Nelson Mandela y el voluntariado

Por Robert P. Murphy. (Publicado el 21 de julio de 2011)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5469.

 

Esta semana, Nelson Mandela celebra su 93 cumpleaños. En honor del acontecimiento, la Fundación Nelson Mandela está pidiendo a la gente que done 67 minutos de su tiempo a servicios públicos. Aunque la fundación y los medios que informan sobre ello indudablemente tienen buenas intenciones, toda la explicación perpetúa el mito de que el trabajo pagado es de alguna manera inútil para la sociedad.

Pero la verdad es precisamente la opuesta: Si a alguien realmente se la paga para hacer un trabajo, sabe que al menos una persona lo valora. Por el contrario, el trabajo voluntario puede ser útil o no, porque no tiene la respuesta de los precios del mercado. En este artículo no quiero denigrar el trabajo voluntario, sino más bien rehabilitar el trabajo pagado.

El “servicio público” de Nelson Mandela

Un informe de la CBS News recoge la típica cobertura del cumpleaños de Mandela:

En honor del Día internacional de Nelson Mandela, la Fundación Nelson Mandela pide que la gente de todo el mundo trabaje solo sesenta y siete minutos para mejorar la comunidad en honor a los sesenta y siete años de servicio que ha prestado Mandela por el bien común. El inspirador líder sudafricano cumple 93 años hoy.

La fundación tiene sesenta y siete sugerencias de cosas sencillas que cada persona puede hacer para mejorar el mundo, entre las cuales está hacerse una prueba de VIH con un socio, leer a alguien que no puede hacerlo o ayudar en un refugio de animales. Para un trabajador, es duro dedicar sesenta y siete minutos a respirar, así que no digamos a ayudar a otros. Bueno, si tiene un ordenador, no tiene excusa.

Hay varios sitios que permiten la participación en línea en trabajos voluntarios y una lista de organizaciones que agradecen ese tipo de ayuda. Dar treinta minutos a una organización ayudándole a diseñar un folleto, editar un post en un blog, ofrecer tu negocio o experiencia legal o incluso hacer algún tipo de buena investigación pasada de moda puede hacer que el mundo sea diferente.

La mayoría de la gente no tendría ninguna objeción a lo anterior y aún así el cínico economista puede encontrar problemas. Primero, fijándonos el los 67 años de “servicio (…) por el bien común”, el escritor dice implícitamente que formas más convencionales de empleo no son para el bien común.

Los verdaderos servidores públicos

Lo realmente mollar del artículo se centra en esta frase: “Para un trabajador, es duro dedicar sesenta y siete minutos a respirar, así que no digamos a ayudar a otros”. ¿Qué demonios puede querer decir?

Por definición el “trabajador” está ayudando a otros cinco días por semana (al menos). Es típico decir que la gente en el Congreso está en el negocio del “servicio público”, pero eso es ridículo. Los políticos en DC me quitan mi dinero contra mi voluntad y lo gastan en cosas que no quiero y a menudo considero como directamente criminales. Eso no es servirme en absoluto.

Por el contrario, cuando me paro en un Cracker Barrel (uno de mis lugares favoritos para comer cuando viajo por carretera) me relaciono con varias personas que realmente me están sirviendo. Hay a menudo una persona agradable que me saluda cuando cruzo la puerta, otra persona que toma mi nombre y me dice aproximadamente (generalmente con bastante precisión) cuánto tiempo tengo que esperar y otra persona que me acompaña a la mesa y me entrega un menú y cubiertos. Finalmente, la persona más evidente es la camarera que literalmente me sirve: me trae una buena comida a los pocos minutos de haberla pedido.

De hecho si no diéramos por hecho la existencia de restaurantes con ánimo de lucro, parecería un lugar mágico, sacado de un cuento de hadas. ¡Imagínate! Voy conduciendo por la autopista hacia el Instituto Mises para impartir un curso de verano y a lo largo del camino hay edificios idénticos, cada uno lleno de gente que viste las mismas ropas. A partir de lo que puedo decir de cómo me tratan, esa gente no quiere nada más en la vida que hacer mi comida o cena tan placentera como sea posible.

