Las leyes urbanísticas destruyen las comunidades

Por Troy Camplin. (Publicado el 30 de abril de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4264.

                           

Las leyes urbanísticas son una violación de los derechos de propiedad. Destruyen el sentido de comunidad en los barrios, aumentan los delitos, aumentan la congestión del tráfico, contribuyen a la contaminación urbana y suburbana, contribuyen a la pobreza, contribuyen a la dependencia del gobierno (y así reducen la autodependencia) y contribuyen a la ruina de nuestras escuelas. La mayoría de nuestros problemas urbanos y suburbanos aparecen con las leyes urbanísticas y otras contra la propiedad, a las que han contribuido los programas de bienestar y de vivienda pública. Cada una de estas políticas deriva de la idea de que la sociedad podría y debería ser diseñada desde arriba para dar lugar a la eficiencia, la comunidad y la prosperidad. Lo que se origina en realidad es exactamente lo contrario.

  I.      Barrios y comunidades

Con las leyes urbanísticas se separan las áreas comerciales, industriales y residenciales. La consecuencia son bloques de casas, parques industriales y zonas de tiendas y restaurantes. La gente tiene que conducir varias millas para ir a la tienda, al trabajo o incluso al parque. Es raro ir a la tienda y encontrar a alguien que conozcamos.

Pero imaginemos un barrio son leyes urbanísticas. Sería posible así, por ejemplo, que hubiera una pequeña tienda en la esquina donde podríamos comprar fruta y verdura fresca, pan y carne. Esa tienda estaría a una distancia que podría cubrirse andando, ser propiedad de un vecino y estar diseñada para servir al barrio.

Yo encontré una tienda así cuando viví un mes en Atenas, Grecia. Estaba a menos de un minuto andando desde donde vivía. Podía obtener la mayoría de lo que necesitaba en un día concreto, y si me apetecía alguna fruta o verdura fresca, podía ir allí y comprarla. Tengo pocas dudas de que comí más fruta y verdura allí que aquí en Richardson, Texas. Si me apetece algo (por ejemplo, unas fresas) tengo que tomar el coche y conducir una milla hasta la tienda. Lo más probable es que decida que no vale la pena el esfuerzo. Así que no se hace una venta y no me como mis fresas, lo que significa que soy menos feliz y menos sano.

El gran supermercado a varias manzanas de mi domicilio en Atenas ofrecía una mayor variedad de productos, por supuesto, y por eso hacía allí mi compra semanal para obtener productos de papel, conservas, frutos secos, etc. Para grandes compras, las grandes tiendes al servicio de toda la comunidad son mejores, pero la pequeña tienda familiar de la esquina contribuye a la comunidad local. Si voy a la tienda de la esquina en mi barrio para comprar una o dos cosas cada día y eso mismo hacen todos en al comunidad, es más probable que nos conozcamos, hablemos y nos hagamos amigos.

Si todos van a las grandes tiendas, vamos menos a menudo y sólo vemos a algún vecino en las raras ocasiones en que ambos salimos de nuestras casas a la vez para entrar en nuestros respectivos coches. Podemos saludarnos, pero puede que ni siquiera conozcamos sus nombres. Si conocemos a nuestros vecinos en una manzana o dos, se crea un barrio más fuerte porque se crea una comunidad. El crimen disminuirá porque la gente estará más dispuesta a ayudar a los demás y es menos probable que alguien cometa un delito contra alguien a quien conoce:

“¡La bolsa o la vida!”

“¿Bob? ¿Eres tú?”

“Perdona, Charlie. No te reconocí en la oscuridad”.

Eso simplemente no ocurriría.

A medida que la gente se conoce, habrá un mayor respeto por la comunidad del barrio. Una cosa es hacer un graffiti en una tienda y otra hacer un graffiti en la tienda de Chuck Johnson, donde creciste y donde Johnson solía darte un caramelo cuando eras pequeño.

Es verdad que esto suena como un sueño romántico de la década de 1950, pero esa época era de esa manera precisamente porque los barrios eran comunidades. No se habían implantado leyes urbanísticas y otras políticas públicas contra la comunidad para atomizar a la gente, haciéndola menos dependiente entre sí y, así, más dependiente de los más distantes burócratas del gobierno. Es asombroso lo que puede hacerse simplemente impidiendo que alguien abra una tienda en un “área residencial”.

