Las peligrosas lecciones de 1937

Por Jonathan M. Finegold Catalán. (Publicado el 2 de febrero de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4039.

 

Muchos economistas han comparado ya los años 1929-1932 con los 2007-2009 y el actual periodo de recuperación con el periodo de 1933-1939. Es sólo cuestión de tiempo que empiecen a buscar una comparación entre la recesión de 1937 y una potencial recesión en W hoy.

La recesión de 1937 vino precedida por una disminución en el déficit y un aumento en los requisitos de reserva de los bancos por parte de la Reserva Federal. También conocida como la “recesión de Roosevelt”, es un perfecto ejemplo de cómo una caída en el gasto gubernamental y un ajuste de la política monetaria lleva al desastre económico. O eso dice la historia oficial.

Las lecciones reales de la Recesión de Roosevelt son muy diferentes. La caída de 1937-1938 no fue producto de un ajuste en la política fiscal y monetaria, sino de una regulación gubernamental excesiva y una política monetaria laxa. Debemos evitar el error de que sin gasto en déficit y crédito fácil, el mercado fracasará.

La historia oficial habla de una recuperación que se produjo con la ascensión a la presidencia de Franklin Delano Roosevelt. Reemplazaba al tacaño Herbert Hoover, que creía estúpidamente en el poder del libre mercado para corregirse. Roosevelt empezó inmediatamente a gastar dinero en proyectos de obras públicas, programas de seguros sociales y otros tipos de bienestar gubernamental. Mientras el gobierno acumulaba una deuda pública enorme, la economía se recuperó a un ritmo respetable entre los años 1933 y 1936, evitando pobreza y sufrimientos permanentes.

En 1937 Roosevelt decidió equilibrar el presupuesto y recortó drásticamente el gasto. Casi simultáneamente, la reserva federal aumento los requisitos de reserva a los bancos miembros, llevando a una contracción de la base monetaria. La economía volvió de nuevo a la recesión. La economía no era lo suficientemente fuerte como para apoyarse y el ajuste de la política fiscal y monetaria hizo que un mercado veleidoso temblara ante lo que fue por lo demás un periodo estable de recuperación.[1]

Christina Romer, actual jefa de los asesores económicos de Barck Obama, resume la historia oficial:

“La recuperación en los cuatro años después de que Franklin Delano Roosevelt tomara posesión en 1933 fue increíblemente rápida. El crecimiento real anual del PIB fue de un 9% de media. El desempleo cayó del 25% al 14%. Aparte de la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos nunca han experimentado ese crecimiento sostenido tan rápido.

Sin embargo, ese crecimiento se vio detenido por una segunda gran caída en 1937-38, cuando el desempleó volvió a aumentar hasta el 19%. (…) La causa fundamental de esta segunda recesión fue un desafortunado, y en buena medida involuntario, cambio a una política fiscal y monetaria contractivas. [Los recortes en el gasto y las subidas de impuestos] redujeron el déficit en aproximadamente un 2,5% del PIB, ejerciendo una presión contractiva significativa”.[2]

A menudo, la historia oficial resulta ser falsa. Esta historia de la Gran depresión no es una excepción. La idea de que Herbert Hoover era el presidente del laissez-faire y de que el New Deal de Roosevelt abrió el camino a la recuperación ha sido refutada repetidas veces.[3] Aquí nos ocuparemos sólo de los mitos de 1937.

Mito 1: Gasto en déficit

Que el déficit de 1937 fue menor que el de 1936 es indiscutible. En 1937 el déficit llegó a los 2.200 millones de dólares comparado con el de 4.300 millones en 1936. Sin embargo también es notable que, mientras que el déficit fue de la mitad del año anterior, los desembolsos totales del gobierno disminuyeron de 8.200 millones a sólo 7.600 millones.[4]

Curiosamente, durante 1935 (año considerado como de recuperación) los desembolsos totales de gobierno sumaban 6.400 millones de dólares, menos que en 1936 y 1937. De hecho, remontándonos a los años 1933 a 1935, el gasto del gobierno llegó a su máximo en 1934 con 6.500 millones. Suficiente para decir que explicar la recesión de Roosevelt apuntando a una disminución del gasto público es algo muy poco honrado.

