Cómo los cárteles aseguran que los diamantes durarán por siempre

Por Sreevathsa Karanam. (Publicado el 17 de enero de 2011)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4967.

 

Los diamantes están considerados como un recurso único porque el nivel de precios siempre aumenta sin grandes vaivenes, al contrario que otras materias, como el oro, cuyos precios fluctúan (a veces violentamente) en el mercado.

El constante aumento en el precio de los diamantes normalmente se atribuye a los comportamientos monopolistas del infame Grupo De Beers. Pero los detalles del monopolio están ocultos al conocimiento público, porque implican no solo a instituciones privadas sino asimismo a distintos gobiernos alrededor del mundo, incluyendo a las Naciones Unidas.

Murray N. Rothbard explicaba el funcionamiento del sector del diamante en 1992:

DeBeers ha convencido a las minas de diamantes del mundo a comercializar prácticamente todos sus diamantes a través de la DeBeer's Central Selling Organization (CSO), que luego clasifica, distribuye y vende todos los diamantes en brutos a diamantistas y comerciantes en dirección hacia los consumidores.

Además, Rothbard menciona que la CSO estaba sostenida por el apoyo del gobierno sudafricano:

Hace mucho tiempo que el gobierno [sudafricano] nacionalizó todas las minas de diamantes y quienquiera que encuentre una mina de diamantes en su propiedad descubre que la mina inmediatamente pasa a ser propiedad del gobierno. El gobierno sudafricano otorga entonces licencias a operadores de minas que arriendan dichas minas al gobierno y, resulta que ¡caramba!, las únicas licencias resultan ser o bien a la misma DeBeers o a otras empresas que estén dispuestas a negociar con el cártel DeBeers.

También la Unión Soviética acabó llegando a un acuerdo con el cártel otorgando un mayor porcentaje de la producción anual a De Beers. Y aún así esto no era un control completo de la oferta global, porque el resto de las naciones productoras de diamantes (como Angola y Botswana) no formaban parte de éste. Rothbard describe por qué Angola no podía participar en la CSO:

Primero, a pesar de que la guerra civil en Anagola haya terminado, los resultados han dejado al gobierno sin poder de controlar la mayoría del país. En segundo lugar, el fin de la guerra ha dado acceso a prospecciones en el río Cuango al norte de Angola, un territorio rico en diamantes. Y en tercer lugar, la sequía africana ha secado el Cuango junto con otros ríos, dejando accesibles los recios depósitos diamantíferos aluviales en las orillas y en los bancos del Cuango a los que deseen buscar.

Así que no algunos grandes participantes ausentes de la CSO, todos predecían la desaparición del cártel debido a la creciente competencia. Pero las cosas empeoraron. De Beers y otras empresas cuasi-públicas volvieron más fuertes que nunca con aún más control sobre el mercado de la oferta de diamantes.

Lo que la opinión pública ignoraba era la aparición de una sutil herramienta utilizada por De Beers conocida como la Diamond Trading Company. La DTC se creó como una empresa conjunta entre De Beers y lso gobiernos de Sudáfrica, Botswana y Namibia. Esta lucrativa empresa les permitió controlar efectivamente el 75% de los diamantes del mundo por valor. Esto permitió que el precio de bienes se mantuviera relativamente alto y por tanto creara un nivel artificial de precios para el producto. Sin embargo, no fue el final del juego. De Beers y varios gobiernos en todo el mundo tenían una misión aún mayor de controlar toda la oferta de diamantes, esta vez a través de Naciones Unidas.

Los finales de la década de 1990 vieron el escándalo de los “diamantes de sangre” con numerosas ONG pidiendo la acción regulatoria inmediata de Naciones Unidas. Los diamantes de sangre eran diamantes recolectados usando esclavos y vendiéndolos por armas que financiaban las guerras de una milicia (normalmente y grupo no estatal). La DTC se aprovechó de este escándalo, a pesar de las acusaciones de que también estaba implicada en él.

La solución propuesta para acabar con el tráfico de diamantes de sangre fue el Sistema de certificación del Proceso de Kimberley. El proceso establecía la regla de que todos los diamantes extraídos y vendidos deben certificarse como “no conflictivos”. Se creó el Consejo Mundial del Diamante para que controlara el Proceso de Certificación. El CMD incluía a las principales compañías productoras de diamantes y les daba autoridad regulatoria a través de Naciones Unidas. En otras palabras, el CMD no es sino un cártel disfrazado.

Hay seis comités en el CMD, que  actualmente está dominado por representantes del Grupo De Beers, compañías de diamantes radicadas en Bélgica y la Federación Mundial de Bolsas de Diamantes. La FMBD es otro cártel de pequeño tamaño en Amberes, consistente en 29 bolsas de diamantes.

Todo diamante que entre en el mercado debe estar certificado por el CMD; los que no lo sean se consideran diamantes conflictivos y las personas afectadas son perseguidas.

Pero esto es solo una pantalla de humo para un motivo mayor que mueve a las instituciones del CMD. La autoridad regulatoria se usa para controlar la oferta global y el precio impidiendo que grande cantidades de diamantes entren en el mercado.

De hecho la CMD critica constantemente a las compañías mineras que son parte del cártel y las somete a persecución criminal. Las últimas víctimas son los diamantes en bruto de Marange en Zimbabwe, que se ven condenados por el CMD y la DTC por ser usados para patrocinar violaciones de los derechos humanos cuando en realidad son una amenaza para controlar la oferta global de diamantes.

En general, el monopolio apoyado por ciertos gobiernos africanos y las Naciones Unidas asegura que el precio de los diamantes permanezca relativamente alto, llevando a su vez a beneficios no merecidos para gobiernos y empresas.

 

 

Sreevathsa Karanam es economista por la Universidad de Houston.

Published Mon, Jan 17 2011 10:48 PM by euribe