II.      Las leyes urbanísticas favorecen a los grandes negocios frente a los pequeños

Las leyes urbanísticas te obligan a poner tu negocio sólo en ciertas ubicaciones. Esto eleva los precios de los locales de negocio, haciendo más difícil emprender. Si quiero vender galletas (y sé hacer buenas galletas), tengo, o bien que comprar algún caro local comercial o alquilar un local en un centro comercial, obtener los permisos y licencias apropiados (otra barrera de entrada en el mercado), comprar cocinas y batidoras, etc.

Para cuando haya hecho esto, no podré pagar los ingredientes para fabricar galletas. Tendría que ahorrar una pequeña fortuna o endeudarme. Pero si el ayuntamiento me hubiera dejado en paz, podía cocinar galletas en mi casa, usando la batidora y la cocina que tengo y vender las galletas a mis vecinos delante de mi casa. A medida que hiciera dinero vendiendo galletas, podría comprar una batidora mayor y una mejor cocina para hacer más. Podría contratar al hijo de un vecino para que vendiera mis galletas y asó poder cocinas más y tal ven empezar a vender mis galletas en tiendas locales. Al empezar a hacer más dinero con más demanda podría hacer un anejo a mi casa para poner una tienda de galletas y comprar o alquilar otro lugar y hacerlas allí. Así que podría empezar mi propio negocio con pocos costes iniciales y sin endeudarme al tiempo que ofrezco un servicio a mi comunidad y a mis vecinos.

Y la gente solía hacer esto. El abuelo de mi mujer vendía frutales de su jardín hasta que la ciudad aprobó una ordenanza prohibiendo a la gente vender cualquier cosa en las propiedades residenciales. Hicieron la excepción de que podía hacerse dos ventas de garaje al año, pero sólo con permiso.

La consecuencia es que los grandes negocios se ven favorecidos ante los advenedizos. Walmart y Home Depot pueden permitirse comparar tanto terreno comercial como necesiten para construir una tienda. Y no tienen que preocuparse porque un grupo de gente venda productos similares en la localidad. La mayoría de los estadounidenses son como yo y no pueden permitirse comprar propiedades como las grandes corporaciones, así que se nos impide participar en el mercado salvo como empleados de otros.

Con tantas barreras como hay para empezar un nuevo negocio, es sorprendente cuántos se inician. Normalmente se hace endeudándose. Esto hace aún más difícil a los pobres salir de la pobreza. Impedidos de empezar un negocio por las leyes urbanísticas y otras prohibiciones, tampoco pueden obtener préstamos debido a su pobreza y bajo crédito. Quienes se las arreglan para ganar dinero lo gastan frívolamente por miedo a que si lo ahorran o invierten, el gobierno les sancione con multas y auditorías. Así que esas leyes contribuyen a malos hábitos de gasto entre los pobres. El gobierno puede llevarse nuestra propiedad, pero no puede  llevarse jamás la fiesta en la que disfrutaste tanto.

III.      Leyes urbanísticas, tráfico y contaminación

Cuando nuestro trabajo y tiendas están a varias millas, tenemos que conducir. Los estadounidenses aman su independencia, por lo que el transporte público sólo es una opción si no podemos pagar un coche. En consecuencia, el tráfico en la mayoría de las ciudades y suburbios es una pesadilla entre 5 y 7 de la tarde. No sólo hay gente que trata de llegar a casa desde el trabajo, sino que una vez que están en casa tienen que ir a la tienda. Un trayecto de un cuarto de hora se convierte en una hora o más. Todo ese tiempo conduciendo crea grandes cantidades de contaminación atmosférica, contribuyendo a problemas pulmonares y estrés. Así que nuestra salud física y mental se ven dañadas por el tráfico, haciéndonos trabajadores menos felices y menos productivos.

