Por Krzysztof M. Ostaszewski. (Publicado el 16 de junio de 2010)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4479.
El colapso de la Unión Soviética ha hecho que mucha gente lo haya olvidado y lo considere cada vez más una aberración que es improbable que se repita. Por supuesto, la historia no se repite, sólo suena parecida. Pero dada la continua y cada vez más beligerante existencia de los gobiernos de Corea del Norte y Cuba, podemos preguntarnos seriamente, ¿era inevitable la caída de la Unión Soviética? ¿Podría repetirse la pesadilla de su reaparición?
¿Fue le fin del régimen de terror en la Unión Soviética un simple golpe de suerte causado por la muerte de un hombre responsable de casi todas las ejecuciones soviéticas: Vasili Mikhailovich Blokhin? ¿Podría ser que el fin de la Unión Soviética fuera un golpe de suerte, en forma de sistema de sanidad soviético acabando con la vida de Mikhail Andreyevich Suslov?
La Unión Soviética produjo la máquina de propaganda más eficaz de la historia de la humanidad. Mikhail Suslov era esa máquina, y la máquina era Mikhail Suslov.
Probablemente su obra maestra sea la que llamo la “Maniobra Suslov”. Ante la posibilidad de ser acusado de una atrocidad o afrontar cualquier tipo de ataque ideológico, deberíamos acusar inmediatamente al oponente precisamente de esa atrocidad o fallo ideológico. Por ejemplo, si las muertes de Korolov y Suslov parecen sugerir algunos problemas en el sistema sanitario soviético y algún idiota estadounidense quiere exponerlo, la mejor forma de ocuparse de esto es emitir inmediatamente una declaración condenando la inhumanidad y el fracaso del sistema sanitario estadounidense.
En uno de los ejemplos más divertidos de Maniobra Suslov, inmediatamente después de invadir Afganistán en 1979, los soviéticos emitieron un comunicado condenando la intervención occidental en los asuntos internos de Afganistán.
Suslov era tan magistral con la propaganda que los políticos occidentales parecían aficionados en sus confrontaciones ideológicas. Las refutaciones más eficaces a Suslov no vinieron de ideólogos profesionales sino de chistes populares sobre el comunismo. Esos chistes tenían mucha más sabiduría y conocimiento de la situación que todas las declaraciones de todos los politólogos occidentales juntas. Los ecos de la confrontación ideológica entre el gran maestro Suslov y los aficionados anónimos que inventaban chistes antisoviéticos todavía pueden escucharse hoy.
Pensemos en el movimiento de las fiestas del té. Periodistas y políticos les llaman de todo, siendo lo más amable “miserables desagradecidos”, que disfrutan de los beneficios del gobierno federal y aún así atacan a dicho gobierno. En una afirmación fascinante, dado que políticos y periodistas generalmente dependen de los ingresos generados, en buena parte, por los participantes en el movimiento de las fiestas del té. ¿Podría ser una Maniobra Suslov, al menos a pequeña escala?
Lo que es más interesante es que la expresión “miserables desagradecidos” resulta muy familiar a quien haya vivido bajo el comunismo: era exactamente la expresión que usaba Suslov para describir a cualquier súbdito que se atreviera a expresar cualquier oposición al régimen soviético. Después de todo, tenían educación gratuita, sanidad gratuita y alojamiento subvencionado, ¿de qué tenían que quejarse de un gobierno que se ocupaba tan totalmente de ellos? Es verdad que en la Unión Soviética la gente sí tenía que pagar algo: recibían una factura por las balas usadas en la ejecución de sus familiares. Pero eso raramente lo mencionaba Suslov, aunque Blokhin lo hiciera constantemente.
Bueno, había un chiste antisoviético acerca de los “miserables desagradecidos”. Un hombre pedía un visado de emigración para que se le permitiera abandonar la Unión Soviética. El asunto se demoraba bastante tiempo (años), así que casi se había rendido. Entonces una noche alrededor de las tres y media de la mañana oye que alguien llama ruidosamente a la puerta de su apartamento. Así que se acerca a la puerta y pregunta: “¿Quién es?”
Una voz responde “El cartero”. El esperanzado emigrante abre la puerta y entran un grupo de hombres enormes. Le dicen que son del KGB y que tienen que hablar con él. El tema principal del consiguiente interrogatorio es que es un miserable desagradecido: “El socialismo de tu país te ha dado un lugar donde vivir, se ha ocupado de ti, te ha dado educación gratuita, sanidad gratuita y siempre ha sido bueno contigo. ¿Cómo puedes ser tan desagradecido?”
Tras vacilar un momento, éste responde: “Bueno… Esperaba irme a un país donde el correo se entregara a final de la mañana o el principio de la tarde”.
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En mi opinión, este chiste no está entre los tres mejores sobre el comunismo. Los tres mejores se ocupan precisamente de las tres pesadillas de la vida bajo el comunismo: Era económicamente ineficiente, era ordinario y aburrido y era letal.
El chiste sobre la ineficiencia económica realmente es muy conocido entre los estadounidenses, porque representa muy bien su perspectiva sobre la Unión Soviética. La historia tiene lugar en Moscú hacia 1987. Una mujer le pide a su marido que vaya a la tienda y compre pan. El hombre va y ve una larga cola; se pone en la cola y espera pacientemente.
