¿Es la guerra humanitaria la excepción?

Por Marko Marjanovic. (Publicado el 4 de abril de 2011)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5160.

 

Mucha gente que en otros casos se opone a la guerra en términos generales hace una excepción con la llamada guerra humanitaria, como en el caso de la guerra en Libia. La idea es que este tipo de guerra se realiza por razones desinteresadas y altruistas. Esta gente necesita un análisis hazzlitesco de la intervención humanitaria.

Por “intervención humanitaria” se refieren a un estado de uso de fuerza militar contra otro estado cuando el principal objetivo públicamente declarado de esa acción militar es acabar con las violaciones de derechos humanos perpetradas por el estado contra el que se dirigen.

Las razones por las que una intervención humanitaria es una idea extremadamente mala son muchas. Algunas son evidentes, pero muchas más son menos visibles de inmediato, aunque no menos dañinas. Incluyen:

  • La intervención humanitaria se financia con impuestos, que son un robo.
  • La pantalla de la intervención humanitaria puede permitir a un estado iniciar una guerra bajo pretensiones que no tienen nada que ver con el objetivo real de la guerra.
  • La acción militar hará que mueran o sean heridos inocentes y su propiedad sea dañada o contaminada.
  • La psicosis de guerra en el país intervenido puede utilizarse para apuntalar el poder de los gobernantes de ese país y rebajar las libertades civiles de sus ciudadanos.
  • En cualquier momento, numerosos estados está implicados en violaciones de derechos humanos, así que el principio de intervención humanitaria llevado a su conclusión lógica es una receta para una guerra interminable.
  • La intervención humanitaria envía una señal a los oprimidos de todo el mundo de que en lugar de luchar por sí mismos por sus derechos, deberían hacer campaña por una intervención de una potencia extranjera.
  • La intervención humanitaria puede servir para convencer a la gente de los aspectos positivos de una política exterior aventurera, del militarismo y de la desconsideración del principio de la soberanía nacional. Puede servir para rehabilitar la idea del imperialismo y crear capital moral para un imperio, que puede luego emplearse en iniciar guerras de otros tipos.

Estos aspectos negativos menos evidentes de la intervención humanitaria están relacionados con la forma en que la intervención cambia la dinámica del conflicto con el que interfiere:

  • El grupo en cuyo favor puede realizarse la intervención recibe incentivos para trasladar recursos de realizar una guerra regular o irregular a realizar una guerra de propaganda para provocar o ampliar el grado de intervención a su favor. Recibe incentivos para exagerar el grado de los crímenes soportados, de inventar atrocidades que no tuvieron lugar y realizar ataques de bandera falsa contra su propia gente.
  • El grupo en cuyo favor se ha realizado la intervención recibe incentivos para rechazar el establecimiento de acuerdos que podría haber aceptado antes de la intervención: ahora tienen el incentivo para aguantar buscando un acuerdo mejor garantizado por el poder de la potencia intervenida. Esto prolonga la crisis.
  • Si el bando contra el que se ha iniciado la intervención humanitaria cree ser inocente o esencialmente inocente de aquello de lo que se le acusa, o si cree que el otro bando no es menos culpable, concluirá que está siendo el objetivo por razones no relacionadas con su respeto a los derechos humanos y que por tanto no tiene sentido preocuparse por olas apariencias. Esto lleva a un aumento en el nivel de las violaciones de los derechos humanos.
  • La intervención humanitaria dirige los objetivos de guerra hacia los desvalidos en el conflicto. Sin embargo el mero hecho de que un bando sea aparentemente más débil no es ninguna garantía de que sus objetivos bélicos sean más justos que los del bando que es más fuerte. Igualmente, el hecho de que la gente que se identifica con un bando en la guerra haya en general sufrido más que la gente del otro no es razón suficiente como para esperar que sus objetivos de guerra sean más justos que los del bando cuya gente ha sufrido menos.

Raramente se consideran los efectos que derivan del hecho de que, para la potencia interviniente, la intervención militar se convierte rápidamente en un asunto de prestigio. La potencia interviniente debe ser capaz de declarar de forma creíble un triunfo militar.

  • Como suspender la acción militar es por tanto imposible, una vez que la intervención ha comenzado no hay incentivo para que el bando que se encuentre bajo ataque mejore su comportamiento: esto realmente no es probable que produzca una reducción en la intervención.
  • Una vez que una potencia empieza una acción militar o se dedica irreversiblemente a ella, se hace importante asegurarse el apoyo público a ésta y demostrar su necesidad. Por tanto no hay incentivo real para actuar de forma que disminuya el nivel de las violaciones de los derechos humanos; por el contrario, da un incentivo para provocarlas. También da un incentivo para aceptar completas todas las acusaciones lanzadas contra su objetivo seleccionado e inventar las propias.
  • La potencia interviniente no temerá necesariamente cometer actos criminales por sí misma si juzga que así se hace más probable su objetivo de victoria militar.
  • Con el fin de minimizar los resultados adversos derivados de una violación propia de los derechos humanos, la potencia interviniente tiene un incentivo para intentar intervenir en los medios con el fin de controlar el flujo de información y deshumanizar a la gente asociada con el bando contra el que se inició la intervención, eliminando así del público la capacidad de pena y simpatía por la gente herida por su ejército.

Finalmente, hay efectos negativos de la intervención humanitaria que persisten mucho después de que haya concluido su aspecto militar:

  • La intervención humana a menudo se ve seguida por una presencia militar extranjera duradera en las áreas sujetas a intervención militar y éstas se reducen a un estatus casi colonial.
  • El aumento en el nivel de violencia asociado con el inicio de la intervención militar por parte de extranjeros a menudo hace más difícil la normalización tras el conflicto de las relaciones entre los bandos previamente en guerra.
  • La potencia interviniente continúa teniendo intereses en mantener su propaganda de tiempo de guerra y continúa manipulando los datos históricos, lo que frustra la búsqueda de la verdad histórica.
  • El peso dado a su visión de la historia por la intervención de una potencia extranjera poderosa y desinteresada asegura que al bando en cuyo favor tuvo lugar la intervención la completa justicia de sus opiniones, haciendo virtualmente imposible cualquier grado de convergencia de opiniones sobre el pasado conflicto por parte de los bandos anteriormente en guerra.
  • El efecto de la propaganda en tiempo de guerra debido primero a iniciar y luego a apoyar una intervención militar transforma a los miembros de la nacionalidad contra la cual ha tenido lugar la intervención en parias durante las próximas décadas.

Cuando hay que decidir acerca de las méritos del intervencionismo militar ostensiblemente humanitario, lo que hay que considerar no es simplemente el objetivo declarado de los gobiernos, sino la realidad de la situación y todos los probables efectos de dicha acción.

 

 

Marko Marjanovic es un blogger de Ljubljana, Eslovenia.

Published Tue, Apr 5 2011 6:19 PM by euribe
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