John Law, el proto-keynesiano

Por Murray N. Rothbard. (Publicado el 18 de noviembre de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4800.

[Este artículo está extraído de Historia del pensamiento económico, vol. 1, El pensamiento económico hasta Adam Smith]

 

El príncipe de los excéntricos monetarios protokeynesianos, tanto en la teoría como en la práctica, fue John Law of Lauriston (1671–1729). Hijo de James Law, un rico orfebre y banquero escocés, John nació y creció en Edimburgo, derrochando la enorme herencia de su padre en el juego y la vida disipada. Condenado por matar a un rival romántico en un duelo en Londres en 1694, Law salió de la prisión con sobornos y escapó al continente. Después de una década en Europa reflexionando sobre problemas monetarios, Law volvió en 1703 a Escocia, donde no estaba sujeto a arresto. Allí, Law se concentró en desarrollar y publicar su teoría monetaria cum plan que presentó en el Parlamento Escocés en 1705, publicando el memorando el mismo año es su famoso o infame tratado, Money and Trade Considered, with a Proposal for Supplying the Nation with Money (1705). El Parlamento Escocés estudió su plan pero lo descartó; al año siguiente, la llegada de la unión de Escocia con Inglaterra obligó a Law a huir de nuevo al continente, pues seguía siendo fugitivo de la ley inglesa bajo la antigua condena de asesinato.

En cierto sentido, Karl Marx debería haberse sentido orgulloso de la forma en que John Law “unificaba teoría y práctica” en su propuesta. Por un lado, Law era un teórico, defendiendo un banco central hipotecario para emitir papel moneda no convertible o más bien papel moneda “respaldado” místicamente por las tierras de la nación. Como parte esencial de esta propuesta, la nación agradecida (en este caso Escocia) se supondría que nombraría al propio Law, el experto y teórico, al cargo de poner en práctica este plan de banca central inflacionista.

John Law, como dice el subtítulo, propuso “proveer a la nación” [“supply the nation”] con dinero suficiente. El aumento del dinero supuestamente vivificaría el comercio y aumentaría el empleo y la producción, ofreciendo el motivo del “empleo” un bonito toque proto-keynesiano. Law destacaba, en oposición a la tradición escolástica de la moneda fuerte, que el dinero es una mera creación del gobierno, que no tenía valor intrínseco como metal. Su única función es ser un medio de intercambio y no ningún almacén de valor para el futuro.

Aún más que William Potter, John Law aseguró a la nación que la aumentada oferta de dinero y crédito bancario no aumentaría los precios, especialmente bajo la inteligente tutela de Law. Por el contrario, Law se anticipó a Irving Fisher y los monetaristas asegurando que su inflación de papel moneda llevaría a una “estabilidad del valor”, supuestamente una estabilidad del precio de la mano de obra o del poder adquisitivo del dinero.

Law también se anticipó a Adam Smith en la última parte del siglo XVIII en su falaz justificación de la banca de reserva fraccionaria, que ofrecería una “carretera aérea” gratuita, al generar una oferta de dinero sin gastar recursos en la minería del oro o la plata. De la misma manera, por supuesto, cualquier gasto de recursos puede considerarse un “malgasto” si ofertamos nuestras propias suposiciones que no tiene la gente en el mercado libre. Así que, como ha apuntado el Profesor Walter Block,  si no hubiera delitos, todo gasto en cerrojos, vallas, guardias, sistemas de alarma, etc., podrían denunciarse como “recursos malgastados” por observadores externos que critiquen estos gastos. Igualmente, si no existiera la inflación gubernamental, el gasto del mercado en oro o plata podría ser considerado “malgasto” por los observadores.

Si los aumentos domésticos de precios constituyen el talón de Aquiles de la inflación monetaria, otra preocupación ha sido la salida de oro y plata del país, en resumen, una “balanza comercial” o “de pagos” desfavorable. Pero John Law también despreciaba estos problemas. Por el contrario, declaraba que un aumento en la oferta monetaria expandiría el empleo y la producción y “por tanto” aumentaría las exportaciones, causando así una balanza de pagos favorable, con oro y plata afluyendo al país. Obsérvese que no hay ningún análisis de por qué un aumento en la oferta monetaria debería aumentar la producción o el empleo, no digamos que arrastre las exportaciones con él, en esta expansión aparentemente universal.

Es interesante que uno de los puntos de discusión de Law acerca de la necesidad de más dinero estuviera, como en el caso del interés bajo, basada en una sorprendentemente errónea interpretación de las razones de la prosperidad de los holandeses, a quienes envidiaban todas las naciones en el siglo XVII. Hemos visto que todos veían que los holandeses tenían intereses bajos, llevando a los mercantilistas ingleses a poner el carro delante de los bueyes y atribuir la prosperidad holandesa a los bajos tipos de interés en lugar de darse cuenta de que el fuerte ahorro y los mayores niveles de vida habían producido estos bajos tipos de interés. De ahí que los mercantilistas sugirieran que Inglaterra forzara el tipo máximo de usura aún más a la baja.

Igualmente John Law veía que la próspera Holanda disfrutaba de abundante dinero metálico y propuso proporcionar en su lugar papel moneda. Tampoco tenía en cuenta que era la propiedad y la alta producción y la exportación holandesas las que atraían mucha moneda al país. El exceso exportador y la moneda abundante eran reflejos de la prosperidad holandesa, no su causa.[1]

No es que John Law desdeñara el argumento del bajo interés para la prosperidad de Holanda. Pero en lugar de dirigir las leyes de usura, Law proponía llegar a bajos tipos de interés en lo que se convertiría en la fórmula estándar inflacionista: expandiendo el crédito y el dinero bancario y empujando así a la baja el tipo de interés. De hecho, Law desarrolló un mecanismo proto-keynesiano: aumentar la cantidad de dinero rebajaría los tipos de interés, expandiendo así la inversión y la acumulación de capital y garantizando la prosperidad general.

