Importa cómo se ahorra

Por Robert P. Murphy. (Publicado el 9 de agosto de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4560.

Aunque los economistas austriacos están de acuerdo sobre la mayoría de los asunto del “gran cuadro”, incluso aquí hay algunas controversias internas. Uno de los debates más calientes dentro del campo austriaco se centra en los beneficios económicos (o su falta) de la práctica de la banca de reserva fraccionaria. Prácticamente todos los austriacos piensan hoy que nuestro actual sistema financiero (cartelizado y apoyado por el gobierno) tiende a una inflación excesiva y al ciclo de auges y declives.

Aún así, muchos importantes expertos bancarios austriacos creen que en un mercado verdaderamente libre, las instituciones privadas podrían practicar provechosamente la banca de reserva fraccionaria (ver, por ejemplo, el libro de Steve Horwitz). Por el contrario, Murray Rothbard y sus seguidores pensaban que la banca de reserva fraccionaria era por sí misma ilegítima y económicamente dañina.

En el artículo actual respondo a un atento análisis de Bill Woolsey, que trata de demostrar la equivalencia económica entre ahorros familiares convencionales mediante compra de bonos y ahorros familiares mediante acumulación de más dinero creado por el sistema bancario. Demostraré que hay diferencias importantes entre los dos escenarios y que Woolsey realmente no ha superado el cuestionamiento de Rothbard a la banca de reserva fraccionaria.

La defensa de Woolsey de la creación bancaria de dinero

Por la brevedad, no puedo reproducir el post completo del blog de Woolsey, pero es realmente una de las exposiciones más claras y sucintas de lo que se califica la posición de “banca libre” en este asunto. A continuación extracto justo lo suficiente para poner en suerte al lector:

Mi opinión es que sólo un exceso en la oferta de dinero puede poder llevar a malas inversiones. Si la cantidad de dinero y la oferta de crédito aumentan hasta igualar un aumento en la demanda por tener dinero, las consecuencias serían las mismas que en un aumento en la oferta de crédito debido a un aumento en la demanda de bonos.

Detengámonos aquí. El explicación habitual de Mises/Hayek del ciclo económico es que los bancos comerciales aumentan arbitrariamente la oferta de bienes prestables a pesar de que la comunidad no ha aumentado realmente sus ahorros reales. (Describo cómo un banco comercial puede “crear dinero de la nada” aquí). Con el fin de prestar los fondos recién creados, los bancos rebajan el tipo de interés real del mercado por debajo del tipo “natural”. Al falso tipo de interés artificialmente deprimido, los negocios piden prestado demasiado dinero y empiezan proyectos a largo plazo que la sociedad no tiene suficientes ahorros para completar. Esto es lo que ocurre durante un auge insostenible, como la reciente burbuja inmobiliaria.

Prácticamente todos los austriacos modernos están de acuerdo con esta explicación básica. El desacuerdo aparece en el caso en que los bancos comerciales aumentan la oferta de fondos prestables en respuesta a una demanda repentina de tener dinero. En este caso, gente como Steve Horwitz y Bill Woolsey creen que los bancos no ponen en marcha un ciclo de auge y declive. Por el contrario, piensan que los bancos meramente compensan los dolorosos reajustes que habrían tenido lugar en otro caso para restaurar el equilibrio entre la oferta y la demanda de balances de dinero real. En este escenario, afirman los “banqueros libres”, que la creación de nueva dinero no afecta en absoluto a la economía, porque en el nuevo equilibrio, los productores no han recibido un incentivo artificial para iniciar proyectos para los cuales hay ahorros reales inadecuados.

Volvamos a Woolsey dejemos que haga su alegato:

La postura [de los banqueros libres] se centra en un escenario en el que un aumento en la demanda de disponer de depósitos bancarios o billetes es un aumento en el ahorro. Las familias reducen el consumo de sus ingresos corrientes y acumulan derechos bancarios. El banco expande sus préstamos, emitiendo nuevo dinero para los prestatarios. Los teóricos del equilibrio monetario argumentan que el aumento en la cantidad de dinero compensa exactamente la disminución de la velocidad, así que no se añade al flujo de gastos monetarios que causan las malas inversiones.

Sin embargo, los rothbardianos insisten en que (…) [el nuevo] dinero emitido para financiar préstamos bancarios (…) sigue distorsionando los precios relativos porque no va exactamente  a aquellos individuos que emandaron más dinero al reducir sus gastos monetarios. Acusan de los teóricos del equilibrio monetario de “pensar macroeconómicamente”.

