Por Jonathan
M. Finegold Catalán. (Publicado el 9 de febrero de 2010)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra
aquí: http://mises.org/daily/4085.
El emprendimiento es un bloque de construcción para el
desarrollo económico. Los individuos que invierten e inventan están infundidos
de una pasión por crear riqueza. El papel integral que desempeña el
emprendimiento en el desarrollo económico y humano está aceptado casi universalmente.
El principal punto de desacuerdo es ubicar con exactitud el origen de incentivo
para invertir.
¿La dedicación de tiempo y capital a una inversión es un
fenómeno natural de la raza humana? ¿O tiene que refrenarse y ser inspirado por
alguna autoridad superior, como el gobierno? Si lo último es cierto, entonces
sin el estado, la humanidad estaría condenada por siempre al estancamiento.
Aunque estas preguntas puedan parecer extravagantes, hay
intelectuales que creen que la pasión y el emprendimiento se basan en la guía
del estado. En un artículo titulado “Bringing the World out of Denial: The Power of
Passion, the Fallacy of Fear”, James Cusumano apela al
gobierno como medio para evitar los defectos de la falibilidad humana. Incluso
llega a elogiar programas de gasto gubernamental, como la NASA, como método
para añadir riqueza a las economías.
Cree que sin el estado, las pasiones humanas nunca llegarán a traer grandes
avances a la sociedad humana.
Escribe:
“El biólogo de Harvard, E.O.
Wilson, reconocido mundialmente, piensa que los seres humanos pueden ser tan
rígidos como para evitar preocuparse por las generaciones futuras. Apunta que
‘Durante cientos de milenios, quienes trabajaron para la ganancia a corto plazo
dentro de un pequeño círculo de parientes y amigos vivieron más y dejaron más
descendientes, incluso cuando su esfuerzo colectivo causó que sus hijos e
imperios se derrumbaran a su alrededor’”.
¿Cuál es la solución de Cusumano?
“En mi opinión, sólo hay una
fuerza que pueda eliminar esta actitud autoprotectora de laissez-faire ante los
desafíos globales críticos o cualquier otro cambio igualmente crítico: la
energía de la pasión desenfrenada”.
Hace una clara distinción entre laissez-faire y factores que
canalizan la “energía de la pasión desenfrenada”. Más adelante Cusumano explica
en el artículo cómo se llega a esta pasión desenfrenada:
“La gente debe percibir y creer
profundamente que son parte de un equipo que cambiará el mundo a mejor. Ésa es
la magia. Se ha hecho antes con bastante éxito. El Presidente de EEUU John F.
Kennedy galvanizó a los estadounidenses después del lanzamiento con éxito del
satélite soviético Sputnik. Aumentó su pasión con su compromiso personal con lo
que algunos vieron como un objetivo de enormes proporciones: ‘Debemos y
pondremos un hombre en la luna en menos de una década’. Y lo hicimos. Se formó
la NASA, que no sólo consiguió el objetivo, sino que también engendró numerosas
nuevas tecnologías y empresas, creando en definitiva millones de empleos y
estimulando la economía mundial en billones de dólares de PIB”.
Está claro que para James Cusumano los humanos necesitan una
fuente de motivación exógena. Además, estas motivaciones deben girar alrededor
de objetivos tangibles y utilitarios. Grandes mentes (como Gandhi y Edison)
trabajan en desarrollos a largo plazo y alcance con el propósito de lograr un
bien común.
En su favor, Cusumano indica otro factor detrás de la
pasión:
“Déjenles que desempeñen un rol
en el desarrollo del plan estratégico. Eso crea propiedad y compromiso”.
Cusumano alude aquí al concepto de propiedad. Llevándolo al
siguiente paso lógico, a lo que tendría que referirse Cusumano es al concepto
de propiedad privada.
La pasión y el emprendimiento son innatos en la mente
humana. Son producto, no de la motivación externa, sino del raciocinio interno:
la tendencia a maximizar la utilidad. Esta es la rueda motriz del desarrollo
económico y social. Como un individuo sólo puede destacar intercambiando con
sus vecinos, los desarrollos individuales deben ser capaces de satisfacer los
deseos y necesidades de sus vecinos. Esto es lo que en último término da la
impresión de que el progreso se hace por el bien común. El énfasis debería
ponerse en los resultados utilitarios más que en los motivos utilitarios.
Emprendimiento, pasión y propiedad privada
El emprendimiento es el acto de un individuo que invierte
tiempo, capital y pasión en satisfacer una idea. La motivación principal es
obtener la máxima ganancia con la menor pérdida relativa para maximizar la
propia utilidad. Lo que define una ganancia se basa en último término en las preferencias
subjetivas del individuo.
