Por Christopher Westley. (Publicado el 8 de octubre de 2010)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4749.
Tiempo de confesión: sigo leyendo los periódicos al estilo antiguo, es decir, como lo hacían mi padre y mi abuelo, en papel, frecuentemente en la mesa de la cocina y al olor de un café hondureño caliente.
Tengo varias razonas para no abandonarlos todavía ante la lectura digital de las noticias. El periódico que leo, el Birmingham News, es un buen diario, aunque no magnífico y aunque mis costes de envío han aumentado durante la Gran Recesión, considero que su cobertura del estado indispensable para mi trabajo de enseñanza e investigación.
También incluye Pearls Before Swine, una de las tiras cómicas más divertidas del momento.
De todas formas, para que el News mejore en esta que la era más competitiva en la historia del periódico, tendrá que ocuparse de su página editorial, que ha estrechado su enfoque en la última década a un grupo selecto de portavoces del establishment de derechas e izquierdas. Aparentemente, el equilibrio consiste en leer opiniones pro-gubernamentales de ambos lados del espectro ideológico.
Cualquier cambio en este sentido tendría que implicar eliminar a Froma Harrop, la columnista sindicada, que también trabaja en el comité editorial del Providence Journal. Los editores del Birmingham News deben pensar que la gente de Alabama necesita saber qué piensa esta gallina roja de Rhode Island acerca del estado de bienestar, aunque sólo sea para equilibrar las opiniones de Charles Krauthammer acerca del estado de bienestar.
Pista: ambos son pro-estado.
He hablado antes de Harrop en Mises.org, después de que ésta escribiera un artículo riéndose de los padres que cuestionan la moralidad de utilizar escáneres de cuerpo completo para sus hijos de ocho años en aeropuertos en EEUU. En el mundo de Harrop, si le estado quiere hacerte algo a ti o a tu familia, y si éste define sus acciones como por tu propio bien, entonces está bien. Fin de la discusión.
En este sentido, una acción que el estado ha definido como buena ha sido el estímulo masivo en la economía de miles de millones de dólares, creados de la nada, para realizar un doloso proceso de corrección. Es realmente un argumento difícil de hacer, dado que hoy la tasa de desempleo parece estar pegada en torno del rango del 10%, por no decir nada de las preocupaciones crecientes acerca de una segunda ronda de recesión.
Pero es por esto por lo que Frau Harrop importa al pensamiento establecido. Defiende lo no evidente de la misma forma que un devoto adulador del estado en la Europa del siglo XIX negaría que su emperador no llevara ropa. En su caso, sale con un argumento de que, a pesar de las dificultades de hoy, la economía estaría en mucho peor estado si el gobierno no hubiera intervenido en el proceso de corrección con miles de millones de dólares en estímulos. Escribe:
Si Washington no hubiera tomado medidas agresivas desde 2008, los resultados habrían sido horribles. (…) El producto interior bruto real habría caído un “contundente” 12%, en lugar de la caída real del 4%. Habrían desaparecido 17 millones de empleos, el doble de los perdidos en realidad. Y la tasa de desempleo habría llegado al 16,5%.
¿Su justificación para estas cifras? Es un trabajo presentado este último verano por los economistas Alan Blinder y Mark Zandi, que argumentan que Washington realmente salvó nuestros datos económicos.
Pero cualquier economista digno de tal nombre que haya leído este trabajo no se jugaría el cuello por sus resultados. Por ejemplo, presenta un modelo simple, lo que es científicamente insólito cuando se ocupa de algo tan complejo como la economía de EEUU. En segundo lugar, ni siquiera mide el efecto del estímulo en la macroeconomía. Si aceptamos en modelo único (construido por Zandi), simplemente veremos cómo la economía habría progresado hoy sin ninguna intervención.
Tercero, los resultados del modelo simple son, bueno, simples. En su primer apéndice, los autores indican claramente, apuntando que las intervenciones en las fuerzas del mercado realmente alimentaron la crisis. No voy a discutir ese punto. Rescatar a Bear Sterns dejando caer a Lehman, los dos votos del TARP, el incesante clamor acerca de un (inexistente) riesgo sistémico, etcétera, todos se dirigieron a justificar el rescate de empresas de Wall Street que se encontraban en el lado incorrecto del riesgo inmobiliario. Salvarlas alimentó un clima de incertidumbre que persiste hasta hoy.
Pero ninguno de estos factores estaba realmente incluido en el modelo que tanto admira Harrop. Si hubiera sido así, podríamos suponer que los resultados no habrían apoyado las implicaciones políticas que buscaban Blinder y Zandi y, en realidad, habrían hecho que los resultados perdieran significación estadística.
Pero ya hemos visto antes esfuerzos similares, como el artículo de Blinder en el New York Times, ensalzando los beneficios económicos de un programa de Dinero Por Chatarra (al que yo llamé “La Ley del ‘Odio a los pobres’ de 2009”). Sirven a un fin político y encuentran su camino en el agujero de la memoria. Entretanto, nadie parece advertir que la crisis económica acabó con billones de deuda privada transferida a la pública.
Esto es realmente criminal, pero Harrop, Blinder y Zandi quieren que se discuta ahora sobre lo mal que podían haber ido las cosas. Anteojeras. Espero que el Birmingham News no les ayude a alcanzar la luz del día.
¿Quién se ha llevado la página de las historietas?
Christpher Westley es investigador adjunto en el Instituto Mises. Enseña en la Escuela de Comercio y Administración de Empresas en la Universidad Estatal de Jacksonville.