Por Edward Younkins. (Publicado el 11
de mayo de 2011)
Traducido del inglés. El artículo
original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5249.
[Extraído de Capitalism and Commerce:
Conceptual Foundations of Free Enterprise (2002).Gracias a David Schatz]
La creencia igualitaria de que la
gente debe ser idéntica en toda la sociedad es errónea. Las formas de vida que
se parecen más son las formas de vida inferiores. El hombre la más alta forma
de vida, muestra la mayor diversidad y las diferencias individuales más
amplias. Un sistema político y económico legítimo debe basarse firmemente en la
naturaleza humana. Una sociedad de individuos libres y responsables incluye una
variedad de gustos, valores, deseos y visiones de la felicidad.
La gente debería tener las máximas
alternativas para elegir su propio estilo de vida (dentro de las limitaciones
de la escasez de recursos) de acuerdo con las estructura de deseos de cada
persona y sin juicios de valor respecto de las decisiones tomadas por cada
individuo, siempre que el individuo no invada la libertad de otros para tomar
sus propias decisiones vitales.
Hoy nuestras libertades están
invadidas por controles públicos externos. Cuanta menos política económica,
mejor. Debemos reducir lo más posible el peso del estado y aumentar la
jurisdicción del mercado. No es la regulación, sino la acción individual, los
derechos de propiedad privada, la competencia y los precios fluctuantes los que
obligan a la adaptación a las condiciones cambiantes y promueven una
utilización eficiente de los recursos.
Un sistema capitalista no es
igualitario. No puedes alcanzar la excelencia y el progreso si no tienes
desigualdad y diversidad. La división del trabajo y la especialización son los
resultados naturales de la multiplicidad de condiciones naturales. El progreso
económico requiere la libertad de los individuos para emplear los diversos
talentos e información localizada que solo ellos puedan poseer. Nuestra
abundancia material y oportunidades de ejercer un trabajo son en buena parte el
resultado de la productividad y creatividad de nuestro sistema económico
competitivo, a pesar de la existencia de muchas barreras burocráticas.
El progreso es diferencia y cambio.
Si los individuos no son libres de probar cosas nuevas, nunca tendremos
mejoras. Para tener progreso debe haber libertad para intentar nuevas mejoras.
El progreso es imposible salvo que la gente sea libre para ser diferente. La
regulación y los controles sofocan la innovación y la experimentación. La
burocracia se interpone en el camino del cambio. El capitalismo ha hecho
posibles la mejoras, no solamente proveyendo las necesidades de la vida, sino
con ciencia, tecnología y conocimiento de todos los tipos de los que depende la
sociedad humana.
La libertad atrae a innovadores y
exploradores y da vida a sus ideas. La libertad de la gente para actuar en su
propio interés es una fuente de una diversidad de ideas, innovaciones y
experimentos que llevan al descubrimiento de nuevos productos, servicios y
otros medios de producción.
El progreso requiere el uso de
información que existe solo como un conocimiento ampliamente disperso que tiene
cada persona con respecto a sus propias circunstancias, condiciones y
preferencias. Ese conocimiento tácito y localizadamente concreto solo es útil
si la gente es libre de actuar con él. Un libre mercado permite que aparezcan
los precios a partir del uso del conocimiento localizado de la gente. Estos
precios contienen más y mejor información y generan mejores decisiones de las
que pueden alcanzarse bajo un régimen de planificadores centrales. El gobierno
limitado y los mercados descentralizados permiten más libertad y generan más
prosperidad que las burocracias dominadas por el estado y centralizadas.
El libre mercado es superior a la
planificación centralizada respecto de los usos de la información localizada y
en combinar estos usos en un sistema eficiente de producción y consumo. Los
mercados difunden ideas, animan a la constante búsqueda de mejoras y
evolucionan a través de la prueba y error, la experimentación y la
retroalimentación. Los mercados producen un orden emergente positivo.
El progreso tecnológico ha reducido
la capacidad del estado de controlar los procesos productivos. Los sistemas de
producción son ahora más pequeños, más flexibles y más móviles de lo que eran
en el pasado. Al acelerar el cambio y desagregar la distribución de conocimiento,
los avances tecnológicos aumentan la preeminencia de las economías basadas en
el mercado.
Hay una conexión inextricable entre
libertad y tecnología. La información de poder a la gente. La edad de la
información y la tecnología informática son enemigas de las burocracias
centralizadas y los estados totalitarios. A medida que la información, el
progreso tecnológico y los negocios se muevan más aprisa, habrá cada vez más
dificultades para el estado para seguir su paso.
