Por Markus Bergstrom. (Publicado el 9 de marzo de 2010)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra
aquí: http://mises.org/daily/4146.
Obama parece empeñado en expandir el estado de bienestar en
EEUU a cualquier precio y por supuesto ningún debate sobre el estado de
bienestar está completo sin poner a los países escandinavos como ejemplo
perfecto de estatismo masivo para tener prosperidad. Esto parece algo realmente
inexplicable, incluso para los austriacos y otros libertarios. Al ser ciudadano
de Suecia, a menudo se me pregunta por una explicación de estas “economías
abejorro” que se supone que no pueden volar, pero aún así lo hacen.
Siempre es bueno ver la historia de un país al examinar su
rendimiento económico. Stefan Karlsson hizo justamente eso en 2006 en un excelente artículo sobre la historia
económica de Suecia. Por tanto yo sólo daré un breve repaso sobre este asunto
antes de centrarme en el asunto esencial de este artículo.
Karlsson escribió lo siguiente:
“Como consecuencia de sus
políticas de libre mercado, el ingenio de su pueblo y su éxito en evitar la
guerra, Suecia tuvo el más alto crecimiento de la renta per cápita del mundo
entre 1870 y 1950, momento en que Suecia se había convertido en uno de los
países más ricos del mundo”.
De hecho, gracias a su “neutralidad” durante la Segunda
Guerra Mundial, Suecia nunca fue bombardeada o invadida.
Esto dejó intactas y sin daños a las industrias suecas, lo que, junto con su
economía orientada al libre mercado, permitió al país beneficiarse extensamente
de la reconstrucción de la Europa continental tocada por la guerra: Suecia
exportó enormes cantidades de bienes y recursos naturales al resto de Europa,
estimulando un auge económico en Suecia que duró más de dos décadas.
Como apunta Karlsson, durante este tiempo, “Suecia era aún una de las economías
más libres del mundo y en realidad el gasto del estado con relación al PIB
estaba por debajo del nivel estadounidense”.
A partir de este auge, el gobierno sueco empezó a crear un
enorme estado de bienestar durantes las décadas de 1950, 1960 y 1970, haciendo
que el gasto público se disparara a más del 50% del PIB. En un momento en medio
de la década de 1970, el tipo marginal del impuesto de la renta era un increíble
102%.
Una de las personas gravadas con este impuesto fue Astrid Lindaren,
la famosa autora de libros infantiles más conocida por sus historias de Pipi Calzaslargas.
En 1976 escribió un cuento satírico publicado en uno de los principales periódicos
suecos, donde contaba la historia de una preocupada autora de libros infantiles
llamada Pomperipossa, que vivía en el reino ficticio de Monismania. Entre otras
cosas, Pomperipossa se preguntaba por qué cuanto más ganaba, menos tenía y por
qué a la gente como ella les castigaba económicamente el gobierno simplemente
por escribir libros infantiles populares. El cuento también menciona que en
Monismania podían evitarse algunos impuestos comprando propiedades
inmobiliarias, que es lo que estaba exactamente haciendo en ese momento el
secretario del tesoro sueco, Gunnar Sträng.
El cuento de Lindaren avivó un fiero debate sobre los
impuestos en Suecia y por primera vez en 44 años gobernante Partido Socialdemócrata
perdió las elecciones generales.
La economía sueca libró una dura lucha a lo largo de la década
de 1970, principalmente debido a que las crecientes políticas socialistas habían
causado la estanflación y el retraso frente al resto del mundo. Muchos otros países
europeos habían alcanzado a Suecia y su
monstruoso estado de bienestar y ahora superaban económicamente al país.
En un intento por salvar la economía, el gobierno realizó extensas
reformas y liberalizaciones durante las décadas de 1980 y 1990, recortando
impuestos y gastos de bienestar, aboliendo monopolios públicos, reduciendo la
regulación, haciendo flotar la moneda y permitiendo más alternativas privadas
al sector público.
Ilustración
1 SEQ Ilustración \* ARABIC
Las barras verticales representan la libertad
económica sueca durante el tiempo, medidas por el índice Heritage. La
línea horizontal representa la media mundial a lo largo del tiempo.
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Las barras verticales representan la libertad
económica sueca durante el tiempo, medidas por el índice Heritage. La línea
horizontal representa la media mundial a lo largo del tiempo.
