Los hermanos North: Construyendo una teoría económica “a partir de principios indiscutiblemente ciertos”

Por Murray N. Rothbard. (Publicado el 11 de noviembre de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4703.

[Este artículo está extraído de Historia del pensamiento económico, vol. 1, El pensamiento económico hasta Adam Smith]

 

Del lado de John Locke, no sólo en los tipos de interés, sino también en una visión general y global del laissez faire que incluso sobrepasaba a la de Locke, había dos hermanos, Dudley y Roger North, que provenían de una distinguida familia tory. He aquí una fascinante convergencia de opiniones de un whig radical y tories de clase alta y celosos súbditos de Carlos II y Jacobo II. Esta coincidencia presagiaba una posterior reunión de mentes de “extrema izquierda” y “extrema derecha” durante el siglo XVIII, cuando el establishment imperialista-mercantilista whig de partido único, de 1715 a la década de 1750 tenía la oposición por la izquierda de los libertarios radicales del Partido de la Commonwealth y por la derecha de la oposición anti-imperialista, católica o protocatólica, todos de acuerdo en denunciar el estado mercantilista, de altos impuestos, elevada deuda pública y banca central.[1]

Dudley y Roger North eran hijos del cuarto Barón de North. Demostrando poca aptitud para el estudio, Dudley (1641-1691) fue a Turquía y se convirtió en un importante comerciante así como en director tanto de la Compañía de Levante, a la que se había otorgado un monopolio del comercio inglés con el Oriente Medio, como de la Compañía Africana, que disfrutaba de un monopolio del comercio con ese continente. Dudley North retornó a Londres desde Turquía en 1681, justo a tiempo para ayudar al Rey Carlos y a su hermanos mayor, Francis, Lord Guilford (1637-1685), en la causa patriótica de tratar de acusar de traición al mentor de John Locke, Lord Shaftesbury. Frncis, un distinguido jurista, había ascendido rápidamente de subfiscal de la Corona a fiscal general, Justicia Mayor de Derecho Común y finalmente, en 1682, a la edad de 45 años, a Lord Protector del Gran Sello, el cargo más importante del derecho inglés. Las acusaciones de traición tenían que presentarse ante jurados nombrados por representantes de la Corona de Londres y así Dudley North, en una conocida e irregular elección, se presentó y fue elegido como representante, después de lo cual sus jurados se convirtieron en azotes del Partido Whig.

Al final del año, Dudley North fue nombrado caballero por el rey a causa de sus servicios y pronto ascendió a un cargo de designación, convirtiéndose en comisario de aduanas, miembro del Parlamento y gestor de todos los asuntos pecuniarios en el Parlamento para el Rey Jacobo II.

Hacia el final de su breve pero distinguido mandato al servicio del gobierno, Sir Dudley se vio inspirado a pensar profundamente acerca de las dos cuestiones monetarias y financieras que agitaban el Parlamento: la ley de 1690 para rebajar el tipo de interés y la cuestión de la reacuñación. Dudley escribió dos Discursos sobre el comercio en 1691, uno sobre interés y otro sobre acuñación, junto con un epílogo que estaba previsto publicar como panfleto cuando Dudley North murió inesperadamente el 31 de diciembre. Su hermano menor, Roger (1653-1734), que estaba ayudando a Dudley a editar el libro, revisó posteriormente el borrador, añadió un prólogo y lo publicó anónimamente a principios de 1692. A pesar de la brillantez del libro y su devoción sistemática por las opiniones del laissez faire y la moneda fuerte, el tratado fracasó sin dejar rastro y no fue en absoluto influyente en el desarrollo del pensamiento económico del siglo XVIII o en la política monetaria o financiera.

Roger North no sólo era el mayor de los hermanos, sino que les sobrevivió muchas décadas. Fiscal general de la reina, dedicó buena parte de su vida a defender las reputaciones de sus hermanos. Escribió muchísimo en su vida sobre música, contabilidad, derecho, constitucionalismo inglés y numerosos asuntos filosóficos y científicos, pero una reticencia natural le llevaba a mantener inéditos todos estos escritos. Una década después de la muerte de Roger, se publicaron sus biografías, o Vidas, de tres de sus eminentes hermanos, en dos volúmenes en 1742 y 1744.[2]

Sin embargo, ni siquiera la publicación de estos dos libros tan bien escritos dejaron marca alguna en la historia del pensamiento económico hasta que fueron resucitados y alabados por James Mill y por John Ramsay McCulloch a principios del siglo XIX.[3]

Roger North, que en su prólogo explicaba el trabajo preliminar y metodología de su hermano y hacía más consistentes sus conclusiones, apuntaba lo innovador del método de Dudley de análisis económico. Pues Dudley fue pioneros, al menos en la historia del pensamiento inglés, del método que fue adoptado luego por Cantillon y Say y Senior, y al que Ludwig von Mises llamaría “praxeología” ya en el siglo XX. La praxeología es una teoría económica basada en unos pocos axiomas autoevidentes basados en la comprensión de la realidad, deduciendo después lógicamente la implicaciones de estos axiomas evidentemente ciertos. Pues si A implica B, C, etc. y A es definitivamente verdad, las deducciones pueden ser igualmente aceptadas como verdades.