Un individuo bien podría trabajar hacia lo que considera
fines utilitarios y así los beneficios que obtiene por sus esfuerzos giran
alrededor de la satisfacción de su necesidad de obtener “el bien común”. Esos
objetivos “utilitarios” son de hecho egoístas por naturaleza, ya que la
satisfacción que realmente está cumpliendo es la suya.
La pasión que un individuo dedica a cualquier acción
particular depende de lo importante que sea el objetivo para el individuo. Dos
estudiantes esforzándose por graduarse en su universidad pueden no invertir la
misma cantidad de pasión. La importancia de un objetivo es asimismo una
evaluación subjetiva.
El argumento utilitario de James Cusumano ignora la
subjetividad y el necesario egoísmo detrás de cada acción individual realizada.
Por ejemplo, ¿fundó Bill Gates Microsoft para proveer “el bien común” o su
propio interés? Sea como sea, Microsoft ha hecho más ricos a los consumidores,
porque sus productos son más baratos y de mucha mejor calidad que los de sus
predecesores.
El derecho a la propiedad privada es la piedra angular. Un
emprendedor hará una inversión sólo si cree que hay una buena posibilidad de obtener
el premio a sus esfuerzos. Una pérdida de derechos de propiedad conllevaría una
pérdida en emprendimiento, porque el incentivo para invertir se ha
eliminado. Por el contrario, los plenos derechos de propiedad permitirían al
emprendedor florecer hasta el máximo posible.
¿Tiene más mérito el desarrollo en busca de ayudar a la
humanidad en su conjunto que cualquier otro? Todas las inversiones con éxito
son importantes a largo plazo. Las inversiones incrementales pueden parecer
menos importantes que aquéllas que están cambiando explícitamente el mundo,
pero esta visión es equívoca. No hay inversión con éxito hecha sólo para una
ganancia a corto plazo. Por su propia naturaleza, una inversión renuncia al
consumo presente a favor del consumo futuro.
Además, las inversiones con éxito acaban generando una
creación neta de riqueza, lo que es beneficioso para las generaciones futuras. El
emprendimiento se dirige al futuro y por tanto no puede acusársele de
sacrificar las generaciones futuras por la presente.
El papel del estado
¿Puede el gobierno garantizar la maximización de la
utilidad, en sentido utilitario, distribuyendo capital? ¿Debería el gobierno
dar capital a los emprendedores que no tienen?
Para gastar, el estado debe poner impuestos. De esto se
sigue que todos los gastos provienen necesariamente del sector privado. Si
suponemos que todo gasto del gobierno es honrado y virtuoso por naturaleza,
sigue siendo cierto que con el fin de realizar dicho gasto el estado debe
infringir los derechos de propiedad privada mediante impuestos con el fin de
pagar dicho gasto. Así que podemos establecer que, como mucho, el gasto
gubernamental es equivalente a tomar dinero de un bolsillo y ponerlo en otro.
Pero los impuestos también desaniman el emprendimiento y la
inversión. Necesariamente disminuyen la utilidad marginal prevista de cualquier
acción individual. Así que, en realidad, el gasto del estado lleva a una pérdida
neta de riqueza en el sector privado.
¿Puede crear riqueza el gasto del gobierno? Es decir, ¿puede
el gasto público aumentar la productividad? Por lo general, el gasto del
gobierno se dirige a cubrir necesidades presentes. Esto es, el gasto del
gobierno normalmente se dirige al consumo. En ese sentido, el gobierno no
invierte y por lo tanto no puede haber ningún incremento neto de la riqueza.
¿Qué pasa si el gobierno invierte en un programa de
desarrollo o en una compañía privada? Para que tenga éxito, el producto final
de una inversión debe de alguna forma satisfacer los deseos de los consumidores
en el futuro. Las empresas privadas juzgan la viabilidad de una inversión
mediante pérdidas y ganancias. Las ganancias indican que una empresa lo está
haciendo bien en el mercado, mientras que las pérdidas sugieren que no se
desean los productos de la compañía. Los gobiernos no responden a las pérdidas
y ganancias. Un gobierno siempre puede aumentar los ingresos aumentando los
impuestos, así que no siente ninguna necesidad inmediata de ser rentable.
Concluimos que el gobierno no desempeña ningún rol en
aumentar la pasión ni en iniciar o financiar el emprendimiento. Más bien el
estado actúa sólo en detrimento del emprendimiento.
La necesidad de libertad
El emprendimiento es un fenómeno innato en el espíritu
humano. El derecho a la propiedad privada sirve como factor motivador detrás de
la acción de invertir. Por tanto, el gobierno es una carga para el desarrollo
económico.
Una vez que uno se da cuenta de dónde falla el estado, sólo
puede concluir que la mejor forma de acción política es reducir el tamaño del
estado o incluso acabar de una vez con él.
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Jonathan Finegold Catalán es licenciado en economía y
ciencias políticas en la Universidad Estatal de San Diego. Escribe en el blog economicthought.net.