No es mucho más útil acudir al gasto en déficit. Es verdad que éste en 1937 estaba en su punto más bajo desde 1933, pero hay que mencionar que en 1938 (el mismo año en que rebotó la economía de la caída de 1937) el gasto total en déficit del gobierno sumaba sólo 89 millones de dólares.

Espera un momento, si el gasto público no disminuyó demasiado en 1937, ¿cómo evitó el gobierno un enorme déficit? La recaudación del gobierno (dinero recibido a través de impuestos) aumentó de 3.900 millones de dólares a 5.400 millones entre 1936 y 1937. En otras palabras, el alto gasto público no generó un alto déficit anual porque el gobierno recaudó una cantidad mucho mayor de dinero de origen fiscal ese año que en todos los anteriores de la Gran Depresión. No sorprende que en 1938, la recaudación del gobierno aumentara a 6.750 millones.

Finalmente, mientras que el gasto público disminuyó entre 1936 y 1937, el gasto total en 1937 fue mayor que en todos los años previos a 1936. Si fue una política fiscal contractiva la que llevó a una recesión en 1937, ¿por qué menos gasto generó una recuperación pocos años más tarde? Esta burda teoría no se tiene en pie.

Mito 2: Ajuste del crédito

Echar la culpa de las fluctuaciones cíclicas a las políticas de ajuste monetario ha sido un pasatiempo popular desde la extensa, aunque bastante defectuosa hitoria monetaria de la Gran Depresión de Milton Friedman y Anna Schwartz.[5] ¿Por qué hubo una terrible depresión en 1929? ¡Políticas monetarias restrictivas!(6) ¿Por qué se produjo la recesión de 1937? ¡Políticas monetarias restrictivas, por supuesto!

La recesión de 1937 vino con una contracción en la oferta de dinero. La razón para esta contracción es que la reserva Federal aumento el nivel de reservas en los meses previos.[7] Sin embargo, esta explicación de la contracción no es satisfactoria, porque el volumen de préstamos realizados y valores vendidos continuó aumentando a pesar del aumento de las reservas. Sólo después de la caída inicial de la bolsa el préstamo bancario empezó a ajustarse.(8)

Una explicación más factible detrás de la contracción de la oferta de dinero es un ajuste en el préstamo y una disminución en las solicitudes de préstamo debido a un incremento en la incertidumbre empresarial, dada la caída del valor de la bolsa y la creciente desproporción entre salarios reales y productividad. La caída en la oferta de dinero fue una consecuencia de la recesión de 1937 y no al contrario.[9]

Si hay alguna culpa, la política monetaria laxa que precedió a la recesión es más culpable que el ineficaz intento de la Reserva Federal de rebajar la reservas excesivas aumentando en nivel de reserva.

Causas de la Recesión de Roosevelt de 1937

Si no fue el ajuste del crédito o el bajo gasto público, entonces ¿qué causó la crisis de 1937? Hay tres factores principales:

  1. Una afluencia de oro desde Europa y un aumento artificial en el tipo de cambio dólar oro generó inflación.
  2. Entretanto, la políticas públicas sindicales y salariales mantuvieron altos salarios reales con una productividad estancada.
  3. Finalmente, la alta regulación pública hizo a la bolsa extremadamente volátil y susceptible a cambios que de otra forma habrían sido menores.

