Por Chris Casey. (Publicado el 3 de junio de 2009)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/3482.
Recientemente me operaron de apendicitis. Al verme tumbado en una cama de hospital, ninguno de mis visitantes alabó el poder curativo de la cama para sanar de mi dolencia. Todos ellos entendían que aunque mi condición mejoraba al tiempo que estaba en la cama, estar en la cama no curaba mi dolencia. Entendían que dos eventos que se produzcan simultáneamente pueden ser coincidencia y no tener relación directamente causal o ligada por una tercera variable o serie de variables.
Evidentemente mis visitantes no eran economistas ni periodistas económicos. Si lo hubieran sido, los medios de comunicación habrían estado rápidamente alabando el descanso en cama como una cura para la apendicitis. No es una exageración. Las secciones de empresa de todos los periódicos contienen esos sentimientos enrevesados e ilógicos en sus artículos con titulares como “Los altos precios del petróleo inflaman la inflación”. A veces incluso presentan analogías sin ni siquiera mencionar la teoría asociada, como al advertir que la economía puede estar “sobrecalentada”.
Al igual que mis visitantes, los economistas austriacos no se ven engañados porque rechazan la idea de datos empíricos en la validación de la teoría en las ciencias sociales. La razón es la única herramienta disponible para el descubrimiento económico. La diferencia se aprecia claramente por su tratamiento del precio del petróleo y la inflación de precios.
Los economistas ortodoxos afirman que un aumento en el precio del petróleo aumentará los precios del consumo. Después de comprobar el índice de precios del consumo seis meses después de un incremento en el precio del petróleo, afirman que su suposición es correcta: la inflación creció en un 4,7% (nadie cuestiona siquiera la prerrogativa del gobierno de cuantificar con precisión divina). Consideran la incapacidad de aislar causa y efecto como irrelevante.
Sin embargo la relación causal es precisamente lo que interesa a los austriacos. Nos preguntamos, ¿cómo pueden los precios más altos del petróleo aumentar todos los precios medios? Si la gente debe ahora gastar más en gasolina. ¿no caerían los precios para los bienes que ya no puede permitirse comprar? Sin embargo, al aceptar la “evidencia” empírica y olvidar la razón, las escuelas económicas no austriacas se han disfrazado de legitimidad.
En las ciencias sociales, sólo en circunstancias raras y extremas pueden desarrollarse experimentos que neutralicen todas las demás variables que podrían contener efectos diluyentes o agrandantes.
¿Pero podría probarse y competir legítimamente bajo esas circunstancias el pensamiento económico austriaco, en pie de igualdad con la legitimidad percibida de la economía “ortodoxa” (es decir, keynesiana)?
Una situación así puede existir actualmente en prisiones al probar la validez de una moneda fiduciaria. Como el dinero está prohibido en las prisiones, el uso histórico de cigarrillos por los prisioneros como dinero atestigua que el dinero requiere un valor alternativo (es decir, un valor aparte de su uso como dinero) y prueba que nuestro sistema actual de moneda fiduciaria (y banca de reserva fraccionaria) esta condenado al fin.
Los prisioneros intercambian cigarrillos por sexo, drogas, juego y el asesinato de otros reclusos (todas las demás actividades recreativas se ofrecen gratis por los contribuyentes). Los cigarrillos tenían un valor alternativo a través de su consumo directo (fumado).
¿Y qué pasa con el experimento cuando se prohíben los cigarrillos? Igual que un mercado libre que se mueve de un patrón oro a un patrón plata, los prisioneros se cambian al mejor bien que posee las calidades demandadas en el dinero: portabilidad, durabilidad, homogeneidad y divisibilidad.
El artículo “Mackerel Economics in Prison Leads to Appreciation for Oily Fillets” publicado en el número del 2 de octubre de 2008 del Wall Street Journal, revelaba el Nuevo sistema monetario en las prisiones: las latas de caballa. Igual que distintos bienes (por ejemplo, oro, plata, cobre, arroz, sal, granos de pimienta, grandes piedras, etc.) han competido desde hace tiempo en el mercado por ser el patrón de la moneda, la caballa a tenido que imponerse a libros de sellos, PowerBars y latas de atún.
El dinero fiduciario no existe en prisión. Los prisioneros no tiñen papeles de verde e intentan hacerlos circular como dinero. Ningún recluso aceptaría este dinero, ni siquiera si existieran entre las bandas más duras un equivalente penal a un acuerdo de Bretton Woods.
¿Por qué los delincuentes continúan usando dinero real en sus transacciones? Porque no se les ha engañado. En The Case Against the Fed, Murray Rothbard detallaba el proceso por el que se ha engañado a la gente para que piense que esos papeles verdes son un almacén de valor apropiado (el fin clave del dinero). Una vez que el gobierno cambió la ley para reconocer los recibos de almacenamiento monetario (billetes en dólares) como una relación deudora en lugar de custodia (la posesión temporal de la propiedad de otros), nació la banca de reserva fraccionaria. La banca de reserva fraccionaria es inherentemente fraudulenta.
Por el contrario, una penitenciaría no incluye la emisión de recibos de almacenamiento de paquetes de cigarrillos o latas de caballa. Si lo hicieran, sabemos qué les seguiría: fraude (el almacén emitiendo más billetes que depósitos), luego fraude autorizado por el gobierno, luego fraude impuesto por el gobierno y finalmente, la Reserva de la Casa grande (quizá consistente en billetes con la cara del alcaide y frases en latín).
Increíblemente, son los que están fuera de prisión los que están verdaderamente institucionalizados.
Chris Casey vive en el área de Chicago.