Por Leonard P. Liggio. (Publicado el 3 de febrero de 2010)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra
aquí: http://mises.org/daily/4077.
[Libertarian Forum, 1971]
Uno tiene que sorprenderse ante la vehemencia con se ha
atacado La Sociedad
Desescolarizada, de Iván Illich.
La crítica en el New York Times Book Review (11 de
julio de 1971) por parte de un miembro del la clase dirigente educativa es un
ejemplo.
¿Por qué esta reacción violenta, se pregunta uno al leer la crítica? Y aparece
la respuesta. La defensa de Illich del libre mercado en la educación es el sapo
que no pueden tragar los educadores.
El crítico dice:
“Si la postura del consumidor ha
equivocado y engañado a la gente en los supermercados (y particularmente a la
gente pobre y sin educación), no hay razón para qué funcionen mejor en la
educación los mecanismos del libre mercado, tan populares en círculos
radicales”.
No puedo dejar pasar sin comentar la observación del crítico
de que los “mecanismos del libre mercado” son “tan populares en círculos
radicales”.
Se ha restaurado la
conjunción histórica de libre mercado y radicalismo de cuando los conceptos del
libre mercado estaban en su infancia y realmente desafiaban al sistema de
monopolio. Después de perderse mucho tiempo en el equipaje del inmovilismo, el
libre mercado se ha liberado como consecuencia del reciente trabajo duro de
economistas, filósofos e historiadores libertarios y se ha colocado al frente
como la única solución al caos del sistema de monopolios.
Illich empieza diciendo que:
“jamás había yo puesto en duda el
valor de hacer obligatoria la escuela para todos. Conjuntamente, hemos llegado
a percatarnos de que para la mayoría de los seres humanos, el derecho a
aprender se ve restringido por la obligación de asistir a la escuela.”
Piensa que el sistema de escuelas públicas es el paradigma
de todos “los organismos burocráticos del Estado corporativo” y que esta
postura básica de desmonopolizar la educación (acabar con su naturaleza
obligatoria en todos sus aspectos) es la respuesta para el resto de la burocracia
estatal corporativa. La solución de Illich es dejar de financiar estas
instituciones, eliminar su apoyo fiscal.
Illich apunta:
“William O. Douglas, miembro de
la Suprema Corte de Justicia hizo la observación de que ‘la única manera de
establecer una institución es financiarla’. El corolario es asimismo verdadero.”
Illich quiere eliminar el apoyo fiscal a las escuelas, así
como a la salud, el bienestar y, supongo, a los negocios estadounidenses en
general. Illich contrasta las instituciones de derechas (monopolios) con las de
izquierdas (libre mercado), mostrando las ventajas de la postura competitiva
sin apoyo fiscal para servir a los deseos de los consumidores.
“Las instituciones de la derecha,
como podemos verlo claramente en el caso de las escuelas, invitan
compulsivamente al uso repetitivo y frustran las maneras alternativas de lograr
resultados similares. Hacia la izquierda del espectro institucional, pero no en
el extremo mismo, podemos colocar a las empresas que compiten entre sí en la
actividad que le es propia, pero que no han empezado a ocupar la publicidad de
manera notable. Encontramos aquí a las lavanderías manuales, las pequeñas
panaderías, los peluqueros y, para hablar de profesionales, algunos abogados y
profesores de música. Son por consiguiente característicamente del ala
izquierda las personas que han institucionalizado sus servicios, pero no su
publicidad. Consiguen clientes mediante su contacto personal y la calidad
relativa de sus servicios”.
Illich coloca a la educación pública cerca del extremo
derecho de espectro: “tienen su lugar cerca del extremo del espectro
institucional ocupado por los asilos totales”. Illich presenta un interesante
contraste entre la ciencia en un mercado libre y la ciencia en un sistema de
monopolio:
“Es posible que un conjunto de
objetos e informaciones científicas aún más valioso esté apartado del acceso
general -e incluso de los científicos competentes- bajo el pretexto de la
seguridad nacional. Hasta hace poco la ciencia era el único foro que funcionaba
como el sueño de un anarquista. Cada hombre capaz de realizar investigaciones
tenían más o menos las mismas oportunidades que otros en cuanto al acceso a su
instrumental y a se escuchados por la comunidad de iguales. Ahora la
burocratización y la organización han puesto a gran parte de la ciencia fuera
del alcance del público. En efecto, lo que solía ser una red internacional de
información científica ha sido escindida en una lid de grupos competidores.”