En este debate, me alineo con los teóricos del equilibrio monetario. El elemento de verdad en el argumento rothbardiano es que hay pocas dudas de que el proceso de creación de dinero sí impacta en los precios relativos. Donde se equivoca él y sus seguidores es en suponer que cualquier cambio en el patrón de los precios relativos generado por un aumento en la cantidad de dinero que coincida con un aumento en la demanda de poseer dinero se caracteriza normalmente como una mala inversión.

La mejor manera de ver esto es comparar los efectos de un cambio en la demanda de bonos con un cambio en la demanda de dinero. Siguiendo la aproximación habitual, empezaré con un escenario en que hay un aumento en los ahorros de las familias. Algunas familias concretas gastan menos ingresos en bienes y servicios de consumo. Estas familias ahorran. También aumentas los ahorros agregados. Este ahorro puede tomar la forma de compra de bonos o de acumular dinero.

Primero, supongamos que algunas familias aumentan los ahorros reduciendo su consumo de sus ingresos y en su lugar usan el dinero que ganan para comprar bonos corporativos. (…)

Woolsey explica a continuación cómo la economía se reajusta al mayor nivel de ahorro (en forma de más bonos corporativos en manos del público) alargando de forma sostenible la estructura de producción.

[Ahora, por otro lado] supongamos que las familias aumentan el ahorro reduciendo los gastos de consumo provenientes de los ingresos, exactamente igual que antes, pero en lugar de gastar el dinero en bonos corporativos, aumentan sus balances de efectivo. Los efectos en aquéllos a quienes las familias habrían comprado bienes de consumo son los mismos. Venden menos y ganan menos. Contratan menos mano de obra y usan menos de otros recursos. Los ingresos que ganaban esos trabajadores y otros propietarios de recursos caen.

Supongamos que los bancos expanden sus préstamos al mismo tiempo y prestan el dinero recién creado exactamente en la misma cantidad que la demanda de tener dinero.

Supongamos además que los bancos expanden los préstamos comprando bonos corporativos, exactamente los mismos bonos que compraron las familias en el escenario anterior. El tipo de interés de mercado desciende exactamente de la misma forma que antes. La demanda añadida de bonos corporativos aumenta sus precios y rebaja sus rendimientos. Esto crea exactamente la misma señal e incentivo para las empresas para adquirir bienes de capital adicionales. Como antes, las empresas que compran los bienes de capital financian la compra emitiendo nuevos bonos corporativos.

Quienes venden los mismos bienes de capital reciben mayores beneficios. El rendimiento aumentado por producir bienes de capital adicionales crea una señal y un incentivo, exactamente como antes, para dirigir más financiación hacia este campo empresarial y así aumenta la demanda de trabajo y bienes de capital existentes para expandir  la producción de bienes de capital.

Utilizando la terminología austriaca, el cambio en la demanda, abandonando los bienes de consumo a favor de los bienes de capital, y la disminución del tipo de interés del mercado, genera un cambio en la estructura de la producción, abandonando los bienes de orden inferior a favor de los bienes de orden superior. Se dirige menos producción hacía la producción de bienes de consumo en el futuro cercano y más hacía la producción de bienes de consumo en un futuro más lejano. De nuevo, la diferencia entre los precios de los recursos y sus productos cambia para reflejar el nuevo tipo de interés inferior.

Asegurémonos de entender la explicación de Woolsey: Primero nos lleva por un escenario estándar en el que las familias ahorran más recortando el gasto en consumo y aumentando sus compras de bienes corporativos. (En este escenario, los bancos no se entrometen con la oferta total de dinero en la economía). El cambio en gasto familiar hace que se contraiga el sector consumo, caigan los tipos de interés y se expandan los sectores de bienes de capital de grado superior. Es la descripción austriaca del crecimiento económico sostenible normal mediante ahorro e inversión.

Luego Woolsey argumenta que se producirían los mismos ajustes físicos en la estructura de la economía si las familias deciden aumentar su ahorro, no comprando bonos corporativos, sino en su lugar acumulando más efectivo. Ahora, si los bancos no actúan mientras se produce este proceso, el precio de los bienes y servicios (en general) bajaría, porque las familias quieren tener más efectivo, pero hay la misma cantidad de dinero circulando.

Sin embargo, si los bancos intervienen y crean más dinero (en la cantidad exacta en que las familias quieren aumentar sus balances de caja) no hay razón para que el nivel general de precios cambie. Algunos precios seguirán bajando (en el sector de bienes de consumo), mientras otros subirán (en el sector de bienes de capital). Si además suponemos que los bancos comerciales “crean” el nuevo dinero otorgando nuevos préstamos a empresas en el sector de bienes de capital, Woolsey concluye que la transformación económica es idéntica al caso estándar. ¿Cómo pueden los rothbardianos aceptar el primer escenario pero rechazar este último?

