Por Robert P. Murphy. (Publicado el 22 de septiembre de 2010)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4727.
Hay días en los que resulta emabarazoso ser economista profesional. El lunes, el National Bureau of Economic Research (NBER) declaró oficialmente que nuestra recesión había terminado… hace 15 meses. Sí, es cierto, justo cuando cada vez más analistas están preocupados por que la economía pueda volver a derrumbarse, el NBER anuncia que la recesión acabó en junio de 2009. Todo este episodio subraya la crudeza de la economía ortodoxa.
El anuncio del NBER
Para ser justos, citemos el anuncio real:
CAMBRIDGE, 20 de septiembre de 2010 – El Business Cycle Dating Committee del National Bureau of Economic Research se reunió ayer telefónicamente. En esta reunión, el comité determinó que se produjo un aumento en la actividad económica en la economía de EEUU en junio de 2009. El aumento indica el fin de la recesión que empezó en diciembre de 2007 y el principio de una expansión. La recesión duró 18 meses, lo que la hace la más larga desde la Segunda Guerra Mundial. (…)
Al determinar que se produjo un aumento en junio de 2009, el comité no concluye que las condiciones económicas desde ese mes hayan sido favorables o que la economía haya vuelto a operar a su capacidad normal. Más bien, el comité sólo determinó que la recesión acabó y empezó una recuperación en ese mes. (…)
El comité decidió que cualquier cambio negativo en la economía sería una nueva recesión y no una continuación de la recesión que empezó en diciembre de 2007. La base para esta decisión fue la duración y fortaleza de la recuperación hasta ahora.
Al menos el anuncio del NBER debería dar acallar seriamente a quienes reprenden a los austriacos por su aproximación “no científica” a la economía. Es conocido que Ludwig von Mises argumentó que los economistas deberían seguir deducciones lógicas, en lugar de imitar los métodos de los físicos.
Naturalmente, muchos economistas ortodoxos se burlaron de Mises por estas opiniones ostensiblemente propias del Neandertal; Paul Samuelson escribió: “Tiemblo por la reputación de mi materia”. Es divertido, porque tengo la misma reacción ante la opinión de mis magos macroeconómicos del NBER.
Deténganse y piensen en lo que ha pasado: De acuerdo con el NBER, la economía de EEUU pasó una recesión severa de diciembre de 2007 a junio de 2009. Luego hasta el 1 de diciembre de 2008 el NBER no anunció que la economía estaba en una recesión, todo un año después de que empezara (de acuerdo con el propio NBER). Y luego, con el anuncio de esta semana, la NBER anunciaba que la economía había salido de la recesión, 15 meses después del hecho.
El Business Cycle Dating Committee del NBER está compuesto de varios nombres bastante prestigiosos (ver la lista al final de este artículo). Sin duda no estoy sugiriendo que esta gente sea un grupo de idiotas.
Más bien apunto la práctica inutilidad de la postura empírica cuando se refiere al “ajuste fino” de la macroeconomía. Incluso si tuviéramos razones para creer que las políticas del gobierno puedan superar los fallos del libre mercado, esas intervenciones serían tan inútiles como las de un cirujano en la Tierra operando a un paciente marciano con un escalpelo controlado remotamente. El decalaje de la información sería enorme.
Además del decalaje, las definiciones son una locura
El problema no es simplemente de información retrasada. La misma aproximación de la macroeconomía ortodoxa (con su foco en los agregados con el “Producto Interior Bruto” y la “Renta Interior Bruta”) esta desencaminada y tiende a apoyar las mismas políticas intervencionistas que prolongan las crisis.
Por ejemplo, la mayoría de los lectores probablemente piense que la economía de EEUU estuvo sumida en el desánimo a lo largo de la década de 1930. Después de todo, la gente se refiere a este periodo como “la Gran Depresión”. Y es verdad que, de 1931 a 1940, la tasa oficial de desempleo anual nunca bajó del 14,3%. Así que el estadounidense medio sin duda habría sentido que la economía era realmente terrible durante todo este periodo.
Y aún así, se vamos a la cronología de los ciclos económicos del NBER, vemos que “la Gran Depresión” es aparentemente un nombre erróneo. Hubo recesión de agosto de 1929 a marzo de 1933, y luego otra (corta) de mayo de 1937 a junio de 1938.
En particular, el NBER dice que la economía de EEUU estaba en recuperación de marzo de 1933 a mayo de 1937, a pesar de que las tasas anuales de desempleo para los tres años intermedios fueron del 21,7%, 20,1% y 17,0%. ¿No dirían que fue una recuperación anémica?
Supongamos que usted está corriendo y se rompe una pierna. Ahora tiene que arrastrarse, pero desarrolla esa capacidad y es capaz de ir de acá para allá. ¿Se ha recuperado del accidente? De acuerdo con el NBER, sí, siempre que esté arrastrándose más rápido que la primera vez que se cayó al suelo del dolor.
El problema no es simplemente de definiciones económicas técnicas distintas de las de la gente común. No, el problema es que la confianza en agregados (bastante ambiguos) da un falso crédito a políticas dañinas. Por ejemplo, ¿qué ocurrió en marzo de 1933, que “acabó” con la terrible recesión bajo Herbert Hoover? Vaya, fue el mes exacto en que FDR tomó posesión.
Entre otras cosas, cuando FDR ocupó el cargo, declaró inmediatamente unas “vacaciones bancarias” y (oh, sí) se apropió del oro de todos. Al sacar a Estados Unidos del patrón oro, dio luz verde a la Fed para dar un rápido empujón a la inflación monetaria, seguida por una expansión más general:
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Por supuesto, hay muchos macroeconomistas que piensan que las nuevas políticas de FDR realmente sí arreglaron la economía y que fue sólo la firmeza de la Fed (combinada con los intentos equivocados de FDR de mantener una austeridad presupuestaria) los que llevaron a una recaída en 1937.
Me he ocupado aquí de estas afirmaciones empíricas. En este artículo, sólo quiero apuntar que las técnicas del NBER justifican implícitamente el gran gobierno. Por ejemplo, supongamos que los austriacos tienen razón y que las intervenciones masivas de la Fed (junto con los absurdos programas de “estímulo del gobierno federal y otros oportunismos del poder) en el mejor de los casos retrasan la corrección económica y de hecho hacen el declive mucho peor.
Bueno, de acuerdo con la forma en que trabaja el NBER, nadie sabría nuca esto. En su lugar, la “historia” recordará que Bernanke y Obama se las arreglaron para acabar con la terrible Gran Recesión (en concreto, en junio de 2009), pero entonces algún otro aparecerá e inexplicablemente destrozará las cosas. Tal vez Christine O’Donell.
Conclusión
Los anuncios retrasados del NBER del principio y final de los ciclos económicos son carnaza para humoristas nocturnos. El estadounidense medio sabe muy bien que la economía estaba en problemas mucho antes de que lo anunciara el NBER y el estadounidense medio sabe muy bien que nuestra economía sigue teniendo serios problemas.
Lo que es peor, la postura del NBER justifica intervenciones masivas en la economía por parte del banco central y el gobierno. La aproximación “científica” a la macroeconomía nunca produce resultados positivos, salvo que la técnica de diagnóstico tome algunas lecciones de la economía austriaca.
Robert Murphy es investigador adjunto del Instituto Mises, donde enseñará “Principios de economía” en la Mises Academy este otoño. Gestiona el blog Free Advice y es autor de The Politically Incorrect Guide to Capitalism, Study Guide to Man, Economy, and State with Power and Market, Human Action Study Guide y The Politically Incorrect Guide to the Great Depression and the New Deal