Por Jeffrey A. Tucker. (Publicado el 18 de diciembre de
2009)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí:
http://mises.org/daily/3960.
Los medios digitales (particularmente los medios “sociales”
como foros, wikis, blogs y tweets) han forzado a todos, incluidos los
intelectuales, a relacionarse entre sí como nunca antes en la historia de la
humanidad.
Y aún así, la gente ha descubierto que conocer a otros no
significa necesariamente amarlos. Los conflictos y confrontaciones son una
característica habitual en las discusiones diarias, lo que está bien, pero a
veces pueden convertirse en personales e histéricas y llevar a odios eternos.
La gente que frecuenta foros y lugares así lo sabe bien. A
menudo son “noobs” los que
están en el frente de las guerras de flames,
haciendo que se dañen sus sentimientos y emprendiéndola a golpes, creando una
espiral desde abajo. Los usuarios experimentados aprenden a distinguir las discusiones de
fondo y las que se producen por choques de caracteres.
Por ejemplo, en los foros de Mises.org, las guerras de flames
incluyen protestas porque un post o cometario es demasiado descarado, o
demasiado estudiado o demasiado distante. Puede ser verdad o no, pero ¿de dónde
sacamos esas impresiones? ¿Y qué patrón hay disponible para decidir lo que es
tolerable y lo que no?
He advertido tres tipos de personalidad basados en tres
arquetipos o maestros de la historia y tradición austriaca: Ludwig von Mises,
Friedrich A. Hayek y Murray N. Rothbard.
Las quejas suenan a algo como esto:
- “Mises
nunca hubiera usado ese tono inflamado y no era un anarquista. Debe estar
dando la vuelta en su tumba después del artículo que publicaste ayer”.
- “¿Cómo
puedes publicar un artículo sobre la Fed que se ajusta sólo a un análisis
económico sin apuntar a los autores internos de la estafa que se están
llevando a manos llenas lo robado?”
- “La
reciente obsesión de la web por [rellene este espacio] es un alejamiento
enorme de lo que decían los economistas austriacos del pasado”.
Lo que se apunta aquí no es completamente inválido, aunque
sin duda ningún artículo tiene que decir todo o ser todo. Hay momentos para el
análisis de la élite del poder y momentos para avanzar en la comprensión de la
economía pura. Hay momentos para denunciar la guerra y momentos para
reflexionar sobre la metodología en las ciencias sociales. La perspectiva
austro-libertaria es vasta y variada con implicaciones en todo el mundo de las
ideas.
Y es cierto que algunos de nuestros artículos pueden ser
bastante especulativos (Block sobre las carreteras
privadas, Kinsella sobre la propiedad
inteelctual, French sobre la parte negativa de la desregulación bancaria),
pero no hay nada malo en impulsar un paradigma a que siga su camino. Tampoco
hay nada malo en la pasión en defensa de la libertad.
¿Hay realmente una necesidad de elegir que prevalezca una
postura? ¿Por qué no pueden trabajar juntas, siempre que la gente pueda ser
tolerante hacia los distintos temperamentos?
Estos tres tipos generalmente siguen los estilos y posturas
de estos grandes pensadores, aunque fueran muy diferentes. Examinemos los
modelos principales y veamos en cuál encaja usted.
Ludwig von Mises (1881-1973)
Era un caballero de la vieja escuela, nacido en la Europa
anterior a las guerras, un estudiante brillante en todo, con maneras corteses
que retuvo hasta su muerte. Afrontó inmensas pruebas en su vida (dos guerras,
depresión económica, dos emigraciones y constantes trastornos profesionales) y
aún así nunca perdió su compromiso inicial de argumentar razonada, calmada e
incesantemente como la postura correcta para cambiar la sociedad. Incluso
cuando fue testigo de asombrosas estafas bancarias, se resistió a dar nombre
para atender sólo a los hechos y la lógica.
Su dedicación a la verdad tal y como la veía era
intransigente desde el momento en que leyó los Principios
de Menger hasta su muerte. Su estilo era firme, dedicado y lleno de fuerza,
pero siempre del viejo mundo. Asimismo, mantuvo su compromiso con el
liberalismo del estilo del siglo XIX, a pesar de las tendencias totalitarias
del siglo XX y el creciente radicalismo de sus últimos estudiantes. Su método
era una argumentación sistemática en forma de largos tratados en los que la
lógica era el mecanismo y su sistema de pensamiento se reveló libro a libro
durante el curso de su vida.
Creía que las ideas que sostenía la gente eran al final más
poderosas que sus intereses personales. Pienso en él como el intelectual puro,
lleno de disciplina y rigor, pero quizá un poco impersonal. Las formas del
viejo mundo para enterrar la personalidad a favor de la ciencia prevalecían en
su práctica. Y esto era cierto hasta el punto de que cuando Jörg Guido Hülsmann
estaba escribiendo su biografía,
se quedó asombrado de la poca documentación que encontró sobre sus asuntos
personales. Vivió puramente dedicado al intelecto, sugiere Guido.
Friedrich A. Hayek (1899-1992)
Hayek era un colega de Mises que adoptó un estilo y una
postura diferentes, primero como profesor fiel a su maestro en Austria y más
tarde en Londres como popularizador y sistematizador de la teoría del ciclo
económico de Mises en esta ciudad. Sin embargo, sus batallas con keynesianos y
fabianos le imprimieron un fuerte sentido de la importancia de la presentación
en la guerra de las ideas. Estaba dispuesto por temperamento a ver los puntos
de vista de su oponente, presentó su mensaje en una forma que no era
simplemente verdad, sino asimismo, en su opinión, convincente.
