Por Murray N. Rothbard. (Publicado el 15 de abril de 2010)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra
aquí: http://mises.org/daily/4214.
[Este artículo está extraído de Historia
del pensamiento económico, vol. 1, El pensamiento económico hasta Adam Smith]
Durante el siglo XVI, apareció en
Italia un grupo de maquiavélicos
encabezado por Giovanni Botero (1540-1617) y su tratado de 1589, De la razón
de Estado.
Botero fue un destacado humanista
del Piamonte que ingresó en los jesuitas. Es indicativo de la decadencia del
escolasticismo en esta época el que este defensor de la “razón de estado” y por
tanto enemigo de la ética iusnaturalista en la vida política hubiera sido
miembro de la gran orden de los jesuitas. Como Maquiavelo era muy poco popular
en Europa, especialmente en los círculos católicos, Botero se cuidó de atacarle
explícitamente y pro forma. Pero era simplemente un velo ritual para la
adopción de Botero de la esencia del pensamiento maquiavélico. Aunque empieza
alabando falsamente la importancia de que el príncipe respete la justicia,
Botero en seguida continúa justificando la prudencia política como crucial para
cualquier gobierno, luego define la esencia de la prudencia en que “en las
decisiones tomadas por príncipes, los intereses siempre se impondrán a
cualquier otro argumento”, todas las demás consideraciones como la amistad, los
tratados u otros compromisos deben echarse por la borda. La visión general de
Botero es que el príncipe debe guiarse principalmente por la “razón de estado”
y que las acciones así orientadas “no pueden considerarse a la luz de la razón
ordinaria”. La moralidad y justificación de las acciones del príncipe son
diametralmente opuestas a los principios que deben guiar al ciudadano
ordinario.
La obra de Botero desencadenó una
oleada de trabajos similares en Italia durante los siguientes 40 años, todos
los cuales tenían el mismo título, De la razón de Estado.
Además de ser un destacado
teórico del pragmatismo político y la razón de estado, Giovanni Botero ostenta la notable pero dudosa
distinción de ser el primer “maltusiano”, el primero en quejarse amargamente
acerca de los supuestos males del crecimiento de la población. En su De las
causas de la grandeza y magnificencia de las ciudades (1588), traducida al
inglés en 1606, Botero expuso casi toda la tesis del famoso ensayo de Malthus
sobre la población dos siglos antes de éste.
En análisis era, por tanto,
altamente mecanicista: la población humana tiende a aumentar sin límites, o más
bien el único límite posible es el máximo grado posible de fertilidad humana.
Por el contrario, los medios de subsistencia sólo pueden aumentarse lentamente.
Por tanto, el crecimiento de la población siempre (por usar las famosas
palabras de Malthus) tiende a “presionar sobre los medios de subsistencia”,
teniendo como resultado la pobreza y el hambre permanentes.
Por tanto, el crecimiento de la
población sólo puede controlarse de dos maneras. Una es la muerte en grandes
proporciones de la población mediante el hambre, las plagas o las guerras por
los recursos escasos (el control “positivo” de Malthus). El segundo es el único
elemento de voluntad libre o respuesta humana activa que permite la teoría de
Botero: que el hambre y la pobreza puedan inducir a algunas personas a dejar de
casarse y procrear (el control “preventivo” o “negativo” de Malthus).
En una época marcada por el
aumento de la población y el aumento de los niveles de vida y el crecimiento
económico, era difícil que los nefastos pronósticos de Botero sobre el
crecimiento de la población cayeran en oídos amigos. De hecho, como veremos más
adelante, los teóricos de los siglos XVII y XVIII que predecían un crecimiento
ilimitado de la población defendían la idea como un acicate para la
prosperidad y el crecimiento económico.
En cualquier caso, sean
pesimistas, neutrales u optimistas las conclusiones de la tesis del crecimiento
ilimitado de la población, su error básico es suponer que la gente no
reaccionará si ve que sus niveles de vida disminuyen por tener grandes
familias. Botero (y Malthus después de él) renuncia a resolver el caso al
mencionar sólo controles “preventivos”. Pues si la gente rebajará el número de
niños cuando afronte la indigencia absoluta, ¿por qué no puede hacerlo mucho
antes? Y si es así, no puede defenderse esa tendencia mecánica.
De hecho, históricamente los
hechos contradicen totalmente las nefastas previsiones maltusianas. La
población sólo tiende a aumentar en respuesta a un mayor crecimiento
económico y prosperidad y el consecuente aumento de los niveles de vida, así
que la población y los niveles de vida tienden a moverse juntos, en lugar de en
direcciones opuestas. El aumento de población generalmente se produce en
respuesta a la caída en las tasas de mortalidad ocasionadas por la mejor
nutrición, sanidad y atención médica por los niveles de vida más altos. Las
disminuciones drásticas de las tasas de mortalidad llevan a un crecimiento
acelerado de la población (medible en términos generales por la tasa de
natalidad menos la tasa de mortalidad). Después de unas pocas generaciones,
normalmente cae la tasa de natalidad, pues la gente actúa para preservar sus
niveles de vida más altos, así que el crecimiento de la población se
estabiliza.
El principal defecto de la
doctrina de la población de Botero-Malthus es que supone que dos entidades (la
población y los medios de subsistencia, o producción, o niveles de vida) operan
bajo leyes que son totalmente independientes entre sí. Y, como hemos visto, el
crecimiento de la población puede ser altamente sensible a los cambios en la
producción.
De forma parecida, puede ser
cierto lo contrario. Los aumentos en la población bien pueden animar el
crecimiento de la inversión y la producción, al ofrecer un mercado mayor para más
productos, así como más mano de obra para trabajar en estos procesos.
Schumpeter pone correctamente el punto final en su crítica de Malthus: “Por
supuesto, no tiene sentido intentar formular ‘leyes’ independientes sobre el
comportamiento de dos cantidades interdependientes”.
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Murray N. Rothbard (1926-1995) fue decano de la Escuela
Austriaca. Fue economista, historiador de la economía y filósofo político
libertario.
Este artículo está extraído de Historia
del pensamiento económico, vol. 1, El pensamiento económico hasta Adam Smith.