De la forma en que está organizada la ciudad, puedo ir andando al dentista (cuya consulta está al otro lado de la calle donde vivo), pero tengo que conducir para ir al supermercado. Normalmente, tengo que ir de compras más a menudo que al dentista. Debo conducir para ir a cualquier tienda, ala cafetería o incluso al parque. Camino menos y conduzco más, contribuyendo a problemas de salud debidos al menor ejercicio y a mi contribución a la contaminación atmosférica. Con tiendas integradas en los barrios, habría menos tráfico en las carreteras, lo que significa menos congestiones y menos polución.

IV.      Barrios y escuelas

Las escuelas estadounidenses han ido empeorando y los barrios se han deteriorado y las comunidades se han disuelto. En los lugares donde sigue habiendo un fuerte sentimiento de comunidad local, las escuelas hacen un trabajo educativo mucho mejor. Estos lugares son normalmente rurales y tienen pocas o ninguna ley urbanística que separe las vidas de la gente en secciones no conectadas entre sí. La gente que vive en comunidades fuertes es consciente de que tiene interés en la salud de esa comunidad.

Las escuelas son uno de los centros principales de cualquier comunidad y aquéllos a quines les importa su comunidad, les importan sus escuelas. Cuando los padres participan en las escuelas, éstas hacen un mejor trabajo educativo. Las escuelas a su vez se orientan más hacia la comunidad y trabajan más para contribuir a ésta.

Un buen ejemplo de esto (y de su colapso) era la escuela elemental a la que asistí en el Kentucky rural. Esta escuela estaba organizando constantemente festivales y eventos en los que podía participar el pueblo. Los padres aportaban comida para vender en los festivales. Con esto y con gente pagando por los distintos juegos, nuestra escuela tenía superávit, lo que significaba que podía hacer más cosas por los estudiantes.

Con el tiempo, las leyes destruyeron lo que estaba haciendo nuestra escuela. Primero se aprobó una ley que prohibía el uso de conservas que no se hubieran comprado en una tienda. Así que la gente dejó de contribuir igual, pues si embotas tus propias judías verdes, no vas a comprar judías en conserva y pocos o ninguno irían a la tienda sólo para comprar latas de judías para el acto escolar. Luego aparecieron prohibiciones sobre productos cocinados en casa, haciendo que hubiera aún menos contribuciones. Esto hizo que los actos fueran menos personales y menos rentables.

Pero al cabo, no importó. Mi escuela elemental ya no existe porque el consejo escolar del condado decidió ignorar toda evidencia que indicara que las escuelas más pequeñas educaban mejor a los estudiantes que las grandes: la juntaron con otras tres escuelas locales para hacer una más grande que está ahora a cinco millas del pueblo en que crecí. White Plains sigue siendo un pueblo, pero ya no es una comunidad. Asimismo hay mucho menos interés local en la nueva escuela.

V.      Las leyes urbanísticas violan la protección de los derechos de propiedad

Hasta ahora me he ocupado de los aspectos psicológicos, sociales y económicos directos del daño que producen las leyes urbanísticas. Pero dichas leyes asimismo violan nuestros derechos relativos a la propiedad. Los impuestos a la propiedad hacen que los ayuntamientos consideren a los propietarios como inquilinos de una propiedad que les alquila el municipio. Si no pagamos los impuestos a la propiedad, el ayuntamiento nos tratará como un arrendatario y nos echará, así que la analogía es más que apropiada: es exacta.

Un inquilino tiene que acatar las normas del propietario, por eso los ayuntamientos han adoptado esta actitud hacia la propiedad de otros. Si el ayuntamiento realmente es dueño de la propiedad, puede decirte lo que puedes y lo que no puedes hacer con ella. Sin derechos de propiedad, realmente no podemos expresarnos como queramos, organizarnos con quien queramos o prosperar como queramos. Siempre tenemos que pedir permiso antes.

La protección de los derechos de propiedad es un elemento necesario para la creación de prosperidad. La gente necesita sentirse segura para querer tomar riesgos. Podemos verlo en los niños pequeños: un bebé ríe si su padre le lanza al aire, pero llora si lo hace un extraño. Necesita sentirse seguro para asumir el riesgo.

