Por Abhinandan Mallick. (Publicado el 9 de octubre de 2009)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/3731.
La economía es una rama del conocimiento poco comprendida y, a pesar de su relevancia actual en la vida diaria, se sigue considerando como algo que debe dejarse a los especialistas. Difícilmente puede cometer un error tan grande el hombre moderno. La presente crisis de nuestro ciclo económico más reciente nos ofrece un gran ejemplo de los peligros de abandonar el análisis de acuerdo con leyes económicas simples a favor de hacerlo con modelos altamente abstractos.
Es verdad que el gran placer que puede encontrarse, y es un sentimiento que espero ser capaz de expresar, que la economía debería realmente decirnos lo que “ya sabemos”. Phillip Wicksteed, un gran economista, tituló un libro de 1910 El sentido común de la economía política.
Creo que merece la pena mencionar en primer lugar cómo obtuve parte de este conocimiento. No soy estudiante de economía. De hecho, la especialidad que estoy estudiando en la Universidad de Birmingham es física teórica. Me interesaba la economía cuando era más joven, principalmente porque me preguntaba por qué mi país de nacimiento e infancia, la India, seguía estando subdesarrollado después de tantas décadas de independencia del dominio inglés. Mi búsqueda de explicaciones me llevó a algunas afirmaciones que ahora me parecen bastante ridículas. ¡Durante un tiempo incluso llegué a pensar que nuestra pérdida de riqueza tenía algo que ver con que la Reina se llevara nuestras joyas para su corona!
Hasta que no leí India Unbound, de Gurcharan Das, una semana antes de cumplir 17 años, no entendí realmente el impacto que podían tener los mercados libres en países en desarrollo. La experiencia me cambió la vida e India Unbound sigue siendo hoy uno de los pocos libros que puedo decir que tuvo un impacto significativo en mi visión del mundo y la dirección de mi vida.
Durante las décadas que siguieron a la independencia, muchos empresarios, grandes y pequeños, hicieron humor negro diciendo que una vez se vio libre del Raj británico, nuestro país se vio atrapado por el “Raj de la licencia”, que estrangulaba la inversión, el desarrollo y la empresa privada en la India. Cuando nos quejamos por la corrupción, debemos darnos cuenta de que es simplemente un resultado de incentivos perversos creados por leyes draconianas impuestas a emprendedores y negocios ya existentes.
De hecho, puede resultar extraño para el lector oír esto, pero mientras existan estas leyes, realmente deberíamos esperar mas deshonestidad y competencia en la corrupción entre funcionarios, no menos. Esta competencia entre burócratas podría rebajar el precio de los sobornos, mejorar la calidad del servicio ofrecido en restringir la navegación y permitir un funcionamiento más fluido de los negocios en medio de la atmósfera fuertemente regulada de la India.
Sin embargo, mis opiniones hoy difieren realmente de las de Das, aunque le respeto mucho como escritor e intelectual. Su libro fue un punto de apoyo para mi postura actual.
Por abreviar una larga historia, estaba siguiendo la campaña presidencial de EEUU a finales de 2007, cuando descubrí a un oscuro político republicano llamado Ron Paul. A ver los debates republicanos, me quedé estupefacto. Era la primera vez que oía a un político que tuviera más sentido que nadie.
Después de buscar y ver muchas más intervenciones del Dr. Paul, llegué a lo que se conoce como la escuela austriaca de economía. Dentro de esta escuela, descubrí que había varias figuras históricas importantes, como Ludwig von Mises y su seguidor y premio Nobel, F. A. Hayek. También descubrí algunos recursos magníficos, especialmente Mises.org.
Luego tuve el honor de estudiar esta materia en el verano de 2009 con algunos de los principales estudiosos del mundo en este campo. La experiencia que tuve en mi semana en el programa de la “Universidad Mises” este año fue con mucho la más estimulante de mi vida.
¿Por qué me uní a las filas de estos economistas “austriacos”? El camino que seguí no fue recto e incluyó un largo periodo de lucha y tratar de conciliar afirmaciones y teoremas d cierto libro. Ese libro era La acción humana. Éste atacaba y desafiaba mis presupuestos filosóficos y me llevó mucho tiempo estar de acuerdo, ahora sin reservas, con su autor: Ludwig von Mises.
Debo confesar que antes de leer a Mises yo era más bien un positivista normal y corriente, aunque entonces no entendía el significado cabal de este término, ni sabía que lo era. Con mis conocimientos, sentía que las afirmaciones positivistas acerca de la ciencia eran tan obvias que sólo un chalado las pondría en duda. Por suerte, apareció ese “chalado”, llamado Mises. Él desafió las afirmaciones de esos filósofos cuyas opiniones se habían extendido tanto en el discurso científico que muchos no familiarizados con la filosofía consideran su doctrina como el único criterio válido para la ciencia.
No realizaré aquí una refutación completa del positivismo, simplemente resumiré la defensa de Mises de un método para las ciencias sociales. En La acción humana, Mises identifica una dicotomía metodológica entre las ciencias sociales y las naturales. La dicotomía está en cómo usamos la teleología y la causalidad para explicar distintos tipos de eventos.