Roger escribía acerca del método de Dudley en su prólogo: “Encuentro que el comercio se trata aquí de forma distinta de la habitual; quiero decir filosóficamente; porque (…) parte inicialmente de principios indiscutiblemente ciertos”.[4] El antiguo método de razonamiento, añadía Roger North, “se ocupa de abstracciones en lugar de certezas”, al “formar hipótesis para ajustar abundantes principios precarios e insensatos”. Por el contrario, el nuevo método, que North atribuía a Descartes, construye el conocimiento “a parir de verdades claras y evidentes”.

Al ocuparse del comercio y sus problemas, Dudley North empieza en su primer discurso estableciendo un axioma o principio general claro y simple: “El comercio no es sino una conmutación de cosas superfluas”. En otras palabras, como habían destacado Buridán y los escolásticos, pero el mundo había olvidado, los hombres sólo “conmutan” o intercambian bienes o servicios porque cada uno se beneficia más del bien que recibe que del que entrega en intercambio (su “cosa superflua”). Por tanto el comercio, ya sea intranacional o internacional, beneficia a ambas partes; el comercio no es la forma de guerra mercantilista de Montaigne en la que una parte o nación explota, o se beneficia a costa de, la otra parte. Las riquezas, por tanto, son los bienes que la gente es capaz de producir y acumular, no el dinero, el oro o la plata, que les permiten comprar esos bienes. Dudley North concluye que

quien es el más diligente y obtiene los mayores frutos o el máximo de la fabricación, abundará más el lo que otros hacen u obtienen y consecuentemente será libre de querer y disfrutar de las mayores comodidades, lo que es realmente ser rico, aunque no haya oro, plata o similares.

Por tanto no hay magia en el oro o la plata: son simplemente productos seleccionados por el mercado por sus especiales cualidades para ser monedas; como dice Dudley North, el oro y la plata, al contrario que otros metales del mercado, son “por naturaleza excelentes y más escasos que otros” e “imperecederos, al tiempo que cómodos para un fácil almacenamiento”.

A partir de aquí, North redescubre el análisis escolástico del dinero. Si el oro y la plata son productos, su valor está determinado, como en todos los demás productos del mercado, por la oferta y la demanda.

Una vez establecido el trabajo preliminar en un análisis sistemático y general, Dudley North procede con la cuestión controvertida del tipo de interés. En el mercado, apunta North, alguna gente, debido a su trabajo duro y buen juicio, es capaz de acumular propiedades. Si las propiedades se acumulan en forma de tierra, los terratenientes alquilarían parte de ella a quienes quieran cultivarla. De forma similar, quienes acumulan propiedades en forma de dinero “alquilarán” su dinero, cobrando un tipo de interés. E igual que el precio de alquiler de la tierra en el mercado lo determina la oferta y demanda de tierra, el precio del tipo de interés (el precio de los préstamos) lo determina la oferta y demanda de crédito.

Como el interés es un precio de mercado, el control del gobierno tendrá consecuencias tan dañinas como el control de cualquier precio. El interés es bajo porque la oferta de capital es alta; el propio interés bajo no crea abundancia de capital. Como dice Letwin parafraseando a North, “Nada puede rebajar los tipos de interés, salvo un aumento en la oferta de capital y como ninguna ley puede por decreto aumentar la oferta de capital de la comunidad, la ley propuesta es inútil y dañina”.[5] Además, apuntaba North, las leyes de usura reducirán la oferta de ahorros y capital y por tanto aumentarán en lugar de disminuir el tipo de interés del mercado y la cantidad de comerció disminuirá. Además, la intervención para reducir los tipos de interés es injusta, porque todos lo precios deberían tratarse por igual y ser igualmente libres.

En su discurso sobre la acuñación, North realmente no se ocupa del asunto de la reacuñación, pero se anticipa a Smith, Ricardo y los economistas clásicos en su agudo y bien fundamentado análisis de la moneda fuerte. Todos se quejan de la “escasez de dinero”, advierte North, pero lo que realmente quieren son más bienes o, en el caso de los mercaderes, lo que realmente quieren decir es que los precios de sus bienes no son satisfactorios. Analizando los componentes de la demanda de dinero, North analiza las demandas de transacciones y emergencias, así como distintos aspectos de la oferta monetaria. Por desgracia, flaquea al explicar cuánto dinero necesita realmente una nación, no apreciando que cualquier oferta en el mercado es óptima; creía que un aumento en el comercio requería un aumento en la oferta de dinero, no entendiendo que una demanda incrementada de dinero podría simplemente aumentar el valor de mercado del dinero (es decir, rebajaría los precios), aumentando así el valor de cada unidad monetaria.