Los años 1933-1936 fueron testigos de una política monetaria expansiva impulsada por la Reserva Federal y el gobierno federal.[10] En ese periodo de tiempo, la existencia de dinero aumentó en un 46% y el índice general de precios en un 31%.[11] Mientras que el tipo de redescuento de la reserva Federal permanecía en el 3,5% durante la mayor parte de ese tiempo[12], la mayor inflación monetaria vino como consecuencia de la afluencia de oro desde Europa.

La incertidumbre política de Europa, en buena medida consecuencia de la asunción del poder por parte de Adolph Hitler en Alemania, causó una afluencia de oro en los Estados Unidos. En 1934, el gobierno aumentó el precio del oro de 20,67$ a 35$ la onza. Los bancos que poseían esta mayor existencia de oro se aplicaron a cambiarlo por dólares, llevando a un aumento sustancial en la base monetaria.[13]

Sabemos por la teoría del ciclo económico austriaca que los aumentos en la oferta de dinero llevarán a cambios en la estructura de producción.[14] Esto significa que habrá un cambio hacia la producción de bienes de capital, lo que parece ventajoso mientras el tipo de interés (el coste de obtener capital) sea bajo.[15] Esto ocurre porque tipos de interés más bajos implican que la porción de los beneficios provenientes de las inversiones en bienes de capital aumentarán, siempre que el coste de pedir prestado el capital necesario disminuya.[16]

El resultado es la generalización de las malas inversiones, pues la disminución del tipo de interés no venía precedida de un aumento necesario en el volumen de ahorro voluntario. Ése fue el resultado del aumento artificial en el precio del oro en 1934. Es poco sorprendente que entre 1935 y 1936 hubiera un repentino auge ilusorio en la productividad.[17]

Aunque al principio los salarios reales disminuyeron, en 1937 aumentaron un 11,6%. No es una mera coincidencia que por ese tiempo el Tribunal Supremo confirmara la Ley de Seguridad Social, la Ley Wagner y la Ley Nacional de Relaciones Laborales de 1935. La consecuencia de estas decisiones fue un aumento en el poder de los sindicatos para coaccionar a las empresas para aumentar salarios y beneficios.[18] Los incentivos (suplementos a los salarios estándar) aumentaron del 1,4% en 1935 al 4,2% en 1937. La mayoría del aumento en el coste de los suplementos fue la contribución forzosa de las empresas al seguro social, que para 1938 había aumentado del 25% al 71% de los costes totales de los suplementos.[19]

También es importante considerar la teoría del “efecto Ricardo” de Friedrich Hayek. Es la tendencia de los empresarios a reemplazar el trabajo con bienes de capital cuando la estructura productiva se prolonga debido a aumentos en los salarios reales.[20] El periodo entre 1935 y 1936, como se ha explicado antes, mostró un auge económico, una prolongación de la estructura productiva. Pero la acción sindical limitaba mucho a los empresarios el reemplazo del trabajo pro bienes de capital, mientras los salarios reales aumentaban astronómicamente.[21]

Sólo hacía falta un catalizador que produjera una ralentización del ritmo de expansión del crédito. Éste lo aporto la bolsa. La enorme regulación en los años anteriores a 1937, incluyendo altos impuestos e impedimentos legales al inside trading, redujeron los incentivos a invertir en bolsa.

El resultado fue una bolsa en que una gran parte de los títulos estaba en manos de un grupo de inversores relativamente pequeño. Esto naturalmente “adelgazó” los mercados, lo que significó que pequeños cambios relativos a compraventas podían reflejarse exageradamente en los precios de acciones concretas.[22] La situación de incertidumbre causada por el aumento de los tipos impositivos y las decisiones del Tribunal Supremo llevó a fluctuaciones volátiles en la bolsa, al moverse los inversores para vender sus acciones.

La repentina caída del valor de los índices bursátiles agregados llevó a extender aún más incertidumbre, causando una disminución en el volumen de préstamos. Esto catalizó una contracción en los mercados de crédito. Las extendidas malas inversiones que se produjeron en 1935 y 1936 empezaron a revelarse. El periodo 1937-1938, conocido como la “Recesión de Roosevelt” fue por tanto un periodo de reajuste necesario después del auge del periodo 1935-1936.

