Las armas del rey Abdullah

Por Brian Anderson (Publicado el 17 de noviembre de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4843.

 

El Congreso ha sido notificado recientemente por la administración de EEUU que se venderán armas a Arabia Saudita en una de las mayores ventas de armamento de la historia. El acuerdo de 60.000 millones de dólares incluye aviones militares avanzados, nuevos helicópteros y otras armas como misiles y bombas.

Aparte del hecho de que los costes del desarrollo de las armas de EEUU están socializados mientras que los beneficios están privatizados, parece como si sólo estuviéramos vendiendo armas a otro país. Realmente no parece un gran negocio, considerando cuanta ayuda exterior damos usualmente a todos para que puedan luchar entre sí, pero este acuerdo sobre armamento tiene mucho más que ver con la política exterior de lo que resulta visible.

Verán, las conexiones entre Arabia Saudita. Irán y Estados Unidos forman el Triángulo de las Bermudas de la política exterior. Este trío retorcido es profundamente confuso para la mayoría y realmente perturbador para pensarlo para muchos otros.

Tenemos que remontarnos un poco en la historia para poder entender la complejidad de esta relación.

La Guerra entre Irán e Iraq es un buen punto de partida. Cuando Iraq invadió Irán en 1980, Estados Unidos se mantuvo oficialmente neutral mientras ayudaba subrepticiamente al ejército de Iraq. Al empezar Irán a triunfar contra los invasores iraquíes, Estados Unidos aumentó su apoyo a Iraq, probablemente porque Estados Unidos seguía algo sensible ante los acontecimientos del año anterior, cuando Irán expulsó al dictador que la CIA había puesto en el poder.

Iraq se dio cuenta en 1988 que no podía devolver sus deudas a Arabia Saudita y Kuwait. Saddam Hussein no creía que Iraq tuviera que pagar sus deudas a Arabia Saudita porque los saudíes sólo habían apoyado a Iraq en la guerra debido al miedo de que el nuevo Irán influyera en la minoría chiita saudí, que controlaba la mayoría de los campos de petróleo. No pudo llegarse a ningún acuerdo e Iraq procedió a invadir Kuwait dos años después. Esto marca el inicio de la Guerra del Golfo y la relación estrecha del gobierno de EEUU con Arabia Saudita.

Una vez que el ejército iraquí estuvo en Kuwait, su proximidad era suficiente como para atacar los campos petrolíferos saudíes, hecho que empeoraban los ataques verbales (y extremadamente hipócritas) de Hussien al estado saudí apoyado por EEUU. El ejército de EEUU acabó enviando 543.000 efectivos a Arabia Saudita con el fin de protegerla.

Eso es todo lo que hemos apoyado a Arabia Saudita y, debido a ese apoyo, nos han permitido mantener 5.000 tropas en su país desde 1992, un número que ha ascendido a casi 10.000 durante el reciente conflicto con Iraq. Arabia Saudita se ha convertido en nuestro títere y esto nos lleva directamente a nuestra relación con Irán.

Iran ya ha experimentado qué es manejar un títere. El Sha trató brutalmente a ese país hasta límites inimaginables. No sorprende que los iraníes sólo quieran que les dejen de una vez en paz.

Yo seré el primero en reconocer que Mahmoud Ahmadinejad dice de vez en cuando cosas de locos, pero si a los ciudadanos iraníes no les gusta, es su propio problema y no el nuestro, y seguro que pueden ocuparse de él. Derrocaron previamente una régimen opresivo apoyado por un ejército extranjero aún mayor. Si no ven el reflejo de nuestros propios padres fundadores en esa mezcla, ustedes no están prestando atención.

Ahora, que el programa nuclear sea o no una amenaza para Estados Unidos no importa realmente, porque, como hemos visto a lo largo de la pasada década, las guerras preventivas no acaban bien y la única razón para que Irán nos ataque alguna vez es si vamos a intervenir aún más en sus asuntos.

Quiero decir, ¿Estados Unidos continuamente aplica sanciones contra el país, instala bases militares junto a sus fronteras y apoya regímenes mucho más opresivos y continuamos preguntándonos por qué tienen miedo los iraníes? Tienen tanto derecho a defenderse de nosotros como nosotros de ellos. Por supuesto, cuando el gobierno de EEUU no se sale con la suya, tiene que llamar a las Naciones Unidas.

La más reciente de las sanciones contra irán, aprobada este mismo año, ha perjudicado a la economía de Irán en nombre de dañar a su gobierno. Las Naciones Unidas son arrogantes por pensar que las sanciones dañan a los gobiernos y no a los ciudadanos. Es increíblemente más fácil ser pobre en Estados Unidos, donde la economía es al menos semilibre, frente a un país en que se impiden las importaciones por bloqueos ilegales y así aumentan los costes.

Así que esencialmente al gobierno de EEUU le gustan los saudíes porque no permiten estar en su país y no le gustan los iraníes porque no quieren que estemos en su país.

Pero tenemos que estar seguros de entender la importancia de la profundidad de estas relaciones o si no el debate acaba centrándose en algún tipo de diferencia inexistente de mentalidades entre saudíes, iraníes y estadounidenses que podemos de alguna manera arreglar de la noche a la mañana.

Siempre tenemos que ver las cosas desde distintas perspectivas. ¿Cómo nos sentiríamos si Irán estableciera múltiples bases militares en México, Canadá y Cuba? La respuesta es que nos sentiríamos amenazados.

Un factor importante en la ecuación es que La Meca y Medina, las dos ciudades islámicas más sagradas, están en Arabia Saudita, donde están estacionadas nuestras tropas, lo que es una de las principales razones para los ataques del 11 de septiembre.

Es verdad que retiramos la mayoría de nuestras tropas de la zona en 2003 con el finde aliviar las tensiones causadas por nuestras interferencias en el extranjero, pero para Estados Unidos proporcionar a Arabia Saudita un arsenal masivo cerca de las ciudades sagradas islámicas es una idea desastrosa. Con las recientes insistencias de Irán por ser una nación soberana, nuestra venta a Arabia Saudita es la forma en que nuestro gobierno dice a Irán: “No estamos allí, pero estamos”.

Este acuerdo sobre armamento es agresivo y degradante y no protege en modo alguno los intereses de Estados Unidos. Hasta que nuestro ejército no esté completamente fuera de la Península Arábiga, no podemos esperar hacer las paces con ninguna nación extranjera.

 

 

Brian Anderson es estudiante en la Universidad del Estado de Arizona, estudiando genética y empresariales.

Este artículo se publicó originalmente en el State Press de la Universidad del Estado de Arizona.

Published Thu, Nov 18 2010 5:58 PM by euribe