Este aumento en la libertad económica se refleja
parcialmente en la Ilustración 1, que proviene del Índice de Libertad Económica
anual de la Fundación Heritage. El índice de Heritage clasifica a los países
del mundo de acuerdo con su libertad económica general. Se les puntúa sobre
diversas variables, incluyendo impuestos, inflación, tamaño del gobierno,
libertad laboral, libertad de comercio, etc. Karlsson ya criticó la vieja
metodología del Índice en 2005 en
Mises.org, pero dede entonces ha mejorado notablemente, como
reconocía Karlsson en 2007. Aunque el índice sigue sin ser perfecto, hace
un buen trabajo al mostrar la libertad económica general de los países del
mundo en relación con los demás.
El índice también revela un punto crucial: hay una errónea
opinión común acerca de los países escandinavos como casi cubanos en términos
de libertad económica, mientras que el resto del mundo desarrollado
(particularmente los Estados Unidos) está mucho más orientado hacia el libre
mercado. Sin embargo la realidad es que los países escandinavos están alrededor
de los puestos 10 y 20 de las economías “más liberalizadas” del mundo, incluso
a pesar de sus enormes estados de bienestar.
Como demuestra el índice Heritage, Suecia, Dinamarca y
Finlandia tienen más libertad económica que la mayoría de los países europeos,
incluyendo a Alemania, Austria, Francia, Bélgica, España, Portugal y Grecia.
Mientras que los países escandinavos tienden a tener impuestos y gastos públicos
más altos que la mayoría de los estados europeos, los demás estados tienden a
tener más regulación y sistemas legales menos eficientes y transparentes, lo
que compensa los efectos positivos de los menores impuestos.
Si se compara al país occidental más libre del índice, que
es Australia, con el país escandinavo menos libres, que es Noruega, la
disparidad es de 13,2 puntos o un 16%. Comparando Australia con el país escandinavo
que está más alto, que es Dinamarca no da una diferencia de 4,7 puntos o un
5,7%.
Otra medición que revela un patrón similar es el Índice de Facilidad de
Hacer Negocios, del Banco Mundial, que mide la cantidad de burocracia y regulación
que hay que abordar para iniciar y mantener un negocio en un país concreto. Aquí
también los países escandinavos se encuentran en torno a los puestos 10 a 20,
con una carga mayor normalmente asociada a sus estrictas leyes laborales.
Dinamarca tiende a aparecer mejor en ambos índices que sus
vecinos escandinavos, principalmente gracias a sus leyes laborales mucho más
flexibles. De hecho, por muy sorprendente que parezca, Dinamarca está a la par
con Estados Unidos en la actual clasificación de la Heritage. Dinamarca y
Estados Unidos están en los puestos 9º y 8º respectivamente. En enero de este
año, el gobierno danés también recortó el tipo del impuesto de la renta de un ominoso
60% hasta un menor (aunque aún asombroso) 50%. Esto se reflejará en el ranking
de la Heritage del año que viene, donde probablemente Dinamarca quite el puesto
a Estados Unidos.
Por supuesto, en modo alguno los países escandinavos son libres
sólo porque clasifiquen relativamente alto en estos índices, pero sin embargo
son más libres que la mayoría de los demás países y por eso tienden a
tener un nivel de vida superior. Esta es la sencilla razón por la que los
estados de bienestar escandinavos parezcan “funcionar bien”: porque la mayoría
de las alternativas son aún peores y en el país de los ciegos el tuerto es rey.
Conclusión
Hemos visto que, aunque los países escandinavos tienen
cantidades extremadamente altas de lo que Rothbard llamaba intervención
binaria, es decir, impuestos, se salvan por su relativamente menor cantidad de
intervención triangular, es decir, regulación. Esto pone a los países
escandinavos al mismo nivel que otros países desarrollados y ayuda a explicar
por qué son capaces de tener niveles de vida iguales o superiores. El error de
que los demás países occidentales son mucho más orientados al libre mercado que
Escandinavia es muy desafortunado: alimenta la noción de que más expansión pública
traería alegría y felicidad a todos, cuando en realidad hace peores las cosas.
Sin embargo, de lo que realmente se trata es de que el mundo
en general es tan poco libre que incluso los enormes estados de bienestar
escandinavos puedan considerarse entre los países “más libres” del mundo.
Aunque las cosas se hayan movido generalmente en la dirección correcta en Escandinavia
en términos de aumento de la libertad económica, la tendencia opuesta parece
estar produciéndose en muchos otros países, particularmente en Estados Unidos. Viendo
que Estados Unidos ya ha descendido al nivel de Dinamarca en términos de libertad
económico, sólo puedo preguntarme cuánto tardará en verse acercándose a Finlandia,
Noruega y Suecia.
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Markus Bergström es estudiante de Ciencia cognitiva en la Universidad
de Umeå, Suecia.