Por Henry Grady Weaver. (Publicado el 10 de febrero de 2010)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra
aquí: http://mises.org/daily/4090.
Los estados de EEUU se unieron en una federación voluntaria,
pero no había un control unificado, ni un plan general.
Es justamente lo contrario del modelo del Viejo Mundo. En
otras naciones, los señores desarrollan sus ambiciosos planes, implantados por
el pelotón de fusilamiento y apoyados por enormes ejércitos depredadores. Estos
planes quedan bien sobre el papel, pero están en contradicción con la
naturaleza del esfuerzo humano. Siempre van contra la iniciativa individual,
siempre generan opresión, llevando a la degradación humana y a la guerra.
En Estados Unidos la planificación tuvo que hacerse sobre
una base descentralizada, o local. Fue un experimento novedoso. Los hombres
libres iban a tener una oportunidad de vivir sus vidas, planificar sus propios
asuntos y trabajar entre sí, no bajo el látigo de la autoridad coactiva, sino
bajo la disciplina del interés ilustrado y la responsabilidad moral.
Por eso los estadounidenses tienen asegurada la flexibilidad
necesaria para progresar. Pero eso siempre en estos Estados Unidos lo inesperado,
lo impredecible, lo aparentemente irracional nos ha hecho avanzar. Unos pocos
ejemplos:
Pensemos en la fundación de Kentucky de la que Richard
Henderson y su compañía de terrenos fue responsable. Un hombre inteligente en
el poder le habría detenido atendiendo al bienestar general. Kentucky era un
país salvaje y sin ley. Al crecer demasiado aprisa, amenazaba la rebelión
contra los Estados Unidos y problemas con España.
Pero el Juez Henderson siguió adelante y, con la ayuda de
Daniel Boone, organizó su compañía y vendió terreno en Kentucky a colonos. Lo
vendió a crédito y hubiera hecho una tremenda fortuna si los colonos le
hubieran pagado. Los bulliciosos habitantes de Kentucky ahuyentaron por las
armas a los cobradores de la deuda. La Henderson Land Company quebró. Pero se
fundó Kentucky, ¡más de cien años antes de lo previsto!
Pensemos en la Compra de Louisiana, que extendió los Estados
Unidos del Mississippi a la Montañas Rocosas. Nadie con autoridad tenía la
intención de comprar esa tierra. El sentimiento general era que no era buena y
que, en todo caso ya tenían bastante terreno. Incluso la gente más previsora
veía al Mississippi como nuestra frontera occidental permanente. El gran río
era una frontera geográfica natural. El propio Jefferson expresó la opinión de
que pasarían otros 200 años (para 2000) antes de que hubiera ciudades en el
Valle del Mississippi.
Sin autoridad
Pero Kentucky, como se preveía, empezó a causar problemas.
Los aislados colonos occidentales amenazaron con unirse a España, de forma que
podían disponer de un puerto marítimo en el Golfo de México entonces español.
Jefferson entendió que se perdería todo el Oeste (es decir, la orilla oriental
del Valle del Mississippi) salvo que los Estados Unidos pudieran tener acceso
al Golfo. Y todo lo que quería era un puerto, sólo una pequeña bahía.
Pero en París, dos comisionados estadounidenses (de
improviso y sin autoridad en Washington) compraron todo el territorio de la
Louisiana por 15 millones de dólares.
Esta amplia expansión de territorio realmente pertenecía a
España, pero Napoleón la vendió y tuvo la posibilidad de que sus ejércitos
impusieran a España dicha venta.
Jefferson estaba aterrorizado cuando oyó la noticia y estuvo
a un paso de rescindir la compra. Pero la Compra de la Louisiana se convirtió
en parte de los Estados Unidos y la expansión continuó hacía el oeste.
California se arrancó a México mediante una aventura
personal furtiva del General Frémont en connivencia con el Senador Benton de
Missouri, quien le dijo que se moviera rápidamente antes de que le detuvieran.
En ese momento, nadie soñaba que hubiera oro en esas colinas. Hombre
inteligentes apuntaban que el terreno de California no valía la pena porque los
Estados Unidos ya tenían más tierra de la que sus ciudadanos podían usar, que
en los próximos siglos, la población de la Costa del Pacífico no sería
suficiente para ofrecer un mercado a sus productos agropecuarios.
Sin plan
Dondequiera que miremos en la historia de los Estados
Unidos, encontraremos ejemplos de cosas que parecen ocurrir por accidente, sin
intención. Los estadounidenses no tenían ningún plan general. Tenían algo más
importante. Tenían libertad personal para planificar sus propios asuntos y la
avalancha de energía humana que generó tal libertad se extendió del Atlántico
al Pacífico, de los Grandes Lagos al Río Grande.
En 75 años, lo que dura una vida humana, Francia y Rusia
desaparecieron del continente: Inglaterra se desplazó hacia el norte. España
había cedido las Floridas, Nuevo México, Arizona, California y Texas.
Toda la vasta extensión de este país se ha cubierto con una
nación, una tumultuosa multitud de hombres libres (hombres de diversas razas y
credos) viviendo bajo el gobierno más débil del mundo. La gente a la que se le
había dejado arreglárselas por sí mismos (que había aprendido las lecciones de
realismo de la forma más dura) estaba creando un nuevo mundo y realizando la
revolución que estaba empezando a remover los cimientos del Viejo Mundo.