un chiste, diciendo que el mundo necesita más risa. El peligro es
que nadie pensara que era divertido. Algunos animarían a la gente a preocuparse
más por sus hijos, ya que son el futuro. Los amargados por toda la raza humana
podrían regañar al mundo. Unos pocos podrían sonreír amablemente a la cámara y
no decir nada, como hicieron toda su vida. Las sonrisas no deberían rechazarse
con ligereza. No podemos pasarnos la vida sin ellas.
Las posibilidades son
interminables.
Mi mensaje
El mundo ha visto al oro aumentar
de precio durante más de una década porque la gente desconfiaba cada vez más de
los responsables de impresión de la moneda, especialmente de los de la Reserva
Federal. Para muchos inversores, sospecho, el oro ha sido poco más que un
puerto seguro en una tormenta. Cuando pase la tormenta, se dedicarán a otra
cosa. Me pregunto si alguna vez pensaron qué hubiera pasado si no necesitaran
“cubrir la inflación” o un “refugio seguro”.
Sería eso. En mis treinta segundos
de fama diría a la gente que tiene que usar un dinero basado en el mercado.
Mirando a la cámara con un águila dorada
estadounidense en una mano, podría decir “¿Veis esto? No puede imprimirse.
Pero esto…” añadiría teniendo un dólar de la Fed en mi otra mano, “puede
imprimirse y enviar a vuestros seres queridos a guerras innecesarias, rescatar
empresas bien relacionadas políticamente y arruinar vuestros ahorros.
Necesitáis un sistema monetario que funcione para vosotros, no para ellos. ¡Luchemos por él!”
El Instituto Mises ofrece una
extensa biblioteca que explica la economía que hay detrás de un sistema
autónomo de moneda metálica. Pero no hace falta que sea un austriaco para
apreciar el valor del oro. En 1914 Europa fue a la guerra. Tres años más tarde,
era oficialmente un guerra mundial. Para que ocurriera esto, los beligerantes
(con la excepción de Estados Unidos, que entró más tarde) tuvieron que
abandonar el patrón oro. No fueron los hombres que luchaban los que tomaron la
decisión. Fueron los políticos que les enviaron a luchar, y murieron por
millones. ¿Y por qué murieron? El resto del sangriento siglo y ahora el nuevo
siglo con el mundo aún en guerra y al borde del colapso financiero. La matanza
tenía que financiarse y eso significaba que había que abandonar el oro.
¿No es paradójico que el oro y el
patrón oro se hayan considerado reliquias bárbaras cuando son los sistemas de
papel moneda a los que nos han obligado los que están reduciendo el mundo a la
barbarie?
George F. Smith es el autor de The Flight of the Barbarous Relic, una novela acerca
de un presidente de la Fed renegado, y del libro Eyes of Fire: Thomas Paine
and the American Revolution, una descripción del impacto de Paine en
las primeras etapas de la independencia de EEUU. Visite su sitio web.