Por Robert R. Prechter, Jr. (Publicado el 19 de febrero de 2009)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/3329.
[La versión original de este artículo apareció en el número del 20 de febrero de 2004 de The Elliott Wave Theorist, un año antes del estallido de la burbuja inmobiliaria]
Estoy cansado de escuchar a economistas argumentando que el gobierno y la Fed deberían expandir el crédito por el bien de la economía. A veces una analogía aclara las cosas, así que intentémoslo con una.
Puede sonar a una tontería, pero supongamos que el gobierno decidiera que la riqueza de una nación dependiera de producir automóviles Jaguar y proporcionárselos a tanta gente como sea posible.
Para facilitar ese objetivo, empieza a operar fábricas de Jaguar en todo el país, subvencionando la producción con dinero procedente de impuestos. Para gozo de todos, ofrece esos coches de lujo con una rebaja del 50% sobre el precio original. La gente acude en masa a los concesionarios y compra.
Luego, las ventas se ralentizan, así que el gobierno vuelve a rebajar los precios a la mitad. Viene más gente y compra. De nuevo se ralentizan las ventas, así que reduce el precio a 900$ cada uno. La gente vuelve a las tiendas para comprar dos o tres, o media docena. ¿Por qué no? ¡Mira qué baratos son! Los compradores dan Jaguares a sus hijos y estacionan uno más en el césped. Finalmente, el país está inundado de Jaguares.
Desgraciadamente, las ventas se ralentizan de nuevo y el gobierno entra en pánico. Debe movilizar más Jaguares o, de acuerdo con su teoría (paradójicamente ahora hecha realidad) la economía se hundirá. La gente está trabajando tres días a la semana sólo para pagar sus impuestos para que el gobierno pueda seguir fabricando más Jaguares. Si los Jaguares dejan de moverse, la economía se detendrá. Así que el gobierno anuncia programas de “estímulo” y empieza a regalar Jaguares. Algunos coches más se mueven de los concesionarios, pero luego se acaba. Nadie quiere más Jaguares. No les importa que sean gratis. No pueden encontrarles una utilidad. Cesa la fabricación de Jaguares.
Requiere años eliminar la oferta excedente de Jaguares. Las fábricas cierran, el desempleo aumenta y la recaudación de impuestos se desploma. La economía está destrozada. La gente no puede pagar las reparaciones o la gasolina, así que muchos Jaguares se oxidan. El número de Jaguares (en el mejor de los casos) vuelve al nivel que tenía antes de que empezara el programa.
Lo mismo puede ocurrir con el crédito.
Puede sonar a una tontería, pero supongamos que el gobierno decidiera que la riqueza de una nación dependiera de producir crédito y proporcionárselo a tanta gente como sea posible.
Para facilitar ese objetivo, empieza a operar fábricas de producción de crédito en todo el país (llamadas Bancos de la Reserva Federal, Bancos de Préstamo de Vivienda Federales, Fannie Mae, Sally Mae y Freddie Mac, todos subvencionados por poderes o avales públicos), para canalizar el crédito a la gente a través de los bancos. Para gozo de todos, los bancos empiezan a reducir los requisitos de colateral y ofreciendo por tanto créditos por debajo los tipos de interés del mercado. La gente acude en masa a los bancos y compra.
Luego, las ventas se ralentizan, así que los bancos rebajan de nuevo los precios. Viene más gente y compra. De nuevo se ralentizan las ventas, así que los prestamistas reducen el precio al 1% sin colateral ni depósito. La gente vuelve a los bancos para comprar aún más crédito. ¿Por qué no? ¡Mira qué barato está! Los prestatarios usan el crédito para comprar casas, yates y un Jaguar extra para estacionarlo en el césped. Finalmente, el país está inundado de crédito.
Desgraciadamente, las ventas se ralentizan de nuevo y los bancos entran en pánico. Debe movilizar más crédito o, de acuerdo con su teoría (paradójicamente ahora hecha realidad) la economía se hundirá. La gente está trabajando tres días a la semana sólo para pagar los intereses de su deuda a los bancos para que éstos puedan seguir ofreciendo más crédito. Si el crédito deja de moverse, la economía se detendrá. Así que el gobierno anuncia programas de “estímulo” y empieza a regalar crédito, al 0% de interés. Algunos créditos más se mueven en las ventillas de los cajeros, pero luego se acaba. Nadie quiere más crédito. No les importa que sean gratis. No pueden encontrarles una utilidad. Cesa la producción de crédito.
Requiere años eliminar la oferta excedente de crédito. Los bancos cierran, el desempleo aumenta y la recaudación de impuestos se desploma. La economía está destrozada. La gente no puede pagar los intereses de sus créditos, así que muchos pagarés se deterioran hasta no tener valor. El valor del crédito (en el mejor de los casos) vuelve al nivel que tenía antes de que empezara el programa.
¿Ven cómo funciona?
¿Es perfecta la analogía? No. La idea de promover el crédito en el pueblo es mucho más peligrosa que la idea de promover los Jaguares. En el caso del crédito, los deudores e incluso la mayoría de los acreedores acaban perdiéndolo todo. En el de los Jaguares, al menos todos acaban con un garaje lleno de coches. Por supuesto, el caso del Jaguar es imposible, porque el gobierno no puede producir valor. Sin embargo, sí puede reducir valor.
Un gobierno que impone un monopolio de banca central, pro ejemplo, puede reducir el valor incremental del crédito. Un sistema de crédito en monopolio también permite el fraude y el robo a una escala mucho mayor. En lugar de que el gobierno se apropie abiertamente del trabajo de los ciudadanos haciéndoles producir coches, el monopolio bancario y la maquinaria del crédito lo hacen clandestinamente robando el trabajo almacenado en las cuentas bancarias de los ciudadanos inflando la oferta de crédito, reduciendo así el valor de los ahorros.
La teoría macroeconómica del siglo XX (tanto la keynesiana como la monetarista) defendía la idea de que una economía en crecimiento necesitaba un crédito fácil. Pero es una teoría falsa. El crédito debería ofrecerlo el libre mercado, en cuyo caso casi siempre será ofrecido de forma inteligente, principalmente a los productores, no a los consumidores.
¿Significaría una menor disponibilidad de crédito al consumo que menos gente tendría una casa o un coche? Al contrario. Sólo los plazos serían distintos. Inicialmente requeriría algunos años más que el mismo número de personas ahorrara lo suficiente como para ser propietarios de casas o coches (ser realmente propietarios, no alquilárselos a los bancos). Los precios serían menores, porque el crédito no estaría compitiendo con el dinero para subir el precio de los bienes. Y como los bancos no se estarían apropiando de tanta parte del trabajo y la riqueza de la gente, la economía en general crecería más rápidamente. Al final, el grado de propiedad de casas y coches (propiedad real) eclipsaría el de una sociedad de crédito fácil. Además, la gente mantendría sus casas y coches porque los bancos no ejecutarían contra ellos. Como factor añadido, no habría un desplome general devastador del sistema bancario, que, como ha demostrado repetidamente la historia, es inevitable bajo un sistema de banca central y otras instituciones de crédito de creación pública.
¿Alguien quiere un Jaguar? ¿Más crédito? Aquí va un idea mejor: volvamos a usar dinero real.
Robert Pretcher es autor de Conquer the Crash: You Can Survive and Prosper in a Deflationary Depression. Vea sus sitios web: socionomics.net y elliottwave.com.
La versión original de este artículo apareció en el número del 20 de febrero de 2004 de The Elliott Wave Theorist, un año antes del estallido de la burbuja inmobiliaria.