Regodeo económico

Por Christopher Westley. (Publicado el 2 de febrero de 2011)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4982.

 

Una aspecto de la actual crisis económica ha sido el merecido a ciertas empresas, industrias y sectores del mercado laboral que hace tiempo que necesitaban un castigo, todos hechos posibles por sus relaciones especial con el estado. El resultado es un caso de estudio de cómo los favores políticos pueden generar una ganancia a corto plazo, mientras que a largo plazo las leyes económicas siguen teniendo la última palabra.

¿Esta mal disfrutar de este merecido, aunque solo sea un poco?

Si usted lo disfruta, puede ser culpable de regodeo económico, que es un caso especial de regodeo (disfrutar viendo la desgracia de otros) disponible para los que estamos dotados de un modo de pensar económico. Es simplemente un regodeo ordinario aplicado a los acontecimientos económicos. Lo que hace distinto a este fenómeno es que quienes no tienen formación en el modo de pensar económico no son conscientes de la oportunidad de tenerlo.

Nuestro amigo en Indiana

El regodeo económico me atacó por primera vez hace un año: viendo un programa de noticias en televisión acerca de la crisis, conocí a un trabajador sindicado de unos treintaytantos años en Indiana que tenía mucho miedo por la posibilidad de perder su trabajo: el empleo que había tenido desde que salió del instituto y el mismo trabajo que mantuvo antes a su padre. ¿Si se permitiera quebrar a la empresa para la que trabajaba (le llamaremos compañía X), podría seguir manteniendo a su familia? ¿Perdería su casa?

¡Menuda grabación la del trabajador atribulado con ojos llenos de lágrimas! Debe haber sido eficaz, porque aún la recuerdo.

Los economistas pueden ser especialmente susceptibles al regodeo en esos casos. A pesar del partidismo de los telediarios a favor de rescatar a la compañía X, sabemos en primer lugar que trabajos como el de nuestro triste amigo de Indiana son una de las razones por las que la compañía X tiene tantos problemas. Los salarios y beneficios que obtienen esos trabajadores durante tiempos más fructíferos resultaron ser una carga en una economía dinámica. Cuando superan los ingresos que individuos como él generan a la empresa, ésta pierde dinero sui continúa empleándole. Las respuestas económicas evidentes para empresas en esa posición (ajustar los salarios para reflejar la productividad e ingresos del trabajador o posiblemente despedir al trabajador y reemplazarle si lo rechaza) se le niegan a la compañía X por las protecciones que ofrece el gobierno a la mano de obra sindicada.

Estas protecciones hacen de este trabajador parte de una clase de mano de obra ungida que solo podría ser posible por fuerzas fuera del mercado desbaratando las fuerzas del mercado. Esto le permite vivir mejor que en el caso de que sus salarios reflejaran simplemente su productividad marginal y, por extensión, el ingreso que produce a su empresario.

Además, los que estamos dotados de un modo de pensar económico sabemos que la capacidad de este segmento de la fuerza laboral para demandar salarios y beneficios más altos a la industria de este trabajador significa que otros han de cubrir los costes de sus salarios y beneficios. Los inversores reciben retornos reducidos mientras que empresas que utilizan esa mano de obra tienen que mantener a los vagos. Los consumidores pagan precios más altos por la producción de la industria en la que trabaja este empleado, un problema que, a corto plazo, se ha considerado menor a causa de que el ubicuo crédito al consumo (¡gracias, Fed!) hizo a los consumidores menos conscientes de los precios. Sin embargo a largo plazo estas condiciones recompensan la aparición de productos sustitutivos, especialmente los fabricados por competidores extranjeros que están relativamente menos afectados por limitaciones en los costes relacionados con los sindicatos.

Ninguno de estos aspectos aparecía en la historia del telediario, que podemos suponer que provocó el efecto buscado, porque la industria de este trabajador acabó siendo rescatada por el gobierno federal. Podemos suponer que desde entonces ha enjugado sus lágrimas y recuperado existencia previa. Sin embargo, los que estamos acostumbrados a advertir los efectos que no se ven de esta postura en el mercado laboral podemos disculparnos por sentir regodeo al ver su problema.