Para Law, como antes para Potter y después para Keynes, el principal enemigo de su plan era la amenaza de “atesoramiento”, una práctica que acabaría con el propósito de un mayor gasto; por el contrario, un gasto menor disminuiría el comercio y crearía desempleo. Como en el caso del excéntrico monetario alemán de finales del siglo XIX Silvio Gesell, Law propuso una ley que prohibiera el atesoramiento de dinero.[2]

Le llevó a John Law otra década encontrar el gobernante de un país lo suficientemente crédulo como para caer en su plan. Law encontró a su “objetivo” en el regente de Francia, un país que había caído en la confusión y el desconcierto tras la muerte de su gobernante aparentemente eterno, Luis XIV, en 1715. El regente, el duque de Orleáns, colocó a Law a la cabeza del Banque Générale en 1716, un banco central con un monopolio de la emisión de billetes de banco en Francia. Pronto, el banque se convirtió en Banque Royale. Originalmente, los billetes del banque eran cobrables en impuestos franceses y redimibles en plata; sin embargo pronto se acabó con la redención en plata. Rápidamente, en 1717, John Law tuvo todo el poder monetario y financiero en sus manos. A su plan original añadió la financiación de masiva deuda pública. Fue puesto a la cabeza de la nueva Compañía del Mississippi y nombrado director general de las finanzas francesas; los billetes de la Compañía del Mississippi estaban supuestamente “respaldados” por el vasto y no desarrollado territorio que poseía el gobierno francés en el territorio de la Luisiana en Norteamérica. El banco de Law creó la famosa e hiperinflacionaria “burbuja del Mississippi”: billetes, crédito bancario, precios y valores monetarios se dispararon de 1717 a 1720.

Un observador aristocrático en Paris apuntaba que por primera vez la palabra “millonario” se había convertido en usual, pues repentinamente mucha gente parecía poseer millones. Finalmente, en 1720, la burbuja estalló y Law acabó en la pobreza lleno de deudas, viéndose obligado de nueva a huir del país. Como antes, vagó por Europa, llevando una vida precaria de jugador y tratando de encontrar otro país que adoptara su plan. Murió en 1729 en Nápoles, tratando de convencer al gobierno napolitano de que le nombrara su banquero central inflacionista.[3]

El cataclismo del experimento de John Law y su burbuja del Mississippi ofreció una lección de advertencia a todos los escritores y teóricos que reflexionaron sobre el dinero a lo largo del siglo XVIII. Como vernos más adelante, las doctrinas de la moneda fuerte prevalecieron fñacilmente a lo largo del siglo, desde el antiguo colaborador y burlador de Law Richard Cantillon hasta los Padres Fundadores de la república Americana. Pero hubo algunos que rechazaron aprender ninguna lección del fracaso de Law y cuya opinión estuvo muy influida por John Law.[4]

 

 

Murray N. Rothbard (1926-1995) fue decano de la Escuela Austriaca. Fue economista, historiador de la economía y filósofo político libertario.

Este artículo está extraído de Historia del pensamiento económico, vol. 1, El pensamiento económico hasta Adam Smith.



[1] Charles Rist criticaba justamente a Law en que “Inferir de la abundancia de moneda metálica en país próspero que es suficiente con “crear” papel moneda (…) en un país pobre para desarrollar la industria o los recursos naturales que le faltan es una idea que insulta el sentido común. (…) Escocia, un país de pastores y pescadores, montañosos y pobre en recursos naturales (…) podría haber aumentado su divisa, pero eso no habría traído al país ni industria, ni comercio, ni agricultura, ni una industria naviera próspera. Eso sólo podía lograrse con el trabajo y la frugalidad de sus habitantes”. Charles Rist, History of Monetary and Credit Theory from John Law to the Present Day (1940, Nueva York: A.M. Kelley, 1966), pp. 47-48. [Publicada en España como Historia de las doctrinas relativas al crédito y a la moneda (Barcelona: Editorial Bosch, 1945)].

[2] Ver Joseph T Salerno, “Two Traditions in Modern Monetary Theory: John Law and A.R.J. Turgot”, Journal des Économistes et des Études Humaines, 2, notas 2-3 (Junio/Sept. 1991), pp. 340-341.

[3] Para la relaciones entre Law y Cantillon en este periodo dramático, ver el capítulo 12 sobre Cantillon. Sobre las interrelaciones de Law, Cantillon y las burbujas contemporáneas del Mississippi y los Mares del Sur, ver Antoin E. Murphy, Richard Cantillon: Entrepreneur and Economist (Oxford: Clarendon, 1986); sobre la evolución de las doctrinas de Law, ver Antoin E. Murphy, “The Evolution of John Law's Theories and Policies, 1707–1715”, European Economic Review, 34 (Julio de 1991), pp. 1109-1125. Para un análisis de las doctrinas de Cantillon y su no reconocida influencia en la economía moderna, ver Salerno, op. cit., nota 29, pp. 337-379. Para la influencia de Law en Adam Smith, ver también Roy Green, Classical Theories of Money, Output and Inflation (Nueva York: St. Martin's, 1992), pp. 110-127.

[4] Por ejemplo, Sir Humphrey Mackworth “plagió” a Law y sus argumentos inflacionistas en su tratado, A Proposal for Payment of the Publick Debts (2ª ed., 1720). Ver Viner, op. cit., nota 27, pp. 44-45.

Published Thu, Nov 18 2010 9:13 PM by euribe