Por Tyler A. Watts. (Publicado el 17 de mayo de 2011)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5283
Ocurre todas las primaveras: a medida que la hierba se vuelve verde y empiezan a cantar los pájaros, los ecologistas celebran el Día de la Tierra para renovar su devoción por el planeta. En años recientes, el tema eco-activista se ha transformado de respetar simplemente el entorno natural a asegurarnos de que todo lo que hacemos es “sostenible”. Así que junto con el “Reducir, reusar, reciclar” aparecen una serie de nuevas obligaciones. Importante entre los nuevos ritos de la fe en la tierra está la idea de la compra local. Es un juego ganador, afirman: bueno para la tierra y bueno para la economía. ¿No?
Superficialmente, es evidente: para ayudar a los negocios locales, deberíamos comprar más cosas suyas. Pero el que ayude a “la economía” no es tan evidente. De hecho, cuando la gente se toma en serio la compra local, están preparando el terreno para resultados económicos absurdos y potencialmente trágicos.
La primera dificultad de la compra local incluye la pregunta de qué significa exactamente “la economía local”. ¿Mi ciudad? ¿Mi condado? ¿Mi estado? Cualquier designación incluirá arbitrariamente a algunos y excluirá a otros. Por sí misma, “local” no es una categoría relevante económicamente. Son los costes y beneficios los económicamente relevantes. El coste de ofrecer un bien normalmente aumenta con la distancia al mercado. Pero para muchos bienes la gente en ubicaciones distantes es tan mucho más productiva que (incluso considerando los costes de transporte) encontramos que el comercio tiene sentido.
¿Pero qué pasa con el dinero? Los defensores de la compra local citan estudios que demuestran que el 68% del dinero gastado en negocios locales se mantiene en la “economía local”. Así que gasto 100$ en una tienda de propiedad local. ¿Qué ocurre con los 68$ de los 100$ originales que se recirculan localmente? Bueno, solo el 68% de ellos, o 46$, sigue siendo local. Y esos 46% se convierten en 31$, luego 21$, luego 14$, 10$, 6,80$, 4,57$, 3,10$ y así sucesivamente. ¡No tardará mucho en no haber dinero en este pueblo!
Es evidente que no pasa esto, así que los estudios deben olvidarse de algo. Es verdad que para cualquier pueblo, mucho del dinero (si no la mayoría) lo abandona para comprar importaciones. ¡Pero hay muchos pueblos! También envían dinero fuera. Así que el pueblo A puede estar perdiendo dinero (al importar bienes) hacia el pueblo B, pero entretanto ganando dinero (exportando bienes) a los pueblos C, D y E. Mirar solo en una dirección los flujos de dinero y bienes es un error común. Surge frecuentemente en discusiones sobre comercio internacional, pero es igualmente aplicable al comercio interlocal. ¡El comercio es comercio, después de todo!
Podemos asegurarnos de que ningún dinero abandone nuestra comunidad local poniendo simplemente a nuestro pueblo bajo una cúpula de cristal impenetrable como hacían en Los Simpsons. La película. ¡Sin duda eso garantizaría que todo el dinero permaneciera en la localidad! ¿Pero realmente potenciaría la prosperidad local o simplemente nos condenaría a un nivel de vida inferior al separarnos del resto del mundo?
Los partidarios de la compra local no se rinden tan fácilmente. Tienen más estudios que prueban que los ingresos de los negocios locales aumentan cada vez que se lanza una campaña de compra local. Sí, ¡por supuesto veremos un aumento en los ingresos de los negocios locales si tenemos un grupo de gente convenciendo activamente (¿o es culpabilizando?) a los vecinos para que compren localmente a toda costa! Pero eso no significa que sea el mejor resultado económico posible.
Si pudiera convencer a la mitad de mis alumnos para que pagaran cada uno 15$ para verme dar un concierto de karaoke con el fin de “apoyar a nuestros músicos locales”, ¿sería una buena idea? La respuesta es no: soy un cantante pésimo (¡pregúntenselo a mis alumnos!). pero si fuera un gran cantante, no anunciaría “compre local”, sino “¡compre excelente!” y rápidamente superaría la economía local: me “exportaría” a lugares cada vez mayores donde pueda obtener mayores audiencias.
No me malinterpreten: hay veces en que comprar local es asimismo comprar excelente. En el Medio Oeste tenemos en verano excelente maíz dulce, fresas, tomates y similares cultivados localmente. Pero tampoco los compramos porque sean cultivados localmente, sino porque son un buen valor. Y en estos casos ¿realmente necesitamos convencimientos o campañas para comprar local? No, esto pasa con naturalidad. Pero no hay ninguna norma que diga que lo local sea siempre el mejor valor. En muchos casos los mejores valores dependen de cada persona, independientemente de la distancia y sin ninguna persuasión especial.
He aquí un reto para los defensores del la compra local: Digan a la familia de un pueblo pequeño cuyo hijo pequeño tiene un enfermedad rara y mortal que “compren localmente” sus servicios médicos. Sin duda hay un médico de familia en el pueblo, pero no tiene la formación, equipo y medicinas especiales para tratar a este niño. Pero los especialistas altamente cualificados del hospital infantil de la gran ciudad pueden salvar la vida del niño. En este caso, comprar local es una sentencia de muerte. O digan a los estudiantes afganos de mi universidad que deberían comprar localmente sus servicios educativos en lugar de importar su educación de Estados Unidos. O digan a mis alumnos de pueblos pequeños que deberían comprar localmente su diversión los fines de semana, es decir, sin ir a los complejos de cine y sin American Idol, porque eso significaría mandar nuestro dinero a Hollywood.
Si comprar local tuviera sentido, no hay necesidad de ensalzarlo o animarlo. Pero si no lo tiene, pero la gente lo hace igualmente en un intento mal concebido de estímulo local o en un vanidoso esfuerzo por salvar el planeta, los efectos no son “buenos para la economía”, sino más bien lo contrario. Así que no dejen que la culpabilidad verde o la falsa economía les engañen para pagar demasiado. Simplemente busquen su mayor valor y disfruten de los beneficios de la economía, local y global.
Tyler Watts es profesor de economía en la Ball State University y obtuvo su doctorado en economía en la Universidad George Mason en 2010.