Por Robert Higgs (Publicado el 1 de abril de 2011)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5019.
[The Independent Institute, enero de 2011]
Texas A&M, que es una institución más o menos legítima de educación superior, aloja algo llamado la Escuela Bush de Gobierno y Servicio Público [Bush School of Government and Public Service]. No se rían: es cierto. Hoy, uno de mis amigos en Facebook publicó una foto publicitaria que entiendo que debe ser parte de los esfuerzos de la escuela para atraer estudiantes o conseguir donantes. Cualquiera que pueda ser el fin concreto de la foto, me produjo un impacto profundo. De hecho, desde que la vi, tengo una sensación de vacío absoluto en mismo centro de mi ser.
Confieso que todas estas imágenes me perturban. El surtido cuidadosamente calibrado de dulces jóvenes sonrientes de mirada brillante, selccionado para mostrar las distribución sancionada oficialmente de acuerdo con la raza, sexo y grupo étnico (ya saben, la distribución que no esperarían encontrar espontáneamente si sencillamente entraran en una cafetería o dormitorio universitario sin avisar) siempre me para en seco, como si un liberal de izquierdas bienintencionado me atizara en ambos ojos.
Pero no acusemos a estos ingenuos jóvenes modelos. Al ser jóvenes, no saben lo que hacen (En 1961, cuando yo tenía 17 años, estaba igual de desnortado cuando jure´mi entrada en el servicio de guardacostas de EEUU), Acusemos en su lugar al mensaje que aparece al frente de la foto en letras grandes, negritas y negras: “El servicio público es una vocación noble”. Una foto y título de la página de “Acerca de” del sitio web de la escuela sugieren que estas palabras fueron pronunciadas por el mismísimo presidente de Estados Unidos del que toma el nombre la escuela en cuestión, George Herbert Walker Bush. ¿Le recuerdan?
Era un compañero incondicional. Una vez Director de la Central de Inteligencia (es decir, jefe de la CIA) en la administración Ford, su mejor momento público le muestra declarando al mundo en palabras indiscutibles: “No se mantendrá, esta agresión contra Kuwait”. ¿Y qué líder decente de Estados Unidos habría dejado que se mantuviera el intento iraquí de poner sus manos en el petróleo que los billonarios jeques kuwaitíes habían estado robando del subsuelo iraquí por medio de perforaciones en diagonal?
Entre los programas de grado de la Escuela Bush hay un programa de maestría en asuntos internacionales. ¡Vaya formación deben recibir los estudiantes de este programa!, toda en la tradición de patear el culo del propio George H.W. Bush, un hombre conocido por no dejar pasar una insignificante disputa entre viles tiranos árabes cuando podía aprovechar la ocasión para empezar una guerra insensata, en la que miles de reclutas iraquíes estallarían en pedazos por bombardeos de B-52 o enterrados en sus trincheras por los bulldozers del ejército de EEUU. Fue la más espléndida pequeña guerra desde la Guerra Hispano-Estadounidense, sin duda.
Salvo tal vez por el hecho de que el ejército de EEUU asumió como parte de la diversión destruir los suministros de agua y los sistemas de alcantarillado (y el sistema de suministro eléctrico necesario para operarlos) en Iraq, para luego restringir o bloquear durante más de una década la importación de materiales esenciales para restaurar estas instalaciones esencial de sanidad pública, con el resultado final de ciento de miles de iraquíes, en su mayoría niños, muriendo por enfermedades transmitidas por agua contaminada.
Oh, bueno, como es tristemente conocido que entonó el Embajador Halfbright, el gobierno de EEUU consideró que estas muertes de niños “valían la pena”. Así que a nadie le debería sorprender que los pulcros graduados de la Escuela Bush acabaran su formación preparados para masacrar a millones de inocentes en caso de que el capricho o placer de algún futuro presidente requiera por su parte ese servicio.
Es difícil decir “Escuela Bush de Gobierno y Servicio Público” en alto sin sentir náuseas. Cuando vi por primera vez esa foto de publicidad hoy mismo, mi reacción inmediata fue poner un comentario: “Esta gente servirá al público de la misma forma en que un toro sirve a una vaca”. Sin embargo ese rápido comentario, como la mayoría de las reacciones instantáneas, no llegaba a expresar la verdadera enormidad de lo que pueden acabar haciendo los graduados de la Escuela Bush.
Sí, por supuesto, la mayoría, si se mantienen al “servicio” del gobierno, serán meros lacayos para un contemporizador de quinto nivel o un cargo político de tercera categoría. Aún así, no cuesta imaginar que algunos de ellos acaben llegando a ocupar puestos en los que tengan a su disposición los medios para generar bastante muerte y destrucción. Habiendo sido formados para aceptar un trabajo de realizar actividades malvadas, a la sombra de la reputación de un hombre famoso por realizar actividades malvadas a su máximo nivel, puede esperarse que cumplan con su “tarea”.
Robert Higgs socio distinguido en economía política en el Independent Institute y editor de The Independent Review. En 2007 recibió el premio Gary G. Schlarbaum por una vida dedicada a la causa de la libertad.
Este artículo apareció originalmente en el blog del Independent Institute, The Beacon. 28 de enero de 2011.