La opción militar

Por Rob Blackstock. (Publicado el 16 de octubre de 2001)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/805.                  

Dije a mi madre que no apoyaba la acción militar en Afganistán y que no apoyaba en absoluto la idea de que se restableciera el servicio militar. Mi madre se paró y dijo: “Me decepciona... pensaba que había criado un patriota”.

Paremos aquí. Amo a mi país y si fuera invadido por un poder extranjero, sería el primer voluntario para protegerlo. Sin embargo, también creo que importa la Constitución. Así que lo primero que debo preguntar es: “¿Ha declarado el Congreso la guerra a Afganistán?” La respuesta es “no”, y ése es sólo el primer problema.

El ataque al World Trade Center lo realizó un grupo de criminales y, como la mayoría, estoy de acuerdo en que deben ser llevados ante la justicia. El asesinato es asesinato: si cometes un asesinato, debes pagar el precio. Desgraciadamente, las diecinueve personas que estuvieron indudablemente implicadas están todas muertas, así que toda la atención se ha dirigido a atrapar a Osama bin Laden, acusado de haber organizado el plan.

¿Pero la forma es usar al ejército? Cuando EEUU invadió Panamá en 1989 para “arrestar” a Manuel Noriega, murieron 3.000 civiles panameños (es una cifra aún muy discutida por el Departamento de Estado de EEUU, por mucho que sorprenda) y parece que nuestra justicia en Afganistán será poco diferente. Ya se ha atacado una pequeña población y un almacén de la Cruz Roja. Gracias a Dios que la bomba que cayó en la escuela infantil no detonó.

Para hacer las cosas más confusas, Afganistán no tiene realmente un gobierno. Han estado en guerra civil desde la retirada soviética y ahora todas las armas están en manos de dos facciones. La facción que controla el mayor territorio es la talibán, un grupo que es un porcentaje extremadamente pequeño de la población.

Piénselo así: si 1.000 personas están varadas en una isla desierta y dos de ellas tienen ametralladoras, ¿quiénes serán los líderes? Los civiles pueden quejarse al principio, pero después de varios castigos ejemplares, la población superviviente será mucho más dócil. Lo mismo vale para Afganistán.

La mayoría de la población son tipos normales como usted o yo que sólo quieren una vida mejor para sus familia. Ahora EEUU les está echando bombas. (Para un buen artículo corto sobre cómo el musulmán medio en el mundo no es un fanático armado que odia a los estadounidenses, ver el artículo The Varieties of Muslim Experience, en el  sitio Web Jewish World Review).

En 1993, Ira Einhron fue juzgado en un tribunal de Pensilvania y condenado en rebeldía por el asesinato de su novia en 1977. Einhron había huido a Francia, que rechazaba extraditar a nadie a EEUU que afrontara una pena de muerte. Pregunto: la próxima vez que Francia rechace extraditar a un asesino ¿deberíamos bombardear a su población civil?

Adolf Eichmann, que planeó la deportación y asesinato de millones de judíos merecía más que nadie comparecer ante la justicia. Después de la Segunda Guerra Mundial, Eichamnn huyó a Argentina a esconderse con su familia. El gobierno israelí acabó encontrándole en 1960 y el Mossad le “liberó” discretamente, es decir, la secuestraron y le trasladaron a Israel para ser juzgado. Fue condenado a ser ahorcado en 1962. Bajo los actuales estándares de EEUU, Israel habría estado justificado si hubiera bombardeado Buenos Aires salvo que el gobierno de Argentina hubiera capitulado rápidamente. Evidentemente habría sido ridículo que Israel lo hiciera, así que ¿por qué nosotros, los estadounidenses, se lo vamos a hacer a los afganos?

¿Y por qué nos concentramos en Afganistán? Bien, allí están los ahora infames “campos de entrenamiento terroristas”. Pero los talibanes se educan en una escuela religiosa especial en Pakistán. ¿Por qué no hemos insistido en que Pakistán cierre la escuela talibán y entregue a los profesores? ¿Puede que sea porque, al contrario que Afganistán, Pakistán tiene la bomba?

Cuando menciono mi desaprobación de la acción militar a algunos de mis amigos, siempre dicen: “No te preocupes. Las armas del ejército pueden acertar a un objetivo elegido y no alterar ni una flor delante del orfanato que está a su lado”.

¿De verdad? Entonces, ¿por qué los aviones de la OTAN bombardearon “accidentalmente” la Embajada China en Kosovo hace unos pocos años? ¿Por qué los aviones de EEUU bombardearon “accidentalmente” un barrio residencial en Afganistán el pasado fin de semana o un almacén de alimentos de la Cruz Roja unos pocos días después?

Siempre que se emplea el ejército, no importa lo nobles que sean las intenciones, mueren civiles y me opongo firmemente a proporcionar más miseria a gente que ya vive en ella. Además, ¿quién cree realmente que el poder militar detendrá al terrorismo? Si el ejército fuera lo único necesario para acabar con los terroristas, Israel habría acabado hace tiempo con la OLP y Gran Bretaña habría hecho de Irlanda del Norte una meca de las vacaciones antes de que yo naciera.

Un pequeño grupo de terroristas ha hecho cosas despreciables y deberían ser puestos ante la justicia. Incluso me ofrezco como voluntario para pulsar el botón tras el juicio. Pero no veo nada honorable en bombardear a familias inocentes (cuyo único delito es haber nacido en el lugar equivocado) cuando hay otras opciones disponibles. No veo nada patriótico en responder a los sufrimientos de nuestros ciudadanos con el sufrimiento de otros.

Así que sí, soy un patriota, pero un patriota que está contra las acciones de su gobierno y me acuerdo del último párrafo de Rebelión en la granja, de Orwell:

Doce voces gritaban enfadadas y eran todas similares. Ahora no había duda de qué había pasado en las caras de los cerdos. Las criaturas del exterior pasaban de parecer cerdos a hombres y de hombres a cerdos y de cerdos a hombres de nuevo, pero era imposible saber quién era quién.

 

 

Rob Blackstock enseña economía en la Universidad de Auburn.

Published Sat, Jul 3 2010 4:45 PM by euribe