Dos problemas con el análisis de Woolsey

Evidentemente, en un artículo en línea no puedo dar un tratado completo sobre estas materias complejas. Pero quiero señalar dos grandes defectos en el análisis de Woolsey.

Primero, Woolsey simplemente da por sentado que el dinero creado en el segundo escenario iría precisamente a esas empresas que se habrían beneficiado de las compras de bonos por las familias en el primer escenario. Es verdad que Woolsey reconoce que esta historia se basa en “suposiciones heroicas”. Pero no parece darse cuenta de que una de sus suposiciones heroicas es “Los rothbardianos están equivocados cuando acusan a los banqueros libres de dedicarse al puro “pensamiento macroeconómico”. Por tanto, no sorprende que Woolsey sea capaz de concluir que los rothbardianos se equivocan en acusar a sus oponentes de basarse en puro pensamiento macroeconómico.

Es un asunto esencial, así que déjenme repetirlo: Con una cantidad fija de dinero en la economía, supongamos que algunas familias deciden ahorra más restringiendo sus compras de bienes de consumo (televisores, iPhones, etc.) y acumulando extras de efectivo. Al mismo tiempo, las otras familias en la comunidad quieren mantener sus niveles originales de ahorro, inversión y existencias de efectivo.

En general, la demanda de posesión de dinero de la comunidad ha aumentado, mientras que la existencia u oferta de dinero es constante. Esto significa que el “precio” del dinero debe aumentar, lo que equivale a decir que aumenta su poder adquisitivo. En otras palabras, los precios de bienes y servicios en general deben caer.

En el nuevo equilibrio, las familias que quieran acumular balances de efectivo mayores tendrán billetes en dólares en sus cuentas bancarias o en sus carteras, mientras que las demás familias tendrán cuentas bancarias y poseerán efectivo en menores cantidades. Sin embargo, como los precios en general habrán bajado, las familias que vieron que caía su existencia de dinero seguirán teniendo el mismo poder adquisitivo en sus (menores) existencias de efectivo.

Por otro lado, las familias que querían aumentar su efectivo tendrán realmente más poder adquisitivo del que uno pensaría sólo atendiendo al aumento en la cantidad de billetes de dólar a su nombre. Pues no sólo habrán tomado posesión de una mayor porción del número (fijo) de dólares en la economía (tanto en forma de saldos de cuenta corriente como en dinero real), sino que los precios son ahora más bajos. Así que la cantidad de poder adquisitivo en su riqueza general ha aumentado, que es precisamente lo que pretendían cuando empezaron a acumular dinero.

Aquí hay una trampa: El cambio en el comportamiento de algunas familias no reordena simplemente las posesiones de balances de efectivo de la comunidad y rebaja el nivel de precios. También lleva a un alargamiento de la estructura de producción. Es se produce porque las familias que acumularon dinero extra no recortaron simétricamente sus gastos, sino que limitaron sus recortes en los bienes de consumo. En otras palabras, las familias que querían tener más efectivo no dijeron: “Este mes vamos a contribuir menos a nuestro plan de pensiones y a gastar menos en cenas fuera de casa”. Por el contrario, dijeron: “Este mes seguiremos invirtiendo las mismas cantidades de nuestra nómina en primas de seguros de vida y nuestro plan de pensiones, pero dejaremos de cenar fuera y guardaremos ese dinero en nuestra cuenta corriente”.

En el plano general, lo que ocurre es que el “nivel general de precios” cae, porque caen los precios en el sector consumo, mientras que los precios en el sector de bienes de capital se mantienen prácticamente iguales. Esto lleva a cambiar los recursos físicos reales de fabricar televisores e iPhones a la producción de perforadoras y otras herramientas.

Por fin estamos listos para reiterar la objeción rothbardiana al llamada argumento de la banca libre: Si los bancos comerciales ven que el nivel general de precios esta cayendo porque algunas familias están tratando de acumular mayores existencias de efectivo y responden creando más dinero, este proceso no puede en la práctica reproducir los mismos ajustes sectoriales, siendo la única diferencia que el nivel general de precios se mantendrá constante.