En Wisconsin

Luego está el problema de los estados que hoy afrontan crisis presupuestarias inminentes. Igual que Europa tiene sus PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España), nosotros ahora tenemos el acrónimo CINN: California, Illinois, Nueva York y Nueva Jersey. Los parlamentos de estos estados y otros llegarán al cierre de este año con realidades fiscales caracterizadas por la caída en ingresos por el impuesto a la propiedad, gasto desaforado y obligaciones en pensiones. Es probable que al menos uno de estos estados deje sin pagar parte de sus obligaciones deudoras. Si esto ocurre, sería la primera vez desde la década de 1930 en que un estado dejó de pagar sus préstamos.

¿Puede uno sentir regodeo por los problemas de todo un parlamento? Pensemos en el caso de Wisconsin. Como la mayoría de los estados hoy en día, el Estado del Queso ha sido un territorio de fuertes impuestos y regulaciones durante años, haciendo que durante décadas perdiera capital y mano de obra. Muchas personas productivas y con talento se han visto obligadas a abandonar el estado hacia regiones más propicias para el crecimiento económico.

En consecuencia, la actividad económica que tiene lugar hoy allí se basa en buena parte en la redistribución de riqueza en lugar de en su creación, como pone en evidencia la lista de los diez principales empleadores del estado que aparece más abajo. Adviertan que seis son entes del sector público, lo que significa que se mantienen por flujos coactivos de capital tomados de los creadores de riqueza. De los cuatro restantes, dos están en la industria sanitaria, en buena medida protegida a la competencia debido al efecto cartelizador de la regulación pública del negocio.

Entretanto, el principal empleador es el muy denostado Walmart, que resulta una bendición del cielo en un mercado laboral con tan pocas alternativas para los trabajadores. La paradoja es que Walmart vende productos fabricados en áreas caracterizadas por menor intervención en la fuerzas del mercado que Wisconsin.

Principales empleadores de Wisconsin

  1. Walmart
  2. Universidad de Wisconsin–Madison
  3. Escuelas Públicas de Milwaukee
  4. Correos de EEUU
  5. Departamento de prisiones de Wisconsin
  6. Menards
  7. Marshfield Clinic
  8. Aurora Health Care
  9. Ciudad de Milwaukee
  10. Departamento de Veteranos de Wisconsin[1]

Eso pone en un aprieto al parlamento de Wisconsin. El estímulo federal le otorga un salvavidas artificial, pero se acaba este año. Entretanto, su nomina masiva del sector público no pude cubrirse con los impuestos de la renta de ese mismo sector (¡Aunque sólo fuera eso!) Los economistas predicen ahora una bajada de 2.250 millones de dólares en ingresos por impuestos para un presupuesto de 31.000 millones, que es aproximadamente el 13% del PIB del estado. El pago de la deuda de Wisconsin se lleva hasta el 33% de su gasto. De todos los ingresos del estado, casi el 30% provienen del gobierno federal. (Ver “Budget in Brief” del estado para más información). Es una economía de estado sostenida por los programas de gasto federal recientemente monetizados por la Reserva Federal.

¿Pero qué otra cosa esperaríamos de un estado que fue la cuna del movimiento progresista y de vivir mejor a través del impuesto progresivo? Vivir mejor ha durado poco, ya que muchos contribuyentes han acabado abandonando el estado.

Quienes entendemos la teoría económica pueden disfrutar de las quejas de quienes se beneficiaron durante décadas de estas políticas, a medida que se dan cuenta de que esas restricciones presupuestarias son fenómenos del mundo real que ahora pueden finalmente aplicárseles.

Conclusión

El regodeo económico es una condición no disponible para todos los que pueden experimentar regodeo. Solo está disponible para quienes entiendan teoría económica. Sin embargo las oportunidades ahora incrementadas para este sentimiento sugieren que la economía se está recuperando, hasta el punto de que los grupos bien conectados económicamente que se benefician a costa de los miembros productivos de la economía están ahora sufriendo. Tal vez la Conference Board y otras organizaciones que estudian los ciclos económicos deberían tomar nota.

 

 

Christopher Westley es investigador adjunto en el Instituto Mises. Enseña en la Escuela de Comercio y Administración de Empresas en la Universidad Estatal de Jacksonville.

Published Wed, Feb 2 2011 7:36 PM by euribe