¿Qué he hecho para merecer tal trato digno de un rey? ¿He encontrado una lámpara mágica y pedido ser un rey? No, lo que ocurre es que hago lo mismo en mi trabajo, haciendo todo lo que pueda para “servir a otros”, dándoles discursos, posts en blogs, artículos, libros y otras cosas que desean.

Olvide a los hermanos Grimm: mi descripción de la sociedad suena ahora menos a un cuento de hadas y más a una utopía retratada por Karl Marx. Empleo la mayoría de mi tiempo despierto a tratar de servir a mis conciudadanos, mientras que la mayoría de éstos (especialmente el “trabajador” y no ésos aparentemente en el “servicio público”) están haciendo lo mismo.

El papel del dinero

Por supuesto, la característica que he omitido en mi análisis es el papel esencial del dinero. Los trabajadores de Cracker Barrell en realidad no me están sirviendo porque les produzca una felicidad interna: están compitiendo con otros restaurantes (y vendedores en general) por mi dinero. Por la misma razón, no doy mis discursos y escribo indiscriminadamente para cualquiera que me lo pida: uno de los criterios más importantes es cuánto está dispuesto a pagarme un cliente potencial.

Aunque el uso de dinero parece a muchos algo sucio, no debería serlo. En el tratamiento de economistas austriacos como Ludwig von Mises, vemos que el dinero es una institución social indispensable que permite el uso más efectivo de los recursos y la división del trabajo. Por decirlo sin rodeos, si dejáramos repentinamente de usar el dinero, la mayoría de la gente en la Tierra pronto moriría de hambre.

Los límites del voluntariado

Si todo el mundo abandonara su trabajo y se dedicara a tiempo completo al voluntariado, la producción total de distintos bienes y servicios también se estrellaría. Una razón es que poca gente sería voluntaria para tareas desagradables como la recogida de basura y la limpieza de baños.

Aún más importante, la gente no tendría ni idea de dónde son más productivos sus servicios, en opinión de otros. Expliqué el argumento de una forma un tanto descabellada en un artículo anterior titulado “Superman Needs an Agent”.La idea era que, incluso aunque Supermán sea completamente altruista y no quisiera sino utilizar sus increíbles poderes para ayudar a la humanidad, ese objetivo concreto no es suficientemente específico. Hay todo tipo de formas en las que podría emplear su tiempo en mejorar la situación de gente concreta.

Déjenme ocuparme de una objeción evidente. La gente podría decir: “El que la gente rica tenga mucho dinero no les hace más dignos de recibir ayuda que otros. Ése es el problema de la motivación por el beneficio”.

Aún así, esto no es toda la historia. Sigamos usando el ejemplo de Supermán: Incluso si su objetivo fuera, digamos,  alimentar a tantos hombres hambrientos como fuera posible, de esto no se deduce que deba utilizar sus superpoderes directamente a este fin. Podría tener más sentido vender su trabajo al mejor postor y luego usar la renta (que sería de miles de millones de dólares anuales, fácilmente) y financiar actividades contra el hambre.

Conclusión

No hay nada malo en el trabajo voluntario por sí mismo, especialmente por su capacidad de cambiar a la persona que hace el voluntariado. (Nunca olvidaré mi viaje a Haití, por ejemplo). Pero es sencillamente una forma resbaladiza de pensamiento decir que la gente que es voluntaria (¡o entra en política!) está “sirviendo al público” de una forma que no hacen los trabajadores pagados.

La escuela austriaca destaca la importante función de coordinación de los precios de mercado, y en particular el papel crucial que ejerce el dinero en una sociedad moderna. Solo con un telón de fondo de intercambio monetario tenemos el lujo de emplear horas en nobles actividades de voluntariado.

 

 

Robert Murphy es investigador adjunto del Instituto Mises, donde enseña en la Mises Academy. Gestiona el blog Free Advice y es autor de The Politically Incorrect Guide to Capitalism, Study Guide to Man, Economy, and State with Power and Market, Human Action Study Guide, The Politically Incorrect Guide to the Great Depression and the New Deal y su nuevo libro Lessons for the Young Economist.

Published Fri, Jul 22 2011 6:06 PM by euribe