Por Doug French. (Publicado el 23 de marzo de 2010)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra
aquí: http://mises.org/daily/4213.
La pasibilidad y realidad del Obamacare ha despertado en
mucha gente la necesidad de detener la socialización de la atención médica en
Estados Unidos. Producirá aquí lo que producido en todas partes: estancamiento,
sobreutilización, racionamiento y el sacrificio del bienestar individual en
nombre de la justicia colectiva.
Este es el resultado no sólo de todos los experimentos de
medicina socializada sino de todo experimento de socialismo en general. Las
razones las detalló Mises
en 1922. Éste explicó que, sin propiedad y precios de mercado, desaparece
la racionalidad económica. El resultado en inmanejable, caótico y empobrecedor.
El socialismo médico no es sino una variedad de un problema
mayor. Pero es uno que resulta particularmente devastador para la gente, porque
afecta a su capacidad de mantenerse vivo y sano. Al quitar a las personas sus
derechos de intercambio y elección, escribía Mises, los sistema públicos
estatales son comparables a los gestionados por el ejército o los penales, que
no son centros de salud, sino de enfermedades y desastres.
¿A qué respondía Mises? A los nacientes sistemas de atención
médica universal ya implantados en Alemania. En Estados Unidos ha llevado mucho
más tiempo, pero no olvidemos que la primera convención nacional pidiendo
sanidad universal y seguro social se realizó en la década de 1910. Se produjo
tras la monopolización de la profesión médica por la Asociación Médica
Americana (American Medical Association), diez años antes.
En otras palabras, han hecho falta más de 100 años de
avanzar hacia el control total para llegar hasta aquí. Y tengamos en cuenta que
aún ahora, bajo el Obamacare, no se está considerando realmente como opción
nada que no sea un socialismo total en los servicios médicos. Lo que está
ocurriendo en realidad es un esfuerzo continuo por parchear un sistema
fracasado que se ha ido armando a lo largo de más de un siglo.
El hecho es que el 29% de todos los estadounidenses adultos
ya dependen del gobierno respecto de su atención sanitaria. Y el Tío Sam ofrece
sanidad a más de tres cuartas partes de los mayores de 65, lo sepan o no, como
ilustra la famosa discusión en el ayuntamiento del congresista republicano Bob
Inglis y uno de sus electores en Carolina del Sur. “Aleje las manos de su
gobierno de mi Medicare”, pedía un hombre al que no se le podía convencer de
que Medicare ya era un programa del gobierno.
En todo el debate sobre esta legislación, se ha perdido esta
perspectiva a largo plazo. Tenemos que aprovechar la dinámica política bajo la
que se ha aprobado esta legislación. Intenta ocuparse de problemas reales que
se generaron por el sistema actual, que mezclaba empresas privadas con un
espantoso aparato regulatorio de subvenciones públicas, licencias y controles,
patentes y monopolios, controles de consumos, prestaciones sociales e
imposiciones fascistas en todos los sectores.
El sistema actual pide a gritos su reparación. ¿Y cómo se
propone arreglarlo el estado? Nunca mediante más libertad, nunca ocupándose de
problema real. Por el contrario, propone más poder. Ésta ha sido la trayectoria
sistemática durante cada administración presidencial durante muchas décadas.
Uno de los peores problemas se refiere a la cuña que
introduce el estado entre el pagador y el proveedor de sanidad. Los negocios se
convierten en la cuña. ¿Cuándo? Durante los controles salariales de la Segunda
Guerra Mundial. Los negocios buscaron medios para pagar a sus empleados sin
infringir la ley. Acabaron ofreciendo atención médica. Es como cuando los
bancos ofrecían tostadoras cuando los tipos de interés estaban controlados en
la década de 1970. Es el mercado tratando desesperadamente de evitar un
problema creado por el estado. Pero una vez que ocurre esto, si no se eliminan
los controles la vía de escape se convierte en la norma. Y esto es precisamente
lo que ocurrió.
Así es como se sembraron las semillas de la actual
legislación, no después de la elección de Obama o durante el mandato de
Clinton, ni siquiera durante la presidencia de Johnson, sino hace 65 años
durante la guerra, con una intervención a la que difícilmente nadie objetaría
por deberse a una emergencia nacional.
“La salud de los niños estadounidenses, al igual que su
educación, debería reconocerse como una responsabilidad pública definida”, dijo
el Presidente Harry Truman en el Congreso el 19 de noviembre de 1945,
inmediatamente después de la guerra y con sólo siete meses en la presidencia.
“El derecho a una atención médica adecuada y la posibilidad de conseguir y
disfrutar de una buena salud” era una parte de la propuesta de Ley de Derechos
Económicos de Truman. Otro era el “derecho a una protección adecuada ante los
temores económicos de la (…) enfermedad”.