Hay muchas razones para ello. En primer lugar, supongamos que los bancos puedan de alguna forma aislar a las familias que quieren acumular más efectivo y simplemente se lo dieran. Esta acción eliminaría la necesidad de que caigan los precios en general. Pero al mismo tiempo, también destruiría el diferencial de gasto entre  los sectores de bienes de consumo y de capital. Antes, cuando una familia quería, por ejemplo, tener 500$ extra en su cuenta corriente, la familia tenía que recortar el equivalente a 500$ en restaurantes, cines, etc. Pero ahora, si los bancos simplemente añaden 500$ a ciertos balances de cuentas corrientes de familias (sin restar cifras en las cuentas corrientes de nadie más) estas familias habrían logrado su objetivo sin necesitar de recortar el gasto en ningún otro lugar.

Por supuesto, en la práctica los bancos no “compensan un aumento en la demanda de tener efectivo” de esta forma. Pero he apuntado esto para demostrar que si lo hicieran, estaría claro que no están “restaurando el equilibrio”, sino más bien distorsionando las “señal” del ahorro que las familias habrían enviado.

Así que supongamos que seguimos teniendo familias que tratan de acumular más dinero en efectivo, lo que está empezando a generar una caída general de los precios. Esta vez, los bancos intervienen creando más dinero. Pero en lugar de entregarlo como un regalo a esas familias que quieren ahorrar más, ofrecen préstamos a las empresas a un tipo de interés más bajo. Esta expansión en la cantidad de préstamos crea más dinero total (en forma de reservas de cuenta corriente) en la comunidad, de forma que ahora las familias pueden aumentar sus balances de efectivo sin generar una rebaja general en los precios.

Ésta es la objeción esencial de los rothbardianos: ¿Qué razones tenemos para suponer que la gente que obtenga los nuevos préstamos bancarios en este escenario serían precisamente los que habrían vendido más bonos en el escenario en que las familias ahorradoras compraran simplemente más bonos? En general, argumentan los rothbardianos, la creación bancaria de nuevo dinero beneficiará  los clientes de los bancos en expansión, dando a los banqueros y a sus principales clientes un poder adquisitivo extra a costa de los demás miembros de la comunidad. Al centrarse en agregados más amplios, como las “oferta y demanda de dinero”, los banqueros libres están olvidando quién obtiene la nueva financiación bajo ambos escenarios (1) las familias comprando más bonos y (2) los bancos privados emitiendo nuevos préstamos.

Repetimos que Woolsey cree haber respondido a esta objeción contando una historia en que los bancos prestan el dinero precisamente a esas empresas que habrían vendido más bonos corporativos al público en el primer escenario. Y luego Woolsey admite que es una “suposición heroica”. ¿Se ve el problema? Los rothbardianos apuntan una objeción, diciendo que los banqueros libres están ignorando una importante consideración del mundo real y Woolsey se desentiende del problema y declara que ha respondido a la objeción rothbardiana.

Importa cómo se ahorra

Hay un segundo problema con la explicación de Woolsey: Actúa como si la forma de ahorrar fuera irrelevante. Pero en el mundo real seguro que a la familia concreta sí le importa si los ahorros adicionales se forman con un mayor balance de efectivo o con una mayor cantidad de bonos corporativos. La diferencia evidente es que los balances de efectivo no ofrecen intereses, pero son mucho más líquidos que los bonos corporativos.

Así que cuestiono todas las premisas del argumento de Woolsey. Está tratando de demostrar que la inyección de nuevo dinero por parte de bancos puede hacer que el aumento en los ahorros familiares sea equivalente a aumentar las compras familiares de bonos. Pero eso no puede ser cierto, porque en el mundo real indudablemente resulta diferente si las familias prefieran colectivamente acumular más efectivo que acumular más bonos corporativos.

Como el simple modelo de Woolsey no puede reflejar la distinción entre ahorros en forma de balances de efectivo y en forma de bonos, debería ser sospechoso de ser usado para validar la posición de la banca libre sobre una cuestión en la que la distinción es importante.

Conclusión

Bill Woolsey ha ofrecido un sumario muy claro y sucinto del caso de la banca de reserva fraccionaria del libre mercado. Aún así, no se ha ocupado realmente de las objeciones rothbardianas. En su lugar, las ha dejado aparte creando un modelo en las que éstas no pueden operar.

 

 

Robert Murphy es investigador adjunto del Instituto Mises, donde enseñará “Principios de economía” en la Mises Academy este otoño. Gestiona el blog Free Advice y es autor de The Politically Incorrect Guide to Capitalism, Study Guide to Man, Economy, and State with Power and Market, Human Action Study Guide y The Politically Incorrect Guide to the Great Depression and the New Deal.

Published Tue, Aug 10 2010 5:09 PM by euribe