Por Cristian Gherasim. (Publicado el 25 de enero de 2011)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4961.
Hace casi un año, durante el discurso del Estado de la Unión, el Presidente Obama presentó otro programa para aliviar la carga económica sobre las familias de clase media. Ninguna novedad. De hecho hizo el mismo alegato de vida o muerte que hemos escuchado una y potra vez: “La clase media ha sido atacada durante mucho tiempo. (…) Acabamos de superar la que ha sido una de las décadas más difíciles que la clase media haya afrontado nunca”.
Lo que siempre me intriga es que parecemos dar por reales, sin examinarlas demasiado, las cosas que los cargos del gobierno nos dicen, especialmente los cargos más altos. Este discurso no es una excepción. ¿Cuántos de nosotros hemos cuestionado realmente la validez de expresiones como “clase media”? ¿Hay realmente una clase media? ¿Qué hay detrás de esta terminología tan querida por nuestros líderes? Trataré de responder primero a la última pregunta.
Hay dos formas teóricas conocidas y probadas que pueden dar forma a una comunidad política: el contractualismo y el liberalismo de mercado. Son muy distintas en cómo contemplan el poder político y la forma en que debería organizarse. Pero ambas están de acuerdo en que el individuo es la piedra angular de todo acuerdo político y en que sólo él es el depositario de los derechos y obligaciones que definen una existencia en sociedad.
Ésta fue la creencia dominante hasta la aparición del socialismo teórico y el principio de la moderna retórica estatista. Marx y sus seguidores solo pueden razonar en términos de grupos de personas. Creen que la historia está dirigida por los intereses y ambiciones de las clases sociales y no por las voluntades de los individuos.
Por otro lado, los liberales clásicos creen que el orden social es el resultado de la acción individual y la sociedad el resultado de los actos individuales en conjunto. La sociedad evoluciona porque los propósitos, intereses y pasiones individuales cambian cada cierto tiempo. Pensar en esta evolución como algo que tiene lugar solo entre clases sociales destruye el equilibrio y da paso a ideas tontas como las que apoya la actual administración de EEUU.
El Presidente Obama cree con toda confianza que con una firma puede cambiar a mejor el bienestar económico de decenas de millones de estadounidenses: “Luchamos por crear una economía en la que las familias de la clase media puedan permitirse llevar a sus hijos a la universidad, comprar una vivienda, ahorrar para la jubilación y lograr algún grado de seguridad económica cuando acaben sus días como trabajadores”.
Clase social es una contradicción en los términos. Los socialistas deben explicar por qué lo individuos, antes de mezclarse en clases sociales, como supuestamente ocurre, tienen intereses distintos de los del futuro colectivo. Pero los socialistas nunca han conseguido superar este obstáculo teórico. Todo lo que han hecho es destacar más que existen los intereses individuales y que son corruptores.
Por el contrario, los liberales clásicos creen que la sociedad evoluciona cuando cambian los intereses individuales. No necesitan saber qué intereses particulares existen en un momento dado. Es el resultado lo que cuenta y las cosas siempre funcionan cuando la sociedad permanece libre y no se planifica la acción humana, No podemos tener clases sociales porque la gente es sencillamente impredecible y la evolución sigue siendo un asunto individual. Cualquier referencia a las clases sociales, incluyendo la muy aclamada clase media, es solo un engaño político.
Cuando los socialistas se dieron cuenta de que sus conceptos teóricos no iban a ninguna parte, cambiaron a una postura más práctica: cambiar de una perspectiva revolucionaria y anárquica a una teoría de adquisición del poder y establecimiento de un control absoluto en sus esfuerzos por acabar con la libertad individual. Los sucesores del socialismo del siglo XIX, el totalitarismo y el intervencionismo del estado de bienestar continuaron pretendiendo ser defensores de los grupos sociales oprimidos cuyo interés juran proteger. Pero los liberales clásicos veían que cuando los socialistas y comunistas tomaban el poder ponían en marcha un mecanismo de gobierno dictatorial basado en las decisiones de un solo hombre y no en acuerdos colectivos.
El concepto de “clase media” implica que hay intereses colectivos en la zona media de la jerarquía social que nunca cambian y han de preservarse por parte de una autoridad política. Todos sabemos muy bien que la gente cambia, pero no toda, ni siquiera una gran parte de ella, al mismo tiempo.
Creo que para la mayoría de la gente hay cambios drásticos en su estilo de vida ha medida que crecen, tienen más experiencia y aprenden cómo tener éxito. No hay una cantidad finita de riqueza de la que podamos obtener cada uno una parte para tener siempre esa parte. El estilo de vida y la riqueza material son más bien muy elásticos y dinámicos.
Pedir el fortalecimiento económico de una ficticia clase media significa reprimir la innovación, abrir la puerta a la arbitrariedad. Es precisamente este tipo de objetivo oculto el que justifica la innecesaria intervención del estado y la limitación de la libertad personal. La gente que propaga el mito de la “clase” es la que se beneficiará de él. Hacer que la gente crea estar en una clase estática, una casta de la que no hay escape, simplemente permite a los políticos vender más fácilmente la idea de la redistribución en sus muchas formas.
Cristian Gherasim está actualmente trabajando para obtener un máster en política rumana y europea en la Universidad de Bucarest. También contribuye a Strike The Root.