Truman propuso en ese discurso la creación de un fondo de
seguro sanitario nacional y su gestión por el gobierno federal. Incluso la
Asociación Médica Americana (AMA) calificó a la ley de “medicina socializada” y
dijo que los que estaban con Truman en la Casa Blanca eran “seguidores de la
línea del partido de Moscú”.
A pesar del apoyo de los grandes sindicatos, Truman se vio
forzado a abandonar su intento de apropiación pública de la atención sanitaria.
Pero como la mayoría de las malas ideas incubadas en Washington, parte de la
propuesta de Truman pervivió para reaparecer como legislación dos décadas más
tarde. En 1965, el Presidente Lyndon B. Johnson sancionó como ley el Medicare
en la Biblioteca y Museo Harry S. Truman y recordó a los asistentes que el
Medicare “empezó realmente con el hombre desde la Independencia”.
No hay un ejemplo mejor de por qué incumbe moralmente a
todos oponerse a toda forma de intervención pública en todo momento. Eso
incluye especialmente las guerras que socializan la economía. Incluso
intervenciones aparentemente pequeñas pueden convertirse en enormes y terribles
décadas después, incluso después de que lleven mucho tiempo muertos quienes
impusieron las medidas. También por eso Mises y sus mejores alumnos eran tan
intransigentes al argumentar contra todas y cada una de las intervenciones
públicas.
Hay otro factor que casi nadie menciona. ¿Cómo se va a pagar
todo este servicio médico público gratuito? Si el gobierno fuera a imponer
impuestos a todos, nunca podría funcionar. Los ciudadanos no lo soportarían a
largo plazo. La deuda nacional se encuentra ya en cifras increíbles. ¿Dónde
están los recursos para pagar por esta gloriosa utopía de perfecta igualdad en
la salud?
Parece un lugar poco propicio para hacerlo, pero debemos
mirar al palacio de mármol de Constitution Avenue: la Reserva Federal. Aquí
está la institución que maneja las máquinas de fabricar dinero que garantizan
toda la deuda y crearán el falso dinero para pagar estos locos sueños de felicidad
universal. Sin la Fed, les puedo asegurar que nadie en Washington estaría en
situación de premoler tales absurdos.
Si lo pensamos, entonces el problema real no es que los
políticos tengan sueños imposibles. Lo han estado haciendo desde hace cien años, mil años e incluso
antes en el mundo antiguo. El problema real es estructural e institucional: es
el banco central el que lleva a los políticos a imaginar que sus visiones
pueden hacerse realidad. Es el banco central el que les trastorna… a nuestra costa.
Por tanto, de alguna manera un sistema peor de provisión
médica es sólo el principio del lado negativo del seguro universal de salud.
Los costes ocultos incluyen inflación en el futuro, empeoramiento de los ciclos
económicos y muy posiblemente la destrucción final del dólar y la aniquilación
de toda riqueza privada.
Sí, el problema es serio. Pero hasta ahí llegan las
protestas y las políticas de partido. En último término, la solución proviene
de la comprensión intelectual de los asuntos generales, que van mucho más allá
de esta legislación en particular. Debemos entender la dinámica de la
intervención y el papel del dinero fiduciario y el banco central en la
financiación de todo el proceso.
Otro libro que tenemos que releer es de Henry Hazlitt. Se llama Time Will Run Back.
Cuenta la historia de un déspota que hereda una sociedad decrépita,
agotad ay totalitaria y que trata de repensar la lógica del sistema. Con la
ayuda de algunas lecturas, junto con sus asesores desentraña sistemáticamente
las intervenciones. La misma lógica que llevó al estado a aumentar su control
le lleva a retirarlo y a permitir que florezca la libertad.
Creo que es nuestro futuro. Pero no podemos alcanzarlo sin los
recursos intelectuales adecuados. Por eso estoy tan agradecido al Instituto
Mises, la fuente de casi todos los libros importantes sobre socialismo,
regulación, banca central e intervención. El Instituto Mises es la fuente
intelectual de un futuro ilustrado.
Podemos seguir los titulares y desesperar un podemos apoyar
la fuente de luz y tener esperanza. Por favor, únase al Instituto Mises en su
trabajo de traer esa luz a una nueva generación. Como dijo Mises. Las ideas son
más poderosas que los ejércitos y sin duda más poderosas que los cuerpos
legislativos entrometidos y los políticos vendedores de crecepelo que los
manipulan.
Puede arreglarse este embrollo y puede triunfar la libertad. Pero está en nuestras manos que esto
ocurra.
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Douglas French es presidente del Mises Institute y autor de Early
Speculative Bubbles & Increases in the Money Supply. Es doctor en economía de la Universidad
de Nevada- Las Vegas, dirigido por Murray Rothbard, con el Profesor
Hans-Hermann Hoppe en su tribunal de tesis.