El periodismo de Hamowy y Raico

Por Jeff Riggenbach. (Publicado el 18 de julio de 2011)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5452.

[Este artículo está transcrito del podcast Libertarian Tradition]

 

Como bien saben los habitantes avezados de la blogosfera libertaria, los libertarios y el libertarismo aparecen bastante frecuentemente estos días en los escritos de los periodistas generalistas. A veces tenemos un artículo entero dedicado a nosotros: cuando nos pasa, normalmente es un ataque a nuestras ideas, lo más habitual es que sea un ataque que deje claro que el autor no ha hecho sus deberes y no sabe de qué habla. Más a menudo, solo obtenemos breves referencias en artículos sobre asuntos de interés más general. Y de vez en cuando esas breves referencias mencionan aspectos de la tradición libertaria.

He aquí dos casos así: un par de críticas de libros que aparecieron recientemente en la venerable New York Times Book Review. La primera, que apareció el 17 de abril, era una crítica del nuevo libro de Francis Fukuyama, The Origins of Political Order. En un momento, en lo que estoy seguro de que creía que era un aparte no polémico, el crítico, Michael Lind, hacía un esfuerzo por distinguir a los neoconservadores sabios y buenos, como él mismo y Fukuyama de la gente de derechas que ostensiblemente “tratan de explicar la sociedad en términos del Homo economicus”, ya saben “libertarios como Friedrich Hayek”. Al contrario que estos ingenuos, explicaba Lind, Fukuyama “dice que un estado fuerte y capaz ha sido siempre una precondición para el florecimiento de una economía capitalista”. El problema, por supuesto, es que Hayek dice lo mismo. Quiere limitar ese estado fuerte y capaz en relación con su ámbito permisible de acción en formas que probablemente no gustarían a Lind y Fukuyama, pero eso es otra cosa. Y el otro problema es que Hayek criticaba la noción de Homo economicus y en modo alguno basaba en él su entendimiento del funcionamiento de la sociedad. Uno se pregunta si Lind ha leído realmente a Hayek.

Por supuesto, no es raro ver a periodistas generalistas acusados de no preocuparse por leer a Hayek antes de sentarse a escribir sobre él. Consideremos, por ejemplo, lo que ocurrió cuando, tres semanas después de que se publicara la crítica de Lind, la New York Times Book Review publicara otro artículo que contenía una referencia de paso al libertarismo. Este artículo era una crítica de la nueva y “definitiva” edición de Los fundamentos de la libertad, volumen 17 en las Obras escogidas de F.A. Hayek, editada por Ronald Hamowy y publicada por la University of Chicago Press. La crítica estaba escrita nada menos que por el propio Fukuyama. Y provocó cometarios en la blogosfera libertaria de nada menos que el propio Jeffrey Tucker, que escribió que Fukuyama no daba “al lector muchas evidencias de que haya leído realmente el libro. Por ejemplo, critica a Hayek como si éste fuera un rothbardiano coherente. Más aún, todo el peso del libro de Hayek se dedica precisamente al asunto al que Fukuyama le acusa de olvidar (cómo podemos saber que el estado fracasará en su planificación)”.

Por otro lado, es un punto para nuestro equipo, ¿no lo es cuando un intelectual de la corriente principal reconoce, como Fukuyama en su crítica, “la extraordinaria amplitud y profundidad de la erudición de Hayek y su capacidad de ir más allá de la economía hacia la historia, la filosofía, la biología y otros campos”? También es bueno (¿no?) que un escritor de la estatura de Fukuyama reconozca que “al contrario que [Glenn] Beck, Hayek es un pensador muy serio y sería muy malo que su actual asociación de ambos nos lleve a rechazar su pensamiento”.

Los más importante de todo es que la crítica de Fukuyama hace una mención específica al editor de esta nueva edición del libro de Hayek. Mencioné el nombre de este editor hace unos pocos párrafos: Ronald Hamowy. ¿Cuántos se dieron cuenta? ¿Cuántos de ustedes reconocieron ese nombre? Creo que sí.

