Por B. T. Donleavy. (Publicado el 12 de mayo de 2010)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4287.
Con la llegada de la peor crisis financiera vista en décadas, hay mucho que aprender. Muchos economistas están de acuerdo en que crear una falsa demanda acaba creando una burbuja y aplasta un mercado mucho más rápidamente que le ciclo económico natural. Tomemos pro ejemplo el mercado de préstamos a estudiantes. Los préstamos a estudiantes, subvencionados o no, permiten a una persona de 18 años financiar algunos o todos los cuatro próximos años de su vida, incluyendo la manutención. ¿Es moralmente correcto permitir a nuestros hijos empezar sus vidas laborales con deudas?
En 1992, el Congreso aumentó la cantidad de dinero que un estudiante podía pedir prestado a un programa de préstamos federales con la reaprobación de la Ley de Educación Superior. La ley además permitía a los estudiantes definidos como “en necesidad” un acceso más fácil a la financiación. Ahora vemos los préstamos a estudiantes dominando el sector de la educación superior y constituyendo el 50% de todos los paquetes de ayuda financiera.
De acuerdo con FinAid.org, la tasa de inflación media anual en las matrículas es de un 8% y los precios no han caído ni se han estabilizado desde 1977, independientemente del clima económico. En 2004, la Oficina del censo publicó un informe que indicaba que las matrículas en las universidades privadas eran de “hasta un 93% mayores que en 1990”. Este síntoma puede atribuirse al dinero barato y accesible y se está convirtiendo en algo a tratar ahora porque siguen aumentando, aunque los salarios se han mantenido planos durante una década.
El Departamento de Educación informa de que dispone de un presupuesto de 63.700 millones de dólares en asignaciones para 2010. También ha recibido 96.800 millones de la Ley de Recuperación y Reinversión Americana de 2009. El sitio web del departamento dice que “los programas del departamento también ofrecen becas, préstamos y asistencia en estudios y trabajos a más de 14 millones de estudiantes de post-secundaria”. Eso son aproximadamente sólo 4 millones menos que todos los estudiantes universitarios del país. ¿Significa esto que sólo el 22% de los estudiantes en Estados Unidos tienen medios suficientes para pagar la universidad? Basándose en el modelo económico de Estados Unidos, esta estadística debería ser teóricamente imposible. Esto significa que más de ¾ de los estadounidenses que acude a las instituciones de educación superior están “en necesidad”.
Hay beneficios en los sectores que son capaces de aumentar los precios. Las universidades necesitan ser competitivas. Nuevos ingresos significan que una universidad puede permitirse mejores profesores e infraestructuras. Puede crear nuevas residencias d estudiantes y construir nuevas instalaciones para ofrecer un mejor acceso a laboratorios y centros del campus. La calidad general de una facultad y los servicios educativos que ofrece mejorarán.
Los préstamos y becas no son necesariamente malos, pero cuando la cantidad de dinero inunda el sector eleva la demanda hasta el punto de que aquéllos son esenciales en el mercado, afluye el riesgo. Igualmente, la sanidad ha disfrutado asimismo los frutos del dinero fácil a causa del avance del sector. La financiación adicional para investigación y desarrollo ha ayudado a los avances en medicación y tecnología. Pero la financiación de terceros normalmente eleva los precios porque las decisiones del consumidor se debilitan en la ecuación económica. Ahora la sanidad es a menudo inasequible para el comprador independiente.
En la mayoría de los casos, la ayuda al estudiante es una responsabilidad inconmensurable. El riesgo individual en una persona de 18 años no puede cuantificarse adecuadamente ni siquiera por un avalista. En realidad, ninguna institución privada prestaría este tipo de capital a una persona tan joven sin historial crediticio. También debería advertirse que los informes han mostrado que los estudiantes universitarios tiene por término medio 4 tarjetas de crédito y un balance medio de 3.000$ que no pueden pagar completo. Es una pequeña suma comparada con la cantidad que heredarán después de cuatro años, pero demuestra que el crédito se está otorgando indiscriminadamente. Se está realizando una enorme cantidad de especulación sobre los beneficiarios sin ninguna indicación de que éstos sean capaces de devolver las sumas.
