Por Dave Albin. (Publicado el 15 de abril de 2010)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí
http://mises.org/daily/4232.
La reciente batalla entre
un propietario y la Comisión de Preservación Histórica de Morrison en Illinois
ha vuelto a reforzar la importancia de los derechos de propiedad privada.
La batalla se centra en torno a un propietario en Morrison
que compró cuatro viejos inmuebles a los largo de la calle principal planeando
demolerlos para fines de desarrollo comercial. La Comisión de Preservación
Histórica de Morrison no permitiría la demolición porque los inmuebles se
encontraban dentro del Distrito Histórico de la ciudad y el municipio “declino
contradecir” a la comisión (aunque parece que, después de meses de reuniones y
tira y afloja, puede que se permita la demolición
de dos de los inmuebles).
El razonamiento que subyace a las ordenanzas de preservación
histórica los expresó un concejal que dijo:
“Entiendo que puede que esto no
sea lo que más nos interese, pero el ayuntamiento ha de actuar como más
interese a la comunidad en su conjunto, en cómo afectará al comunidad dentro de
5, 10 o 25 años (…) Hay todo tipo de investigaciones que demuestran que la
preservación histórica merece la pena”.
La parte más notable de esta declaración es, por supuesto,
la total despreocupación por los deseos del propietario privado, la persona que
asumió todos los riesgos comprando viejos inmuebles con la esperanza de
convertirlos en una negocio productivo y útil (como venga determinado por los
consumidores). También es sorprendente que este concejal en particular no
entienda que el intercambio voluntario de bienes y servicios por dinero que
generaría ese proyecto sin duda “afecta a la comunidad… en el futuro” de forma
positiva.
Quizá esto no debería sorprendernos, considerando que los
propietarios en Illinois (y también en la mayoría de los demás lugares) deben
pagar impuestos de propiedad y cumplir con requisitos urbanísticos, una especie
de disposición de propiedad colectiva. Pague sus impuestos y cumpla con
requisitos urbanísticos, o le acabaremos arrebatando su propiedad. Indicarnos
si nuestro proyecto está permitido o no, en nombre de la preservación
histórica, parece estar en línea con estas prácticas.
Se hicieron otras declaraciones preocupantes en reuniones
sobre este asunto. Al ofrecer más detalles sobre las normas que afectan a la
preservación histórica, la presidencia de la Comisión de Preservación Histórica
de Morrison declaró:
“El mantenimiento general de la
propiedad residencial dentro del Distrito no necesita presentarse ante la
Comisión. (…) El Oficial de Mantenimiento Urbanístico es el encargado. Cuando
se solicitan los permisos apropiados, éste [el oficial de urbanismo] le dirigirá
a los impresos apropiados y le informará si necesita acudir ante la Comisión
Histórica”.
La respuesta a la siguiente prgunta sobre si hay disponibles
instrucciones sobre preservación histórica, fue más preocupante:
“En este momento, no”.
La presidencia continuó diciendo que la comisión tiene
planes de otra ciudad disponibles para su examen.
Se permite el “mantenimiento general” (el cómo se entienda
esto resulta temible), sin embargo, como hemos escuchado de la propia
presidencia, la normas que rigen la preservación histórica ni siquiera están
escritas. Las instrucciones de otra ciudad no tienen sentido: sin duda el
propietario privado no puede confiar en ellas cuando no reside allí. Por tanto,
el propietario privado del distrito está a merced del “encargado” en términos
de lo que pueda hacer o no a su propia propiedad.
No sólo eso, sino que el “encargado” puede forzar al
propietario a acudir a la comisión de preservación y defender su causa. Sin
instrucciones ni siquiera escritas, es realmente un caso extremo de legislación
“viva”. Los propietarios privados deben seguir reglas no escritas, reglas que
pueden cambiar en cualquier momento. Si el “encargado” o la comisión de
preservación tienen un mal día o no, por ejemplo, podría afectar a lo que pueda
o no pueda hacer el propietario privado en los bienes que ha conseguido.
Aparte de las importantes consideraciones prácticas, los
defectos implícitos que conlleva el desbaratamiento
de los derechos de propiedad privada están claros. Por ejemplo, los derechos de
propiedad ofrecen el fundamento para resolver los conflictos, como demostraba
el reciente artículo
sobre la caza de ballenas de Jeremiah Dyke.
En el caso de Morrison, el propietario ha declarado que no
invertirá más dinero en sus propiedades mientras no puedan desarrollarse. El
propietario no tiene incentivo para desarrollar, o incluso mantener, su
propiedad. En lugar de trabajar duro para crear una empresa que beneficiaría a
todos, el propietario puede intentar vender su propiedad o simplemente dejarla
que se arruine. Esto disuadiría a otros a tener propiedades en la zona,
empeorando más el problema.
La recientes acciones de la comisión de preservación contra
un propietario privado no son sino un robo agresivo por parte de un tercero. El
actual propietario y los anteriores de los inmuebles en cuestión realizaron un
contrato voluntario de intercambio. El propietario actual estaba luego en un
proceso de intercambios voluntarios y mudamente beneficiosos con sus clientes
una vez que los inmuebles se hubieran desarrollado. La interrupción abrupta de este
proceso, en nombre de la preservación histórica, sólo refuerza la naturaleza
colectiva de la propiedad estadounidense, minimiza los logros humanos y anima a
las disputas.
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El Doctor Dave Albin es biólogo molecular y zoólogo en
Illinois.