Sin embargo, a pesar de este fallo North acababa en el bando del laissez faire, pues fue pionero en acabar con la oferta de dinero en moneda y lingotes. Demostraba que la moneda, al ser más cómoda para el intercambio, tendería a tener una prima de mercado sobre el lingote. Sin embargo, la prima de la moneda está regulada por las respectivas ofertas y demandas de monedas y lingotes. Así, si hay un aumento de las existencias de monedas, la prima respecto del lingote caerá y las monedas tenderán a fundirse en lingotes. Si, por el contrario, hay escasez de monedas, la prima de e´stas aumentará y más gente acuñará monedas a partir de lingotes. De esta forma, monedas y lingotes tenderían a mantener el equilibrio. A North le gustaba el proceso de los dos “cubos”: “Así que los cubos trabajan alternativamente: cuando escasean las monedas, se acuñan los lingotes; cuando escasean los lingotes, se funden las monedas”.

Así que aunque Dudley North nunca llegó al punto de decir que la oferta de dinero, comparada con el comercio, es siempre óptima, llegó a una conclusión similar de laissez faire o equilibrio de mercado al decir que nadie tenía que preocuparse acerca de la oferta de monedas, que siempre optimizará el mercado.

Como resultado de su análisis sistemático, praxeológico, Dudley llegaba a unas conclusiones generales firmes y justificadas de laissez-faire. Se oponía a cualquier ley sobre usura: “Se descubrirá mejor para la nación dejar a prestamista y prestatario hacer sus propios negocios”. Se opuso a cualquier ley suntuaria; denunció cualquier ley que tratara de mantener oro y plata dentro del país como condenada al fracaso. Las leyes y decretos del gobierno sólo podrían disminuir y nunca promover la energía, la prosperidad y el ingenio humano.

Pero fue el hermano de Dudley, Roger, quien dio el paso final, no sólo al explicar la metodología de su hermano, sino asimismo exponiendo conclusiones coherentes de laissez-faire. Al atacar toda intervención del gobierno, Roger North declaraba:

No puede haber comercio no rentable, pues si resultara serlo, los hombres lo abandonarían y allí donde prospera el comercio, la gente, que es parte en él, también prospera. Ninguna ley puede fijar precios en el comercio, que siempre debe fijar y fijará él mismo. Pero cuando se producen esas leyes con alguna restricción, es demasiado impedimento para el comercio (…) Todo favor a un comercio o interés contra otro es un abuso.

Por tanto, concluía Roger, “Las leyes que dificultan el comercio, ya sea exterior o doméstico, relacionadas con el dinero u otras mercancías, no son los ingredientes que hacen rico a un pueblo”.

¿Qué puede hacer un gobierno para un economía próspera? “Si puede procurarse la paz, mantenerse la justicia, no atascar la navegación, animar a los industriosos”,, en resumen, escribía North, “Es la paz, la industria y la libertad lo que trae comercio y riqueza y nada más”.[6]

 

 

Murray N. Rothbard (1926-1995) fue decano de la Escuela Austriaca. Fue economista, historiador de la economía y filósofo político libertario.

Este artículo está extraído de Historia del pensamiento económico, vol. 1, El pensamiento económico hasta Adam Smith



[1] Un punto de complicación es que el establishment whig estaba dirigido desde arriba por Robert Walpole y la familia Pelham, que eran realmente liberales a favor de la paz y el laissez faire tratando de llevar un Partido Whig de principios totalmente contrarios. Walpole realizó esta proeza desde la década de 1720 hasta la de 1740 y los Pelham continuaron durante algunos años más, principalmente mediante una brillante manipulación política y una gestión táctica de lo que tanto derecha como izquierda denunciaban como “corrupción”. El principal dispositivo utilizado por Walpole para aplacar temporalmente a los magnates whigs fue aprobar las medidas mercantilistas en el Parlamento (por ejemplo, restringiendo el comercio y la producción colonial con América) y luego simplemente no aplicándolas. Ver Murray N. Rothbard, Conceived in Liberty, Vol. II: “Salutary Neglect” (New Rochelle, NY: Arlington House, 1975), Parte III.

[2] La Vida de 1742 era la de Francis, Barón de Guilford, y las Vidas de 1744, eran biografías de Dudley y de su siguiente hermano, John (1645-1683), que en su breve vida fue profesor de griego y maestro en el Trinity College de Cambridge. El mayor de los hermanos, Charles North (1630-1690), llevó una vida retirada y se sabe poco de él.

[3] Para una excelente explicación de las contribuciones de Dudley y Roger North, ver W. Letwin, The Origins of Scientific Economics (Garden City, NY: Doubleday, 1965), nota 2, pp. 196-220, 271-294.

[4] Letwin, op. cit., nota 2, p. 204. Cursivas añadidas por Letwin.

[5] Letwin, op. cit., nota 2, p. 209.

[6] Letwin, op. cit., nota 2, pp. 215-216.

Published Fri, Nov 12 2010 6:19 PM by euribe