Más métodos de producción indirectos, o más actividades empresariales intensivas en capital, se descubrieron menos rentables de lo que se creía antes. Además, la rentabilidad marginal desapareció por el alto coste de los salarios. El resultado predecible fue una increíble caída en la productividad y un aumento del desempleo.

Es evidente que la recesión de 1937 no fue producto de un bajo gasto público en déficit o de una política fiscal contractiva por parte de la Reserva Federal. Por el contrario, fue producto de una política monetaria expansiva y una enorme regulación gubernamental.

Son lecciones importantes de aprender, pues afrontamos un nuevo periodo de recesión y lenta recuperación. No deberíamos engañarnos creyendo que la economía se desmoronaría sin un alto gasto público y una organización laxa del crédito. La situación real es muy diferente. De hecho, un alto gasto público y dinero fácil sólo aumentaría las malas inversiones y truncaría los reajustes necesarios, anunciando un declive en la prosperidad.

 

 

 

Jonathan Finegold Catalán es licenciado en economía y ciencias políticas en la Universidad Estatal de San Diego. Escribe en el blog economicthought.net.



[1] La acusación contra el ajuste de la política monetaria de la Reserva Federal la defendieron Milton Friedman y Anna Schwartz en A Monetary History of the United States, pp. 493–545. También merece la pena leer: Roose, Kenneth D., "Federal Reserve Policy and the Recession of 1937–1938", The Review of Economics and Statistics, Vol. 32, Nº 2: Mayo de 1950; p. 178.

[2] Citado en Murphy, Robert, “Christina Romer's Faulty Depression History”, Mises Daily: 6 de julio de 2009.

[3] Rothbard, Murray, “Reliving the Crash of '29”, Mises Daily: 21 de diciembre de 2009. Tambie´n merce la pena leer: Murphy, Robert, The Politically Incorrect Guide to the Depression and the New Deal, Regnery, 2009.

[4] Tado la información presupuestaria (desembolsos y recaudación) proviene de la Government Printing Office.

[5] Friedman y Schwartz (1963).

(6) Para una refutación, ver: Rothbard, Murray, America's Great Depression, BN Publishing: 2008.

[7] Friedman y Schwartz (1963) y Roose (1950).

(8) Anderson, Benjamin M., Economics and the Public Welfare, Liberty Press, Indianapolis, Indiana: 1979; p. 432–434.

[9] Salerno, Joseph T., Money and Gold in the 1920s and 1930s: An Austrian View, The Freeman: Octubre de 1999 (Vol. 49, Nº 10).

[10] Ibíd.

[11] Friedman y Schwartz (1963), pp. 497–498.

[12] Ibíd., p. 512.

[13] Anderson (1979), p. 346.

[14] Hayek, Friedrich A., Precios y producción, Unidad Editorial, Madrid.

[15] Ibíd.

[16] Huerta de Soto, Jesús, Dinero, crédito bancario y ciclos económicos, Unión Editorial, Madrid.

[17] Higgs, Robert, Depression, War and Cold War: Challenging the Myths of Conflict and Prosperity, Independent Institute, Oakland, California: 2006; pp. 11–13.

[18] Vedder, Richard K. y Gallaway, Lowell E., Out of Work: Unemployment and Government in Twentieth-Century America, New York University Press, Nueva York: 1993; pp. 130–131.

[19] Ibid., pp. 140–141.

[20] Huerta de Soto (2009).

[21] Salerno (1999).

[22] Anderson (1979), pp. 441–442.

Published Thu, Feb 4 2010 2:18 PM by euribe

Comments

# re: Las peligrosas lecciones de 1937

Tuesday, February 09, 2010 5:30 PM by Jonathan M. F. Catalán

¡Gracias por la tradución!