No fue tanto un constructor de sistemas como un estudioso
curioso y brillante que se ocupó de los asuntos de uno en uno durante una larga
vida, un hombre cuyas posiciones en las cosas evolucionaron de forma
impredecible. Fue un devoto defensor del patrón oro, que más tarde
(lamentablemente) sugirió que podría ser necesaria alguna reinflación después
de una crisis y (sensatamente) llegó luego a la defensa radical de un cierre
inmediato de toda la banca central.
Llegó a un compromiso con el estado de bienestar en un libro
y luego argumentó la opinión “extrema” de que ninguna forma de intervención
puede mejorar la evolución natural del orden social. Habló acerca de la ley
común y el valor de la tradición que evoluciona, por un lado, y en otras obras
tomó una opinión estrictamente libertaria acerca de la propiedad y el estado. Y
justo cuando piensas que Hayek era un poco buenazo, descubres una antigua entrevista en la televisión
nacional en la que sostenía una línea dura sobre los asuntos de la inflación y
el desempleo.
Parte de lo que hace interesante a Hayek es precisamente esa
sensación de lucha que ves en sus obras, la sensación de que no está
presentando un paquete terminado, sino trabajando los conceptos a la luz de su
comprensión erudita, llevado por las evidencias y la reflexión. De esta forma,
nos deja algunas sorpresas muy interesantes. De todos los austriacos fue el más
fuerte opositor contra la “propiedad intelectual” y, antes de Rothbard, podría
haber sido el que más simpatizara con la idea de una sociedad sin estado como
opción viable. Nunca dejó de aprender y nunca abandonó su lucha intelectual.
Murray N. Rothbard (1926-1995)
Rothbard fue un constructor de sistemas de un tipo
diferente, pero más abierto, más entusiasta y enérgico, un investigador cuyo
aparato teórico parece haber estado mucho tiempo implantado desde el momento en
que puso la pluma sobre el papel y sin duda cuando acabó su gran tratado sobre
la teoría económica. Tomó su economía de Mises y su libertarismo de Chodorov y
los antiguos liberales estadounidenses y los entrelazó en un deslumbrante
sistema de pensamiento.
Tuvo esta notable capacidad de extraer lo mejor del
pensamiento de todas las épocas, devorando libros como palomitas y poniendo lo
que encontraba en un modelo aplicable a nuestro tiempo y a todos los tiempos.
El punto de vista resultante ofrecía un retablo perfecto
para los estudios históricos y aquí, en mi opinión, es cuando la obra de
Rothbard realmente despega. No había tabús, ni ideas impensables, ni frases
impronunciables, ni preconcepciones, ni vacas sagradas. Era un descubridor
cuyos libros llevan al lector a través de viajes salvajes de villanos y héroes,
charlatanes y verdaderos oradores, víctimas trágicas y luchas triunfales.
Incluso los personajes muertos hace más tiempo para la historia seguían vivos
en la mente de Rothbard.
En cuanto a su estilo retórico, era puro fuego y podría
decir que era temerario y hay verdad en ello: tan temerario como un radical de
este tipo podía ser. El progreso significa romper el modelo. Estaba
comprometido con la ciencia pero era asimismo exaltado en una forma muy poco
característica de los grandes eruditos. Divertido no le describe
suficientemente. Su simple presencia en una sala hacía que todo el evento fuera
entretenido para todos. Reía con facilidad y lo hacía muy a menudo y
estruendosamente y la yuxtaposición entre la teoría radical y la diversión
escandalosa era irresistible.
La lucha contra los enemigos de la libertad era para él una
aventura galante y emocionante y la lucha por la libertad, pura alegría.
Tenía una forma de considerar cada momento de la vida como algo de importancia
histórica. Podía convertir una aburrida reunión académica en una ocasión
memorable y escribir más tarde sobre ello de la misma forma que otros podrían
escribir sobre guerras y revoluciones. Esto está lejos de Hayek, lejos de
Mises, pero es completamente cautivador y por tanto esencial en la forma
rothbardiana.
Tres en uno
Así que aquí las tenemos: las tres tendencias de los
austro-libertarios que he visto en línea. Podríamos resumir los rasgos
dominantes como razonado, reflexivo y radical. Esto no quiere decir que cada
uno de estos pensadores no incluya todos estos rasgos. Estamos hablando de
grandes tendencias desarrolladas durante tres largas vidas, acerca de
características dominantes que uno podría tomar de cada pensador.
Tampoco se trata de que la gente que trabaje en esta
tradición deba siempre caer en una sola categoría. Algunos días nos sentimos
tan radicales como Rothbard, otros tan racionales y fríos como Mises y otros
tan especulativos y buscadores como Hayek. A veces depende de quién hayamos
leído recientemente. Los grandes pensadores tienden a tener este efecto en el
mundo, transfiriendo no sólo sus ideas sino asimismo sus temperamentos a
quienes influyen.
Sí, hay tensiones de vez en cuando, pero las comunidades de Mises.org son una prueba de que los tres tipos
pueden progresar mucho, siempre que nadie esté dispuesto a purgar al otro o a
promover un estilo, una postura, un método a expensas de los otros. Podemos
fijarnos en otras figuras en la historia de la escuela, gente como Hazlitt
o Hutt
o a pensadores modernos, como Salerno o Hoppe y ver que ellos también encarnan
una variedad de estas posturas.
Es una tarea inútil intentar imitar a alguien y los expertos
de Mises.org no pueden ni deberían hacer esto
por Mises, Hayek o Rothbard. Sólo podemos aprender de ellos e inspirarnos en
ellos. Tomar ideas de todas las fuentes es crear el tipo de diversidad que
integra un paradigma intelectual vibrante y productivo y un sitio web
infinitamente fascinante erigido en defensa de la libertad.
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Jeffrey Tucker es editor de Mises.org.