Sin duda, el ciberespacio e Internet
permitirán una economía más abierta y participativa, impulsando y aumentando la
importancia del mercado libre. Las naciones basadas en el control político y la
economía centralizada se verán socavadas por el mercado libre y el microchip.
Al dar a la gente acceso a la información, Internet da poder a la gente y se lo
quita al gobierno.
El ciberespacio permite
oportunidades ilimitadas y da poder al individuo. Internet está haciendo más
eficientes las formas existentes de comercio y está potenciando la aparición de
comunidades supranacionales autoorganizadas. Estas nuevas comunidades virtuales
están ligadas por intereses comunes en lugar de por fronteras físicas. Internet
ofrece un “espacio” inconmensurable, permite a la gente elegir sus propias
comunidades, trasciende las fronteras nacionales y culturales, potencia la
libertad personal al facilitar la divulgación de información e ideas y provee
acceso a un mundo completamente nuevo de bienes y servicios.
Internet es un medio que puede
transmitir las ideas de una persona al resto del mundo sin revelar su ubicación
física. La gente puede erigir muros criptográficos en su esfuerzo por crear
nuevos experimentos sociales. La privacidad en el ciberespacio, derivada de la
ciencia de la criptografía en el sector privado, acabará requiriendo demasiado
esfuerzo y coste por parte del gobierno como para romperla. Dispositivos de
cifrado ampliamente disponibles y de bajo coste harán difícil, si no imposible,
seguir a trabajadores individuales del conocimiento que ofrezcan comerciar en
Internet. Las herramientas de red, como los remailers, harán cada vez más
difícil la identificación y ubicación no deseadas.
La gente será capaz de crear e
intercambiar riqueza sin ser observada por un poder soberano. El progreso
tecnológico alterará la producción de riqueza de formas fundamentales y
reducirá la amenaza que suponen los gobiernos para la libertad y prosperidad de
la gente.
Los productos de las mentes de los
hombres pueden comunicarse a través de Internet, que ofrece el poder de acceder
y distribuir información e ideas. La gente será capaz de realizar buena parte
de su trabajo productivo y utilizarlo para participar en un comercio no
restringido dentro de un sistema económico esencialmente inmune a la
supervisión del gobierno. Por supuesto, los bienes con los que más se comercia
en el ciberespacio son las habilidades y conocimientos de los individuos.
Aunque siempre habrá productos con
atributos físicos como acero u automóviles, la mayoría de la nueva riqueza en
la economía se creará en los sectores de la información. Mucha de la riqueza
producida en esta economía paralela puede no existir nunca en el mundo físico y
puede no tener que ser intercambiada por moneda pública para ser útil en
transacciones comerciales. La riqueza puede transferirse electrónicamente en la
sustancia de los productos y servicios vendidos a través de Internet y en la
forma de instrumentos monetarios recién creados.
La tecnología es enemiga de
burócratas y dictadores. Al liberar a la gente del control centralizado, la
tecnología les da poder sobre sus propias vidas. Los gobiernos totalitarios no
pueden seguir el ritmo de las recompensas de la libertad en una sociedad
abierta. Los mercados libres siempre derrotan a la política industrial.
Necesitamos demostrar al mundo que
una sociedad libre es buena para la gente. Para hacerlo, necesitamos adoptar
políticas para un comercio más libre y mayor inversión internacional.
Necesitamos eliminar restricciones al comercio y flujos de capital y potenciar
el libre flujo de información alrededor del mundo. La globalización puede ser
un proceso liberador para los seres humanos en todas partes.
Por supuesto, aún hay mucho que
hacer en Estados Unidos, que está actualmente bajo la influencia de un gobierno
intervencionista y regulatorio. Es el momento de restablecer la filosofía de la
libertad como fundamento del sistema económico estadounidense. La gente se
opone cada vez menos a los negocios. Hay ahora menos confianza en los programas
públicos de bienestar.
Cada vez más, la gente habla de
recortes en impuestos y presupuestos, de privatización de algunas funciones del
gobierno y de reducciones en el gasto con respecto a la Seguridad Social,
Medicare y otros programas públicos. Es hora de dar pasos hacia el
establecimiento de una sociedad de laissez faire.
Edward Younkins es profesor de
contabilidad y administración de empresas en el Departamento de Empresas en la Wheeling Jesuit
University en Virginia Occidental.
Este artículo ha sido extraído de Capitalism and Commerce: Conceptual
Foundations of Free Enterprise, capítulo 29, “The Future”
(2002).