Cuando vivimos bajo la amenaza de que un gobierno se quede con nuestra propiedad por lo pagarles una renta, por violar alguna ordenanza urbanística o pro no pagar al funcionario apropiado, la gente está menos inclinada a tomar los riesgos necesarios para hacerse independiente y próspero. La gente necesita sentir que su propiedad está segura y protegida tanto frente a los criminales como frente al gobierno si va a sumir riesgos.

VI.      Las leyes urbanísticas son antinaturales y perjudiciales

Una comunidad es un sistema complejo. En la naturaleza, los sistemas complejos se autoorganizan desde abajo, a partir de elementos menos complejos. Las estructuras desarrollan ese efecto pero no fuerzan a los elementos que constituyen el sistema a realizar lo que están haciendo naturalmente. Ningún sistema de la naturaleza se crea de arriba abajo.

Déjenme decirlo así. Una célula biológica es una estructura de abajo arriba, una máquina es una estructura de arriba abajo. Las células son complejas, eficientes y generan orden, las máquinas son simples, ineficientes y generan desorden. Las células acumulan, las máquinas agotan.

Las comunidades son como células. Están hechas de diferentes elementos (personas y familias) que, trabajando juntos, crean una entidad más compleja llamada comunidad. Pueden crearse comunidades bastante grandes integrando muchas subcomunidades. Puedo pertenecer a una comunidad escolar, una comunidad religiosa, una comunidad laboral y a varios clubs y organizaciones. Sabemos que los humanos se encuentran más cómodos en grupos de 150 personas. Podemos, y a menudo lo hacemos, expandir la comunidad en la que vivimos siendo miembros de muchas comunidades diferentes que contengan 150 miembros. Pero ese número (150) debe mantenerse si queremos seguir estando cómodos psicológicamente. Donde hay superposición (la misma gente perteneciendo a las mismas subcomunidades), se fortalece la comunidad superior. Aunque soy cristiano, me he hecho amigo de varios musulmanes porque todos somos miembros de la misma “comunidad Starbucks”.

Las comunidades no son como máquinas. Cuando tratamos de diseñar comunidades, los resultados son desastrosos. Forzar a los alumnos a integrarse en escuelas no hace nada por crear una comunidad de blancos y negros. Por el contrario, destruye las escuelas comunitarias, rompiendo los barrios donde están éstas y creando resentimiento entre quienes son desplazados. No mejora la educación de nadie, sino que contribuye a empeorar la educación de todos. Y los alumnos siguen segregando por sí mismos en los comedores.

Lo mismo sucede cuando se construyen los proyectos de vivienda pública. Poner artificialmente a la gente junta en feos apartamentos de cemento desnudo es deshumanizador y por tanto destructivo también para la comunidad. Por eso todos los planes de renovación urbana han sido un fracaso sin paliativos, generando mayor pobreza y más delitos. La comunidad se destruye mediante los procesos de arriba abajo precisamente porque esos procesos simplificadores, antinaturales y crean desorden.

Conclusión

Las leyes urbanísticas y otras leyes que restringen lo que la gente puede hacer con su propiedad hacen más mal que bien. “No quiero que se construya una fábrica en mi barrio”, pero lo cierto es que nadie quiere construir una fábrica en su barrio. Quieren construir una fábrica donde sea fácil que lleguen los suministros y salgan los productos y donde haya espacio suficiente para que aparquen los empleados. Y en una economía cada vez más postindustrial, ese argumento es en buena medida irrelevante.

Estoy defendiendo permitir una organización natural de comunidades y barrios. Estoy defendiendo barrios y comunidades más saludables.

La eliminación de esas leyes contra la propiedad lo permitiría. Haría a mucha gente más independiente y por tanto menos dependiente del gobierno, lo que significa que habrá más gente contribuyendo a la economía, la sociedad y a sus barrios y comunidades. Asimismo la gente será más sana y más feliz y estará menos estresada.

La ingeniería social sólo funciona para destruir comunidades y hacer a la gente más dependiente de los programas del gobierno.

 

 

Troy Camplin da clases de redacción en el Richland College y el Collin College.

Published Mon, May 3 2010 1:53 PM by euribe
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