Espera y espera, le sorprende ver que la cola no se mueve en absoluto. Está habituado a las colas, pero normalmente al menos se mueven. Después de varias horas esperando sin moverse, se siente ofendido y enfadado y empieza a proclamar en voz alta su descontento con el sistema soviético.
Como grita cada vez más alto, se le acercan tras hombretones con abrigos grises y le dicen tranquilamente que se aparte. Le explican que son miembros del KGB y necesitan hablar con él. Le dicen que su queja contra el gobierno, tan ruidosa y pública, es completamente inaceptable. Dicen: “Mira, camarada, hace sólo cinco años, te hubiéramos disparado en el sitio. Ahora tenemos glasnost y Perestroika; hacemos las cosas de forma diferente. Pero deberías volver a pensártelo. ¿Por qué no vas a casa y piensas tranquilamente? Vete y no lo vuelvas a hacer nunca”.
El hombre corre a casa y, según entra al apartamento, su mujer dice. “¿Por fin estás de vuelta? ¿Conseguiste pan?” A lo que el hombre replica: “Mujer, ¡olvídate del pan! Este país se está derrumbando. No hay pan, no hay pan, no hay pan. ¡Fíjate! ¡Las cosas están tan mal que ya no tienen ni balas!”
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El sistema soviético era sencillamente ordinario y aburrido. Los largos discursos de los miembros del Politburó podían resultar divertidos por ser tan increíbles, pero en realidad la cuestión era si el aburrimiento o su insensibilidad te matarían antes. Hay un chiste sobre eso.
En la década de 1970, hubo una reunión especial entre tres líderes del mundo: el Secretario General, Leónidas Brezhnev, el Presidente Valéry Giscard d'Estaing y el Presidente Jimmy Carter, junto con la Reina de Inglaterra. Comieron juntos y después se sentaron a tomar el té.
Desgraciadamente, durante el té, la Reina eructó (podemos sustituirlo por cualquier emisión corpórea a nuestra elección). Y, como todos sabemos, la Reina de Inglaterra no eructa. El Presidente Giscard d'Estaing se levanta inmediatamente y pide perdón ostentosamente, explicando que quizá había tomado demasiada sopa de cebolla durante la comida. Aún así, pocos minutos más tarde, la reina vuelve a eructar. El Presidente Jimmy Carter se levanta inmediatamente y pide perdón con gran sinceridad, explicando que siempre lleva algunos cacahuetes y probablemente no debería haberlos comido.
Pero la Reina de Inglaterra tiene otro desafortunado accidente. Esta vez, Leónidas Brezhnev se levanta lentamente, mira a su alrededor, toma un papel con sus notas escritas y lee lenta y deliberadamente: “La responsabilidad por este tercer eructo consecutivo de Elisabeth Windsor, conocida por la Reina de Inglaterra, es gentilmente aceptada por las masas del pueblo trabajador en las ciudades y el campo de la Unión Soviética”.
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Y obviamente hay un problema más con la Unión Soviética. Como dijo Tom Woods, ¿Qué pasa con los millones de cadáveres que nos dejó? Bueno, uno esperaría un chiste acerca de Vasili Mikhailovich Blokhin, el hombre que mató personalmente más que nadie en la historia de la humanidad. Pero, para su fortuna, sigue siendo alguien relativamente desconocido. Aún así había un chiste sobre las matanzas. Se refería al gran líder de la revolución, la leyenda, el gigante, el hombre más importante que haya vivido: Vladimir Ilich Lenin.
Antes de ser el gran líder del mundo, Lenin estuvo un tiempo en Polonia, en un pequeño pueblo en las montañas del sur llamado Poronin. En Poronin, Lenin alquiló una habitación en el ático de unos comerciantes locales. Un día, al levantarse y mirar por la ventana, el sol brillaba y cuando la abrió los pájaros cantaban y el aire era fresco. Lenin sintió la gran maravilla de la vida y sintió que su gran plan para la humanidad tenía un gran futuro.
Empezó a lavarse y una vez se sintió limpio y fresco, empezó a afeitarse mientras miraba por la ventana, admirando la maravilla del mundo al que iba a salvar y pensando en grandes ideas revolucionarias. Sin embargo, tenía que tener cuidado, pues entonces no había afeitadoras eléctricas y estaba usando una navaja tradicional.
Mientras se afeitaba con cuidado, de repente y niño de cinco años, hijo de sus caseros, entro en la habitación, gritando y corriendo y simulando disparar, jugando a los vaqueros. Lenin estaba sorprendido y molesto mientras el niño seguía saltando y gritando en su habitación. Lenin dejó cuidadosamente la navaja, se dirigió al niño y gritó muy enfurecido: “¡Para, estúpido niño! ¡Sal ahora mismo de mi cuarto y cállate o te patearé el culo tan fuerte que no volverás a andar nunca!” El niño se quedó paralizado de miedo, empezó a llorar y salió. Y todo el mundo se detuvo sorprendido un momento.
¿Cómo podía ser que este visionario gran líder de la humanidad pudiera actuar tan destempladamente? ¿Gritar a un niño pequeño, perder los estribos así? ¿Por qué? No había por qué. Podía haber resuelto el problema inmediatamente, sin necesidad de gritar o mostrar indignación. Al fin y al cabo, tenía la navaja en la mano.
Krzysztof Ostaszewski es natural de Lodz, en Polonia. Es profesor de matemáticas y director del programa actuarial en la Universidad del Estado de Illinois.