Ronald Hamowy es un hombre cuyo nombre y logros merecen ser mejor conocidos, especialmente entre los libertarios. Nació durante los años de la Gran Depresión en Shanghai, China, hijo de padres estadounidenses. Creció y recibió su primera educación formal en la ciudad de Nueva York, graduándose en la Stuvesant High School a principios de la década de 1950, cuando sus alumnos aún eran exclusivamente hombres. De “Stuy” fue a Cornell, pero volvió pronto y se empleó en una tienda de discos en Times Square. Fue en este momento, durante su breve periodo de abandono de la universidad, cuando Hamowy cayó en lo que creo que podríamos llamar la “masa incorrecta” (aunque me confieso que estaría inclinado a decir que cayó exactamente en la masa correcta).

Se unió a su viejo amigo George Reisman, a quien conocía desde el instituto y Reisman le presento dos nuevos amigos. Uno era un universitario del City College of New York, un neoyorquino llamado Ralph Raico. El otro era otro neoyorquino, un hombre algo mayor, de unos 30 años, que tenía un doctorado en economía por Columbia pero no enseñaba. Su nombre era Murray Rothbard.

Rothbard era solo alrededor de diez años mayor que Hamowy, pero Hamowy se vio sobrecogido por la erudición de Rothbard. “Pronto se hizo evidente”, recordaba muchos años después, “lo verdaderamente asombroso que era la amplitud y profundidad del conocimiento de Rothbard. Parec[ía]  haber leído todo y podía citar la bibliografía relevante de casi cualquier tema que se presentase”. En otro lugar de las mismas memorias, originalmente una charla hace casi una década, Hamowy recuerda pensar que Rothbard “parec[ía] dominar completamente la literatura en aquellos campos que le interesaban”.

Rothbard no solo fue para el joven Ronald Hamowy un héroe intelectual a admirar y emular, también la dio a ese joven Ronald Hamowy algo que hacer. Para entonces, después de unos años junto a sus nuevos amigos atendiendo al famoso seminario semanal de Ludwig von Mises en la Universidad de Nueva York, Hamowy había decidido volver a sus estudios universitarios, esta vez en el City College.

“Durante mi último año de estudiante en el City College”, escribía en 2002, “estuve de acuerdo en aceptar el trabajo de mecanografiar el segundo volumen de Man, Economy, and State”. Echando la vista atrás, piensa que el trabajo la ha beneficiado de muchas maneras, una de las cuales era

haber tenido la oportunidad de leer y discutir un texto de primera clase de teoría económica. Uno de mis temas principales como alumno había sido la economía, pero confieso haber aprendido más economía durante el periodo de seis meses que empleé mecanografiando el manuscrito de Murray que en toda mi carrera universitaria.

Como la persona que está actualmente (en julio de 2011) leyendo el segundo volumen de Man, Economy, and State ante un micrófono de forma que se pueda publicar en una versión de audio, creo saber de qué habla aquí Hamowy.

En 1960, Ronal Hamowy empezó sus estudios universitarios en el Committee on Social Thought de la Universidad de Chicago. Su trabajo fue supervisado y dirigido por un profesor austriaco visitante, previamente en el London School of Economics, un hombre en los 60 llamado Friedrich August von Hayek. De acuerdo con Ronald Lora y William Henry Longton, en The Conservative Press in Twentieth-Century America, fue en el otoño de 1960, tras el primer trimestre de Hamowy como alumno en la Universidad de Chicago, cuando su amigo ligeramente mayor, Ralph Raico, otro de los alumnos de Hayek, “concibió la idea de fundar una revista independiente dedicada a promover una sociedad abierta y la libertad individual”. Fue la New Individualist Review, que publicó su primer número en abril de 1961. La cabecera indicaba que Ralph Raico era el director y Ronald Hamowy el editor de la crítica de libros.

Cuando se publicó el cuarto número, que está datado en invierno de 1962, Hamowy se había convertido en codirector con Raico, situación que se mantuvo durante dos años. Raico volvió a su estatus original de director de todo en el número de otoño de 1964 y se mantuvo en ese puesto hasta el número de invierno de 1967, en que entregó las riendas del poder y se convirtió en un simple editor colaborador. Entretanto, otros libertarios que se distinguirían en el futuro se acercaron a la revista. Jim Powell se unió a la plantilla como ayudante editorial en el número de otoño de 1962, se convirtió en editor asociado en el de primavera de 1965 y en editor con el último número de la revista, en invierno de 1968. David D. Friedman hizo su primera aparición en la cabecera de la New Individualist Review en el número de invierno de 1966 como asistente editorial. Seguía allí un número después, en primavera de 966, pero desapareció después.

