Por Robert P. Murphy y Karl Smith. (Publicado el 2 de septiembre
de 2011)
Traducido
del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5604.

Sin
piedad para el bando del estímulo
Por Robert
Murphy
Lo
llamaban “pan y circo" en la antigua Roma, pero eso apenas abarca los primeros
intentos en el siglo IV a. de C. de arreglar la larga depresión económica de
cien años utilizando métodos keynesianos.
No hay
nada nuevo respecto del estímulo gestionado por el gobierno. En la vieja Roma
también había rescates, restructuraciones de deuda, guerra e, inevitablemente,
envilecimientos monetarios. Todo eso le llevó a la ruina, como debe pasar
siempre, entonces y ahora. Las estrategias no funcionaron mejor para Nixon, Bush
u Obama de lo que lo hicieron para los césares.
Por parte
de Keynes, éste admiraba más a los faraones que a los césares. Afirmaba que el
antiguo Egipto debía su fabulosa riqueza a la “construcción de pirámides” y la
creación de nuevo dinero. Así que recomendaba lo mismo a las economías
modernas.
Las
pirámides modernas son los edificios públicos, las escuelas públicas, las carreteras
a ninguna parte, puentes, presas, ejércitos, tanques, guerras, rescates,
programas laborales y un millón de otros proyectos. En los programas de “estímulo”
de Bush-Obama, el gobierno ha gastado billones y billones con resultados
patéticos.
¿Quién se
hace rico con estos planes? No los que se ven condenados a encontrar las rocas
y arrastrarlas por el desierto y apilarlas cada vez más altas para que el
faraón pueda tener un lugar elegante donde morir. Esos pobres tipos
desperdiciaron sus vidas sirviendo a un dictador. Y eso nos pasa hoy: los
arrastradores de rocas y apiladores de piedras son los contribuyentes, la gente
saqueada por los impuestos y la inflación.
Los
keynesianos de hoy piensan que son científicos y empíricos, frente a los “ideologizados”
y “dogmáticos” creyentes en el libre mercado. Aún así, sus modelos estimando el
“multiplicador” de gasto público están ellos mismos diseñados sobre bases keynesianas: no importa los datos con los que
los alimentemos, generarán resultados keynesianos.
Cuando se
les pide que den evidencias históricas del supuesto éxito de su postura,
apuntan a economías terribles (como la de estados Unidos entre 1934 y 1936 o en
nuestro tiempo después del TARP y el
paquete de estímulos de Obama) y simplemente afirman, sin posibilidad de
prueba, que las economías habrías estado mucho peor sin esa intervención.
Los
keynesianos pueden llamarlo historia conjetural, si quieren. Sigue siendo
fantasía creer que cualquier bien económico puede producirse desatando al
Leviatán para que robe a unos para dar a otros. En la historia, la teoría y la
práctica, la economía keynesiana es un fracaso.
He intentado
todos los métodos que conozco para hacer que Paul Krugman acepte mi reto de
debate. Hasta ahora lo ha rechazado, estoy seguro de que por buenas razones
propias. Sin embargo, un valiente acólito, Karl Smith, de la Universidad de Carolina
del Norte y el famoso blog modeledbehavior.com,
se ha atrevido a aceptar el reto.
Si escuchan
con cuidado, podrían oírle decir, mientras entra en el Coliseo virtual: “Lord
Keynes, los que vamos a morir te saludamos”.
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Rebajando las expectativas. Mi debate con Bob Murphy
Por Karl
Smith
Voy a
debatir con Bob Murphy el viernes a las 6 de la
tarde. Es un debate en la web y es de pago por visión (20$). Lo que
significa que, por supuesto, que tanto Bob como yo estaremos en el cuadrilátero,
luchando por la rendición del otro.
Es el
duelo a muerte en la jaula web de la economía.
¿Cuáles
son los antecedentes?
Bueno,
los austriacos en Mises.org reataron
a Paul Krugman a un debate. Krugman puso reparos. Al no ver a ningún
paladín que se les opusiera, los austriacos declararon victoria y se proyectó
una nube sobre el territorio.
La
perversidad se alzó y todo lo que era justo y bueno cayó en las sombras. Las
flores se marchitaron. Las vírgenes lloraron. Los gatos no encontraban una
postura cómoda para dormir. Era un tiempo de inimaginable peligro.
Pero
cuando las cosas parecían estar más oscuras, apareció una nueva esperanza. Un héroe
dio un paso adelante que podía salvar todo lo que era bueno y decente en el
mundo. Un hombre que podría dar a la gente una razón para creer. Por supuesto,
hablo de mí mismo.
Ahora el
viernes ese héroe (yo) derrotará al gran mal y enviará al demonio de los
austriacos de vuelta al fuego infernal del que provenían.
Lo que le
ofrezca humildemente, querido lector, es ser parte de esta gran acontecimiento.
Estar presente en el alumbramiento. Ver a la luz triunfar sobre la oscuridad.
Ver al bien desterrar al mal. Ver una resolución final de la lucha maniquea que
ha atraído a la humanidad desde el principio de los tiempos.
No cuesta
más que una pequeña tarifa (que probablemente podría considerar un gasto de
negocio: estamos usando el software de Cisco de “conferencias en la web”) para
ser testigo de un punto de inflexión en la historia humana.
El hombre
bueno contará historias de este acontecimiento a su hijo. En su aniversario, festejará
anualmente este día. Luego mostrará el extracto de su tarjeta de crédito y
dirá: “¡Tuve este cargo ese día!”
Los
hombres viejos olvidan, aunque todo debería olvidarse, pero recordarán con
ventaja los argumentos que se dieron ese día.
Triángulos
hayekianos, cruces keynesianas y multiplicadores fiscales se recordarán
nítidamente en sus tazas. Y los debates económicos nuca serán lo mismo desde
este día hasta el fin del mundo, pero Bob y yo seremos recordados.
¿Se nos
une, querido lector? ¿Será usted parte de este día?
¡Si es
así, regístrese ahora!
Robert Murphy es investigador adjunto del Instituto Mises, donde
enseña en la Mises Academy. Gestiona
el blog Free Advice y es autor de The Politically Incorrect
Guide to Capitalism, Study Guide to Man, Economy, and
State with Power and Market, Human Action Study Guide, The Politically Incorrect
Guide to the Great Depression and the New Deal y su nuevo libro Lessons for the Young
Economist.
Karl Smith es professor asistente
de economía electrónica y gobierno en la Escuela de Gobierno en la Universidad
de Carolina del Norte en Chapel Hill.