Cambiar de mente

Por Doug French. (Publicado el 8 de febrero de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4099.

 

A pesar de las cifras alentadoras del PIB de los últimos dos trimestres, no da la impresión de que la depresión haya acabado y el auge haya reaparecido. Mientras que los datos del PIB parecen positivos, las cifras de empleo permanecen bajas. La cifra de parados en los titulares es de una de cada diez personas sin empleo. Incluyamos a quienes se han rendido y han abandonado el mercado laboral y el número es de una de cada cinco. Desde el principio de la depresión a finales de 2007, se han perdido 8,4 millones de puestos de trabajo.

Obtener un empleo es algo especialmente duro para los jóvenes. “Desde diciembre de 2008 a diciembre de 2009, el empleo de los estadounidenses entre 16 y 24 años ha caído en 1,78 millones, es decir la tercera parte de la caída del desempleo de 5,4 millones”, informa David G. Blanchflower en The Peninsula. Hasta los graduados universitarios sufren al caer los salarios con las menores oportunidades.

El auge artificial que llevó erróneamente demasiado capital a servicios financieros, inmobiliarias y otras áreas de excesos en consumidores e inversores también equivocó a los recursos humanos. La crisis está ahora purgando esos trabajos innecesarios y redundantes. Pero es para esas profesiones para las que se han estado preparando los estudiantes universitarios.

Ahora esas oportunidades profesionales del tiempo del auge se verán limitadas, si es que no desaparecen. Por ejemplo, a pesar de la crisis y los despidos generalizados en el sector, las empresas de gestión monetaria (Money Management) informan que reciben el mismo número de solicitudes para entrar en la compañía.

Y mientras que Washington está intentando valerosamente reflotar los sectores de la época del auge y proteger esos puestos de trabajo con dinero barato, rescates públicos y gasto en déficit, los economistas austriacos saben que la estructura de producción (incluyendo el empleo y los servicios que provee ese trabajo) debe cambiar para atender a las demandas del consumidor.

“Las últimas décadas han pertenecido a cierto tipo de persona con cierto tipo de mentalidad: programadores informáticos que podían desarrollar código, abogados que podían articular contratos, MBAs que podían hacer muchos cálculos”, escribe Daniel H. Pink, “las llaves de reino están cambiando de manos”.

En su libro superventas Una nueva mente, Pink explica que el futuro pertenece a quienes puedan reconocer patrones, empatizar con los demás, ser creativos y ofrecer sentido a la vida de la gente.

El hemisferio izquierdo de nuestro cerebro se ocupa de las tareas pesadas lógicas, secuenciales y analíticas, mientras que el derecho es nuestro lado intuitivo, holístico y no lineal. El mercado de trabajo ha primado el trabajo del  hemisferio izquierdo hasta el punto de que la educación que forma trabajadores se centra en el pensamiento del lado izquierdo. Pink arguye que la tecnología, la globalización y la abundancia material están enviando hacia la extinción a los trabajos de papeleo de oficina.

Primero nuestras fábricas se trasladaron al extranjero, luego terminamos hablando con alguien en India al llamar al soporte técnico, pronto el contable que se ocupa de nuestros impuestos o el abogado que redacte nuestro testamento o los documentos corporativos estarán trabajando muchos husos horarios más allá y haciendo esas tareas por mucho menos de lo que cuestan ahora.

Los contables y abogados que sobrevivan ofrecerán creatividad, compasión y cuidados en sus servicios. Habrá más demanda de estudiantes de Bellas Artes que de MBA y los diseñadores de todo tipo que puedan combinar utilidad con significación, se valorarán más que nunca.

De acuerdo con Pink, los que puedan contar o escribir historias prosperarán. Cuando todos los hechos y cifras del mundo estén a un clic de distancia sin prácticamente costo alguno, la capacidad de los contadores de historias de ofrecer “contexto enriquecido por la emoción” es lo que primará. El éxito en la “era conceptual” significará comprender las conexiones entre las diversas disciplinas, a lo que el autor califica de “sinfonía”.

Uno de los elementos importantes de la sinfonía es el uso de la metáfora o “racionalidad imaginativa” para ver las relaciones, comunicar ideas y entender a otros.

En Thinking as a Science, Henry Hazlitt apunta que tendemos a imitar a los autores a los que leemos y por tanto es importante leer sólo los mejores libros. Nuestro pensamiento se forma por nuestras lecturas y no es suficiente leer sólo ocasionalmente trabajos serios leyendo principalmente libros, revistas y periódicos inútiles. La gente no piensa que la lectura superficial les dañe, pero lo hace. “Es igual que si compraran y comieran comida no nutritiva ni digerible”, explica Hazlitt, “y se disculparan diciendo que comen comida nutritiva y digestiva al mismo tiempo”.

“Una buena comida no elimina una semana de malas, un buen libro nunca eliminará cualquier cifra de libros malos”. Para que se permanezca competitivo, una persona no puede sentirse satisfecho con que ya haya leído los libros sustanciosos necesarios y puede ahora relajarse e ingerir sólo basura.

En Thinking, Hazlitt da una receta contra lo que afecta a casi todos, el abandono del pensamiento: “pensamiento real, pensamiento independiente, pensamiento sólido”. La gente no intenta pensar por sí mismos acerca de un problema, sino “leer” sobre él. Examinan lo que otro ha pensado acerca del problema. Y rápidamente aceptan la primera solución que les presentan, porque “permanecer en un estado de duda es desagradable”, nos recuerda Hazlitt. Pero las soluciones más profundas y satisfactorias son las que provienen de aceptar el desagrado de la duda y no aceptar una respuesta superficial.

Al reconocer que tenemos problemas en concentrarnos, Hazlitt sugiere media hora todos los días dedicada a pensar sobre un único problema y eliminar temporalmente los intereses sobre otras cosas. Hazlitt anima al lector a evaluar los problemas de formas diferentes y nos advierte de no tener prejuicios cuando resolvamos problemas. Con esto quiere decir que no deberíamos desear tener razón en una opinión porque nos beneficiaría tener esa opinión o porque ya la tenemos, y no deberíamos desear que una opinión sea errónea porque nos forzaría a cambiar nuestra postura actual. Escribe que uno “debe estar constante y incondicionalmente revisando sus propias opiniones. La vigilancia eterna es el precio de una mente abierta”.

En su capítulo titulado “Thinking as an Art” [“El pensamiento como arte”], Hazlitt resalta que memorizar una regla no es nada, aplicar lo que aprendes es todo. Apunta que, aunque parezca que a los cultos su corrección en la expresión proviene del estudio de la gramática, realmente deriva de su imitación inconsciente del lenguaje de aquéllos con quienes están en contacto y de los libros que leen. “Y no hace falta decir que el hombre culto se pone en contacto con otros hombres cultos y con la buena literatura, el ignorante no”.

Probablemente el mercado de trabajo permanezca sombrío durante largo tiempo, ya que el gobierno continúa intentando en vano todos los trucos del manual keynesiano. Sólo quienes acepten el consejo de Pink para desarrollar una nueva mente y la recomendación de Hazlitt de desarrollar habilidades de pensamiento real y resolución de problemas tendrán un empleo seguro en los próximos días oscuros.

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Douglas French es presidente del Mises Institute y autor de Early Speculative Bubbles & Increases in the Money Supply. Es doctor en economía de la Universidad de Nevada- Las Vegas, dirigido por Murray Rothbard, con el Profesor Hans-Hermann Hoppe en su comité de tesis.

Published Tue, Feb 9 2010 3:11 PM by euribe