Una de las contribuciones más efectivas a la New Individualist Review como escritor fue su denuncia de noviembre de 1961 del movimiento conservador en Estados Unidos y, en particular, de William F. Buckley Jr. y su revista National Review,  a quien le acusaba de promover

una política exterior beligerante que probablemente lleve a la guerra; (…) una supresión de las libertades civiles en el interior; (…) una devoción por el imperialismo y a una forma educada de supremacía blanca; (…) una tendencia hacia la unión de iglesia y estado; (…) la convicción de que la comunidad es superior al individuo y de que la tradición histórica es una guía mucho mejor que la razón y (…) un apoyo bastante tibio a la economía libre. Quieren, esencialmente, sustituir un grupo de amos por otros (ellos mismos). No desean tanto limitar al estado como controlarlo. Uno tendería a describir esta devoción por un estatismo jerárquico, casi bélico, y su oposición fundamental a la razón humana y la libertad individual como una especie de corporativismo que recuerda a Mussolini o Franco, pero contentémonos con llamarlo “viejo conservadurismo”, el conservadurismo no de la banda heroica de libertarios que fundaron la derecha contraria al New Deal, sino el conservadurismo tradicional que siempre ha sido el enemigo del verdadero liberalismo.

Ronald Lora y William Henry Longton están convencidos (yo estoy de acuerdo) en que la New Individualist Review fue una de las mejores publicaciones de este tipo publicadas en la década de 1960. Escriben que

la alta calidad intelectual de los artículos aparecidos en la revista, junto con una vigorosa campaña para solicitar escritos de igual mérito académico, estableció pronto a la Review como una de las mejores revistas de estudiantes del país. A lo largo de los 17 números de la vida de la Review, aparecieron en sus páginas algunos de los investigadores más respetados del país, incluyendo tres economistas de la Universidad de Chicago que posteriormente fueron premios Nobel. Aunque su lista de suscripción nunca superó las 800 personas, incluía a editores de varias revistas prestigiosas y periódicos de circulación nacional, docenas de bibliotecas universitarias y varios cientos de eminentes académicos en todo Estados Unidos y Europa.

Lora y Longton hicieron “un análisis de los 15 primeros números de la Review” y descubrieron que:

de los 98 artículos publicados, 52 eran de estudiantes y profesores jóvenes, mientras que 46 eran obra de investigadores de prestigio, en muchos internacional. Tampoco la revista se limitó a estudiantes y facultad de la Universidad de Chicago. No menos de 58 ensayos y críticas provenían de investigadores fuera de la universidad, de entre los cuales los más notables fueron la crítica de Ludwig von Mises a los dos tomos del tratado de economía de Murray Rothbard [Man, Economy & State] el análisis de la naturaleza de la planificación soviética de G. Warren Nutter (más tarde reimpreso en Barron’s) y un ensayo de Murray Rothbard que remontaba muchas de las políticas posteriormente asociadas al New Deal a los programas iniciados bajo la presidencia de Herbert Hoover. Milton Friedman, escribiendo en 1981, unos 13 años después de que la Review dejara de publicarse, apuntaba que, de los muchos artículos que aparecieron en ella, la mayoría “siguen siendo actuales y relevantes. Lo más importante tal vez sea que esta aventura estudiantil, a pesar de su estrecha base y sus limitados recursos, estableció una estándar intelectual que creo que aún no ha sido igualado por ninguna de las más recientes publicaciones en la misma tradición filosófica”.

Ronald Hamowy y Ralph Raico obtuvieron sus doctorados durante la segunda mitad de la década de 1960 y dejaron el periodismo libertario en favor de los pastos más vedes de los que supuestamente disfrutan los profesores de historia. Pero la atracción del periodismo libertario no se disipó completamente en ninguno de ellos. Y así resultó que trabajaron de nuevo juntos en otra revista libertaria casi 10 años después de que la primera, la New Individualist Review, hubiera cerrado la tienda.

