Por Robert P. Murphy. (Publicado el 16 de septiembre de 2010)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4716.
Los analistas del mercado han estado tratando de adivinar la elección del Presidente Obama para encabezar la recientemente creada Oficina de Protección Financiera del Consumidor (Consumer Financial Protection Bureau). Esta misma semana, poco antes, Obama y otros funcionarios de la administración insinuaron que el cargo los ocuparía Elizabeth Warren, una heroína para los activistas progresistas, pero un anatema para el sector bancario. (El miércoles por la tarde, Warren ha sido confirmada como “asesora especial”, aunque su cargo definitivo sigue en el aire). Todo el episodio subraya la profunda diferencia entre las operaciones contenciosas del gobierno y las actividades pacíficas de mercado en las que ganan todos.
Los fans y los enemigos de Elizabeth Warren
Un artículo de Reuters resume la polémica sobre Warren:
El Presidente de EEUU Barack Obama se acercó el martes al nombramiento de la crítica de Wall Street Elizabeth Warren en su nueva oficina de vigilancia financiera del consumidor, pero con los legisladores divididos acerca de cómo debería hacerlo. Obama está decidiendo si elegir a Warren, una declarada defensora de los consumidores apoyada por los liberales pero denostada por los banqueros, como jefa interina de la nueva oficina de protección financiera del consumidor o arriesgarse a una dura batalla de confirmación en el Senado.
Haga lo que haga, el nombramiento de Warren, que podría anunciarse ya esta semana, iniciaría una turbia lucha con los republicanos al calor de la campaña electoral de noviembre al Congreso. (…) Se considera a Warren la principal candidata a encabezar la Oficina de Protección Financiera del Consumidor con amplios poderes para escribir e implantar nuevas regulaciones respecto de hipotecas, tarjetas de crédito y otros productos financieros. “Evidentemente está entre los candidatos”, dijo el portavoz de la Casa Blanca Bill Burton, reconociendo que un nombramiento interino está entre las opciones de Obama. Dijo que muy pronto habrá un anuncio pero no se esperan nuevas noticias el martes.
Warren, de 61 años, es profesora de derecho en Harvard y experta en quiebras que ha ejercido como presidenta en el Consejo de Supervisión del Congreso, una institución de vigilancia del programa de rescate financiero de EEUU. Es una heroína para los activistas liberales y los grupos de consumidores por considerar a los excesos de Wall Street como una causa esencial de la crisis financiera global que llevó a Estados Unidos a la peor recesión desde la Gran Depresión de la década de 1930. Pero a su nombramiento se opone ferozmente el sector financiero y muchos republicanos que sostienen que adoptaría una postura regulatoria de mano dura que dañaría los beneficios y la competitividad global de bancos y otras empresas financieras. “Esto abre la caja de Pandora”, dijo Marshall Front, presidente de la empresa de inversiones de Chicago Front Barnett Associates LLC. “Esto va a poner furiosos a muchos. Lo considero un ataque a las empresas y no se va a tomar bien”.
No se crean la explicación popular
Por otro lado, es ridículo creerse incluso la explicación de la prensa oficial. La propia idea de que la administración Obama (que nombró a uno de los creadores de los rescates bancarios, el entonces presidente de la Fed en Nueva York, Timothy Geithner como Secretario del Tesoro) se vaya a poner realmente dura con los peces gordos de Wall Street es absurda.
Ocupe o no Elizabeth Warren el nuevo cargo regulador, podemos estar seguros de que de que los nuevos poderes del gobierno se usarán para ahogar la competencia y enriquecer aún más a los banqueros conectados políticamente a costa de la gente en general. Los progresistas idealistas estarán tan descontentos con las Barack Obama sobre la “reforma financiera” como lo han estado sobre los asuntos de las libertades civiles y la “reforma sanitaria”.
Al centrarse en el “polémico” nombramiento de Warren el gobierno y sus medios de comunicación desvía astutamente el centro del debate. La gente no está discutiendo si el gobierno debería atribuirse enormes nuevos poderes para regular los mercados financieros, a pesar de que su última expansión (al producirse el caso Enron y otros escándalos contables) no hizo nada por impedir las turbias prácticas de los años de la burbuja inmobiliaria.
En lugar del debate sustancial y esencial, se lleva a los estadounidenses a discutir acerca de qué persona encabezará la nueva oficina. Los niños estadounidenses aprenden en las clases de civismo que este país es un tierra de leyes, no de hombres. Aún así, la prensa económica desmiente este mito diariamente.