Igual que el papel del estado ha transformado la ciencia y
la ha deformado, el papel del estado ha sido deformar la educación y el
aprendizaje. La obligación y el apoyo de los impuestos públicos son los elementos
destructivos comunes. La postura de la derecha o de apoyo mediante impuestos
(el asunto actual de la ayuda del gobierno a Lockheed, que deriva de los
contratos del gobierno, es instructivo) con esta obligación gemela debe
combatirse.
“La escuela ha llegado a ser la
religión del proletariado modernizado, y hace promesas huecas a los pobres de
la era tecnología. La nación-estado la ha adoptado, reclutando a todos los
ciudadanos dentro de un currículum graduado que conduce a diplomas consecutivos
no desemejantes a los rituales de iniciación y promociones hieráticas de antaño.
El Estado moderno se ha arrogado el deber de hacer cumplir el juicio de sus
educadores mediante vigilantes bien intencionados y cualificaciones exigidas
para conseguir trabajos, de modo muy semejante al seguido por los reyes españoles
que hicieron cumplir los juicios de sus teólogos mediante los conquistadores y
la Inquisición. Hace dos siglos los Estados Unidos dieron al mundo la pauta en
un movimiento para privar de apoyo oficial el monopolio de una sola iglesia. Ahora
necesitamos la separación constitucional respecto del monopolio de la escuela
quitando de esa manera el apoyo oficial a un sistema que conjuga legalmente el
prejuicio con la discriminación. El primer artículo de una Declaración de los
Derechos del Hombre apropiada para una sociedad moderna, humanista, concordaría
con la Enmienda Primera de la Constitución de los EU: ‘El Estado no dictará ley
alguna respecto del establecimiento de la educación’”.
Hasta ese día feliz en que se desestablezca la educación,
Illich busca métodos por alejarse lo más posible de sistema de educación pública.
Se ha visto influido por conversaciones y cartas de miembros de la escuela de
economía de Chicago que defiende un programa de otorgamiento de clases.
“Los contribuyentes no se han
acostumbrado aún a ver que tres mil millones de dólares se desvanezcan en el
Ministerio de Salud, Educación y Bienestar como si se tratara del Pentágono. El
gobierno actual tal vez estime que puede afrontar las iras de los educadores. Los
estadounidenses de clase media no tienen nada que perder si se interrumpe el
programa. Los padres pobres creen que sí pierden, pero, más todavía, están
exigiendo el control de los fondos destinados a sus hijos. Un sistema lógico de
recortar el presupuesto y, sería de esperar, de aumentar sus beneficios,
consistiría en un sistema de becas escolares como el presupuesto por Milton
Friedman y otros. Los fondos se canalizarían al beneficiario, permitiéndole
comprar su parte de la escolaridad que elija”.
La postura de la escuela de economistas de Chicago, en ésta
y en muchas otras cosas, requiere dos comentarios: primero, ellos, más que ningún
otro grupo, se han dedicado a asuntos reales y no a construcciones imaginarias y,
segundo, como no son libertarios, sus soluciones quedan muy cortas ante las
respuestas que ofrece el libre mercado.
Pero por mucho que puedan tener la verdad, los libertarios
no llevan esa libertad a quienes, como Illich la están buscando. Mientras que
los chicaguianos están aquí, allí y en todas partes, dando o recibiendo clases,
los libertarios retroceden.
¿Cuántos investigadores libertarios participarán en el
seminario “Alternativas en la educación” del próximo año en el Centro
Intercultural de Documentación de Illich en Cuernavaca, México?
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Leonard Liggio es profesor de historia y derecho en la
Universidad George Mason en Fairfax, Virginia. En 1965. con Murray Rothbard y
George Resch creó Left and Right: A Journal of Libertarian Thought, una
revista que se centraba en “los límites filosóficos comunes que unen el
anarquismo y el aislacionismo de la Vieja derecha y el instintivo anarquismo
pacifista característico de la Nueva Izquierda a mediados de los sesenta”.
Esta crítica se publicó originalmente en Libertarian Forum,
Vol. 3, Nº 9 (1971), p. 5.