Fomentar la financiación de la educación puede tener un precio. Si continúa la tendencia actual, los estudiantes aumentarán la cantidad financiada y estarán pagando la mayoría de su educación a préstamo. Como apunta la edición del 14 de enero del The Economist, “Sólo alrededor de 400.000 estadounidenses más fueron empleados en diciembre de 2009 respecto de diciembre de 1999, mientras que la población aumento en cerca de 30 millones”. Con una tasa de paro del 10% (las cifras reales están cerca del 17%) las cosas sólo parecen más ominosas.
Millones de estudiantes se graduarán en las mismas especialidades populares y competirán por menos trabajos porque una importante cantidad de las manufacturas y la industria han abandonado Estados Unidos. La oferta de estudiantes entrando en el mercado de mano de obra será infinita y las empresas rebajarán el salario base de los nuevos empleados a causa de su abundancia.
El otro escenario es que las empresas no les contratarán en absoluto porque ya tienen todo el personal necesario, creando así un cuello de botella en el mercado de trabajo. El desempleo, la Seguridad Social y el Medicare sufrirán los efectos de la oferta y la demanda de este tipo de crisis.
Las universidades estatales y municipales no serán capaces de acoger a todos los estudiantes pero pueden seguir siendo la forma más barata de obtener un diploma. La Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY, por sus siglas en inglés) ha informado de un 77,5% de aumento en estudiantes transferidos el pasado año. Es una señal de que la educación se está haciendo inasequible. Sin una gran financiación del estado o aumentos en las matrículas, la infraestructura de la CUNY no sería capaz de gestionar la capacidad de recibir estudiantes.
Es difícil llegar a una evaluación razonable de cómo ocuparse de una inminente crisis en los préstamos a estudiantes. Los candidatos que se presenten con un programa de limitar la ayuda financiera o reducir el Departamento de Educación estarían escribiendo su sentencia de muerte política. La reciente Ley de Reconciliación de la Sanidad y la Educación de 2010 acabará con los subvenciones para ayuda a estudiantes por parte de prestamistas privados. Esto hará más fácil a los estudiantes buscar un préstamo yendo directamente a la fuente pero sólo se ocupa de quienes controlan el mercado y no tiene efecto en la economía de los costes de matrícula.
Los pagos tendrán un umbral de 10% de la renta disponible del graduado y se condonarán a después de 20 años, mientras que un funcionario los condonará a las diez. El riesgo asociado a las obligaciones de los préstamos se traslada al contribuyente. En consecuencia, la ley elimina obligaciones y crea un riesgo moral con la creación de un camión escoba virtual. Con la combinación de este camión escoba y los salarios en disminución por una sobreoferta de trabajadores, el resultado sólo puede perpetuar los impagos. Esta burbuja a reventar será masiva y afectará a otros sectores importantes como la vivienda, el automóvil y el crédito.
A causa de la facilidad de obtener estos tipos de préstamos y la indulgencia en los términos de devolución, el sector de la educación postsecundaria puede posiblemente aumentar sus matrículas a un ritmo más rápido. No hay riesgo para las universidades. Mientras se alcancen los precios, las facultades pueden cargar lo que el mercado esté dispuesto a pagar. Aguantar los costes en aumento será difícil de hacer porque la financiación pública tendrá que aumentar exponencialmente en relación con las matrículas.
En conclusión, vemos que la teoría de la asistencia financiera escolar mediante intervención del gobierno no funciona como se anuncia. El programa en realidad sólo dañará a la gente a la que trata de ayudar.
Los padres ya no son capaces de ahorrar para los años universitarios de sus hijos porque la inflación de precios de la educación postsecundaria es exponencialmente mayor que el ritmo de ahorro. Esto fuerza a cada vez más estudiantes a endeudarse antes de ganar su primer dólar como profesionales. Acabará siendo perjudicial para la economía y tendrá un impacto masivo en otros sectores. Además, la condonación de la deuda es un riesgo moral que significa que el deudor no tiene una obligación real y el contribuyente es ahora el responsable.
Ya sea el sector de los préstamos a los estudiantes gestionado por el gobierno estadounidense o por instituciones de préstamo subvencionadas, el modelo de negocio es defectuoso y continuará forzando al alza a los precios independientemente de si tiene sentido económico.
B.T. Donleavy es especialista en mercado de divisas en la ciudad de Nueva York. Ha trabajado en varias empresas Fortune 500 y ha asesorado a Michael Moore sobre los efectos de una política monetaria laxa para la película Capitalismo: Una historia de amor.