Inquiry era quincenal, como la National Review, pero no era conservadora en sus simpatías. Describía su política como “liberal jeffersioniana” y sus colaboradores habituales incluían a libertarios como Murray Rothbard, Karl Hess y Thomas Szasz, junto con liberales modernos como Nat Hentoff y Nicholas Von Hoffman. La revista era editada por libertarios. Williamson “Bill” Evers, tal vez el más importante de los distintos jóvenes rothbardianos que estaban apareciendo en el movimiento libertario fue el director original.

Ralph Raico pidió una excedencia de su trabajo académico para ir a San Francisco y editar la extensa sección de crítica de libro de Inquiry. Entró como redactor jefe en el primer número en noviembre de 1977 y permaneció como redactor jefe (redactor de la crítica de libros) hasta que la revista dejo de publicarse en el verano de 1984. Asimismo, durante un año (1980) de los casi siete años que existió Inquiry, Raico ejerció como editor además de ocuparse de la “contraportada del libro”, como se conocía la sección de crítica de libros de cada número. Entretanto, Ronald Hamowy llegó a bordo en junio de 1979 como “consultor de redacción”. Un año después, en junio de 1980. se convirtió en director de la revista, cargo que mantuvo durante cuatro meses (junio, julio, agosto y septiembre de 1980) para facilitar la transición entre la salida del director Bill Evers y la llegada de Glenn Garvin.

Inquiry lo publicaba un think tank libertario completamente nuevo llamado el Instituto Cato, en un intento sincero de llegar a liberales e izquierdistas no autoritarios con un mensaje libertario dentro de un estilo que pudieran entender y aceptar. Pienso que fue la mejor y más profesional revista libertaria que haya publicado nadie en este país en al menos un cuarto de siglo. Y mucho de lo mejor de ella fue obra de Ronald Hamowy y Ralph Raico.

Hamowy y Raico volvieron en la década de 1980 a la universidad, donde se dedicaron al avance de la causa libertaria a través de la enseñanza y la investigación. Fue esa actividad de Hamowy como editor de la nueva edición “definitiva” de Los fundamentos de la libertad de Hayek la que generó inicialmente estas cavilaciones. Su anterior antología de artículos sobre la prohibición de las drogas, Dealing with Drugs: Consequences of Government Control, fue encargada y publicada por el Pacific Research Institute en los tiempos en que, bajo su presidente fundador, David J. Theroux, había evitado el neoconservadurismo y creado en su lugar una línea coherentemente libertaria hacia la verdad de los asuntos públicos actuales. La más reciente Encyclopedia of Libertarianism de Hamowy ya se ha convertido en un patrón de referencia para estudiosos serios de la tradición libertaria. Y quien haya visto las lecciones grabadas de Raico sobre asuntos de historia intelectual y cultural sabe por experiencia directa lo que un profesor magistral puede hacer para avanzar en la causa libertaria.

Pero estos hombres no fueron siempre profesores e investigadores. Mucho antes, en su juventud, en la era anterior a Internet cuando las publicaciones en papel eran siempre mucho más importantes de que hoy lo son, Ronald Hamowy y Ralph Raico fueron periodistas libertarios incisivos y centrados. Y están entre los mejores que hayan ejercido ese noble comercio.

 

 

Jeff Riggenbach es periodista, autor, editor, locutor y educador. Miembro de la Organización de Historiadores Americanos, ha escrito para periódicos como The New York Times, USA Today, Los Angeles Times y San Francisco Chronicle; para revistas como Reason, Inquiry y Liberty y sitios web como LewRockwell.com, AntiWar.com y RationalReview.com. Aprovechando sus cualidades vocales empleadas en radio clásica y de noticias de Los Ángeles, San Francisco y Houston, Riggenbach también ha narrado las versiones en audiolibros de numerosas obras libertarias, muchas disponibles en Mises Media.

Este artículo está transcrito del podcast Libertarian Tradition.

Published Tue, Jul 19 2011 5:58 PM by euribe