De hecho, como demuestra el artículo de Reuters, el ámbito de debate es incluso más estrecho. En lugar de proponer varios candidatos al puesto y discutir sus ventajas e inconvenientes, se supone que nos ponemos nerviosos sobre si Obama nombrará a Warren interinamente (¡lo que puede durar cinco años!) o si seguirá los canales convencionales y la someterá al proceso de confirmación. Así los medios distraen hábilmente a la opinión pública de los asuntos importantes y les distrae con cosas intrascendentes.
Esto no ocurriría en un mercado libre
Es importante advertir que no hay nada similar a esto en el mercado libre. Los inversores normalmente no se preparan para decisiones personales horribles que hagan desplomarse los precios de las acciones de forma similar a cómo tiemblan los bancos cada vez que aparecen nuevas noticias acerca de Elizabeth Warren.
Es verdad que los precios de las acciones pueden caer debido a decisiones personales en el sector privado, pero incluso aquí es habitualmente en una forma “positiva”. Por ejemplo, si una compañía roba un importante ejecutivo de su competencia, esto puede rebajar el precio de la acción de la compañía que pierde al empleado experto. Sin embargo, la acción probablemente empuje el precio de la acción de la compañía adquirente, así que el sector en su conjunto no sufre una pérdida.
Además, incluso se nos centramos en la compañía cuyo precio ha bajado, la razón es que la ha abandonado un individuo productivo y útil. Es precisamente la situación opuesta a la que afrontan los inversores con Elizabeth Warren. Aquí les preocupa que empiece a trabajar, no que deje de hacerlo. A los inversores les preocupa que “haga su trabajo” y que se muestre destructiva, no productiva.
Los defensores de la administración Obama pueden contestar mi análisis argumentando que el gobierno tiene que ofrecer un marco regulatorio y que, por supuesto, a las empresas afectadas les escocerán las reglas. Pero sin duda, diría el defensor de Obama, este nuevo “árbitro” (ya sea en forma de Elizabeth Warren o cualquier otra) ofrece un beneficio a la sociedad en general.
Aún así, esto es falso. Hay muchos agentes “reguladores” en el mercado privado, y aún así ninguno de ellos es tan temido y discutido como será el nuevo agente público. Por ejemplo, las ligas deportivas profesionales utilizan árbitros para aplicar las reglas del juego. Es verdad que el propietario y los fans de, por ejemplo, los New York Knicks pueden enfurecerse por una decisión concreta en un partido crítico de play-offs. Pero en términos generales, los analistas de la ESPN nunca se preocupan por las identidades de los árbitros. Un análisis así sería insólito, porque a la NBA le interesa asegurarse de que los fans piensen que los partidos son justos. Cualquier árbitro que errara constantemente en sus decisiones perdería su empleo.
Hay multitud de ejemplos más mundanos. Una compañía de seguros podría enviar inspectores a verificar que un cliente está siguiendo los procedimientos especificados contractualmente, como mantener sistemas antiincendio y detectores de humo. Estos inspectores, por supuestos, se considerarían como ajenos a los empleados de la empresa, pero la alta dirección sabría que tienen que mantenerlos contentos porque es importante mantener bajas las primas de los seguros de incendio. Por su parte, la compañía de seguros sólo insistiría en precauciones que tuvieran sentido económicamente, porque no querrían perder al cliente ante una aseguradora rival.
Conclusión
El gobierno crea “trabajos” que son destructivos. Como no hay retroalimentación sobre pérdidas y ganancias, lo único que puede conseguir al final una burocracia dañina es una enérgica protesta pública masiva. Entretanto, los ciudadanos privados tiemblan de miedo ante el celo de una persona que acabará ejerciendo un poder tan tremendo y tan arbitrario sobre sus personas y empresas.
Por el contrario, la pacífica economía de mercado remunera la excelencia. La gente que ejerce influencia en el sector privado alcanza su posición porque tiene una capacidad demostrada y si comete errores acabará siendo despedida. Incluso en situaciones en las que aparentemente hay un relación de confrontación, esta apariencia es sólo superficial. Como todas las relaciones en el mercado con voluntarias, incluso interacciones aparentemente hostiles son parte de una asociación mayor que es en sí mismo amistosa y mutuamente beneficiosa.
Robert Murphy es investigador adjunto del Instituto Mises, donde enseñará “Principios de economía” en la Mises Academy este otoño. Gestiona el blog Free Advice y es autor de The Politically Incorrect Guide to Capitalism, Study Guide to Man, Economy, and State with Power and Market, Human Action Study Guide y The Politically Incorrect Guide to the Great Depression and the New Deal.