Por David Stockman. (Publicado el 23 de febrero de 2010)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra
aquí: http://mises.org/daily/4118.
[Extraído de Minyanville.com]
Mi propuesta hoy es que estamos ante una calamidad fiscal
por otro triunfo de la política, quizá el último. Admito que hice esta misma
predicción hace tiempo, hace 23 años, para ser exacto. Pero no soy reacio a
volver a intentarlo. La haber leído Grant’s continuamente desde 1988, he
aprendido que no hay que lamentar en absoluto adelantarse… ¡aunque sea a
menudo!
The
Triumph of Politics se publicó demasiado pronto, principalmente en el
sentido poco halagador de que no había terminado con mis deberes. Estaba al día
respecto de los males estatistas fiscal y regulatorio, pero sólo había
entendido débilmente la sabiduría de los maestros austriacos sobre el dinero,
es decir, al imprimir dinero sin respaldo alguno, los bancos centrales amenazan
con ello la prosperidad. Así que hoy añadiría la propuesta de que la decadencia
fiscal es el primer paso inevitable de la misma podredumbre monetaria que tanto
deploraban los austriacos (Mises, Hayek, Rothbard).
Mi desconocimiento sobre el dinero quizá se deba al
desinterés de la Revolución de Reagan. El Secretario Don Regan afirmaba que el
dinero sólido puede certificarse inmediatamente por la altura del Dow-Jones,
mientras que su segundo, un monetarista, lo medía con el volumen del M2.
Incluso Alan Greenspan, es decir. Greenspan versión 1.0, no
animaba a no preocuparnos. El oro, aseguraba a Ronald Reagan, estába para
fijar, no el balance real de la Fed, sino algo más etéreo, como quizá su estado
mental.
Así que mi discurso libertario omitía el dinero al catalogar
defectos menores de la Revolución de Reagan. Estos incluían déficits
pantagruélicos, subvenciones a electores favorables a los republicanos, como
granjeros, constructores y exportadores, algo sobre derechos y proteccionismo a
las industrias agonizantes como el acero y los textiles; incluso una compañía
de motocicletas cuyo símbolo, adecuadamente era HOG.
También estaban las bonificaciones fiscales a las
inmobiliarias, el petróleo y la gasolina y, ahora que lo pienso, a cualquier
otro sector con la previsión de contratar a un par de mocasines de Gucci
domiciliados en la Calle K. Por encima de todo esto estaban los grandes
presupuestos de defensa con un record para tiempo de paz de un 7% del PIB. Así
que los déficits federales se estiraron hasta donde llega la vista.
Aún así, no percibía que esta contabilidad fiscal ya
alarmante se agravaría aún más con dos
inminentes movimientos tectónicos. Lo extraño es que estos temblores
financieros estaban enraizados en los dos vagones con más consecuencias de la
historia.
El primero fue el vagón sellado que llevó a Lenin a Moscú en
1917, un viaje de 75 años al infierno y vuelta que acabó finalizando en
1991cuando un político moscovita, cuyas peleas habituales eran con una botella
de vodka, se atrevió a subirse a un tanque soviético y ordenar que se detuviera
al Ejército Rojo. Así que inmediatamente el presupuesto de defensa de EEUU
también se detuvo cayendo de la noche a la mañana a aproximadamente un 3% de
PIB, la mitad de su volumen previo. Este inesperado cambio de juego, junto con ajustes
marginales en los impuestos y el gasto, generó un presupuesto equilibrado. Muy
pronto sonó la bocina fiscal de la luz verde por parte de nada menos que propio
hombre del dinero de Wall Street, el Secretario Rubin.
De hecho, la ecuación fiscal estaba entonces tambaleándose
hacia un descenso fatal. Y aquí es (ubiquemos la fecha exacta de la declaración
de la “exuberancia irracional” de Greenspan en diciembre de 1996) donde los hombres
austriacos se separan de los keynesianos y friedmanitas. Estos últimos
continuaron discutiendo sobre la medición del dinero, si estaba creciendo
demasiado rápido y si se necesitaba más o menos regulación financiera.
Sin embargo, mirando desde una perspectiva distinta, el
austriaco apunta que el PIB monetario de EEUU era de alrededor de 10 billones
de dólares en el momento en que el Maestro dejó que su liebre exuberante
saliera de la chistera. Bajo un régimen monetario honrado esta cifra tan bien
redondeada podría haberse mantenido indefinidamente, debiendo un impulso a la
Gran Deflación del Este Asiático que entonces se taba formando.
La verdad es que la extraordinaria fuerza de la naturaleza
económica representada por la máquina de exportación mercantilista que apareció
en el Oriente Asiático a finales del siglo XX fue profundamente inflacionaria.
En ausencia de un crédito doméstico hinchado, el comercio asiático de entrada
habría arrasado empleo, salarios, ingresos y precios estadounidenses. Al
hacerlo hubiera dejado el PIB monetario envasado en alrededor de 10 billones,
impidiendo así el aumento de productos y precios de la próxima década debido a
la deuda, que llevó a al PIB monetario a 14 billones de dólares.
Luego, desde la perspectiva austriaca, esta diferencia de 4
billones representa una falsificación del PIB, debida a la falsa conversión de
préstamos insostenibles en ingresos actuales, deuda que ahora se está
liquidando a la fuerza. Esta inflación por burbujas del PIB monetario también
causó que los ingreso del gobierno aumentaran sustancialmente, camuflando así
por más de una década el aspecto real del déficit fiscal, mucho más aterrador.
Lea
el artículo completo en Minyanville.com (en ingles).
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David Stockman fue Director de la Oficina de Gestión y
Presupuesto bajo el Presidente Ronald Reagan, de 1981 a agosto de 1985. Fue el
miembro más joven del gabinete del siglo XX. Ahora tiene su propio fondo
privado de inversión, Heartland Industrial Partners, L.P., ubicado en Greenwich,
CT.