Estos dos términos se explican mejor usando ejemplos. Por ejemplo, cuando lanzamos un apelota, no razonamos que está guiada de forma teleológica por algún espíritu místico o como “motor primario”. En su lugar, usamos las leyes de la mecánica y la causalidad para examinar la posición, velocidad y fuerzas actuando sobre la pelota, con el fin de predecir la futura posición y velocidad de ésta.
Al contrario, no razonamos que haya algún tipo de relación causal directa entre los semáforos en verde y los cuerpos empezando a cruzar la calle. Son individuos actuando con un fin al cruzar la calle, quienes, sólo cuando las luces se ponen verdes, razonan que es seguro cruzarla y proceden a hacerlo. El individuo temerario que llega tarde al trabajo puede cruzar la calle sin tener cuenta el color del semáforo. A partir de esta idea (la de que los humanos actúan siguiendo un fin o teleológicamente) Mises deduce todo su sistema económico.
Actuar significa buscar un fin a través de unos medios. Actuar significa elegir un modo de acción de entre todas las posibles alternativas. Por tanto, actuar es una demostración de preferencias. Por supuesto, una persona puede equivocarse en su juicio, dándose cuenta después de que el estado de cosas producido por actuar de una forma realmente le satisface menos que otras alternativas no tomadas de las que disponía.
Este marco de acción es asombrosamente general y puede usarse para explicar todo tipo de acciones, incluso las normalmente consideradas fuera del ámbito de la “economía”. De hecho el monje que rechaza las riquezas materiales y da comida a otro hombre lo hace porque valora más alimentar a ese hombre que alimentarse a sí mismo. Este tipo de análisis subjetivo conforma la raíz de una buena investigación económica.
Un ejemplo clásico de la aplicación del subjetivismo puede producirse si queremos entender el valor de un factor de producción, por ejemplo, la tierra. Por ejemplo, cuando se pregunta por qué es tan caro el champán, los economistas clásicos habrían dicho que el empresario tiene que pagar mucho por el terreno en la región francesa de Champagne por lo que en consecuencia debe cargar un aprecio alto por el producto que produce a partir de la misma.
Aún así, si a la gente le empieza a disgustar o desconfía del champán, quizá porque piensen que les hace enfermar, empezarán valorar y demandar menos en relación con otros productos: así que el precio de mercado tendrá que caer. Consecuentemente, la bajada de precio del producto se “imputará” hacia atrás al precio del terreno en que se produjo. Por tanto, veríamos una bajada en el precio de la tierra en Champagne.
Así vemos que el consumidor y sus valoraciones están en la base de todas las consideraciones económicas. Es porque, como consumidores, valoramos los productos por los fines subjetivamente definidos que creemos que nos ayudan a lograr, por lo que tienen algún valor concreto en el mercado. Aunque esto puede parecer evidente al lector (decirle lo que “ya sabe”) hay que mirar más allá de lo que es inmediato a la vista.
Esencialmente, quizá la entidad más difícil de aprehender de la economía es el mercado, el mismo concepto en el centro de las investigaciones económicas. “¿Cómo se alimenta París?”, preguntaba Bastiat. La primera suposición que se hizo sobre cómo podría hacerse que un hombre coopere con otro fue que se necesitaba una interferencia para hacer que cada sirviera a sus conciudadano.
La sorpresa que los economistas experimentaron en sus investigaciones fue el estado verdaderamente anárquico de la sociedad conocido como “libre mercado” que sin embargo permitía la coordinación de la producción entre diferentes individuos persiguiendo sus propios intereses. Es este mercado el que realmente alimentaba a París. Buscaba innovaciones y proveía a los consumidores mejor de lo que podrían las órdenes de cualquier gobierno centralizado.
Podemos ver los efectos de la interferencia del gobierno en el mundo a nuestro alrededor con sólo abrir los ojos. A cada momento, el gobierno desconecta el movimiento del empresario de las órdenes y demandas de los consumidores. La separación de la preferencia temporal del consumidor del índice de producción y los bienes de inversión, que se produjo por la rebaja de tipos de interés del banco central, produjo un auge de la inversión. En este auge, los negocios desperdiciaron recursos y dinero en bienes que, en último término, no deseaban los consumidores. Esto se vio seguido, inevitablemente, por la recesión actual.
La lección aprendida al fin, aunque sin duda resultará deprimente para quienes quieren controlar la vida de otros, es que es mejor no interferir con el funcionamiento de la economía de mercado. Simplemente deberíamos permitir a otros perseguir sus propios fines mediante relaciones contractuales voluntarias. Como advertía Mises en La acción humana, “Observen el funcionamiento del sistema de mercado (…) y descubrirán en él (…) la mano de Dios”.
Abhinandan Mallick es estudiante de último año de la licenciatura de física teórica MSci en la Universidad de Birmingham, Reino Unido. También escribe regularmente en el blog toobigtobail.com.